Derivada de una negociación entre las cúpulas de los tres partidos mayoritarios del país, la Reforma Educativa nació divorciada de quienes serían en los hechos los garantes de su éxito: los maestros. Quienes la concertaron y aprobaron pasaron por alto que para que cualquier ley de gran impacto social como ésta pueda concretarse, debe responder no sólo a las ideas de quienes la decretan sino también debe soportarse en las necesidades y aspiraciones profesionales de los actores encargados de hacerla realidad.