La divulgación científica puede brindar beneficios tanto a nivel personal como institucional. Por un lado, permite a quienes se dedican a la academia mejorar sus habilidades de comunicación y ampliar su impacto en la sociedad. Por otro lado, las instituciones que la fomentan pueden mejorar su imagen pública, aumentar su capacidad para obtener financiamiento y atraer a personas interesadas en la investigación académica.