El día de ayer –10 de julio– se presentó “La estrategia nacional de inglés” que propone una serie de medidas para convertir a México en un país bilingüe en un plazo de 20 años aproximadamente. Sin duda se trata de un proyecto ambicioso e interesante ¿pero qué tan viable es? El presente texto discute los principales aspectos de la estrategia y las posibilidades que dicha estrategia puede tener en el contexto actual.

El antecedente directo al anuncio de la estrategia fue la publicación, el pasado miércoles 28 de junio de 2017, en el Diario Oficial de la Federación (DOF), del modelo educativo para la educación obligatoria que incluye cinco apartados: el planteamiento curricular; la escuela al centro; la formación y desarrollo profesional de los maestros; la gobernanza; así como la equidad e inclusión. Dentro de esta propuesta, la enseñanza del inglés ocupa un lugar importante . De hecho, desde hace meses el titular de la SEP –Aurelio  Nuño– se ha presentado en diversos medios de comunicación, así como en eventos oficiales haciendo promoción al modelo que ahora es oficial y destacando la importancia del idioma inglés, así como la formación inicial de docentes en este idioma. Precisamente la propuesta dada a conocer apenas (la estrategia nacional de inglés) contiene dos ideas principales: la creación de la licenciatura en inglés en preescolar y primaria, que se sume a la de secundaria; esta licenciatura tomaría como punto de partida el modelo que han desarrollado las universidades tecnológicas bilingües en el país para buscar que sus egresados logren el dominio del inglés al termino de sus estudios. La segunda propuesta es lograr expandir la enseñanza del inglés a todos los maestros normalistas en un plazo relativamente corto. Su objetivo es que los maestros de todos los niveles básicos adquieran un dominio del idioma inglés.

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De manera que en el llamado nuevo modelo educativo se busca incorporar la enseñanza-aprendizaje del inglés en el perfil de egreso del estudiante y en la formación inicial de docentes. En el primero describe lo que el alumno debe ser capaz de hacer: al terminar la secundaria los alumnos deben contar con habilidades lingüísticas para expresar experiencias, acontecimientos, deseos, aspiraciones, opiniones y planes; al terminar el bachillerato se espera que los alumnos puedan comunicarse en inglés con fluidez y naturalidad. En la formación inicial de docentes el modelo educativo vislumbra al inglés como una herramienta comunicativa “en el mundo globalizado” y enfatiza que es fundamental que todos los maestros dominen este idioma y no solamente quienes impartan la asignatura; en suma, el modelo educativo considera fundamental alcanzar un nivel de inglés alto entre la planta docente en las escuelas normales. Sin embargo, el inglés como asignatura aún no se encuentra incluido dentro del planteamiento curricular.

Es importante recordar que la idea de incorporar la enseñanza del inglés no es nueva. El inglés como programa nacional surge desde 2009 con un pilotaje en algunos estados y aterriza en los programas de estudio 2011 con el nombre de Programa Nacional de Inglés en la Educación Básica (PNIEB), recientemente reorganizado y reglamentado en el Programa Nacional de Inglés (PRONI) en 2015 (DOF: 27/12/2015), el cual tiene como propósito fundamental que los alumnos participen en prácticas sociales del lenguaje –orales  y escritas– para el desarrollo de competencias. Los principales cambios del programa de estudio en relación a programas anteriores –1994 y 2006– radican en el enfoque de metodología de enseñanza (del comunicativo y funcional del lenguaje) a uno sociocultural y lingüístico para el desarrollo de competencias; desaparecen las reflexiones de la lengua y lo gramatical para adaptar contenidos y proyectos de trabajo para el desarrollo de productos de aprendizaje a través del ser, el conocer y el hacer con el lenguaje. Así, en el PNIEB, el inglés es visto ya como una segunda lengua y no como lengua extranjera, sin embrago, la implementación de este programa ha tenido algunas “desventuras”, algunos hallazgos descritos en trabajos de Davies (2009), Ramírez, Pampón y Cota (2012) y Mejía (2013) concluyen que las problemáticas relacionadas con los programas de inglés estatales y nacionales se pueden identificar en diferentes niveles. Primero, se encuentran los problemas en torno al conocimiento del idioma y la estructura: niveles de aceptación; congruencia entre discursos y prácticas docentes; relación entre programas; cobertura, falta de financiamiento y seguimiento. En el caso de los planes de estudio los principales inconvenientes son: limitado  conocimiento del enfoque de enseñanza y competencias a desarrollar; la falta de más prácticas docentes; la necesidad de adaptar mejor la evaluación del aprendizaje; el número de horas asignadas es insuficiente y también se debe analizar con más detalle cuál es el papel que han jugado las editoriales en la determinación de contenidos. En cuanto a los principales problemas respecto a los profesores destacan: las carencias en su formación inicial; las dificultades en sus condiciones laborales y posibilidades de certificación. Respecto a los alumnos, el principal reto se vincula con el nivel de inglés con el que llegan a la educación superior: existe una fuerte disparidad del nivel de inglés planteado como óptimo en el PRONI –nivel  B1– porque para llegar a este nivel se debe de tener un estudio efectivo del inglés de entre 451-500 horas y la mayoría de los alumnos no ha tenido esa posibilidad.

