De la apertura de escuelas en México

El cierre de escuelas por la crisis de covid-19 nos tiene en una seria encrucijada. Reconociendo que lo intrincado del problema impide encontrar una solución óptima, este texto ensaya una posición argumentada respecto a reabrir o no las escuelas. Se presenta un análisis gradual que evalúa los beneficios y los perjuicios que conlleva una u otra medida. Existen efectos negativos de ambos lados; sin vacuna, el riesgo de vulnerar la salud es alto y eso debe tenerse presente. Por otra parte, también debe considerarse la relevancia del espacio escolar como lugar indispensable para el desarrollo humano de los niños, niñas y adolescentes (NNA). El interés del texto es contrarrestar la tolerancia colectiva que en silencio se resigna a recibir lo poco y malo que tenemos en educación escolar desde hace ocho meses. Sin duda el tema es polémico, pero su relevancia es tal que bien vale la pena impulsar su deliberación en el espacio público.

De marzo a noviembre, los NNA en México llevan, grosso modo, 130 días sin escuela, más o menos dos terceras partes de un calendario escolar normal. Para enero se acumularán siete de los diez meses de un ciclo escolar completo. De acuerdo al informe de la UNESCO “Educación en pausa en Latinoamérica y El Caribe”, se han perdido cuatro veces más días de clases que la media global de 40 días. Le han llamado “una catástrofe generacional”. En el primero de sus cuatro cuartetos (1936), T. S. Elliot escribió que la humanidad no puede soportar demasiada realidad, quizá ello explique la estrategia de simulación que siguen las autoridades educativas. En términos reales, nos encaminamos inevitablemente a la pérdida de un año escolar completo. Los estudiantes matriculados actualmente, por ejemplo en quinto grado de primaria, perdieron casi tres meses de su grado anterior, más cuatro meses del actual. Las condiciones de la acreditación a sexto año se darán bajo mecanismos de carácter administrativo, carentes de consistencia en términos de aprendizaje. Las clases por televisión como estrategia de continuidad educativa no corresponden ni someramente a la dinámica y los alcances de la escuela presencial; tampoco los ejercicios de fijación enviados en PDFs por WhatsApp, o la entrega de libros de texto. Argumentar la continuidad de la escuela a través de paliativos inconexos y descontextualizados exhibe una falta de conocimiento de lo que se hace y se vive en una jornada escolar.

La escuela en México es una institución injusta e imperfecta. Injusta porque los NNA se encuentran segregados en contextos demográficos, socioeducativos o culturales de mayores o menores oportunidades; lugares de colocación desigual que no logran reivindicar las diferencias a través políticas educativas consistentes —de gradual ampliación— y necesariamente transexenales. Imperfecta porque no logra cumplir suficientemente sus premisas fundacionales: promover la adquisición de conocimientos que desarrollen capacidad de agencia sobre el ejercicio pleno de la vida. A pesar de todos sus problemas e inequidades, el espacio escolar es el mejor sitio donde los NNA pueden crecer reconociendo sus derechos, el desarrollo de sus potencialidades y el ejercicio de su libertad personal. Por ello, y aun con todas sus debilidades, es imperativo intentar formas y espacios para recuperar el vínculo educativo presencial, especialmente de quienes más lo necesitan.

Ilustración: Estelí Meza

Abrir algunas

El 16 de mayo el gobierno federal anunció que 324 municipios del país no habían reportado durante un mes casos de covid-19, los llamó municipios de la esperanza [sic]. Tal denominación anunciaba, entre otras cosas, el regreso a clases presenciales. A finales de mayo, el subsecretario de salud, Hugo López Gatell, informó que dejarían de actualizar la información de estos municipios toda vez que los gobernadores no estaban de acuerdo en la reapertura de las escuelas y cuestionaban los métodos de medición seguidos por la Federación. Por otra parte, el monitoreo de la UNAM  arroja, a revisión actual, 95 municipios en Chiapas que se han mantenido durante varias semanas en cero casos. La entidad tiene el segundo lugar nacional en incidencia de menos contagios, sólo por debajo de Campeche.

