Una de las limitantes de la educación en México, y posiblemente en otros países, (pero mi interés radica en analizar la educación del país en el que vivo y ejerzo la docencia) es que se enfocan los programas y los planes de estudio hacia el cumplimiento de un perfil de egreso que responda a las necesidades socioeconómicas del país, lo cual es entendible, pero dejan en segundo plano el desarrollo del alumno como ser humano, con capacidad de resiliencia, con ideales que lo proyecten como un ser responsable en el entorno y con su medio, un ser humano con un proyecto de vida. Al hablar de valores en educación, no sólo se hace referencia a los que afectan al ser humano, también hay valores que se dejan de practicar y éstos afectan a la sociedad, al medio ambiente, e incluso a nuestros ideales. Si la educación es la que se encarga de transmitir conocimientos de una manera integrada a la cultura, entonces ésta conlleva un componente ético. La ética marca la brecha entre lo que es y lo que debería ser. Al respecto, John Locke decía que un joven que no había sido acostumbrado a subordinar la propia voluntad a la razón de los demás, no sería capaz de someterse a la razón propia cuando estuviera en condiciones de hacer uso de ella. Por lo tanto, me parece que un alumno no debe ser formado sólo para responder a las exigencias de una sociedad, sino para responder a las necesidades que como ser social se le vayan presentando, a esto responde la prioridad de formar al ser humano en una disciplina en la que no se ofende a la dignidad de un ser razonable.

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En el campo de la educación —o en cualquier otro ámbito— los valores se forman en el proceso de la socialización en el que intervienen diversos factores; entre los que predominan familia, escuela, política, sociedad, religión, entre otros. No se modifican, pero tampoco son absolutos, se pueden ir adecuando con base en las circunstancias y condiciones de vida. En la medida, en la que los seres humanos socializan e interactúan, se estructuran jerarquías sobre las normas de convivencia, aunque éstas varían con respecto a las situaciones cotidianas. Es deber del sistema educativo preparar a los ciudadanos que el país requiere, por ello, abordaré el tema entre lo que hace y quizás se debería de hacer en México.

Defender los valores éticos es una de las actividades que se deben trabajar en el espacio áulico como razón de convivencia en nuestro mundo actual. Es por eso que el actuar docente se configura no sólo por los aspectos cognitivos o por un conjunto de habilidades y destrezas, sino también por actitudes, valores y normas morales vigentes. Educar no sólo es transmitir conocimientos, es preparar al alumno como futuro profesionista, pero, sobre todo, como buen ciudadano, capaz de superar un fracaso y que no cimente su progreso a costa del sufrimiento o humillación de los demás. La educación basada en valores es un tema que permanece vigente, pero me preocupa si realmente se está llevando a cabo. Se han modificado los planes y programas del sistema educativo mexicano, tomando en cuenta la necesidad de educar y formar a los alumnos de manera que respondan a las exigencias del desarrollo y crecimiento de nuestro país; sin embargo, los resultados no se reflejan a corto plazo. Hace falta el compromiso por parte de todos los agentes involucrados en el campo de la educación, de manera que se concientice sobre una intervención oportuna en dirección al rescate de una educación basada en valores. El papel del docente es clave en este aspecto, educar con valores es parte del currículum oculto.

Se cree que los alumnos carecen de valores y han perdido el interés en casi todo, pero no comparto esa idea, me parece más bien, que el alumno actual tiene otras aspiraciones que no le permiten analizar los valores como la base de una sana convivencia. Los alumnos actuales son nativos digitales y cuentan con características diferentes a los estudiantes de antaño, por ello, es necesario que el docente se actualice en cuanto a estrategias didácticas considerando las herramientas de trabajo vigentes, que incluyen el uso de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), que decida innovar sin dejar atrás el contenido del programa educativo actual, mismo que está basado en el desarrollo de competencias, y las competencias son permanentes. Para desarrollar las competencias es necesario trabajar en conjunto las actividades curriculares con los valores de manera implícita, de esta manera se estará trabajando éticamente. La ética implica intereses comunes, si trabajamos en conjunto valores y educación, la escuela nos debería encaminar hacia un mundo mejor, incluyendo la enseñanza para vivir mejor. Sin duda ésa también es una responsabilidad de los docentes. Si bien es cierto que existen valores universales como la paz, la libertad, el respeto, la igualdad entre otros, un docente no debe limitarse a enfatizar en el conocimiento de ellos, sino su ejercicio.