En cuanto al punto de la formación inicial de profesores el Secretario de Educación ha argumentado que para tener profesores bilingües se requiere tener un programa de Escuelas Normales (EN) bilingües y mencionó que para cumplir dicho objetivo se lanzarían nuevos planes de estudio en 2018, la realidad es que los programas de estudio de la licenciatura en educación primaria recientemente reformados en 2012, el inglés aparece ya en la malla curricular desde el tercer semestre con la asignatura de inglés A1 hasta séptimo con inglés B2 –con 4 horas semanales cada uno de los 5 niveles– y de hecho, la estructura curricular de dichas asignaturas no contemplan sólo el aprendizaje del inglés sino que contiene además el desarrollo de actividades sobre cómo propiciar ambientes de aprendizaje y actitudes en los niños hacia el idioma lo que aunque pareciera ser una innovación, en la práctica despoja de un tiempo importante al aprendizaje del inglés (es decir, al dominio del contenido). A partir de algunos cálculos realizados con las cifras que conocemos de la malla curricular de la licenciatura en educación primaria, podemos señalar que si un docente durante su formación inicial recibe cinco cursos de al menos 100 horas semestrales (siendo optimistas), lo que necesitan son entre 651-700 horas para alcanzar el nivel B2 según Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCERL) , lo que dejaría un déficit de 100 horas para obtener el First Certificate of English (FCE), nivel requerido del idioma para profesores estipulado en PRONI. Si bien en la presentación de la estrategia el titular de la SEP manifestó que se impartirán 6 horas semanales y 12 horas más de tutorías y laboratorios, la realidad es que la distribución y las cargas horarias de las diferentes licenciaturas ya sean del plan 1999 o 2012 están en función de periodos diferenciados de prácticas de intervención docente cuya duración va desde una semana hasta un mes. El problema en este caso es el acomodo de estas clases en el horario de los docentes en formación. En este punto en México existen 466 escuelas normales de las cuales 260 son públicas y 206 privadas con una matrícula total para el ciclo escolar 2016-2017 de aproximadamente 93,766 estudiantes (SEP-DGSPE, 2017), por lo que contratar a 1,200 profesores de inglés en normales desde las “cuentas” del secretario Nuño, implicaría que cada profesor atienda a 4 grupos de 20 estudiantes.

La realidad es que el número de estudiantes de normales públicas es de 80,000, aproximadamente, pero todas tienen matrículas heterogéneas. Aquí un ejemplo: la Benemérita y Centenaria Escuela Normal Del Estado de San Luis Potosí cuenta con una matrícula de 1,112 estudiantes, por lo que cada uno de los 4 profesores “idealmente” asignados no atendería solamente a los 80 alumnos que el Secretario de la SEP argumenta, sino que en este caso cada docente tendría que atender entre 220 a 270 estudiantes. Esto representaría una carga excesiva de trabajo, por lo tanto aventurar una cifra “óptima” resulta aventurado e inclusive poco creíble.

La coyuntura que surge frente a la presentación de la estrategia es la certeza de que no hubo voluntad suficiente para implementar con seriedad la enseñanza del inglés desde el inicio del sexenio. La lógica del gobierno en términos de política educativa pareciera ir en el sentido opuesto a una política pública bien concebida, que haya considerado su factibilidad. La propuesta presentada oficialmente parece partir de una visión reduccionista del problema de la enseñanza-aprendizaje del inglés, se está asumiendo que con un número reducido de profesores de inglés en normales será suficiente para producir un cambio en la formación inicial de individuos y que estos serán capaces de hablar, leer, escribir y escuchar en inglés para a su vez poder ofrecer contenidos en inglés a los niños. En este sentido lo que se propone deja muchas preguntas para continuar el debate. Por ejemplo: ¿se ha realizado una evaluación seria de los aprendizajes del programa 2011?, ¿bajo qué condiciones presupuestarias serán contratados los docentes de inglés faltantes para normales? En palabras del titular de las SEP, serán contratados como personal de tiempo completo con un salario de 21,000 pesos y obtendrían la base definitiva mediante concurso de oposición, por lo que vale la pena preguntarse ¿cómo lo tomará el personal de tiempo completo que sigue una ruta de profesionalización de posgrado y quienes finalmente percibirán un salario menor? ¿qué pasará con la enseñanza del inglés en regiones donde la población en su mayoría es indígena, migrante (grupos vulnerables)? ¿la atención para estos grupos se orientará de la misma manera o se propondrán acciones complementarias?, ¿los programas seguirán pidiendo un nivel B1 umbral para los estudiantes cuando egresen de la educación obligatoria aun cuando una parte del  profesorado no cuenta con el perfil para enseñar inglés? Parece ser que desde el modelo educativo y los argumentos del Secretario Nuño se pretende justificar la estrategia nacional de inglés como una apuesta “innovadora” al bilingüismo a 20 años, sin embargo, no ha quedado claro cómo es que va a solucionar el problema de la infraestructura necesaria para el aprendizaje que es crítico en algunas zonas del país, además, podría aumentar la subcontratación de profesores de inglés con una promesa de tiempo completo y que podría llevar a la precarización del salario de profesores de otras áreas de formación. Finalmente, no queda claro como se resolverá el problema de la inclusión de grupos vulnerables en este proceso; todas estas características hace suponer que el inglés seguirá siendo una deuda  larga y sinuosa del Estado mexicano con la sociedad.

Jorge Mejía Bricaire es profesor horas clase en la licenciatura en educación secundaria con especialidad en lengua extranjera (inglés) en la Escuela Normal no. 4 de Nezahualcóyotl.