La educación es un proceso necesario para el desarrollo y aprendizaje de los seres humanos a fin de llevar al máximo nuestras potencialidades. Sin desconocer la existencia de otros espacios sociales, es un hecho que la familia y la escuela son ámbitos de experiencia formativa esenciales e insoslayables. El diálogo y la colaboración entre familia y escuela, entre padres y maestros, puede adquirir diversas formas y ha de reinventarse periódicamente para evitar caer en rutinas que desgasten la relación.

1

El evento de Monterrey ocurrido hace unas semanas en una escuela nos ha puesto en alerta a los educadores, padres de familia y docentes de todo México. Sin duda son diversas y variadas las lecciones y sobre todo las acciones que se requiere llevar a cabo a fin de preservar la integridad de los educandos y también del personal docente, directivo y administrativo; en suma: de las comunidades escolares en su totalidad. Como madre de familia, y como profesional dedicada a la educación, quiero sugerir algunas acciones que, me parece, son relativamente sencillas de llevar a cabo en casa y en la escuela. Se trata de algunos consejos prácticos que buscan ser de utilidad a los principales actores involucrados en la tarea cotidiana de educar: padres de familia, docentes, y directivos en las escuelas. Tengo la certeza de que la familia y la escuela básica son los lugares donde se fragua día con día la personalidad de cada niño y niña. Con más frecuencia de lo que quisiéramos se nos olvida la existencia de esta realidad esencial en la vida de millones de personas pequeñas que esperan ser atendidas, escuchadas y amadas. Si bien los gobiernos y los especialistas son actores importantes en la tarea de la educación a nivel nacional y regional, las madres y padres de familia, así como las maestras y maestros, son actores cruciales e insustituibles.

Pero antes es necesario partir de algunas consideraciones y valoraciones.

Primero: tener claridad que los niños, niñas y adolescentes (NNA) necesitan a los adultos y que el haberlos traído a este mundo es una responsabilidad.

Segundo: lo que seamos capaces de hacer por nuestros NNA es para toda su vida, por ello hay que iniciar el proceso de su cuidado y de su formación, dicen algunos, desde el seno materno –esto es– entre más pequeños, mejor.

Tercero: los papás, mamás, abuelos, abuelas, tíos, tías, hermanos y hermana mayores, tutores, maestros, maestras, directivos escolares importan mucho en la vida de los NNA para su bien y buen desarrollo. A veces minimizamos su papel pero, no deben perderse de vista.

Cuarto: la educación es algo que sucede todos los días. Sí, diario. Por esta razón es necesario que los adultos seamos consistentes, persistentes y sistemáticos. No funciona que un día hagamos una cosa, y al siguiente otra que incluso puede ser contraria a la anterior. Por ejemplo, un día puede parecer una gracia el berrinche de la niña, niño o incluso adolescente y los adultos se ríen y celebran la situación. Pero otro día, un berrinche similar es motivo de gritos, regaños, castigo e incluso golpes. Este comportamiento genera confusión y mucho desasosiego en los pequeños que poco a poco se van adaptando al trato que les propician sus mayores.

Quinto: uno de los secretos de la acción de educar es saber poner límites. El tema de los horarios es uno de los más sencillos de explicar. Desde cuestiones que en realidad son fáciles de hacer como establecer una hora para dormir, saber poner un límite es “se duermen a tales horas, se apaga el televisor, la tableta o el celular y no hay excusa”. O bien, el tema de la cooperación en casa con el orden de las cosas, de las cosas propias, como la ropa, las cosas de la escuela, los juguetes y similares. Así como se aprende el orden, también se aprende el desorden. En otras entregas hablaré más ampliamente de este punto.

Algunas prácticas sencillas de llevar a cabo que sugiero son las siguientes:

1. Procurar comer o cenar juntos en familia todos los días. De no ser posible, elegir un día –sábado o domingo– para hacerlo. Este espacio deberá ser muy cuidado, es una oportunidad para conversar, para discutir y solucionar cosas, para saber cómo le ha ido a cada quien. Cancelar el uso de teléfonos, celulares, tabletas, televisión, radio o similares.

2. Los NNA deberán ir a dormir a la misma hora todos los días. Sugiero asegurar que el sueño sea de 8 horas para que haga su función reparadora.

3. Dos horas antes de dormir apagar todas las pantallas: televisión, celulares, videojuegos, tabletas y similares. De preferencia que no haya televisores en los lugares donde duerman. El cerebro, aunque nunca descansa, necesita reposo. Esta recomendación aplica para los NNA y también para los adultos.

4. En una familia, es bueno que los adultos le lean a los menores. Lo ideal es todos los días; si esto no es posible, tres veces a la semana sería maravilloso. Los cuentos e historias son útiles para conocer el pensamiento de nuestros NNA y alumnos e incluso para indagar sobre sus preocupaciones, incertidumbres, miedos, aspiraciones o ilusiones.

Todos los NNA que cursan desde la educación preescolar hasta la secundaria disponen de libros de texto gratuitos, que son una buena opción para leer y comentar. También están los libros de la biblioteca escolar o las bibliotecas de aula, en fin, hay disponibilidad de materiales. La lectura de textos por otros, es una práctica sencilla que se puede hacer en la familia y en la escuela. Una secundaria en el Estado de México, por ejemplo, tiene un interesante programa de lectura. Los alumnos de secundaria van a leerles a los del preescolar aledaño. Los pequeños fascinados y los de la secundaria se sienten grandes y que pueden realizar esa responsabilidad.

5. Contribuir a construir altas expectativas sobre sí mismo, así como motivos para vivir. Ambas cosas, altas expectativas y motivos, representan un largo trabajo en el tiempo y entre más pronto se empiece, mejor. Dicho trabajo ha de realizarse tanto en la familia como en la escuela. Una acción sencilla que se puede hacer en ambos lugares es el que al inicio de cada semana se haga una exhortación acerca de lo importante que es cada una de las personas que se encuentran en esa familia o en esa escuela.

Además, provocar una reflexión sobre lo que cada quien realizará esa semana (o el periodo de tiempo que se elija) haciéndose énfasis en lo que se espera lograr y en su finalidad. Las expectativas y que éstas sean altas tiene que ver con lo que “yo espero de ti”. Dicen algunos investigadores educativos que el éxito de los alumnos en una escuela está en función de que sus maestras y maestros tengan altas expectativas sobre su desempeño.

Los procesos educativos llevados a cabo en la casa y en la escuela han ido haciéndose cada vez más complejos y complicados. Esto es así porque nuestros NNA tienen características que son diferentes a las que vivimos los que hoy somos adultos. Necesitamos construir nuevas comprensiones sobre los procesos de desarrollo y de aprendizaje de estas nuevas generaciones, quienes, estoy segura, están esperando a ver qué se nos ocurre hacer a los adultos.

Cada una de estas sugerencias prácticas tiene su fundamento y en otras participaciones en este blog podríamos profundizar en ello. Por ejemplo, ¿a qué nos estamos enfrentando los educadores en la familia y en la escuela? o ¿qué nos dice la investigación psicoeducativa y socioeducativa al respecto? En ocasiones, la realidad de los seres humanos se nos muestra con crudeza y es al mismo tiempo una invitación a los educadores, padres y docentes, para reflexionar y actuar de manera diferente a fin de contribuir a tener una sociedad más justa y más humana.

Pensar la educación es una cara de la moneda, hacer educación es la otra. Pensar y hacer están relacionados, sin duda. No obstante hay que saber llevar el pensar al hacer y por otro lado, el hacer debe sustentarse en el pensar.

 

Margarita Zorrilla Fierro es consejera del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).