Educarse y educar en el reconocimiento y manejo de las emociones es un tema delicado y de gran relevancia social. Las emociones o sentimientos son parte de la vida, actúan como catalizadores que impulsan al ser humano a actuar y satisfacer sus necesidades. Algunas de las reacciones fisiológicas y de comportamiento que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse o aprenderse.

emociones

Desde el punto de vista neurológico, Bisquerra (2003), señala que una emoción pasa por tres momentos: 1) La información sensorial llega a los centros emocionales del cerebro. 2) Como consecuencia se produce una respuesta neurofisiológica. 3) El neocortex, es una parte del cerebro que interpreta la información; de acuerdo con este mecanismo, en general, hay bastante acuerdo en considerar que una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una  respuesta. Calle cita un estudio de McLean realizado por primera vez en 1952; McLean introdujo el término; “sistema límbico”.El espacio límbico es donde se ubican u originan las emociones; cuando esta parte del cerebro es estimulada –como si fuera una corriente eléctrica ligera– las emociones son producidas. En el sistema límbico incluye la amígdala, el hipotálamo y el hipocampo. Según McLean, la supervivencia del ser humano está basada en la evasión del dolor y formas recurrentes de placer. La experiencia de una emoción, generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, las cuales utiliza para valorar una situación concreta a partir de dichas creencias que influyen en el modo en el que se percibe una situación. Dicho sea, por Vygotsky –citado por Linares– los patrones mentales que son la base de los aprendizajes y conductas, son producto de las interacciones sociales y culturales que vive el ser humano.

Respecto a la inteligencia emocional, la primera descripción de la misma se desarrolló en 1990 –atribuido a Peter Salovey y John Mayer– quienes la definen como la capacidad de razonar acerca de las emociones para mejorar el pensamiento, lo que incluye la posibilidad de percibir con precisión la emoción, para regularla reflexivamente con el fin de promover el crecimiento emocional e intelectual. Conocer qué son las emociones, qué las provoca, cómo se manifiestan y aprender a manejarlas no es tarea fácil. Goleman ya señalaba sobre la alfabetización emocional que ésta va aparejada con la educación del carácter, el desarrollo moral y el civismo. Se ha producido recientemente un considerable aumento en el número de trabajos que tienen como objetivo específico el análisis de las relaciones entre inteligencia emocional, inteligencia general y rendimiento académico.

Pérez estudió la correlación entre la inteligencia emocional y el rendimiento académico y encontró que efectivamente hay una significativa relación. Incluso afirma que la inteligencia emocional contribuye a predecir el rendimiento más allá de un test estandarizado de logro, empleado para la admisión de los estudiantes. Estudios realizados en la Universidad de Cádiz  encuentran correlaciones estadísticamente significativas entre inteligencia emocional y rendimiento académico en estudiantes de secundaria, que se mantienen con independencia de la influencia que sobre las notas tiene la personalidad y la inteligencia general o el efecto combinado de ambos. Goleman afirmó que existen habilidades importantes que la inteligencia académica no ha contemplado hasta hoy, como son las habilidades sociales y que a la hora de alcanzar un mayor bienestar laboral, personal, académico y social son determinantes. La escuela tiene que ir más allá de los aspectos cognitivos, requiere promover el desarrollo de competencias para el manejo de las emociones como parte esencial del proceso de crecimiento personal y social.

En el caso de México, lo que se plantea sobre qué se debe enseñar y qué es prioritario se relaciona también con el tema de la enseñanza emocional. En el currículo 2016 para la educación básica se consideraron tres fuentes esenciales: la filosofía de la educación que da luz respecto a los principios y valores fundamentales de la educación; el logro de capacidades que responda al momento histórico que viven los educandos y la incorporación de los avances que se han producido en el campo del desarrollo cognitivo, la inteligencia y el aprendizaje.

Se afirma y con toda razón que la escuela tradicionalmente ha concentrado su quehacer en las cuestiones cognitivas y motrices del niño, sin considerar que el desarrollo emocional tiene implicaciones directas con el desempeño del educando. Si buscamos información al respecto, podemos observar que cada vez, hay más evidencias científicas que señalan el papel central de las emociones en la facultad de aprender, así como en la capacidad de los individuos para relacionarse y crecer como seres sanos y productivos. La Secretaría de Educación Pública (SEP), ha dado a conocer el nuevo modelo educativo. Se afirma con este nuevo modelo, se pretende hacer una reforma de fondo, en cuanto a seleccionar aquellos contenidos que sean “clave” para la formación del niño y el joven. El planteamiento pedagógico de la reforma educativa pretende llevarse a la práctica a través de la nueva currícula, tanto de educación básica como media superior; tomando en cuenta no sólo los procesos de aprendizaje desde un enfoque cognitivo; también se reconoce que una emoción positiva puede estimular y provocar un aprendizaje significativo. Por lo contrario, una emoción o experiencia negativa puede bloquearlo.  El docente quien es pieza clave para llevar a cabo la tarea de bajar el currículo formal a la realidad del aula, debe aprender y aplicar estrategias para reforzar el autoconocimiento y por otra parte apoyar al alumno para que desarrolle su autoestima; tenga confianza en su potencial; así como apoyar en el desarrollo de expectativas positivas y realistas por parte de sus estudiantes.

Reconociendo la complejidad de la tarea docente enfatiza la construcción de procesos innovadores apoyados en la investigación para potencializar el trabajo colaborativo, favorecer el autoaprendizaje y la meta cognición como estrategias para que los maestros se actualicen, sean críticos e innovadores, Fundación Sinadep ha desarrollado el proyecto de investigación denominado: “Salud emocional en el docente” en la línea “Educación Pública el indicador: quality and quantity” con el propósito de apoyar y fortalecer las competencias docentes.

La escuela es el espacio natural donde se pueden –y deben establecerse– relaciones interpersonales armónicas, pacíficas e inclusivas basadas en valores y el respeto a los derechos humanos; donde se enseñe a regular las emociones y los comportamientos, hacer acuerdos y manejar pacíficamente los conflictos. Es la escuela el centro de todo acto educativo, donde se debe instruir y educar para formar individuos que aprecien y respeten la diversidad, que se reconozcan a sí mismos como personas valiosas, capaces de manejar sus emociones y establecer relaciones de convivencia pacífica, de colaboración y de respeto mutuo. La comunidad, el hogar y demás instituciones tienen que asumir y compartir esta responsabilidad si queremos realmente construir nuevos paradigmas y patrones para una convivencia más sana y productiva.

 

Norma Aideé Castillo Ubamea es profesora en la Escuela Normal Superior de Hermosillo, Sonora y Responsable de un Centro de Maestros.