Nuestro país se encuentra cambiando a un ritmo acelerado en su dinámica poblacional; si bien hoy son más las personas jóvenes que viven en México las proyecciones indican que en un futuro, no lejano, uno de cada cuatro mexicanos serán personas adultas mayores. Este cambio social trae consigo retos y —por ende— acciones en ámbitos diversos, como lo es en el educativo. Pensar en acciones educativas para personas mayores implica considerar el tipo de educación que este grupo poblacional requiere, es decir, enfocada a sus necesidades de aprendizaje, motivaciones y ritmos. En este punto es interesante considerar la educación especial que si bien se enfoca a personas con discapacidad, transitoria o definitiva, también lo hace con aquellas personas con aptitudes sobresalientes y con necesidades de aprendizaje específicas, ya que sería un error clasificar al adulto mayor como una persona con discapacidad por el simple hecho de serlo; lo cierto es que sí requieren de un proceso de enseñanza-aprendizaje específico y la educación especial, atiende a los educandos de manera adecuada a sus propias condiciones, con equidad social incluyente y con perspectiva de género (…)  y para quienes no logren esa integración, esta educación procurará la satisfacción de necesidades básicas de aprendizaje para la autónoma convivencia social y productiva, para lo cual se elaborarán programas y materiales de apoyo didácticos necesarios apoyos didácticos necesarios, siendo parte esencial de lo que se busca en la educación con mayores.

Ilustración: Izak Peón

La educación especial en personas mayores apoyaría el fomento del envejecimiento activo, que busca la optimización de oportunidades de seguridad económica, participación social y salud promoviendo a la mejora de la calidad de vida durante el envejecimiento, incremento de la participación activa de los adultos mayores en los ámbitos sociales, culturales, económicos y políticos; reconociendo su importancia en trabajos remunerados y no remunerados y aminorando gastos para tratamientos médicos y hospitalarios durante la vejez. Así la elaboración de programas y materiales adaptados en personas mayores, desde la perspectiva de la educación especial, serviría para la “autónoma convivencia social y productiva”.

Las personas de 65 años y más estuvieron, durante mucho tiempo, con la nula posibilidad de seguir aprendiendo sin embargo ellos mismos, así como distintas investigaciones derivadas de las instituciones gubernamentales, particulares y asociaciones civiles, han demostrado que no contar con capacidades suficientes para aprender en la vejez es un mito. Para la adquisición correcta del aprendizaje en esta etapa de la vida se debe contemplar el acercamiento de modelos de formación continua y permanente comprometidos con la educación. En este caso deberían de ser modelos de índole gerontagógica, es decir de educación en, por y para adultos mayores.

En los modelos de formación para personas mayores, según la gerontagogía, se encuentran la identificación de necesidades educativas, la estructura curricular orientada a opciones científicas-tecnológicas, hermenéuticas-interpretativas o críticas-políticas, el programa académico orientado a objetivos alcanzables, las condiciones estructurales que consideran las necesidades de aprendizaje del mayor y sus situaciones de evolución fisiológica y —de suma importancia— el gerontólogo o profesor del programa académico en cuestión. Este último juega un papel importante, dependiendo del enfoque del programa, como conocedor de las disciplinas y procedimientos de enseñanza priorizando la transmisión de conocimientos científico-procedimental por sobre los conocimientos factuales y experienciales en el modelo científico-tecnológico, en este caso se trata de la enseñanza que se realiza en las universidades donde el alumno es un receptor y el gerontólogo el especialista es decir, el profesor enseña los conceptos y el discente los recepciona tal cual sin ningún cambio o análisis; ejemplo de ello sería una persona adulta mayor aprendiendo a enviar correos electrónicos: los procesos en este caso son específicos y sin modificaciones y el alumno aprende tal cual los pasos a seguir; como un facilitador para que el participante construya su propio conocimiento y realice aprendizajes significativos, según el modelo hermenéutico-interpretativo, en este caso la búsqueda de las necesidades educativas en la etapa de la vejez son esencial ya que el modelo recoge las principales motivaciones y necesidades qué tiene el estudiante para posteriormente realizar la elaboración del programa educativo y el profesor funge, tal y como se ha mencionado, como facilitador de un tema que el alumno ya maneja o conoce. De modo que, los maestros, brindan clases de programas comunitarios con la intención de promover el envejecimiento activo y saludable de los alumnos con diversos temas como nutrición, calidad de vida, desarrollo humano, envejecimiento productivo, etc., o como un intelectual transformador en el modelo crítico-político, donde entonces no sólo fomenta el desenvolvimiento comunitario sino que que también le brinda al alumno la posibilidad de empoderarse para la creación y realización de redes de apoyo que promuevan los derechos de las personas adultas mayores y así se generen asociaciones civiles y grupos de personas mayores comprometidas consigo mismas y con la sociedad. En cualquiera de las opciones, el gerontólogo requiere de capacitación y asesoramiento para el adecuado desarrollo de sus funciones. De ahí la importancia de contar con plataformas que permitan participar y compartir experiencias en la construcción social del conocimiento, en especial énfasis apoyando a quienes están frente a los grupos, es decir a los maestros.

