Existe una preocupación a escala mundial por parte de los sectores gubernamentales y empresariales con respecto a los desafíos que enfrenta el mercado de trabajo dadas las altas tasas de desempleo actuales, la brecha de competencias que afectan la productividad y la creciente necesidad de articular mecanismos efectivos que mejoren la vinculación del sector educativo con las empresas. En este sentido, las decisiones tomadas con respecto al plan de capacitación laboral, propuesto desde el gobierno en México con el Programa de jóvenes construyendo el futuro (JCF), representa una apuesta atinada hacia la recuperación del talento humano. Empero es relevante señalar que los hacedores de política pública de la presente gestión deben hilar un seguimiento y evaluación permanente frente a esta estrategia, en donde, además, es ineludible buscar reforzarlo con aquellas buenas prácticas de países en donde se han llevado a cabo esquemas y modelos similares de forma exitosa; contar con un buen diseño del esquema de aprendices permitirá no sólo transferir soluciones plausibles y lograr reintegrar eficientemente el talento humano a la economía nacional, sino además, admitirá reducir las externalidades negativas de implementación y elevar la efectividad del programa, y evitar lo que Michel Spence identifica como el efecto de señalización (negativa). Dicha situación se especifica cuando las empresas desaprueban la calidad del programa de aprendices convocado por el gobierno, dada la presencia de fallas sistemáticas en el objetivo y diseño del proceso de aprendizaje para la adquisición de habilidades.

Ilustración: Patricio Betteo

Por otra parte, en virtud de poder posicionar un modelo de competencias, sostenible en el largo plazo y coherente con la promoción del talento juvenil para su inserción al mercado laboral, es sustancial considerar no sólo programas focalizados de capacitación en el lugar de trabajo, como una única vía para la atención del problema de desocupación de los jóvenes, sino también es ideal contar con evaluaciones pertinentes (como en el caso de JCF). En segundo término, se debe atender el fenómeno del desempleo estructural en los jóvenes desde el modelo de aprendizaje de formación dual, no sin antes tomar en cuenta la necesidad de vigorizar la estructura institucional, calidad docente y curricular del modelo existente en México. Considero que es crucial no reforzar únicamente las habilidades de los jóvenes, sino sistematizar la formación con los requerimientos del mercado de trabajo.

¿Cuándo hablamos de educación dual y cuándo de programas capacitación en el trabajo?

No son pocos los programas de capacitación laboral que han sido establecidos en países desarrollados, los cuales en su mayoría proyectan resultados positivos en cuestiones de empleabilidad, debido a que encadenan a una sólida arquitectura institucional creada en materia de modelos educativos de formación dual, permitiendo que se incluyan, de forma complementaria, programas focalizados de entrenamiento laboral. Hoy en día los programas de formación encaminados al sector gubernamental, privado y social también se posicionan como una alternativa viable para el contexto de América Latina: países como Brasil, Costa Rica, Chile, México y Perú han apostado con gran voluntad a buscar transferir tanto el modelo de educación dual y modificar los planes de enseñanza en el trabajo para los jóvenes. Sin embargo, ¿cómo podemos diferenciar el modelo de aprendizaje de formación dual y los programas de capacitación en el lugar de trabajo? Jurgen Lindemann caracteriza al modelo de formación dual como una combinación didáctica y sistematizada del adiestramiento empírico en una empresa con el aprendizaje en una escuela técnico tecnológica. Esta oferta formativa promueve la enseñanza de acuerdo con los procesos de producción de la empresa, incorporando, al mismo tiempo, fundamentos teóricos de base que serán adquiridos dentro de los institutos de formación dual. El proceso formativo cumple con una duración estimada entre 1 y 3 años en promedio, el cual es pertinente para aquellos estratos que no cuentan con la condición económica para estudiar una carrera universitaria durante más de cuatro años. El objetivo central de la formación dual es reducir las distancias del egresado al mercado laboral, es decir, buscar que exista una inserción directa a las empresas considerando que se encuentra conectado con el sector empleador. Para el año 2018, Austria, Dinamarca, Países Bajos y Alemania, tuvieron las tasas más bajas de desempleo juvenil en la Unión Europea con 9.1%, 9.2%, 7% y 6.4%, respectivamente, siendo las economías que han mantenido una larga tradición en el desarrollo y fortalecimiento continuo del sistema de formación dual.

Por su parte, Urzúa y Puentes definen a los programas de capacitación en el lugar de trabajo como aquellas actividades de entrenamiento, como parte de un esfuerzo público para la mejora del desempeño de individuos en el mercado laboral impulsando sus habilidades y capacidades productivas. Estos se enfocan en desarrollar las destrezas de los jóvenes en específico, dependiendo el sector en donde fueron requeridos por los empleadores por medio de prácticas en el lugar de trabajo. Su proceso formativo se encuentra en función del tiempo de duración del programa y la calidad de enseñanza del tutor en el lugar de trabajo; al finalizar su formación, los jóvenes aprendices reciben un certificado de competencias que tiene la función de generar señales positivas a las empresas. Se ha demostrado en términos generales que la capacitación en el lugar de trabajo suele presentar resultados positivos en empleabilidad, incremento en salarios, y movilidad laboral; sin embargo, existe una amplia variabilidad en cuanto a los resultados entre los esquemas aplicados en Latinoamérica dado su contexto productivo y formativo, la cuestión socioeconómica, los niveles de pobreza, la transparencia institucional, así como la relación que guarda el gobierno con las empresas. Su diseño, monitoreo y evaluación de impacto determinan en gran parte el grado de éxito o fracaso de su sostenibilidad ulterior.

