La educación es un derecho clave para el bienestar. Es un factor de movilidad social y que abre la puerta al ejercicio de otros derechos; permite adquirir una serie de conocimientos con un alto valor social, que da acceso a mejores empleos y a información clave para tener un nivel de vida digno (como acceso a información respecto a la salud). Revisar el estado del rezago educativo es un prisma que nos da idea acerca de la desigualdad que existe entre los grupos sociales. Las diferencias son muy notorias en la intersección entre categorías como la edad, la etnia, la condición socioeconómica, rural-urbana y el género.1 Cuando se tiene ese panorama, resaltan procesos alrededor de la desigualdad en los que quiero enfocarme en este breve texto: me refiero a la desigualdad intergeneracional y de género.

Para mostrar algunos de estos procesos voy a usar el caso de Ciudad de México, debido a que con el paso de las generaciones la brecha de género se ha estado invirtiendo. La Ciudad de México es la entidad del país con menor porcentaje de rezago educativo (21.7% en relación con el promedio nacional de 35.5%), aunque aquí la brecha de género en su conjunto es mayor que el promedio nacional. De acuerdo con las cifras de la última encuesta intercensal realizada por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI, 2015)  la población en condición de rezago educativo en la Ciudad de México (analfabetismo y educación obligatoria) estaba integrada por 1,453,204 personas de 15 años o más. A nivel nacional, 54.1% de las mujeres están en esta condición y 45.9% de los hombres; en la Ciudad de México esa brecha es más amplia: del total, un 39.9% eran hombres (579,686) y un 60.1% mujeres (873,518).

La brecha de género aumenta considerablemente entre la población en condición de analfabetismo. A nivel nacional, dos de cada tres personas en esa condición son mujeres (66.7%). Entre la población con rezago educativo, en la Ciudad de México la población en condición de analfabetismo está conformada por 105,155 personas: 29,145 hombres (27.7%) y 76,010 mujeres (72.3%). La brecha de género en analfabetismo en la Ciudad de México duplica a la brecha en el rezago educativo; es de 44.6%. En el caso de la desigualdad de género entre la población indígena, las mujeres son un 78.3% del total de personas indígenas analfabetas (Encuesta Intercensal, 2015).

Gracias a los avances conseguidos a nivel mundial durante las últimas décadas y en especial tras los logros respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, número dos, “Lograr la enseñanza primaria universal”, y a la meta 3.A del objetivo tres: “Eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria”, en América Latina, cada nueva generación tiene un menor rezago educativo y en ella decrece el número absoluto de mujeres en dicha condición. Un 40.9% del analfabetismo en la Ciudad de México se concentra entre las personas de 60 a 79 años de edad. Cuando los datos se miran generacionalmente, vemos que entre más jóvenes son las mujeres capitalinas, se encuentran en una condición de menor analfabetismo y que en la última generación (quienes tenían entre 15  24 años), la brecha de género en el rezago educativo se ha de hecho invertido (ver Tabla 1). 

Tabla 1. Población en situación de analfabetismo en Ciudad de México

Edad

Porcentaje del Total de población

Hombres

Mujeres

No especificado

Total

1.48

27.7

72.3

0.79

15-17 años

0.28

62.82

37.18

0.86

18-24 años

0.21

61.42

38.58

0.47

25-34 años

0.45

49.47

50.53

0.47

35-44 años

0.65

35.18

64.82

0.63

45-54 años

1.08

32.33

67.67

0.64

55-64 años

2.09

26.76

73.24

0.91

65 años y más

6.39

21.29

78.71

1.95

Elaboración con base en los tabulados básicos de la Encuesta Intercensal 2015, INEGI.

Estos datos son particularmente llamativos, pues la tendencia es considerablemente mayor que a nivel nacional (ver la Tabla 2).

Tabla 2. Población en situación de analfabetismo en México

Edad

Porcentaje del Total de población

Hombres

Mujeres

No especificado

Total

5.48

38.50

61.50

0.90

15-17 años

0.84

57.17

42.83

0.65

18-24 años

1.14

51.70

48.30

0.78

25-34 años

2.08

45.75

54.25

0.58

35-44 años

3.46

41.59

58.41

0.66

45-54 años

5.80

36.35

63.65

0.80

55-64 años

10.23

34.84

65.16

1.23

65 años y más

22.45

36.98

63.02

2.24

Elaboración con base en los tabulados básicos de la Encuesta Intercensal 2015, INEGI.

