Nadie puede negar que se vive una época cambiante y dinámica, llena de transformaciones educativas que buscan dar solución a los nuevos desafíos del mundo laboral. Los actuales programas de estudio solicitan una orientación profesional que permita motivar a estudiantes e interesarlos en mejorar sus oportunidades para competir en el mercado laboral.

Parte de los propósitos de una buena educación es formar estudiantes y docentes con una visión más humanista, que estudien de forma individualizada, así como adquirir compromiso con la solución de problemas sociales del país, a partir de una guía por parte del docente a fin de aportar a una educación integral. En relación a lo anterior, Boneu (2007) afirma que el aprendizaje es un acto o proceso social, donde las personas involucradas en los procesos de enseñanza – aprendizaje deben desarrollar características que les permitan ser más humanos e interactuar con los demás y desenvolverse dentro de la sociedad.

Por tal motivo, la educación humanista pretende desarrollar en los alumnos un aprendizaje  significativo, que incluya una visión más integral de la persona como son sus procesos afectivos y cognitivos. Ante ello, el aprendizaje será mejor si se promueve de manera participativa, donde el alumno decida, mueva sus propios recursos y se responsabilice de su aprendizaje, propiciando un ambiente de respeto, comprensión y apoyo, sin la necesidad de que el profesor utilice recetas estereotipadas o manuales de estrategias, actuando así de una manera innovadora y  auténtica.

Con base en las ideas anteriores, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos menciona sobre la Educación en México, concretamente en el  Artículo 3º, que ésta debe contribuir a la mejor convivencia humana, junto con el aprecio para la dignidad de la persona y la integridad de la familia, además de la convicción del interés general de la sociedad, sin hacer a un lado el cuidado que ponga en sustentar los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres.

Así mismo, la Ley General de Educación, en el Capítulo I, Artículo 2º, señala que la educación es un medio fundamental para adquirir, transmitir y acrecentar la cultura, ya que es un proceso permanente que contribuye al desarrollo del individuo y a la transformación de la sociedad; pero además, es factor determinante para la adquisición de conocimientos y para formar al hombre de manera que tenga sentido de solidaridad social. Además de ello, en el Artículo 7º  se hace hincapié en contribuir al desarrollo integral del individuo, para que ejerza plenamente sus capacidades humanas (DOF, 2013).

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Por lo anterior, el ejercicio de una educación humanista por parte de los profesores favorece hacia el avance de estos ideales, pues implica hacer referencia al tipo de  educación que pretende formar integralmente a las personas como tales, a convertir a los educandos en seres responsables y útiles para la sociedad. Su desempeño como tal, implicaría tener una preparación competente de acuerdo al momento en que vivimos, pero nada de esto sería valioso, si en las instituciones formadoras de docentes no se promueve una educación humanista entre estudiantes y profesores. De ahí que, el SNTE promueva un profundo análisis de lo que debe considerarse en la Reforma a las Escuelas Normales a través de los Encuentros Regionales que realizó en los últimos dos meses del 2015, en donde se discutieron estos temas.

Al hablar de educación humanista se enfatiza como dice Rogers (1980) que este tipo de formación rescate la esencia que dignifica al ser humano, dando calidad y calidez en la relación que se establece al interior de las escuelas; aunque también es hablar de un proceso educativo amplio y dinámico, que engloba todos los aspectos de las personas, lo que implica dar un trato cálido y afectivo, mostrándose ante los alumnos auténtico y congruente, teniendo una aceptación positiva incondicional a las personas y con capacidad de empatía.

Lo señalado hasta el momento es lo que implica una educación humanista, sin hacer a un lado que ésta deba garantizar a cada integrante de la sociedad una preparación para la vida, además de las habilidades necesarias para seguir estudiando de manera autónoma y permanente, para posteriormente integrarse al mercado laboral, favoreciendo y priorizando especialmente los principios y valores éticos indispensables que le permitan hacer de la sociedad en que vive un entorno de tolerancia, respeto, convivencia y solidaridad.

Para alcanzar lo señalado anteriormente y los ideales que se pretenden en la educación, se necesitan profesores competentes, entendiendo por competencias a la combinación de conocimientos, habilidades, comportamientos y actitudes que se pueden demostrar en un contexto profesional determinado y que se pueden transferir a diferentes condiciones a través de la actualización permanente (Tobón, 2005).

Hoy en día, el trabajo que plantea el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación a través del Sistema Nacional de Desarrollo profesional (SINADEP) es la de contribuir desde la oferta educativa en línea a la formación de profesionales de la educación competentes, que tengan la necesidad de una práctica reflexiva, la capacidad de trabajo en equipo y por proyectos, autonomía y responsabilidad, tratamiento a la diversidad, énfasis en situaciones de aprendizaje, sensibilidad en el conocimiento, conducir la progresión de los aprendizajes, e implicar a los alumnos en sus aprendizajes y en su trabajo, todo ello para lograr un buen desempeño docente, y contribuir al progreso de la educación humanista.

 

Baltazar Contreras Durán
Estudiante de Doctorado en Ciencias de la Educación.

Referencias

Boneu, J. (2007). Plataformas abiertas de e-learning para el soporte de contenidos educativos abiertos. Cataluña, España: Revista de Universidad y Conocimiento, (4) 1, pp. 36-47. [Disponible en línea] http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/780/78040109.pdf

Diario Oficial de la Federación (2013). Decreto por el que se reforma el artículo 3º. 26 de febrero.

Rogers, C. R. (1980). El poder de la persona. México: El Manual Moderno.

Tobón, S. (2005). Formación basada en competencias. Pensamiento complejo, diseño curricular y didáctica. Colombia: Eco Ediciones.