En los textos se discuten algunas implicaciones derivadas de que “la Secretaría de Educación Pública ha decidido que no habrá un Planea tradicional en el sentido de que haya una evaluación externa que recoja la información y la procese; este año más bien lo que se hará es entregar la prueba a cada una de las escuelas para que las escuelas la apliquen y la califiquen y la utilicen internamente”.  Cito las palabras de Sylvia Schmelkes, Consejera Presidente del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), usando precisamente el referente textual aportado por el subsecretario Granados en su última colaboración, para estar seguros de que nos estamos refiriendo a lo mismo.

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En su réplica, el Subsecretario una vez más omite referirse al Documento Rector de Planea, fechado en Diciembre de 2015, feliz evidencia todavía disponible del único texto que marca las características técnicas determinadas por el órgano constitucional autónomo que debe regir la evaluación educativa en México, el INEE. Sobre cuándo y cómo se reunieron los expertos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y los del INEE, y de los documentos en los que plasmaron la nueva definición –tomada por motivos técnicos, ha aducido el subsecretario– sobre la aplicación de Planea en 2016, pende un espeso manto de misterio. Como reitero, en el Documento Rector no hay indicación alguna de que la aplicación en 2016 se haga entregando a las escuelas la prueba y que fuesen los profesores quienes la califiquen.

La asociación que dirijo forma parte, junto con otras diez organizaciones sociales más, del Consejo Social Consultivo para la Evaluación de la Educación (CONSCEE), uno de los cuerpos colegiados contemplados en la normativa del INEE mismo. En dicho espacio participamos en un diálogo informado y detallado con los cinco consejeros del Instituto, al menos dos veces por año. A resultas de nuestra última sesión en conjunto, el 9 de febrero de 2016, el INEE emitió el comunicado de prensa 04 “Organizaciones sociales reiteran apoyo a la autonomía del INEE, en la primera sesión ordinaria de 2016 del Conscee” en el que se asienta que el “Instituto revisará el calendario de evaluaciones de los aprendizajes de los estudiantes de educación básica del país y emitirá un lineamiento que, por ley, establezca los tiempos de aplicación y las modalidades correspondientes”. Será, pues, un lineamiento de ley lo que rija el calendario de Planea, dejando atrás episodios lamentables.

Un saldo que considero muy positivo es que el subsecretario invite ahora a la discusión sobre la naturaleza y periodicidad, así como sobre los usos formativos y de rendición de cuentas en las evaluaciones nacionales. Es claro que la evaluación de los aprendizajes como tal, la mejor diseñada y más completa, no “produce” mejora alguna sólo por aplicarse: un diagnóstico, por ejemplo, con tomógrafo computarizado o con imágenes de resonancia magnética no constituyen un “tratamiento” en sí mismos, ni pueden sustituirlo. Un diagnóstico del logro de aprendizaje de los estudiantes ubica dificultades, fortalezas y oportunidades, y sus datos significativos sirven de insumo para una toma de decisiones más sólida que la mera conjetura o el proyecto vistoso, pues permiten verificar en el tiempo si la hipótesis de la intervención para compensar, potenciar o desarrollar lo que ocurre en el aula tuvo éxito.

Por ello, que el diseño de los instrumentos se retroalimente y perfeccione en sus diversas aplicaciones, que la coordinación y verificación correspondan a un órgano público que no sea juez y parte, y que los resultados se conozcan para crear compromisos públicos y exigibles de atención, así como contar con etapas de monitoreo en las estrategias educativas, para confirmar si cumplen con su propósito y los servidores públicos han honrado su mandato, constituyen un bien público. La revisión del alcance de metas no debe reducirse solamente a si el gasto se aplicó como estaba previsto o si se alcanzó la cobertura planeada, sino principalmente si niñas, niños y jóvenes desarrollaron su potencial, como es su derecho: si aprendieron.

Cuando la información de logro de aprendizaje se convierte en arcano, si la aplicación de las evaluaciones cambia de condiciones constantemente y no se establece una línea histórica, si no se rinden cuentas educativas de los diversos programas que la administración establece, la crítica será impresionista o ideológica, pero también lo serán las justificaciones de las autoridades: la posibilidad de rectificar, basándose en evidencia, se alejará; la participación social en la educación quedará limitada a la “colaboración” ocasional y eventual, y su potencial de confirmación y corresponsabilidad democrática quedará inactivo. La verdadera rendición de cuentas no debiera construirse como simple premio o castigo restringido a los agentes en el aula –y menos circunscribirla a incentivos solamente económicos, sino abarcar primero y centralmente a los funcionarios responsables del diseño e implementación de la política pública, como evaluación de su actuación específica.

El subsecretario menciona los casos de EEUU y Chile, como ejemplo de los cuestionamientos hechos a la evaluación anual de estudiantes. Podemos y debemos aprender de dichos debates. El hecho es que la decisión de ambos gobiernos ha sido mantener la evaluación con temporalidad anual en algunos grados: 3º a 8º en EEUU, según establece la recién aprobada Every Student Succeds Act  y 4º grado básico y II grado medio, además de evaluaciones bianuales para 6º y 8º, en Chile. Algunos países y regiones ejemplares que tienen evaluaciones de logro de aprendizaje censales anuales son: Canadá (grados 3º, 6º y 9º), Shanghai (6º y 9º, de impacto para egreso), Japón (6º y 9º), Corea (6º y 9º), Polonia (6º y 9º, éste último, condición para ingreso a media superior), Singapur (6º y 9º), Reino Unido (3º).

En un artículo especializado para la Revista Mexicana de Investigación Educativa recordé al consejero Backhoff, quien como el subsecretario Granados tiene un gran aprecio por las tesis de Koretz, que la “inflación de resultados” puede vincularse fuertemente a los incentivos a “preparar para la prueba” –hice ahí una corrida detallada con los resultados para Matemáticas de PISA, ENLACE y EXCALE– actividad que posiblemente está vinculada a la oferta de incentivos económicos a los maestros; la periodicidad como tal de las evaluaciones no es relevante en la alteración de resultados previsibles: por el contrario, la frecuencia anual permite captar la anomalía de ENLACE que sirvió para cuestionar el cumplimiento de su propósito, por los aumentos de puntuación –en el extremo superior– no creíbles en tan poco tiempo.

En fin, pienso que sin la señal de alarma sobre el cambio de calendario, sin el cuestionamiento ante los anuncios contradictorios, sin la perspectiva de consolidar la autonomía del INEE para que establezca lineamientos en los formatos rigurosos que como cuerpo técnico le corresponden, este tema seguiría en la sombra, hubiera sido un cambio de señales que se asumiría con un resignado suspiro, y no mucho más. Ahora deberemos discutir públicamente cómo y cuándo se expedirán los lineamientos y, si PLANEA 2016 se aplicará en las escuelas, cómo y cuándo los maestros, respetando su tiempo y juicio profesional, serán formados en la aplicación, calificación y uso de las pruebas de sus alumnos.

La conversación pública sobre la reforma educativa ciertamente necesita ser inteligente, pero no requiere ser sofisticada: basta con que sea honesta.

David Calderón es director de Mexicanos Primero.