El rezago educativo también es mayor en los espacios rurales que en los urbanos (ver gráfica 1). Llama la atención que en la diferencia de edad en la brecha de mujeres analfabetas en la Ciudad de México, el porcentaje de mujeres es menor al del total nacional. Es así que la capital, zona más urbanizada del país, es la entidad federativa con menor rezago educativo proporcionalmente.

Como vemos —por fortuna— lejos quedaron los tiempos en los que se pensaba que el espacio exclusivo de las mujeres era el privado y por lo tanto se les negaba la educación. Contar con información desagregada, como la expuesta, es el primer paso para realizar análisis que lleven a los gobiernos y a los actores sociales que buscan reducir el rezago educativo a elaborar las estrategias adecuadas para que todas las personas accedan a educación de calidad. Algunas de las estrategias que se han implementado han resultado en la reducción del rezago educativo desde los últimos años del siglo XX.

Fuente: Elaboración propia con base en los tabulados básicos de la Encuesta Intercensal 2015, INEGI.

La Secretaría de Educación de la Ciudad de México cuenta con programas sociales que atacan el rezago educativo. Por ejemplo, entre los programas educativos que muestran un desempeño positivo se halla “Más becas, mejor educación”, el cual beca a niñas y niños en condición de vulnerabilidad.2 Otro programa social que busca atender el rezago educativo en la Ciudad es Maestr@ en tu casa, el cual alfabetiza y da acompañamiento para iniciar o concluir los estudios de primaria, secundaria o media superior, y atiende las necesidades de formación laboral y alfabetización digital de personas de 15 años o más en rezago educativo.

Como muestran los datos presentados en ambas tablas, elaborar las estrategias que resuelvan la problemática con perspectiva interseccional es indispensable para cerrar las brechas que existen entre grupos. Los resultados positivos se han visto en las nuevas generaciones, pero no podemos olvidarnos del derecho a la educación de las personas adultas mayores, en especial del de las mujeres ni tampoco del de las mujeres indígenas.

La educación es un tema que por su importancia es central en la agenda pública. Frente a las elecciones del próximo año, mostrar propuestas educativas y resultados basados en evidencia será una fortaleza para las y los candidatos a nivel local y nacional. Algunos de los programas hasta ahora implementados en la Ciudad de México, como el citado “Más becas, mejor educación”, han demostrado que a pesar del pequeño margen que tienen las entidades federativas para definir políticas educativas, pueden generarse programas que contribuyan a un mejor desempeño de las y los estudiantes.

Por último, es central que programas como éstos se diseñen e implementen con perspectiva de equidad, focalizando su atención hacia las personas en una situación de mayor vulnerabilidad. Esto incluye identificar las causas por las cuales la brecha de género se invirtió en la última generación y entonces proponer e implementar estrategias para que todas las personas accedan a la educación sin distinciones.  

Marina Freitez Diez es consultora en materia de derechos de las mujeres, diversidad sexual y género.


1 Prefiero usar el término género en tanto se han construido ideas diferenciadas alrededor de los sexos y el papel que tiene la educación en la vida de mujeres y varones.

2 De acuerdo a la Evaluación Externa de Resultados e Impacto del programa realizada por el Evalúa CDMX, el programa ha tenido efectos positivos en la permanencia escolar, la conclusión de estudios y la participación en actividades recreativas y de esparcimiento cultural de sus derechohabientes. Por ejemplo, las niñas y niños del programa mejoraron su promedio escolar en un 57.6% en relación con lo no derechohabientes y aumentó su desempeño escolar en un 53.7%. La conclusión de estudios de las niñas y niños de primaria y secundaria derechohabientes aumenta en un 8.9% en comparación de los que no reciben el apoyo social y crece en 7.4% la probabilidad de aprobar el grado que cursan (Diagnóstico en las Reglas de Operación del Programa becas escolares para niñas y niños en condiciones de vulnerabilidad social).