Alcances y retos del Programa de jóvenes construyendo el futuro

Este programa tiene por objeto el busca enlazar la capacitación recibida en un espacio de trabajo concreto y con ello facilitar la transición de los jóvenes mexicanos (individuos de 18 a 29 años) hacia un empleo formal y de calidad. Actualmente el programa suma 900,000 inscritos a lo largo del país, quienes reciben una beca mensual de 3,600 pesos mensuales. Según cifras oficiales, las mujeres inscritas son la población mayoritaria con un 57.6 %, mientras que el 42.4 % representa a varones suscritos. Por otra parte, según el tipo de escolaridad de los jóvenes aprendices, cerca del 42.9% cuenta con preparatoria terminada, 27.5% ha culminado hasta nivel secundaria, mientras que el 17.6% de los inscritos ha culminado la licenciatura, el 7.6% cuenta solamente con educación primaria, 3.9% cuentan con formación técnica y 0.27% estudios de posgrado. Sobre el tipo de sector en donde laboran los inscritos se conoce que el 73.8% se encuentra en el sector privado, el 23.8% participa en el sector gubernamental, y el 2.3% en organizaciones sociales. Además, las entidades en donde se cuenta con mayor participación de aprendices son los estados de Chiapas con el 13.8% del total de inscritos a nivel federal, seguido por Tabasco con 11.47%, Veracruz con el 10%, y el Estado de México con 9.6 %. Como parte de un balance preliminar podemos resaltar el amplio esfuerzo en atender los estados del país que disponen de una gran cantidad de población juvenil y que se encuentra en zonas que requieren acciones focalizadas para la recuperación del bienestar de la ciudadanía, en términos de incentivar mayor productividad, el acceso al trabajo digno y en estricto sentido a la disminución del desempleo juvenil. Sin embargo, considerando que parte del reto adicional que ha asumido JCF es el incluir sectores informales de la economía en donde, si bien existe un acuerdo explícito de capacitación considerando a los sectores informales, la falta de regulación y sistematización del proceso de aprendizaje pudiera afectar a la cualificación de los aprendices directamente. Asimismo, esto lograría generar una percepción del programa para los sectores industriales poco favorable, dado que existe la posibilidad de generar una señalización negativa ante la dificultad de establecer criterios concretos estandarizados de evaluación entre los tutores y los pupilos en sectores informales. Por otro lado, la duración programada de capacitación, dado su carácter de formación específica (de aproximadamente 12 meses), limita la adquisición de competencias más complejas en donde, además, pudiese ser insuficiente el tiempo para cumplir con un proceso de transferencia de habilidades en su totalidad para incorporarse al mercado laboral una vez culminada la capacitación.

Por último, reitero que, para el desarrollo continuo y sostenible del programa, se requiere la disponibilidad de datos de seguimiento al igual de la necesidad de evaluaciones de impacto considerando el carácter heterogéneo de los diferentes grupos que lo conforman. Para establecer mejoras en el programa se requerirá observar empíricamente los efectos en el mercado laboral medido por medio de la transición al empleo, la duración del joven o la joven aprendiz en él, su nivel salarial y su movilidad laboral. Así mismo, es necesario considerar el impacto del programa para las empresas y organismos que se encuentran vinculados a JCF con el fin de medir los índices de productividad y eficiencia, tanto para los empleadores como para los aprendices.

Una propuesta: recuperar el modelo de educación dual en México

En vista de las necesidades en términos de empleabilidad para los jóvenes en México, el modelo de educación dual debería ser regenerado, reforzado y ampliado. Esto considerando que dada su estructura educativa-productiva ha mostrado resultados en cuanto a la capacidad de impulsar los rendimientos empresariales, aumentar los niveles de eficacia de los jóvenes en mayor grado que lo ofertado por un programa de capacitación temporal. La preparación dentro del aula como en la empresa permite tomar en cuenta las habilidades necesarias para incorporar al joven estudiante a procesos de alto valor agregado y de innovación, aunado a que admite aminorar la distancia del estudiante en su trayectoria al mundo laboral. Según Fazio et al. este modelo admite la conjunción de la demanda y la oferta de habilidades, dando cabida a que los jóvenes aprendices accedan a una carrera profesional estable y pertinente con el entorno económico.

No obstante, México no ha logrado terminar de desarrollarse en materia de formación dual a pesar de su reconocida importancia como sistema. Existen vacíos institucionales que deben ser tomados en cuenta, como, por ejemplo, el fortalecimiento de las escuelas e institutos técnicos, la falta de inversión y apuesta por la calidad docente, y un mayor vínculo con las cámaras empresariales y los institutos técnico tecnológicos. Si bien desde 2013 se ha buscado impulsar el tema, con la consolidación del Modelo Mexicano de Formación Dual (MMFD) desde el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP), la situación reciente sobre dicho modelo refleja una clara falta de recursos financieros y un descuido gubernamental a esta modalidad educativa, adhiriéndose la escasez de infraestructura productiva para llevar a cabo el proceso de aprendizaje de forma competente en el aula y en la empresa.

 

Sebastián Irigoyen Ibarra
Maestro en Economía por la Université Rennes 1 y estudiante del Doctorado en Economía en la Ecole de Gestion et Economíe en Rennes, Francia.