Desde hace 22 años, los jóvenes que aspiran a estudiar la educación media superior (EMS) en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) participan en un proceso de asignación coordinado por la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (COMIPEMS). Desde ese entonces las instituciones de educación media superior convinieron que, a partir de los resultados obtenidos en una prueba de conocimientos, los aspirantes serían asignados de acuerdo con los resultados obtenidos. Por primera vez –en la edición 2017– el proceso presentó un error que afectó a miles de aspirantes, situación que obliga a mirar con otros ojos el proceso de asignación de los jóvenes a la educación media superior, así como su funcionamiento.


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A partir de la publicación de los resultados en la plataforma de la COMIPEMS, el pasado sábado 5 de agosto, comenzaron a surgir inconformidades de muchos aspirantes ante los bajos puntajes obtenidos en dicha prueba. Al igual que en ediciones anteriores, los más de 300 mil aspirantes que se presentaron al examen accedieron a la plataforma electrónica de dicha Comisión durante los primeros minutos de la madrugada para conocer su resultado y las reacciones de muchos de ellos fueron de decepción, incredulidad e incluso de enojo. Inmediatamente los aspirantes y padres de familia comenzaron a hacer pública su inconformidad por diversos medios electrónicos, en los módulos de la COMIPEMS e incluso en las instalaciones de la UNAM.

Dos días más tarde, el lunes 7 de agosto, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) emitió un comunicado señalando que sus especialistas habían detectado un desfase entre las plantillas de preguntas y respuestas afectando a 11 mil 51 aspirantes. Como es evidente, este desfase tuvo como consecuencia que los aspirantes afectados tuvieran un bajo número de aciertos y, por tanto, fueran asignados a instituciones educativas que no estaban entre sus primeras opciones.

La COMIPEMS actuó de manera rápida y evitó que los reclamos incrementaran en cantidad e intensidad. Se comprometió a volver a evaluar las pruebas e informar a los aspirantes vía correo electrónico el número de aciertos obtenidos, así como la institución y el plantel asignado de acuerdo con su resultado. Finalmente, se volvieron a revisar 14 mil 46 pruebas y se detectó que muchas de ellas tenían el puntaje necesario para acceder a la institución de su preferencia. De esta forma se pudieron asignar 3 mil 613 alumnos en la UNAM, 951 en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), 2 mil 644 al Colegio de Bachilleres y mil 181 a preparatorias oficiales del Estado de México.

Para el vocero de la COMIPEMS, Javier Olmedo, este error lesionó la credibilidad del proceso de asignación y por eso resulta necesario revisar los objetivos de la prueba y –en su caso– hacer los ajustes que sean necesarios para mejorar la educación media superior en la ZMVM. Si bien, en ediciones anteriores se habían manifestado inconformidades de algunos aspirantes sobre los resultados, éstas constituían una minoría que no se dejaron de atender.

El error que se presentó la semana pasada se corrigió y de acuerdo con las autoridades no se afectó a ningún aspirante que ya había sido notificado sobre su resultado. No deja de ser desconcertante la ausencia de mecanismos de supervisión, control y de aseguramiento de la calidad en el procesamiento de las pruebas. Cuando se afecta la credibilidad una prueba de este tipo, se pone en riesgo su viabilidad, ¿qué va a pasar en la siguiente edición de la prueba cuando surjan muestras de inconformidad con los resultados por parte de los estudiantes y padres de familia? Es por ello que urgen respuestas institucionales sobre lo acontecido y explicaciones puntuales así como un señalamiento de los responsables.

Al mismo tiempo, este descuido abre una gran oportunidad para aprender de lo sucedido y volver a replantear o considerar algunos aspectos que se han dejado en el tintero desde hace algunos años. En primera instancia, esta experiencia muestra cómo los jóvenes aspirantes fueron quienes, a partir de su preparación y deseo de superarse, dudaron de los resultados emitidos por la COMIPEMS. Es alentador ver cómo una generación de jóvenes tuvo confianza en su preparación para levantar la voz en las redes sociales y ofrecer pistas para detectar un error que más tarde confirmaría la propia UNAM.

También ilustra una sensibilidad diferente por parte de las instituciones educativas, ahora con mayor capacidad para escuchar las inquietudes y reclamos de los jóvenes y sus padres. El reconocimiento casi inmediato por parte de la UNAM y de la COMIPEMS, así como el ofrecimiento que se hizo para revisar de nueva cuenta las pruebas, habla de instituciones serias, que se responsabilizan de sus actos y que responden a las inquietudes de las personas.

De la misma manera surgen a la escena otros aspectos asociados al funcionamiento de la EMS que van más allá de los mecanismos de ingreso y selección. Habría que recordar que desde hace varios años se ha señalado que la prueba del COMIPEMS tiene un sesgo que favorece a quienes tienen mayores recursos económicos. Existen estudios que muestran que las escuelas de la UNAM y del IPN son las que obtienen los puntajes más altos y la mayor parte de los aspirantes que ingresan son lo que tienen los ingresos más altos.

Otro aspecto que surge es el relacionado con el pase reglamentado que tiene la UNAM para sus estudiantes de bachillerato. Evidentemente, para los aspirantes esto representa una ventaja pues lo consideran como sinónimo de calidad y estabilidad académica en sus estudios superiores. Por tal razón apuestan mayoritariamente por ingresar al bachillerato de la UNAM y en menor medida a otras instituciones como puede ser el Colegio de Bachilleres. Dada la obligatoriedad de la EMS surge la pregunta ¿Se debe determinar quién tiene acceso a la UNAM y quien no a partir de un examen?

A la luz de esta experiencia se requiere valorar la función educativa que tienen este tipo de evaluaciones. Hasta el día de hoy, la prueba del COMIPEMS ha venido cumpliendo con el objetivo de asignar a los estudiantes de acuerdo con los resultados que obtienen los aspirantes. Sin embargo, no está diseñada para ofrecer información sobre el tipo de desempeños y habilidades con las que ingresan los estudiantes a la EMS, de tal forma que las instituciones puedan utilizar esa información para mejorar sus habilidades –como pueden ser el uso del lenguaje o la resolución de problemas– pues se concentra en identificar conocimientos disciplinarios.

Por último, vale la pena reflexionar en torno a los problemas de inequidad que se siguen manifestando en las instituciones de educación media superior de la zona metropolitana. Una vez que ingresan los estudiantes se siguen presentando desigualdades abrumadoras entre los turnos matutino y vespertino, que ponen en desventaja a aquellos estudiantes que asisten por la tarde, manifestándose en ambientes académicos más laxos, en deficiencias en los servicios básicos de energía eléctrica, agua potable, uso de talleres, entre otros.

Estos y otros aspectos se tienen que discutir y resolver. Mientras tanto, la asignación que realiza la COMIPEMS cada año no puede fallar otra vez, pues es un proceso en el que miles de jóvenes de la ciudad de México y de su zona metropolitana se juegan su futuro.

Mauro Sergio Solano Olmedo es candidato a doctor en pedagogía por la Universidad Nacional Autónoma de México.