A finales de septiembre —y por segunda ocasión— Campeche se ubicó en semáforo verde. Pese a que el secretario de educación, Esteban Moctezuma Barragán, ha comentado reiteradamente que el retorno a clases se dará en las entidades que alcancen tal clasificación, las aulas continúan cerradas. Hugo López Gatell informó que, en acuerdo con el gobernador del estado y el secretario de educación, se decidió no abrir para evitar que “las cifras ganadas se pierdan”; se autodenominaron prudentes. En cambio, se abrieron gimnasios, restaurantes y bares con aforo al 50% –las escuelas, nada. El gobernador informó que serían precavidos y esperarían quince días en verde antes de planear el regreso a las aulas. Han pasado dos meses y las escuelas continúan totalmente cerradas. Se sabe que la reapertura parcial y controlada de escuelas requiere el despliegue de varios esfuerzos como un mayor presupuesto, capacidades de gestión con el sindicato, construcción de consensos sociales y un desarrollo logístico de mayor amplitud. Tal vez, la verdadera precaución sea evitar emprender medidas que pongan a prueba la eficacia del gobierno y con ello se arriesgue el capital político que tiene.

Mientras tanto, periódicos de Chiapas y Campeche muestran en sus secciones de sociales fiestas infantiles, de festejos de Halloween y otras actividades en concurrencia de menores; algunas veces con cubrebocas, otras no. Si la educación es un tema de soslayo al interés político, es de llamar la atención que para la sociedad en general tampoco goza de un lugar prioritario. El argumento de que la reapertura de espacios de recreación tiene por objetivo la reactivación económica inmediata, también habría de considerar la pérdida de empleabilidad que tendrá esta generación de estudiantes en el largo plazo. Morduchowicz y García calcularon que los alumnos de educación obligatoria en México tendrán en sus futuros ingresos laborales una pérdida salarial del 7% como efecto de estos meses sin escuela.

La primera propuesta a la autoridad educativa y de gobierno es abrir las aulas en los municipios de Chiapas que se encuentren con cero casos de contagios y también para las entidades que se encuentran en semáforo verde, que por ahora sólo es el caso de Campeche. La densidad poblacional en esos lugares es baja y, al ser entidades con comunidades predominantemente rurales, las clases al aire libre serían una opción. Además, habría que recordar que Chiapas reporta uno de los índices de menor calidad educativa y de mayor abandono escolar, principalmente dentro de la población indígena.

Entreabrir las aulas

Únicamente se anima la vuelta cauta y gradual a la escuela en aquellas comunidades donde existan las condiciones sanitarias bajo control. Sería un despropósito considerar que la CDMX o el Estado de México puedan volver a las aulas mientras no disminuyan las cifras de contagios. Por más medidas de protocolos o escalonamientos en los aforos, la composición urbana y de movilidad de las grandes ciudades impiden buscar el bien social que da la escuela poniendo en juego uno aún más decisivo y fundamental: la vida misma.

Aún así, mantener la escuela cerrada no significa mantener inactivos los procesos de recuperación o sostenimiento de aquellos alumnos que más lo necesitan. La segunda propuesta se encuentra en el orden de aquellas comunidades, municipios o localidades que por su estructura demográfica cumplen con dos condiciones: nivel de contagios controlados (semáforo amarillo) y condiciones de movilidad seguras.

No se sugiere la reapertura total, más bien, se considera que con medidas sanitarias oportunas es posible emprender acciones focalizadas: es el caso de la atención a estudiantes en riesgo de abandono o rezago escolar. Es urgente iniciar un proceso de tutoría personalizada para aquellos estudiantes con mayor vulnerabilidad sociocultural y de menor rendimiento académico. La idea es recuperar cinco o siete estudiantes por grupo para restablecer el vínculo educativo, que se compone tanto de aprendizaje escolar como de sostenimiento socioemocional. Planear jornadas de tres horas, tres días a la semana, ayudaría a mitigar la deserción escolar. Un docente comprometido con pocos estudiantes en una aula ventilada, con sana distancia, siempre con cubrebocas y medidas de lavado de manos recurrente, no representaría mayores contagios; en cambio, tendría un valor de personalización enorme. Una estrategia similar podría implementarse también para la atención a niños con alguna necesidad educativa especial –una comunidad que ha sido poco atendida durante este largo confinamiento.

