En México, la diferencia entre los resultados educativos de las escuelas particulares y públicas está por debajo de lo esperado al compararla con otros países y es la más baja de toda Latinoamérica. Esto –contrario a lo que pudiera pensarse en términos de equidad– no es lo ideal; porque no significa que el sistema público esté haciendo un extraordinario esfuerzo por generar igualdad de oportunidades, por el contrario, significa que el sistema privado no está haciendo una labor adecuada para ofrecer educación de calidad.

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A medida que los países tienen mejores sistemas públicos –en términos del puntaje obtenido en PISA– la diferencia entre el sistema público y particular tiende a disminuir. México fue de los peores países entre todos los participantes en PISA y el peor de la OCDE. Es por eso que el sistema privado debería de ser capaz de diferenciarse de manera más clara del público, justamente porque éste presenta resultados muy bajos. Por ejemplo, en Uruguay, que también tiene un sistema público con resultados cuestionables, las escuelas privadas pudieron diferenciarse 102 puntos de las públicas (más de dos años escolares); en México, esta diferencia es de sólo 39 puntos (poco menos de un año escolar).

Al tener un sistema público con resultados tan pobres los padres tienen mayores incentivos para cambiarse al sistema privado en cuanto les es monetariamente factible. Un 9% de los alumnos de nivel medio superior en México asisten a escuelas privadas; una cifra capaz de incentivar la competencia necesaria para generar educación de calidad. Por eso, es importante preguntarse ¿qué es lo que está pasando en el sistema privado que no es capaz de generar educación mucho mejor de la que se recibe en escuelas públicas?

Al hacer esta pregunta surge la hipótesis de que sea efecto de una falla del lado de la demanda, no de la oferta (competencia entre escuelas). De esta manera, la pregunta concreta es: ¿cuáles son las características que más valoran los padres y qué efecto tienen dichas preferencias individuales una vez que son agregadas, en todo el sistema privado? Para responder a dicha interrogante utilicé datos de la prueba PISA 2012, la cual cuenta con un cuestionario a los padres, alumnos y directores escolares que revela y permite asociar información clave para entender el sistema educativo.

Al utilizar dicha prueba, fue posible asignar un valor monetario específico a las preferencias de los padres; se pudo calcular la probabilidad de que ellos cambien su disponibilidad a pagar según los servicios que la escuela ofrece. Si centramos la atención en 5 de estos servicios: educación (medida en puntaje PISA); impartición de valores religiosos; ambiente altamente disciplinado; bajo involucramiento de los padres y que la institución sea prestigiosa (proxy de autoselección), se encuentran resultados sorprendentes.

En primer lugar, es posible observar que los padres no están pagando necesariamente por la educación que reciben sus hijos (capacidad para resolver problemas o conocimientos). De las posibles variables que pueden determinar el costo de colegiatura de una escuela particular el puntaje en PISA y todo lo que genera altos niveles educativos –infraestructura, educación de los profesores, horas de clase, entre otras– no son una de ellas. Es decir, a los padres parece no importarles si la escuela está generando pésimos o excelentes resultados educativos.

Los padres en este caso están pagando principalmente por: 1) no tener que estar involucrado en el proceso educativo, 2) que se inculquen valores religiosos y 3) disciplina, así como 4) por la posibilidad de que sus hijos crezcan con niños que tienen un entorno socioeconómico similar. Es útil saber, además, que ninguno de estos servicios influye directa o indirectamente para que los jóvenes obtengan un mejor puntaje en PISA. No se encontró una escuela particular en la que alguno de estos cuatro servicios adicionales fuera altamente valorado y tuviera, por ejemplo, horas de clases de matemáticas más eficientes (que se aprendiera más por hora impartida). Es decir, no es posible afirmar en las escuelas en las que los padres buscan que se inculque un ambiente de estricta disciplina tienen clases de matemáticas en las que lo estudiantes, por ser disciplinados, aprenden más.

En general, lo que está pasando es que las escuelas privadas sólo destinan una cantidad de recursos, relativamente estándar, a la generación de habilidades cognitivas que les permitan diferenciarse –de manera mínima– de las escuelas públicas. Esta diferencia es muy pequeña comparada con otros países; pero lo suficientemente grande para que las familias decidan salirse del sistema público en cuanto alcanzan un umbral de ingreso que les permita costear una privada. Las escuelas destinan un menor porcentaje de sus ingresos a la generación de educación conforme son más costosas. De manera contraria, al aumentar el costo de colegiatura aumenta el porcentaje de recursos que se destina a generar otro tipo de servicios, como los que revisamos anteriormente (y muchos otros). Realmente los padres están pagando por todos estos servicios que no están relacionados con la educación (algunos pocos, como los idiomas sí son educativos). Gráficamente se ve de la siguiente manera:

recursos-educacion

Este tipo de fenómenos puede ser muy difícil de regular o influenciar mediante políticas públicas, porque se trata de interacciones entre particulares. Sin embargo, hay ciertos elementos que me parecen pueden ser modificados para mejorar el sistema educativo particular. El primero es restringir la capacidad que tienen las escuelas para limitar la admisión a su institución con base en criterios discriminatorios como el estatus legal de la pareja, el largo del cabello de los jóvenes, etcétera. Es decir, que si los padres quieren que su hija estudie en cierta escuela no exista nada que se los impida más allá de su restricción presupuestal. La discrecionalidad que actualmente observamos promueve la formación de clubes basados en características que no tienen ninguna relación con la educación.

La segunda medida es lograr que los padres tengan información sobre el desempeño exclusivamente académico de las escuelas de manera mucho más sencilla y sistemática. Por ejemplo, obligar a las escuelas a dar un informe por escrito a cada padre sobre los resultados que obtuvo en las diversas pruebas estandarizadas comparada con otras instituciones de la ciudad.

Por último, creo que es necesario discutir las posibilidades de sistema de escuelas concertadas (tipo Charter Schools) en México, que podrían elevar el nivel educativo en el sector público, pero que también permitiría generar innovación en la manera en que las escuelas privadas operan. Las asociaciones público-privadas suelen generar nuevas formas de gestionar proyectos, y claramente las escuelas particulares se beneficiarían de ello.

En general, es imperativo revertir la tendencia, y creencia, de tratar a la educación como un medio para generar redes en vez de como uno para generar habilidades que ayudan a toda la sociedad. Es muy difícil que un país progrese si la mayoría de su población no tiene competencias básicas, pero es imposible si sus élites no las tienen y sólo basan su privilegio en características que no generan un beneficio en su entorno.

Emmanuel Gama es asesor del Comisionado Federal de la COFEPRIS.


Referencia:

Gama, Emmanuel. “Las preferencias de los padres y su efecto en el sistema educativo privado en México”. Tesis de Licenciatura, Centro de Investigación y Docencia Económica.