Al egresar del nivel educativo superior, una prueba crucial a la que se enfrentan nuestros conocimientos es cuando comenzamos a trabajar luego de haber adquirido un título para ser profesionistas. En este contexto vale la pena preguntarse sobre cuál es la caducidad de conocimientos que adquirimos quizá un lustro o una década atrás; en muchos sentidos, este conocimiento es el conjunto de aprendizajes, saberes, habilidades y competencias que hacen de nosotros un profesionista. Hay dos tipos de conocimientos, el primero es el que nos forja para contar con un bagaje cultural y el otro, los conocimientos con base a lo empírico. El segundo tipo de conocimiento sostiene la suposición de la caducidad del conocimiento. Imagine usted a su dentista que para obturar una muela lo realice con las técnicas, instrumentos y saberes de hace diez años; el sólo pensarlo hace que de inmediato cambie de dentista para buscar uno más actualizado, ¿cierto?

Desde cierto punto de vista el sector magisterial público pierde vigencia en sus conocimientos, ¿por qué sostengo lo dicho anteriormente? El conocimiento caduca cuando es incapaz de adaptarse a la realidad y esto lo podemos poner a reflexión contrastado con otras áreas profesionales, a manera de ejemplo: ¿Existe un congreso nacional de educación públicapara el magisterio? ¿Cuántas revistas científicas se editan en México donde el tema “educación básica” sea el central? ¿Cuántos docentes de educación básica con doctorado hacen investigación y pueden pertenecer al Sistema Nacional de Investigadores?, seguramente las respuestas a estas interrogantes son negativas, sin embargo la idea y necesidad de considerarlas son importante.

Contar con un congreso nacional donde los docentes pertenecientes al magisterio participaran, sería totalmente enriquecedor a nivel de conocimiento, señalando que como ponentes dieran a conocer las problemáticas de su día a día de clase y cómo llegan a la solución de la misma partiendo de una realidad concreta de los contextos donde ellos se desempeñan y no aludiendo a creencias de cambios copiando de otros países, menciono esto porque sabemos que cuando asistimos a un congreso de educación, la solución a las problemáticas planteadas están basadas en intervenciones que se han realizado en otros países –y no es sean malas o que estén equivocadas– sin embargo sabemos que no están diseñadas a las necesidades de la realidad de nuestro sistema educativo, y aunque se pudiera implementar sería necesario adaptar al contexto y los recursos que existen. Es por ello que un congreso con todo el magisterio es pertinente para así conocer las necesidades en voz de los que están realmente en las aulas, donde priman las problemáticas y necesidades reales.

Bajo este orden de ideas considero que los trabajos presentados en el congreso deben ser publicados en una revista científica que creará el mismo magisterio, brindando así la oportunidad de que aquellos que no pertenecen al mismo, puedan conocer qué están haciendo y al mismo tiempo saber qué está sucediendo con la educación en otras partes de nuestro país, que finalmente forman parte y priman la evaluación de la educación nacional; publicar los trabajos permite que el docente tenga mayor acercamiento al conocimiento, que se vea interesado en dar a conocer su quehacer profesional y –al mismo tiempo– genere en él la necesidad de seguir aprendiendo, nuestros país necesita docentes capacitados tanto en la práctica como en el conocimiento, no se puede dejar una al lado de la otra, los docentes son quienes motivan al estudiante a seguir aprendiendo y ¿por qué ellos no seguir aprendiendo? Hago este señalamiento porque es una realidad que muchos docentes en “servicio” como les llaman, no cuentan con un título de posgrado sin embargo, es quien sabe más de la realidad que se vive en las aulas, así mismo hay maestros y doctores que son miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), dedicados todo el tiempo a la investigación, pero que no conocen la realidad de las problemáticas que existen en las aulas, es por ello que muchas veces las propuestas realizadas por los investigadores, no son aplicables en las instituciones, porque carecen de contexto. De esta forma, la visión de los docentes de nivel básica debe de cambiar y seguir preparándose, realizar estudios de posgrados (maestría y doctorado), hacer investigación desde su propia práctica, lo que en educación llamamos investigación acción y publicar sus trabajos, enriquecerse de conocimiento día a día, para que no caduque y al mismo tiempo motive a sus precursores que son los alumnos que inician el camino del aprendizaje.  Entonces juzgue usted mismo si es importante o no que los docentes de educación básica tengan estas oportunidades y también la visión, con el fin de que lo aprendido no caduque ni se rompa, sino que siga vigente, innovado y fortalecido.
 
