El ingreso a la licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es un tema que suscita polémica entre múltiples actores: funcionarios, investigadores, periodistas y por supuesto, estudiantes y padres de familia. Sin embargo, hace falta un debate amplio y consistente que lleve a replantear o por lo menos, repensar el proceso de admisión de la universidad pública más grande del país y con mayor demanda. Un primer paso necesario es hacer el recuento del proceso y las críticas que se han expresado con el fin de delinear caminos posibles para el debate.
Como es sabido, existen dos vías de ingreso a la licenciatura de la UNAM: el pase reglamentado y el concurso de selección (cuyos resultados del segundo examen se dieron a conocer el domingo pasado). Mediante la primera vía, ingresan al nivel superior los egresados de las preparatorias y Colegios de Ciencias y Humanidades de la propia UNAM que concluyeron el bachillerato en un máximo de cuatro años con un promedio de calificación de siete o más. Bajo este procedimiento, los estudiantes eligen la carrera y el plantel de su preferencia y se otorgan los lugares tomando en cuenta el promedio y la oferta existente en la carrera y plantel elegido. Para el periodo 2016-2017 se estima que un 67% de los lugares de la licenciatura de la UNAM serán ocupados por medio del pase reglamentado y un 33% restante por concurso de selección.1 La crítica principal a esta vía se centra en la inequidad del proceso, ya que el ingreso no se abre de igual manera para todos los aspirantes y si bien los egresados del bachillerato de la UNAM tienen que cumplir con ciertos requisitos, no es comparable con el esfuerzo o el mérito que representa para un estudiante proveniente de otro bachillerato. El resultado de este proceso es que la mitad de la matrícula no tiene necesariamente un nivel académico equivalente a los que ingresan por medio del concurso. Esta modalidad de pase entre el bachillerato y el nivel superior se aplica desde hace casi 50 años y se ajustó en el año 1997, al cambiar la modalidad de “pase automático” a “pase reglamentado”. La continuidad de este proceso parece responder a las consecuencias políticas que traería la eliminación de este privilegio para los estudiantes de educación media superior de la UNAM; concretamente se teme a las movilizaciones estudiantiles y a la desestabilización de la propia universidad. Ante esta situación, el asunto del pase reglamentado es un tema “intocable” en el debate universitario y no se avizoran cambios en un corto, ni mediano plazo.
La segunda vía de ingreso a la licenciatura es por medio del examen de selección, el cual se abre a todos los egresados del nivel bachillerato que cuenten con un promedio mínimo de siete. Dada la gran demanda y el escaso número de lugares, se logra dar cabida en promedio cerca de un 9% de quienes presentan el examen.2 Esta cifra, por sí misma escandalosa, ha sido motivo de alarma y descontento.
El examen de ingreso a la UNAM consta de 120 preguntas de opción múltiple de todas las áreas del conocimiento y se ajusta su distribución según el área de la carrera que se solicita. Las críticas a este instrumento son múltiples, una de las principales es porque parte de las preguntas son de tipo memorístico, con lo cual no necesariamente se evalúa la capacidad del estudiante. Dado que el examen abarca todas las áreas que se imparten en el bachillerato, quedan fuera estudiantes con gran capacidad para la carrera a la que aspiran, pero que no necesariamente dominan todos los campos del conocimiento. El carácter de esta prueba dista de las tendencias actuales que tienden a evaluar sobre todo, el razonamiento matemático y las habilidades verbales en tanto herramientas para futuros aprendizajes.
El resultado del examen separa a los aceptados y no aceptados; no es un asunto de aprobar o reprobar, ya que los lugares se otorgan tomando como base los puntajes más altos hasta cubrir la oferta de cada carrera y plantel. Desde el punto de vista de los aspirantes, resulta muy frustrante no alcanzar un lugar, pero sobre todo cuando les faltan uno o dos aciertos; además que consideran que en un examen con una duración de tres horas se pone en juego su futuro y no se toma en cuenta el esfuerzo y el logro de la trayectoria académica precedente. En este sentido, las investigaciones muestran que el promedio obtenido en el bachillerato es un mejor predictor del desempeño futuro, de allí que hay instituciones que ponderan el promedio del bachillerato con el resultado del examen de admisión (De Garay y Sánchez, 2011 y Bobadilla, Huerta y Larqué, 2007). Las investigaciones muestran también que el examen, que es un instrumento aparentemente neutro, pone en juego las desigualdades sociales, ya que son los estudiantes con mayores recursos socioeconómicos, con padres con mayor escolaridad, los que obtienen mayores puntajes (Guzmán y Serrano, 2011).
