En la realidad globalizada de nuestros tiempos, en donde priva un escenario con grandes y cada vez más profundas desigualdades de orden social, cultural y principalmente, económico, el valor de la escuela pública se presenta como el último resquicio garante del derecho universal a recibir educación gratuita, de calidad y a la formación de ciudadanos. Las implicaciones, significados y connotaciones de esta premisa, se describen en los siguientes párrafos.

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La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 expone como uno de los ideales comunes de todos los pueblos y naciones, que “toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente en la instrucción elemental y fundamental”.1 Esta idea fue reforzada en la Declaración de 1990,2 en la cual se establecen como condiciones necesarias para que se cumplan los objetivos de una educación para todos, el desarrollo de políticas de apoyo y la movilización de los recursos, entre otras, para “atraer los recursos de los organismos gubernamentales responsables del desarrollo humano, mediante el aumento en valor absoluto y relativo de las asignaciones a los servicios de educación básica”,3 puesto que éstos se constituyen en la inversión humana más importante que pueda hacerse para el futuro de un país.

Por su parte, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos4 prevé garantizar el derecho humano a una educación laica, gratuita, obligatoria y de calidad; tendiente a desarrollar todas las facultades del ser humano y fomentar en él, amor a la patria, respeto a los derechos humanos y conciencia de la solidaridad; establece además, que sea democrática, nacional y que contribuya a la mejor convivencia humana, es decir, se expone una visión clara y concreta de lo que debe ser el mexicano.5

No obstante lo anterior y en concordancia con lo que sostiene Gimeno Sacristán,6 el que un derecho esté publicado o escrito como precepto, o que éste sea obligatorio en el papel, no implica que su esencia se transfiera a la realidad; veamos algunos ejemplos de las particularidades que privan e impactan en la escuela pública en México:

• La educación que imparte el Estado debe ser gratuita y de calidad, identificamos sin embargo, que las asociaciones de padres de familia y la comunidad escolar, se han visto obligadas –en el mejor de los casos- a realizar aportaciones a las escuelas y/o gestiones adicionales para garantizar su mantenimiento y funcionamiento, de los cuales la autoridad educativa, no se ha hecho del todo responsable.  En algunas instituciones, simplemente se trabaja en condiciones deplorables.

• Se han ido introduciendo en las políticas educativas y en la operación misma de las escuelas, organismos e instituciones que promueven prácticas privatizadoras y comercializadoras de la educación, de cuya intromisión, se generan mayores desigualdades e inequidades, además del lucro por el bien mismo que representa la educación.

• Los principios filosóficos que subyacen en el Artículo 3º y que determinan la formación de los ciudadanos de esta nación, se ven soslayados en la aplicación de las iniciativas para la mejora del sistema educativo, al desdeñar la profesionalización del docente, así como la ética y valores con que se conducen quienes están al frente de la política educativa, en todo nivel jerárquico.

A todo esto, ¿cuál es el valor de la escuela pública? Fernando Savater7 expone dos connotaciones para el término “valor”, entendiéndolo como lo que hace válido y valioso el hecho de educar y como el coraje —valentía por educar.  Una analogía vendría bien al caso de la escuela pública, entendiendo su valor por un lado a partir de los principios filosóficos y los valores —como la democracia, el nacionalismo y la equidad— que sostienen a la educación para la formación de ciudadanos en este país y por otro, como la valentía de un gobierno y sus ciudadanos por preservarla y tender los puentes hacia su consolidación, situación ésta última, que emana de la escuela pública en sí misma.

En este escenario, la escuela pública en México adquiere diversas implicaciones:

 • “Que sea considerada como un bien público y que su provisión es responsabilidad y deber primordial de los gobiernos de los países”, en este caso el gobierno mexicano, principio reafirmado por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en el 7º Congreso Mundial de la Internacional de la Educación.8

• Que las reformas, iniciativas y derechos por una educación pública de calidad con equidad, no sean letra muerta en el papel, sino que se suscriban con el soporte económico suficiente para cristalizarlas.

• Que los esfuerzos por la comercialización y privatización de la educación y de la escuela pública, se vean coartados por el poder social y el gobierno mismo.

• Que sea un hecho el acceso a la educación para todos los mexicanos, garantizando que el mantenimiento de la infraestructura y los bienes escolares, sea responsabilidad del Estado y no así de los padres de familia ni de las gestiones de la comunidad escolar.

• Que el principio del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación “Por la educación al servicio del pueblo”, se convierta en un ideal por el que, gobierno y ciudadanos, apuesten y confluyan en sus esfuerzos.

En estos tiempos de globalización, el valor de la escuela pública no se demerita, sino que adquiere un agregado más, se implanta como un factor imprescindible para concretar un proyecto de sociedad y de nación, porque es en ella en donde se forman los valores del nacionalismo, pertenencia y amor a la patria. La escuela pública está más vigente que nunca, ya que se configura como la esperanza de lo que México debe llegar a ser.

 

Flavio Humberto Bernal Quezada
Subdirector de Escuela Secundaria General.


1 ORELAC / UNESCO. Declaración Universal de Derechos Humanos. Español. Artículo 26. Santiago de Chile, diciembre de 2008

2 UNESCO. Marco de Acción de Dakar. Educación para todos: cumplir nuestros compromisos comunes. París, Francia, abril de 2000

3 Ídem UNESCO, 2000, pág. 77.

4 Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Artículo 3º.  Consulta en:  http://bit.ly/1UQjGEc./p>

5 Pescador Osuna, José Ángel. La educación pública y la construcción de una nación. En: SEP. Educare. Renovación educativa. Revista para los maestros. México, D. F. Año 6, No. 7, 2012.

6 Sacristán, José Gimeno. La educación obligatoria:  su sentido educativo y social. Ed. Morata. Madrid, España, 2005.

7 Savater, Fernando.  El valor de educar. Barcelona, España, 1997

8 IE. 7º Congreso Mundial de la IE. Actas del Congreso. Libro #2 Resoluciones. Toronto, Canadá. 2015.