El 23 de septiembre del 2015, el actual gobernador del estado de Sao Paulo, –Geraldo Alckim– y el exsecretario de educación del estado –Herman Voorwald– anunciaron un proyecto de reestructuración de la red estatal de enseñanza del estado. Este proyecto tenía como objetivo principal dividir a las escuelas de enseñanza fundamental e intermedia en ciclos, fundamental I (de 6 a 10 años), fundamental II (de 11 a 14 años) e intermedia (de 15 a 18 años) separando a los alumnos en diferentes unidades, tanto estructural como físicamente. La implementación del plan traería como consecuencia directa el cierre de 93 unidades escolares, la reestructuración de cerca de 1,464 escuelas y el reordenamiento de cerca de 311 mil alumnos y más de 74 mil profesores. El anuncio del plan trajo como consecuencia un movimiento de ocupación estudiantil sin precedentes en el país sudamericano.

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El anuncio de Alckim y Voorwald representó el inicio del estallido de una serie de protestas y movimientos estudiantiles que se han desarrollado al correr de anuncios de recortes al presupuesto de salud y educación, actos de corrupción, y reformas educacionales. Los movimientos de ocupación se han extendido a varios estados de la nación sudamericana llegando ya a más de mil. Este artículo presenta algunos datos sobre el desarrollo de estos movimientos estudiantiles, que hasta ahora parecen tener una limitada difusión en Latinoamérica y en el mismo Brasil –desde su inicio hasta la actualidad– además de que se están desarrollando en un contexto muy particular de la nación sudamericana.

Una vez que el anuncio del 23 de septiembre del 2015 se extendiera entre las escuelas afectadas y los estudiantes y profesores que serían removidos de sus escuelas, la inconformidad creció e inspirados en el movimiento chileno revolución pingüina, los secundaristas (alumnos de entre 15 y 18 años) de la Escuela Estatal Diadema localizada en la metrópoli de São Paulo ocuparon su escuela el día 9 de noviembre del 2015. A esta ocupación le siguió la escuela Fernão Dias, que fue ocupada el 10 de noviembre. Después de que un juez de la capital Paulista ordenara la recuperación de los predios, el 23 de noviembre del mismo año, el Tribunal de Justicia de São Paulo defendió el derecho de los estudiantes a ocupar sus escuelas. El movimiento se extendió por todo el estado y se registraron más de 200 escuelas ocupadas. Tras la negativa del gobierno de suspender la reorganización de las escuelas, los estudiantes salieron a las calles en lo que se llamó semana de trancaço. Durante esta semana, los estudiantes realizaron bloqueos en las principales calles de São Paulo en donde sufrieron severos actos de represión por parte de la policía militar en la capital Paulista.

Los actos de represión fueron difundidos por diversos medios de comunicación, pero principalmente por medios digitales en los cuales los estudiantes afectados reportaron violaciones a sus garantías individuales, actos de violencia física, violencia de género y racismo por parte de la policía militar. Durante estas manifestaciones los estudiantes salieron con pupitres de sus propias escuelas en mano, lo cual representó una peculiar característica del movimiento. En medio de las revueltas, el 4 de diciembre del 2015, se dieron a conocer los resultados de popularidad del gobernador Alckim, registrando el nivel más bajo de todos sus mandatos. El mismo día el secretario de educación del estado dejó el cargo y el gobernador anunció la suspensión del plan de reorganización escolar.

Las escuelas comenzaron a ser desocupadas después del anuncio del gobierno estatal cuando en enero del presente año, la Policía Civil y el Ministerio Público de São Paulo dieron a conocer una investigación por presuntos actos de corrupción en el sistema estatal de provisión de almuerzos escolares. Lo que se llamó “el fraude del almuerzo” [fraude da merenda] que envolvía a autoridades estatales con una cooperativa agrícola en actos de corrupción y licitaciones a modo, afectando directamente el presupuesto para almuerzos en el estado, así como la calidad los mismos. Los estudiantes salieron a las calles de nuevo exigiendo la creación de una comisión especial investigadora a la asamblea legislativa del estado. Los estudiantes exigían almuerzos en escuelas donde no se ofrecían (Escuelas Técnicas Estatales-ETEC’s) así como aumento en la calidad de los alimentos en las escuelas en las que sí existía este servicio. El movimiento derivó en la ocupación de la asamblea legislativa del estado de São Paulo y la firma de un acuerdo para crear una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) en mayo, que, hasta el día de hoy, no ha dado resultados claros en cuanto a los responsables del fraude del almuerzo. Dicha investigación se ha tornado ya al gobierno federal. Los estudiantes, sin embargo, en el caso de las ETEC’s consiguieron la instalación de almuerzos en sus planteles y se aumentó la calidad de los alimentos en el sistema estatal.

