Como quedó en evidencia hace algunas semanas durante su bochornosa comparecencia ante el Senado de Estados Unidos, Betsy DeVos, la flamante Secretaria de Educación de ese país, será como muchos en el gabinete del presidente Trump: una funcionaria inexperta –acaso la más inexperta de todos—que no brilla por su trayectoria o su inteligencia sino por su valor en oro. La comparecencia fue un ritual inconsecuente que el partido republicano le puso a modo. De la boca de los senadores republicanos no salían más que lisonjas por su labor filantrópica o, como sería más correcto decir, filantrocapitalista (a saber, dedicarse a las buenas obras sin renunciar a producir con ellas sustanciosos dividendos). Los demócratas, en cambio, le plantaron cara. Cada vez que tomaba la palabra un senador demócrata, la tonada, muy justa, era la misma: es usted una advenediza en temas de educación y además sus inversiones en empresas educativas con fines de lucro están en conflicto con el cargo que pretende asumir. Se trataron otros temas: su apoyo a organizaciones que defienden abiertamente la terapia de conversión como “remedio” al “problema” de la homosexualidad; sus aproximadamente 200 millones de dólares en donaciones a las arcas republicanas; sus propuestas (inexistentes) para mantener a raya a las universidades fraudulentas que se benefician de los subsidios federales como la Trump University; su opinión con respecto al problema de las armas en las escuelas, opinión, por cierto, que dejó perplejo a todo el Senado y permitió entrever la larga sombra de la National Rifle Association, entre otros.

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Existen cuatro realidades importantes para hablar de las tendencias privatizadoras de la educación superior a nivel mundial y en particular en los Estados Unidos. En primer lugar, la privatización es parte del debate sobre qué son los bienes públicos y los privados. La idea de que la educación superior es un bien privado y por lo tanto debe ser pagado por el usuario —en este caso estudiantes— es una tema que se ha incorporado al pensamiento colectivo en la sociedad estadounidense (algunos le llaman a esto pensamiento neoliberal). En segundo lugar, la expansión de la matrícula que desde la segunda mitad del siglo pasado combinada con las presiones económicas han generado tensiones sobre el financiamiento público. En tercer lugar,  los Estados Unidos ha tenido siempre un fuerte sector privado en el nivel de la educación superior. De hecho, los colegios privados y las universidades (incluyendo aquellos que son de sólo dos años, similares a los técnicos superiores en México) superan a las instituciones públicas que son únicamente 1,699 —frente a las privadas que son 2,441— aunque en términos de matrícula sigue habiendo un predominio de las instituciones públicas con casi un 80% (como sucede en varios países de América Latina). En cuarto lugar, en los Estados Unidos, la educación superior es una responsabilidad de los 50 estados y no del gobierno federal y por lo tanto el financiamiento y la regulación son responsabilidades estatales únicamente. Además, se debe tener en cuenta que la mayoría de los estados son controlados por legislaturas y gobernadores conservadores republicamos y que nunca han sido precisamente considerados “amigos” de la educación pública. El gobierno federal sólo se encarga de otorgar financiamiento para realizar investigación y de mantener a los programas de préstamos estudiantiles, entre los temas más importantes.

privatizacion

No debe sorprender que las políticas de educación superior es un asunto presente, aunque no el más importante, en los actuales debates de las campañas presidenciales. El Senador Sanders fue consistente en este sentido y realizó la propuesta más radical de todas: proveer de educación gratuita a los estudiantes en el nivel superior. Esta propuesta fue en parte una reacción a la enorme cantidad acumulada de deuda proveniente de dichos préstamos estudiantiles. Varios analistas —incluyéndome— consideramos que la propuesta  de Sanders no era realista en términos financieros para el gobierno, ni como una política pública sustentable. Por su lado, Hillary Clinton retomó parte de la agenda del Sanders en el sentido de ofrecer educación superior gratuita a cierto sector, mientras que Donald Trump —quien podría ser considerado como un candidato promotor de la educación superior con fines de lucro— en caso de ser electo tiene un gran problema encima con la controversia sobre el cierre de la “Universidad Trump” que está siendo objeto de varias investigaciones por haber realizado falsas promesas a sus estudiantes y asuntos fraudulentos de ese tipo.

Como ya se señaló, las presiones sobre el acceso en las instituciones de educación superior (IES) públicas en las pasadas décadas han resultado en un declive financiero en dicho nivel educativo. Varias de las universidades estatales públicas más importantes del país están recibiendo menos de un 20% de financiamiento público. Por ejemplo, la Universidad de Virginia, es un caso extremo, actualmente recibe sólo un 6% de su financiamiento total de su gobierno estatal. Por otro lado, las universidades que no realizan investigación o las que ofrecen programas de dos años reciben proporciones más altas de parte de los estados pero últimamente están teniendo cortes de presupuesto severos; la comercialización de varias de las funciones que realizan las universidades es más fuerte que nunca: desde la administración de los estacionamientos a los dormitorios, el creciente énfasis de la monetización de la propiedad intelectual, entre otros ejemplos. Sería justo decir que la educación superior pública estadounidense se privatiza a pasos acelerados.

