Hace unas semanas, estudiantes y docentes de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) denunciaron la disminución de número de ingresos a través del concurso de selección en algunas carreras de las áreas de las ciencias sociales y humanidades. Esta reducción, indicaron, llegaba a representar en casos como el de la carrera de Sociología hasta las dos terceras partes. Tomando en cuenta que la UNAM es la institución educativa de mayor demanda a nivel nacional, dicha declaración apunta a un tema sensible en la capital del país: el acceso a la educación superior. Por ello, merece ser analizada con mayor profundidad.

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En una primera revisión al número de lugares otorgados este año en la FES Acatlán en las carreras señalas por el grupo inconforme, se puede observar que, con excepción de la carrera de Filosofía, efectivamente hay una disminución respecto al año 2009 (según la Dirección General de Administración Escolar). No obstante, al comparar los datos con los de algunas otras facultades de Ciudad Universitaria –y otras carreras– se observó que este recorte tiende a ser sistémico y de mayor magnitud.

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Elaboración propia a partir de datos proporcionados por: UNAM, DGAE y Portal de estadísticas universitarias.

Por ejemplo, para la carrera de Sociología, mientras que en la FES Acatlán hubo una disminución de un 21%, en la FCPyS ésta representó más del 50%. Otro ejemplo significativo es Filosofía en la FFyL, donde este año fueron aceptados cerca de un 38.5% menos de aspirantes que en 2009. Pero además, como se puede observar en el Cuadro 1, para las carreras de Actuaría, Arquitectura e Ingeniería Civil, el número de ingresos bajó en Ciudad Universitaria un 51%, 36% y 35% respectivamente. En Acatlán, Actuaría redujo su oferta casi en una cuarta parte e Ingeniería Civil y Derecho lo hicieron cerca la quinta.

Sin embargo, los registros sobre la población escolar en la UNAM muestran que en el 2015 el número de estudiantes había aumentado cerca del 53% respecto al año 1999, porcentaje que equivale a 70,768 mil nuevos lugares. Este crecimiento no difiere de manera significativa por área de conocimiento con excepción de las ciencias sociales, pero esta área reporta la mayor matrícula.

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Elaboración propia a partir de datos proporcionados por: UNAM, Portal de estadísticas universitarias.

Si los datos muestran una tendencia al crecimiento, ¿cómo se explica la disminución generalizada en la absorción de demanda a través del concurso de selección a nivel licenciatura? Para Rodríguez (2012), el incremento en el cupo disponible para este nivel tiene un impacto poco apreciable debido a que la mayor parte de los nuevos lugares son ocupados por el número creciente de egresados de los bachilleratos de la UNAM que gozan del pase reglamentado. Debido a lo anterior, el porcentaje de aspirantes aceptados provenientes de otras instituciones educativas ha disminuido.

En aparente contradicción con el argumento de Rodríguez, las cifras proporcionadas por la UNAM indican que a pesar de que la demanda de aspirantes por concurso de selección reportó un crecimiento cercano a un 115% entre 1999 y el año 2015, el porcentaje de aspirantes aceptados a través de este mecanismo sólo disminuyó de un 12% a un 10.22%. De esta manera, en 2015 más de un 45% de seleccionados egresaron de bachilleratos no pertenecientes a esta institución.

Lo anterior sugiere que la disminución en las probabilidades de ingresar a la UNAM si no se goza del pase reglamentado no significa que menos estudiantes externos sean aceptados, sino que la competencia ha crecido desproporcionadamente. Entonces, nuevamente, ¿cómo se explica la baja de lugares asignados respecto al 2009? Al parecer la respuesta está vinculada a la forma en la que se reparten y se ocupan los espacios en esta universidad.

Por ejemplo, mientras que en 1999 se reportaban alrededor de 19 mil egresados de nivel licenciatura, para el 2015 esta cantidad se elevó a más de 35 mil. Esto implicaría que un mayor número de estudiantes permanecen durante más tiempo en el nivel superior, y que los espacios y recursos de las licenciaturas son aprovechados cada vez más por los estudiantes ya inscritos. Pero además, la matrícula del SUA y de ED pasó de representar un 4% de la población total de licenciatura en el año 2000, a un 15% en 2015, lo que muestra que parte importante de los esfuerzos de la UNAM por responder a la creciente demanda externa se ha orientado hacia estas modalidades.

Tenemos entonces que cada vez hay más espacios en la UNAM para los egresados de otros bachilleratos, pero no necesariamente en la opción o modalidad de su preferencia. ¿Qué implicaciones tiene esta situación en términos de desigualdad educativa y de acceso a la educación superior ante la nueva realidad de la demanda de egresados de nivel medio superior? Si bien la UNAM por sí misma no puede dar solución a esta problemática, sí sería importante discutir quiénes están realmente ingresando a las aulas de la principal universidad pública de nuestro país, y si los mecanismos de selección utilizados por esta institución responden a su sentido social (Guzmán, 2016), o en la práctica están fortaleciendo la estratificación educativa, incluso dentro de la misma universidad. El debate está sobre la mesa.

Valentina Sifuentes García es estudiante del Doctorado en Ciencia Social con especialidad en Sociología en El Colegio de México.