No abrir

Los paralelismos con países como Nueva Zelanda o Finlandia ayudan muy poco para encontrar respuestas a los problemas que nos aquejan en educación. Son de tal magnitud las diferencias geográficas, económicas y culturales que lo único que se logra con tales comparaciones es alimentar un sentimiento de lamento inútil por la condición propia. En contraste, tampoco es deseable caer en la comprensión parroquial de los problemas.

A pesar de que Francia e Irlanda decretaron un nuevo confinamiento nacional, decidieron mantener las escuelas elementales abiertas. En total, 26 de los 29 países europeos que sufren la segunda ola de la pandemia llegaron, en medio de una gran polémica, al consenso de que la escuela cerrada trae fracturas al desarrollo emocional de las infancias y por ello deben ser lo último en cerrarse. En países de la región, Uruguay, Nicaragua y Surinam se encuentran con aulas totalmente abiertas; Brasil, Argentina, Chile y Colombia lo hacen parcialmente. México, junto con otros 17 países, continúa con aulas cerradas.

No se avizoran medidas de reforzamiento educativo a implementar en México en el corto plazo. Al parecer, en el mejor de los casos, los NNA regresarán en enero con programas televisivos de muy poco alcance pedagógico y tareas por WhatssApp. Lamentable.

Una opción viable es concentrar esfuerzos para que, a su reapertura, la escuela tenga la capacidad de resarcir, en la medida de lo posible, los efectos negativos del cierre. Una idea sería reestructurar el calendario del ciclo escolar actual. Resulta asombroso observar cómo este tiempo inédito nos trajo un calendario idéntico. Para la oficialidad, el ciclo escolar transcurre de manera más o menos normal. Se propone una distribución estratégica de los días de clases, asignando días de recuperación y compensación del trabajo escolar. A pesar de la dificultad de alterar los periodos vacacionales por el turismo y la economía que ello conlleva, aún se observan márgenes de maniobra, sobre todo en el ámbito de días destinados a consejos técnicos, celebraciones y festejos.

Por otra parte, se desconoce si la SEP se encuentra elaborando instrumentos de diagnóstico que permitan, al regreso a las aulas, establecer los objetivos de aprendizaje por grado. Asimismo, contar con un rediseño en los planes y programas de estudio que priorice los aprendizajes centrales a promover; ambos mecanismos funcionarían como gozne e insumo a la planeación didáctica.

Adicionalmente, se estima pertinente que la SEP, además de ofrecer directrices generales de funcionamiento, incentive acciones que cada escuela podría emprender para sostener el vínculo educativo. Una escuela privada en la CDMX invitó a sus clases sincrónicas en zoom a estudiantes de una primaria de sostenimiento público. Sólo requirió un acuerdo entre directores, y el visto bueno del supervisor escolar. Cinco por cada grupo hizo un total de setenta niños y niñas en sesiones de animación a la lectura, matemáticas, arte e inglés. La experiencia está resultando de gran aprendizaje para los alumnos de ambas escuelas. Es gratificante observar cómo los niños interactúan y construyen casi de inmediato lazos de colaboración y vínculo social. Acciones locales no hacen estadística ni ayudan a legitimar acciones de gobierno, sin embargo, contribuyen genuinamente a la reivindicación social del valor de educar.

John Rawls (1971) propuso que para garantizar la equidad social las decisiones se tendrían que tomar bajo el “velo de la ignorancia”. Esta posición desconoce la colocación personal de clase y por tanto evita el egoísmo en la postura. Valdría la pena que, al pensar la apertura de las escuelas, consideremos que aquello que convengamos podría ser dado a nuestros hijos e hijas. Quizá con ello podríamos construir una mejor escuela y aproximarnos a una sociedad más justa.

 

Irma Villalpando
Dirige una institución educativa de carácter privado y es profesora en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán.


2 comentarios en “De la apertura de escuelas en México

  1. Buena reflexión, acerca de la reapertura de escuelas, completamente necesaria, buscando los mecanismos, que den confianza a todos los involucrados en el proceso

  2. Qué bueno que reconoce que las escuelas públicas tienen muchos problemas e inequidades! Considero que para nada son el mejor lugar para desarrollar a una persona ni para que conozca ahí sus derechos, por otro lado, yo he visto algunas clases virtuales y a mi parecer son de alta calidad y de un nivel drásticamente superior al que podrían recibir en una escuela pública en (por ejemplo) Chiapas, etc.

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