En realidad este texto no es una propuesta de manifiesto político, sino trata de ubicarse como una crítica intelectual: “la finalidad del conocimiento no es su acumulación, sino ampliar la libertad de adquirirlo y transformarlo” (Locke, 2015) pero ¿cómo romper con este esquema en donde la creencia dicta que los conocimientos no caducan?, habrá quien intente desestimarme con el argumento de que dos por dos es igual a cuatro ¿cómo caduca este conocimiento si siempre es el mismo resultado? Continuando con que dos por dos son cuatro, recuerden las antiguas pastas de los cuadernos donde estaban impresas las tablas de multiplicar, pasando después a las calculadoras. Hoy en día podemos dar un comando de voz a los “smart phone” y obtener el mismo resultado, califique usted mismo si el conocimiento es igual, aunque el resultado sea inmutable.

Así, lo que caracteriza al conocimiento no es su continuidad, sino su ruptura; quizá algunos no concuerden con el concepto de caducidad o ruptura, puede ser más común que  el lector se incline más hacia el concepto de la rectificación del conocimiento, por lo que necesitamos hacer una retroalimentación hacia cómo aprendemos lo que conocemos, es decir un retorno epistemológico (Lecourt, 2007), pero este retorno supone una profunda reflexión y nos falta prepararnos para aceptar y “enjuiciar la forma en la que aprendemos y enseñamos”.

Ahora bien la noción de conocer tiene una complejidad para adquirirlo, precisamente el conocimiento es la capacidad de planificar y decidir, por lo tanto el “conocimiento no está para resolver problemas, sino para plantearlos” (Marina, 2008). El conocimiento es un medio, no una finalidad, y “si nos equivocamos en los fines nos equivocamos en todo” (Marina, 2008, p. 25). Para apoyar lo dicho anteriormente y sin afán para imponer una verdad absoluta,  tomo prestadas las ideas de Michael Foucault no solo para adaptarlas, sino para adoptarlas y describir el proceso por el cual los conocimientos son un medio; para Foucault la difusión de un saber cuenta con una serie de pasos: Génesis, continuidad, totalización (1970, p. 232) y ruptura. La ruptura se ha convertido en el eje de la cultura contemporánea. Por consiguiente, si se quiere adquirir una idea adecuada de la sociedad moderna, es menester estudiar el mecanismo de la producción científica (Bunge, 2009).

Haciendo referencia al docente en servicio, para seguir los pasos señalados hacia el conocimiento y la producción científica de los mismos, es preciso que sea capaz de aceptar su desconocimiento o ruptura del conocimiento, para que con base en ello busque satisfacer esa necesidad, es decir, adquirir el conocimiento, llenarse del saber, aplicarlo y compartirlo, señalando así que el conocimiento compartido es enriquecido cuando se manifiesta en otros, es a lo que llaman continuidad, gradualidad y totalidad, al final del día es lo que se espera o en este caso se desearía que los docentes en servicio pusieran en práctica con sus conocimientos.

Utilizando un ejemplo banal, un docente podría compartir la experiencia en cuanto a la resolución de una problemática conflictiva en su aula (génesis), dar a conocer los detalles de cómo lo abordó y se resolvió (continuidad), posteriormente, compartirlo con otros docentes que presente situaciones similares, aportar experiencias cada uno de ellos y proponer nuevas formas de solución.

En la medida en que la ruptura forma parte del cambio epistemológico sobre cómo comprender que los conocimientos caducan, los entornos sociales y los medios para acceder a la información, la actualización magisterial es necesaria y contar con una opción contrastada a la que el Estado tiene la obligación de dotar; hacer que los docentes contemos con acceso a conocimientos vigentes en plataformas tecnológicas y desarrollando aún más las habilidades experienciales. Bajo este señalamiento la actualización debe ser brindado por el magisterio, no como una obligación, sino como una necesidad de sus docentes y de la educación de calidad y de un bien común.

 

Jorge Iván Sánchez Oceguera es Subdirector de la Escuela Secundaria General 115 “José Pablo Moncayo García” 14DESO121E en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco.


Bibliografía

Bunge, M. (2009). Epistemología. México: Siglo XXI Editores.
Foucault, M. (1970). La arqueología del saber. México: Siglo XXI Editores.