En el caso de la educación superior privada, la mayoría, anteriormente, no era con fines de lucro y en muchos sentidos estas IES operaban de manera muy similar a sus contrapartes públicas. En la actualidad, el sector de la educación superior privada se ha diferenciado mucho más. Las universidades privadas de mayor prestigio, se han protegido de alguna manera con sus donaciones acumuladas [endowment] —algunas de las cuales son realmente cuantiosas— y eso les ha permitido sortear la crisis económica e inclusive lograr mejores resultados que las IES públicas. No obstante, muchas de las instituciones del sector sin fines de lucro son pequeñas instituciones (también llamados colegios [colleges] en Estados Unidos) que dependen de colegiaturas no tan costosas y tales instituciones han sufrido de manera más fuerte los efectos de las dificultades económicas en Estados Unidos y son varias las que han tenido que cerrar.

Si bien, el surgimiento de la educación superior con fines de lucro se dio especialmente en las pasadas décadas, este tema ha agregado una nueva dimensión a la educación superior en los EE.UU. Aproximadamente, un 12 por cierto de los estudiantes en dicho país se encuentran matriculados en una institución de ese tipo, aunque ese porcentaje ha declinado desde el año 2011 debido a los diversos escándalos que se han suscitado y al incremento de la regulación gubernamental. Si bien, este 12% de los estudiantes inscritos en instituciones con fines de lucro representan apenas un 25% de los préstamos estudiantiles gubernamentales tienen, además, un alto porcentaje de incumplimiento. Las investigaciones gubernamentales han revelado prácticas pobres de reclutamiento y enseñanza de bajo nivel entre otros. Varias de esas IES pertenecen a grandes corporaciones y participan en la bolsa de valores. La Universidad de Phoenix, en algún tiempo una de las más grandes IES con fines de lucro, ha perdido numerosos estudiantes y fue recientemente adquirida por inversionistas de capital de riesgo. Algunos observadores señalan que el sector con fines de lucro —centrado principalmente en programas vocaciones (y/o técnicos)— apuntaron sus esfuerzos en atraer a estudiantes de medio tiempo como sus principales clientes pero aún con dicha estrategia no lograron ser suficientemente competitivos con respecto a las IES “tradicionales”.

Las presiones económicas han vuelto a matricular estudiantes de otros países, lo que se convierte en una necesidad económica en los EE.UU., incluyendo las de más alto prestigio. Los estudiantes internacionales que pagan su colegiatura completa representan un importante porcentaje de sus ingresos. Cada vez es más común que las IES en Estados Unidos usen agentes de otros países para buscar estudiantes y se asocian con compañías con fines de lucro para ofrecer programas de idiomas (inglés fundamentalmente) u otro tipo de educación continua que les generen ingresos adicionales. Al mismo tiempo, los esfuerzos para integrar estudiantes internacionales que no pagan colegiatura languidecen. Varios estados, incluyendo Washington y Nueva York han considerado pagos extras a los estudiantes internacionales para incrementar sus ingresos.  Las propuestas de incrementar costos a los estudiantes internacionales son considerablemente mayores a las que se pagan en las IES públicas por los estudiantes que son de otros estados del país (una práctica común en los EE.UU.). Ahora bien, son muy pocas las instituciones que consideran viables estos planes de colegiaturas extras a estudiantes de otros países por otros costos que esto puede representar (como la dependencia que existe en algunos campos científicos de los estudiantes internacionales).

Finalmente, es claro que este tipo de privatización en la educación superior americana afecta al trabajo académico. Los gobiernos estatales tratan de gastar menos dinero, la privatización del sector aumenta, pero también la educación con fines de lucro se encuentra en problemas para poder atraer suficientes estudiantes que paguen sus colegiaturas. Además, las nuevas IES con fines de lucro son parte del problema en tanto que varias se encuentran demandadas por los estudiantes que las consideran fraudulentas. Por lo pronto, la administración de Obama las está investigado por corrupción y por defraudar a los programas públicos de préstamos estudiantiles, al menos uno de los más grandes promovedores, Corinthian, fue suspendida. Veremos en los próximos días qué sucede con las otras que se encuentran también demandadas.

 

Philip G. Altbach
Profesor investigador y director fundador del Centro para la Educación Superior Internacional del Boston College en Estados Unidos.

Traducción: Alma Maldonado-Maldonado

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