Dado el complejo contexto mexicano: permeado de carencias económicas y tensiones políticas, una propuesta para mejorar la formación de los educandos se refleja en la necesidad de establecer un vínculo de compromiso entre el docente con el alumno y los padres de familia. El compartir este compromiso puede ayudar a reforzar en casa lo que se aprende en la escuela, pero requiere también de la disposición del alumno, pues lo que es impartido en clase, puede aprehenderse fácilmente si lleva implícita la concientización, más que la imposición.

Plantear que todo el currículum, y la acción conjunta del centro educativo, estén impregnados de valores morales y éticos, representa un reto para la educación. Una educación en valores exige un amplio apoyo en cuanto a acciones formativas de los profesores, acompañamiento en su desarrollo profesional, así como rediseñar los espacios organizativos y laborales en los centros educativos, de manera que se dé cumplimiento a las acciones que se proponen en colegiado y, más importante aún, revalidar socialmente la función docente y de la escuela. El logro de todo lo anterior, nos lleva a una verdadera transformación educativa, eficaz y con repercusiones en los aspectos socioculturales, políticos y económicos del país, que finalmente son quienes validan la pertinencia de la educación.

Para hablar de una educación eficaz hace falta trabajar en conjunto contenidos con valores, hace falta también atacar algunos problemas serios que día a día se ven en el aula, por ejemplo, problemas sociales. El trabajo del docente de hoy es multidisciplinario y transversal, por ello, una formación integral del alumno, requiere del compromiso del docente. Hoy en día, hacer transversales los contenidos con el tema de relevancia social, es una necesidad. No imagino a los alumnos de zonas vulnerables, ya sea por inseguridad o por marginación, dando prioridad a desarrollar competencia lectora o pensamiento complejo cuando tienen otras prioridades. Un docente que labora en zonas de riesgo, adquiere una gran responsabilidad, además de trabajar contenidos, da prioridad a enlazar un tema de relevancia social.

Ante la gran cantidad de retos que se le presentan al desarrollo de un país, los ideales para la formación del ser humano deben estar orientados a limitar las barreras como la pobreza, la discriminación, la represión entre otros. Conforme avanza el tiempo crecen las expectativas hacia la educación. Se espera que se formen a los alumnos en el ámbito de participación social y en cuanto a la resolución de problemas. Se espera también que la educación fortalezca el desarrollo de valores para una sana convivencia, que los alumnos sepan convivir dentro y fuera de la escuela, que sean tolerantes y capaces de superar la frustración. Se espera que haya ciudadanos competentes, lo que significa que deben tener conocimientos y habilidades, pero también destrezas. Por ello, se requiere que la educación tenga como prioridad fortalecer los valores que dirigen al hombre hacia un desempeño basado en el respeto, la solidaridad, honestidad, tolerancia, entre otros.

Para lograr una educación como la que se espera, basada en valores, se debe educar éticamente, aunque la pregunta es ¿qué implica educar éticamente? La ética es una palabra con un gran peso, implica desde cumplir íntegramente con la consigna de la profesión, pero también implica educar con el ejemplo, respetar la intervención de todos los agentes involucrados en la educación, respetar los derechos universales; implica educar en la libertad. Todos tenemos derecho a la libertad, pero también a vivir en sociedad, aunque eso implique adquirir responsabilidades. Vivir en sociedad implica respetar y esto es la base para poder vivir juntos. Al respecto, Jacques Delors, en su citado Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, muestra lo fácil que es educar con valores, si se toman en cuenta estos cuatro elementos: Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. El autor nos refiere la manera en la que el logro de cada elemento influye en la formación del ser humano. Por un lado, el aprender a conocer es el pasaporte para el aprendizaje permanente, el aprender a hacer permite adquirir una competencia para hacer frente a las situaciones que se presenten, aprender a vivir juntos implica la tolerancia y el respeto a sí mismo y a los demás; y por último, el aprender a ser implica entre otras cosas, el comprenderse a sí mismo. El logro de una educación basada en los cuatro pilares de la educación que propone Delors, es aún idealista. Aunque es un sueño fácil de alcanzar, hace falta el compromiso de docentes, padres de familia y alumnos.

En suma, urge reestablecer los valores como base para una buena educación, revalorizar el actuar docente y urge una sociedad formada en principios. Apremia visualizar la educación como un todo, es necesaria una conciencia que nos oriente hacia la paz y la comprensión entre los seres humanos y que nos mueva hacia un fin común. Parece urgente empujar la educación en y con valores. 

Nélida Hernández Servín es docente frente a grupo en la asignatura de español y tutora académica.