En mas de una ocasión, en un esfuerzo por perder peso, he sido atacada por el síndrome “no soy yo, eres tú”, el cual consiste en medirme en un montón de básculas, hasta encontrar una que me diga lo que yo creo que realmente peso, y no lo que la báscula cree. Los resultados de la prueba PLANEA, difundidos por SEP hace unos días, me recuerdan esa experiencia.

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PLANEA es la prueba que reemplazó a ENLACE y que fue aplicada por primera vez este año a la totalidad de niños de sexto y tercero de secundaria en el país. PLANEA se presenta como una prueba más confiable, menos sesgada, mejor controlada, etc. En resumen, una mejor prueba que lo que era ENLACE.

¿Qué nos dice PLANEA? Prácticamente lo mismo que nos decía ENLACE, y la otra prueba nacional (muestral) EXCALE. Los detalles cambian, pero la historia es familiar: la gran mayoría de los alumnos mexicanos no traen buen nivel. Especialmente en matemáticas, la mayoría de alumnos de sexto y de tercero de secundaria están en el nivel más bajo que mide la prueba. Los malos resultados no discriminan. Una cuarta parte de los alumnos de sexto (25%) del estrato socio-económico (el cual no indica riqueza, sino menos pobreza que los demás) están en el nivel más bajo en lengua y comunicación. En general, los alumnos de escuelas públicas les va mucho peor que a los alumnos de escuelas privadas, aunque se tendría que hacer un ajuste socioeconómico para realmente concluir que esto se debe a una mejor eficacia escolar, y no a una composición diferente del alumnado.

Llevamos en México al menos 10 años contando con pruebas estandarizadas que nos han indicado, una y otra y otra vez que una proporción significativa de nuestros alumnos no está aprendiendo lo suficiente. Lo que es más preocupante es que parece ser que estamos peor ahora que hace algunos años.

Según los resultados de la prueba muestral EXCALE (que aunque no directamente comparable con PLANEA debe medir más o menos las mismas cosas) la proporción de alumnos de sexto grado en el nivel más bajo de lecto-escritura es ocho puntos porcentuales mayor en el 2015 de lo que era en 2013. Para matemáticas la proporción creció cinco puntos porcentuales (de 38% a 43%). En tercero de secundaria, la proporción de alumnos en el peor nivel de lecto-escritura subió seis puntos porcentuales (de 23% a 29%) y en matemáticas subió cinco puntos porcentuales (de 34% a 39%).

Tanto PLANEA como EXCALE nos dicen el qué, pero no el porqué. EXCALE, a más de 10 años de haberse aplicado por primera vez, nos ha aportado poco a lo que realmente importa: las decisiones que se toman con los resultados de las pruebas en términos de mejora escolar. Si las autoridades educativas estatales y los directores de planteles no toman cartas activas en el asunto, PLANEA tendrá una incidencia similar, es decir, muy baja.

¿Para que nos sirve entonces PLANEA?

En mi opinión, ENLACE se canceló para que no hubiera posibilidad alguna de contar con un sistema de evaluación docente que utilizara resultados de logro de los alumnos. PLANEA se diseñó como una prueba “censal” que aplacara a algunos sectores del público, la sociedad civil organizada, y la academia que clamaban por evaluaciones censales para rendición de cuentas, pero diseñada de tal forma que no se pudiera ligar directamente a un maestro o maestra para fines de evaluación docente.

Gracias a PLANEA todos los padres y madres de familia de México podrán contar con el resultado de su hija/o unas tres o cuatro veces a lo largo de su historial educativo. Alguien en algún lugar buscará que hacer con eso en términos diagnósticos (hay una prueba diagnóstica en cuarto grado) –cosa que poco se hizo con ENLACE, como es el caso con la mayoría de pruebas estandarizadas a nivel mundial. Debido a que la prueba no la toman todos los alumnos, año con año, no es posible calcular correctamente (es decir, con los debidos controles estadísticos) una tendencia grado con grado a través del tiempo. Por lo tanto, la información difícilmente podrá usarse para medir eficacia escolar y definitivamente no podrá utilizarse como insumo en un proceso de evaluación docente (así sea evaluación formativa). 

Este no es el lugar para debatir los méritos de la decisión que llevó a la cancelación de ENLACE. Tiendo a pensar que es un debate agotado, que pocos frutos rendirá en el momento político que vivimos. Quizá, la eliminación de ENLACE y con ello toda posibilidad de cierto tipo de evaluación de docentes y escuelas fue la decisión correcta bajo el enfoque compartido por SEP y el INEE. La decisión de cancelar ENLACE fue más política que técnica, y las negociaciones políticas rara vez tienen resultados sencillos. Si la decisión fue buena o mala depende de quien se le pregunte, y al final, solo el tiempo podrá inclinar la balanza.

Por lo pronto, hay indicios de que cuando las autoridades educativas utilizan resultados de pruebas censales para enfocar y articular esfuerzos, el logro se ve reflejado en una mejora de los puntajes. Tal ha sido el caso de Puebla, donde desde hace cuatro años la autoridad educativa, con el apoyo de organizaciones locales y asesores expertos, utilizó los resultados de ENLACE para tomar decisiones de política educativa. Dichas decisiones incluyeron la definición de las escuelas a priorizar y los temas del currículo que requieren mayor atención. Desde entonces el estado ha tenido un avance significativo, sobre todo en secundaria.

Solo si esfuerzos similares se llevan a cabo veremos que los resultados en las pruebas se transforman en avances tangibles. En cada estado del país alguien debería estarse preguntando seriamente que vamos a hacer para poner a este paciente a dieta, porque independientemente de como lo midamos, está cada vez más gordito.

Lucrecia Santibañez es profesora asociada en la  Escuela de Educación de la Claremont Graduate University en California.