Hace más de dos años, el lunes 20 de julio de 2015, cuando se celebraba el primer lunes de la Guelaguetza, el gobernador Gabino Cué decretó a escondidas la reforma del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) y ordenaba su publicación ese mismo día en el Periódico Oficial del gobierno de Oaxaca. El IEEPO fue tomado desde esa noche por cientos de policías para concretar lo que pretendía la reforma para el gobierno: retomar la rectoría de la educación en Oaxaca. Al día siguiente, en su discurso de anuncio de dicha decisión, Cué reiteró:

“Y como objetivo primordial de nuestra cruzada en favor de la niñez oaxaqueña, vamos a redoblar el esfuerzo gubernamental para la recuperación cabal y el fortalecimiento de la rectoría educativa en el estado de Oaxaca”…

“A través de este acto trascendental por su proyección histórica, auspiciado por el imperio de la ley y el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, vamos a recobrar y fortalecer la rectoría educativa en el estado para el bien del pueblo de Oaxaca”.

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Con el desorden administrativo creado en la nueva estructura del IEEPO, vendría la agresión selectiva y a ciegas contra el magisterio y, con la agresión, vino la resistencia. De parte del gobierno hubo descuentos, suspensiones de pago, despidos, presiones para jubilación, junto con el desconocimiento de acuerdos con la Sección 22 y la reubicación del personal que laboraba en el IEEPO; vinieron después la nueva Ley Estatal de Educación (de abril de 2016, que era un nuevo intento por doblegar a la educación en Oaxaca ante la reforma) y la tragedia de Nochixtlán en junio de ese mismo año. Ante todo esto, el magisterio resistió, realizó marchas y plantones, y buena parte de los padres de familia se puso del lado de su movimiento.

A sólo un mes de la creación del nuevo IEEPO, los maestros dejaron en claro su desafío al gobierno: el 20 de julio, cuatro días antes del inicio oficial del ciclo escolar 2015-2016, la Sección 22 inauguró en San Pedro Ixtlahuaca el ciclo ordenando a sus bases empezar actividades en todas las escuelas desde ese día, y hacerlo bajo los lineamientos de su Plan para la Transformación de la Educación de Oaxaca (PTEO).

Actualmente, tras un enorme costo político y financiero, el gobierno del presidente Peña no ha podido recuperar todavía la rectoría educativa en Oaxaca, y al parecer no lo logrará. A dos años de la reforma del IEEPO con la que pretendía empezar a lograrlo (y a un año y medio del fin de la administración presidencial), el panorama no puede ser optimista.

En primer lugar, el edificio del IEEPO sigue hoy vacío, cercado diariamente por decenas de maestros y ocupado por unos cuantos policías. En segundo lugar, las oficinas del Instituto funcionan todas en locales alternos, varios de ellos clandestinos para evitar ser hostilizados por los maestros (por ejemplo el lugar donde se graba el programa EducandoTv). En tercer lugar, la vinculación del IEEPO con las escuelas sigue en manos de supervisores leales a la Sección 22 e incluso hay estructuras alternas, como la Dirección de Educación Indígena en Resistencia. En cuarto lugar, la evaluación del personal docente se ha elevado a poco más de 4 mil profesores con el examen realizado hace unos días en Puebla, cuando hay 80 mil trabajadores de la educación en Oaxaca, de los que 50 mil son docentes y de ellos cuando menos 30 mil tienen entre 6 y 24 años de servicio y por tanto son el objetivo de la evaluación. Es decir, que tras dos años de alto desgaste se ha involucrado en la evaluación solamente al 10% del personal a evaluar del personal activo. Finalmente, el trabajo docente se realiza con base en la educación comunitaria que mandatan el sindicato, a través del PTEO y el gobierno a través de la Ley Estatal de Educación, y que constituye un modelo distinto al del plan nacional vigente, pero al cual abarca.

Hace dos semanas el gobierno festejó la asignación de 366 plazas a personal evaluado. Se trata sin duda de un avance de la reforma en Oaxaca. Pero es otro avance mínimo con respecto al universo docente y además estando próximo el fin del sexenio, con el que muy probablemente se detendrá la reforma o se le dará un nuevo sentido y dinámica. El gobierno reconoce que de 2015 a la fecha ha logrado evaluar a poco más de 4 mil docentes de educación básica en servicio. Eso es cerca del 10% del total de docentes en Oaxaca. Aunque las cifras oficiales son inconsistentes -parecen encimarse- lo cierto es que al menos la mitad de los evaluados son parte de los 3,900 regularizados (en servicio pero sin cobrar desde 2015-16) que la Sección 22 negoció con el gobernador Murat que se evaluaran sin examen a mediados de este año en Puebla. Otra parte son los más de 1,700 normalistas de nuevo ingreso, cuyo acceso es resultado de sus movilizaciones y no sólo de la evaluación. Dicha evaluación no sólo es cuestionable en sus fundamentos, sino que en Oaxaca se ha convertido en una farsa.