Hoy por hoy, en nuestro país, existen diversas instituciones, asociaciones y universidades que ofrecen cursos, talleres y diplomados orientados a las necesidades de aprendizaje de las personas mayores y les brindan  opciones de capacitación para la adaptación a los cambios sociales, al propio proceso de envejecer, al acercamiento de otros idiomas, desarrollo de oficios, mejora de funciones cognitivas y sociales, entre otras, como la Unidad de Estudios Superiores para Adultos Mayores de Ecatepec; Universidad de la Tercera Edad en su Campus Cumbre y Mixcoac de la Delegación Benito Juárez; Universidad de la Vida en Tlalnepantla en Estado de México; universidades que abren espacio a personas mayores como la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; Universidad Autónoma de Yucatán y Universidad Marista, por mencionar algunas. En otros países podemos encontrar a la Université du Troisième Âge (Decana) Francia —creada en 1973— ofrece educación permanente, investigación, acceso al patrimonio cultural, inserción social, la Università della Terza Età, Italia que desde 1977 ofrece educación continua, programas sociales y culturales, la Universidad de la Tercera Edad, Provincia de Shandong, China, el Institut Universitaire de la Troisième Âge de Montréal, Canadá, entre otras.

Los resultados de estos ejercicios han sido satisfactorios ya que la persona mayor adquiere un nuevo rol, cuando antes había perdido muchos de los que tenía, mejora su calidad de vida, se enferma menos y por ende acude menos a la consulta médica, los costos de salud disminuyen, se empoderan y se vuelven agentes de cambio, apoyando a la economía y productividad del país, se relacionan mejor con sus familias, adquieren nuevas redes sociales de apoyo y motivan a otros personas de su misma edad a llevar un estilo de vida saludable, activo y exitoso. Un ejemplo, es el estudio que se realizó en la Universidad Autónoma de Baja California, donde un grupo de aprendizaje de personas mayores cursó estudios sobre el uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC), los resultados de dicha investigación mostraron cómo el programa académico en mención reflejó un notorio incremento en la motivación hacia el aprendizaje y uso de las TIC en las personas adultas mayores, así como la reducción de sentimiento de soledad, aislamiento y el fomento de la comunicación y reducción de la brecha digital generacional.

Envejecer es un proceso inevitable, con cambios biopsicosociales y de impacto en la persona que lo vive y por ello, lejos de pensar que es una etapa de declive, se debe acentuar la idea de ser un privilegio que a no todos se concede. Hoy se es persona mayor a los 65 años de edad y es el inicio de una nueva aventura, una etapa de desarrollo de proyectos de vida, de inclusión de amigos y lazos más fuertes, de desarrollo de metas antes no alcanzadas y desde luego de vivir plenamente. ¿De qué depende esta condición? Desde una visión positiva de la vejez, la perspectiva Platónica, se envejece como se ha vivido por lo que es importante prepararse para esta etapa en la juventud, así como de la prevención y profilaxis de nuestros estilos de vida. Finalmente, ser estudiante, ser persona mayor y contar con un envejecimiento exitoso sí es posible, con las herramientas adecuadas, estructuras específicas y capacitación correcta dictaminada de los principios de la educación especial y la gerontología.

 

Rosalía Ojeda Castro
Profesora en la Unidad de Servicio y Apoyo a la Educación Regular 46 ubicada en Mérida Yucatán.