En un sentido se podría señalar que los estudiantes han conseguido una respuesta a sus peticiones, sin embargo, ésta última parte de su lucha está resultando ser la más tenaz. El 15 de junio del presente año, el poder ejecutivo encabezado por Michel Temer presentó, aún en un clima de controversia por la forma en la que llegó a la presidencia, una Propuesta de Enmienda a la Constitución conocida como PEC 241 “techo de gasto”. La propuesta se trata del establecimiento de un nuevo régimen fiscal para limitar el crecimiento del gasto del gobierno. La parte más controversial de la propuesta y que concierne a este texto, radica en congelar el gasto del gobierno federal durante 20 años sobre el financiamiento de la educación y la salud. El PEC 241 elimina la obligatoriedad del gobierno federal para invertir un 18% del presupuesto en educación, obligación citada en la Constitución de 1988. Así, se invertiría en educación y salud, la cantidad que se invirtió en 2017 durante 20 años consecutivos, sólo con ajuste a la inflación. En un ambiente ya tenso, este anuncio movilizó a estudiantes secundaristas y universitarios de todo el país, en un movimiento que los mismos estudiantes han llamado primavera secundarista. Este movimiento tiene también como objetivo luchar contra la Reforma a la Enseñanza Intermedia que el presidente Temer presentó el 23 de septiembre del 2016. Las principales críticas del movimiento a esta reforma son que –como Medida Provisoria– esta reforma no pasó por ningún debate y tiene que ser implementada de inmediato, además aumenta el número de horas en la escuela, medida que no corresponde con la realidad de los estudiantes debido a que muchos trabajan para su manutención y la de sus familias. Sin embargo, la crítica más grande a esta reforma es la flexibilización del currículo, que da libertad a los estudiantes de escoger entre cinco áreas: ciencias humanas, ciencias de la naturaleza, lenguas, matemáticas y formación técnica profesional, dejando sin obligatoriedad las disciplinas artísticas, educación física, sociología y filosofía. Hasta inicios de noviembre, hay más de 1000 escuelas ocupadas en todo el país. La atención ahora está puesta sobre el estado de Paraná, en donde se registra el mayor número de ocupaciones, incluyendo 14 universidades.

Los protagonistas del movimiento de ocupación brasileño son jóvenes de entre 15 y 18 años. Lo que este hecho significa va más allá de la reflexión llana o de la exaltación de la fulgurante juventud adolescente. Estos jóvenes, atípicos protagonistas de un movimiento estudiantil en el país con la mayor economía de América Latina, son herederos de movimientos estudiantiles históricamente protagonizados por estudiantes universitarios. Me atrevo a reflexionar sobre el sentido y significado de una respuesta estudiantil creativa, estridente y directa a políticas públicas del país con uno de los índices más altos de desigualdad de América Latina. En un lugar donde muy pocos tienen mucho y la mayoría tienen poco, esos pocos deciden sobre casi todo y casi todos. A pesar de ello, los valientes jóvenes brasileños se hicieron escuchar. Tal vez estos movimientos sean la respuesta a un régimen político y económico que roza en el cinismo cuando cree que la lacerante desigualdad no tiene consecuencias sociales o subestima el poder de las herramientas digitales como forma de organización social. Aunado a ello, estos jóvenes, sagaces en las habilidades digitaes, saben bien discernir y reflexionar de entre los terabytes de información que reciben a diario. Los estudiantes que protagonizan las ocupaciones y, especialmente las mujeres, han ejercido el empoderamiento y sentido de pertenencia con sus escuelas. Este empoderamiento es sin duda admirable y una distintiva consecuencia de la ocupación. Pero es aún más admirable la lucha que ellos plantean por lo que consideran es su derecho a una educación de calidad, derecho que han defendido honorablemente como su única bandera.

Adrián Arroyo es estudiante de doctorado visitante en la Universidad de São Paulo (Brasil) y candidato a doctor por el Center for the Study of Higher Education, University of Arizona (Estados Unidos).