La realidad de la pretendida rectoría recuperada puede ejemplificarse con un evento realizado recientemente por maestros indígenas en Oaxaca: la Dirección de Educación Indígena (DEI) del IEEPO cuenta en total con unos 14 mil trabajadores de la educación organizados en 24 jefaturas de zonas de supervisión (que coordinan aproximadamente al 20% de maestros y escuelas de la entidad). La jefatura número 21 cuenta a su vez con 24 zonas de supervisión que coordinan unas 400 escuelas donde laboran unos 1,300 maestros en todo el estado. Los integrantes de esta jefatura están organizados desde 1974 como Coalición de Maestros y Promotores Indígenas de Oaxaca, oponiéndose entonces a la política educativa del Instituto de Investigación e Integración Social del Estado de Oaxaca.

La jefatura 21 de la DEI organizó del 21 al 23 de junio pasado una Barricada pedagógica y cultural desde los pueblos originarios, evento académico que contó con la participación de niños, maestros y padres de familia de las 24 zonas, en el que expusieron una selección de resultados de sus trabajos escolares en el ciclo que terminaba, y que deja ver varios de los ámbitos de resistencia que han inutilizado la rectoría gubernamental de la educación en Oaxaca:

• Dar el nombre de “barricada” a una jornada académica establece una distancia clara con el Estado.

• La inauguración se hizo frente al abandonado IEEPO.

• Se realizó en horario de la resistencia (el magisterio se opone al horario de verano y organiza las clases en todo el estado con base en ese acuerdo sindical).

• Participó el titular de la Dirección de Educación Indígena en Resistencia (era su director antes del decreto de reforma del IEEPO y por tanto había sido elegido por la base trabajadora).

• La inauguración fue hecha por el presidente de un comité de padres de familia en resistencia (en las 24 zonas las escuelas tienen y promueven comités afines similares).

• Se expusieron durante tres días trabajos diferentes al plan de estudios nacional, que van mucho más allá de él y de sus resultados. Son trabajos que se inscriben en la línea del PTEO, con la participación activa de sabios de la comunidad, autoridades municipales y padres de familia, que movilizan ampliamente conocimientos comunitarios vigentes o en recuperación y no dejan de lado los conocimientos hegemónicos, además de que la gran mayoría de los trabajos son en la lengua originaria.

Los trabajos presentados durante estos tres días, inevaluables bajo los criterios del INEE, son rica evidencia de maestros, estudiantes y un contexto escolar que marchan decididos hacia una educación de calidad, contextualizada y socializada, lejos de la pobreza que rodea al modelo educativo de la reforma.

Además de la confrontación con el Estado, el magisterio oaxaqueño promueve la práctica escolar pertinente e innovadora cada vez con más éxito. Por primera vez cuenta con una propuesta educativa (la educación comunitaria) derivada de décadas de experiencias, probada ya en escuelas de todos los niveles educativos y acordada por la Asamblea General de la Sección 22 desde hace años: el PTEO. Así, la resistencia a la reforma se libra en lo pedagógico como uno de sus campos principales.

Luego de dos años de “recuperar” la rectoría educativa en Oaxaca, el gobierno ni siquiera puede ocupar las oficinas de su instituto rector, y la costosa evaluación es apenas un espejismo.

Finalmente, esta semana empezó el ciclo escolar 2017-2018 con un magisterio desgastado pero decidido, trabajando el modelo educativo del PTEO (además del plan de estudios nacional) en más de 13 mil escuelas, con la ley educativa estatal de su lado; con un gobierno estatal que deberá negociar con la Sección 22, pudiendo llegar a reconstruir acuerdos de colaboración, si no lo impide nuevamente el gobierno federal (hay que recordar que fue en el sexenio del padre de Alejandro Murat (José Murat, en el periodo 1998-2004), que se aprobaron los principales subsistemas de educación comunitaria en Oaxaca); y con un IEEPO sin edificio ni rumbo educativo, que impulsará una evaluación obligatoria a la que accederán algunos, coordinada por un INEE actualmente más dócil a la SEP.

Al terminar el ciclo estará llegando a su fin el sexenio con una reforma inconclusa que golpeó duramente a los maestros pero que no ha podido llegar a las escuelas en Oaxaca, que recobró la rectoría de la educación sin tenerla y que impuso una evaluación tan efímera como costosa. Y con la Sección 59 partida en dos por el nuevo Sindicato Independiente de Trabajadores de la Educación de México (SITEM).

Benjamín Maldonado Alvarado es colaborador del Sistema Universitario Descentralizado de Aprendizaje Comunal en Oaxaca.