En términos del debate, un aspecto ineludible es de tipo estructural y se refiere a la necesidad de ampliar las oportunidades educativas. Resulta urgente la creación de nuevas instituciones de educación superior públicas de calidad, que den cabida a la creciente demanda. La UNAM como institución no puede por sí sola resolver los problemas educativos del país y dentro de sus capacidades se han hecho esfuerzos importantes por ampliar la matrícula y diversificar la oferta académica.
Un segundo punto se refiere a la política de admisión, en la que el pase reglamentado se tiene que abrir a la discusión; no puede privar el silencio y se tiene que pensar en alternativas justas y pertinentes. El tema de la inclusión social atraviesa el debate, ya que los mecanismos de admisión tienen consecuencias sociales. Es necesario perfilar una política de admisión clara y explícita acorde con el sentido social de la UNAM, en la que tengan cabida los mejores estudiantes pero que no se cierre únicamente a los sectores más privilegiados, para ello, se pueden pensar en mecanismos que incorporen a estudiantes capaces que provienen de sectores sociales más desfavorecidos. Se requiere pensar en la pertinencia y viabilidad de procesos de admisión distintos, por ejemplo, por etapas o específicos para cada carrera y que se reconozca la trayectoria académica previa.
El examen de ingreso también tiene que revisarse, en términos de su contenido, de su validez predictiva en el desempeño académico futuro, pero sobre todo, en función del tipo de estudiante que se busca. Pensar en la viabilidad de instrumentos alternos y paralelos. Hay experiencias nacionales e internacionales que pueden ser referentes para la discusión, que con voluntad, imaginación y cautela puedan adaptarse a una demanda masiva y abrir el camino hacia un proceso más justo.
Carlota Guzmán Gómez es investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM en Cuernavaca, Morelos.
1 Cálculo tomando en cuenta que el total de aceptados en los dos periodos (febrero y junio) fue de 16,958 y que se estima que 35,000 ingresarán por medio del pase reglamentado.
2 Para el concurso de selección 2016-2017 se presentaron en el primer examen de febrero 136 388 aspirantes y fueron aceptados 12 197 lo que equivale al 8.94%, en el segundo examen de junio se presentaron 64 291 aspirantes y fueron aceptados 4 761 que corresponde a 7.99%, según datos de la Dirección General de Administración Escolar de la UNAM asentados aquí y aquí.

Además, algo muy importante pero que suele ser pasado por alto, la inequidad del pase reglamentado pone en duda el mismo carácter nacional de la UNAM. Solo basta una ojeada rápida a los grupos en los que no existe esa diversidad esperada en una universidad que se jacta de ser de todo el país. Tan sólo,mpor ejemplo, en mi grupo, cuando entré por examen de selección (antes me había quedado a 1 y 2 puntos) éramos yo y otras dos o tres personas del interior de la República, los 39 y tantos restantes del DF.
*30 y tantos restantes…
Eduardo, gracias por tu comentario. Efectivamente al abrirse a concurso de selección sólo una parte de los lugares de la licenciatura de la UNAM, se reducen los espacios para estudiantes foráneos, a pesar de que los espacios están abiertos para todos los egresados de bachillerato. Sin embargo, también hay que tomar en cuenta que la UNAM ha abierto sedes en distintas entidades federativas.
Coincido en varios puntos del texto, sin embargo, en el pase reglamentado no, ya que los que realizamos el examen a bachillerato y logramos entrar a la UNAM desde ese nivel es que desde ese momento elegimos estar en dicha universidad y no en otra. Y tal vez si, subir los requisitos para elegir carrera como tener promedio de 8.0-8.5 entre otros criterios, pero sí se debe de dar esa «facilidad» de continuar la universidad en la UNAM. En cuanto a los rechazados, vi sus anuncios pegados en la calle y con faltas de ortografía, ¿como quieren estar en la UNAM cuando tienen faltas de ortografía? Por algo no se quedan, por tener mal desempeño en un examen, que sí, será de conocimientos básicos generales o memorización pero que todos los que deben seguir la universidad deben de conocer.
Es cierto, acuerdo con ello. Quien desde Nivel Medio Superior se esforzó al máximo y quedó en ENP o CCH mató 2 pajaros de un tiro (jugada muy inteligente) además mantener un nivel y promedio arriba de 8.5 en ENP al menos en mi experiencia, requiere dedicación, así que el pase reglamentado si cuesta. Quienes desde la secundaria tuvieron padres que les orientaron la estrategia (porque es estrategia) de entrar a NMS de la UNAM les ayudó mucho. No es que en un solo exámen se derrumbe un futuro, lleva mucho camino detrás.
Omar, gracias por tu comentario. Tienes razón cuando destacas el papel de los padres de familia en la toma de decisiones, ya que se ha encontrado que mientras los padres cuenten con mayor formación y estén mejor informados, perfilan mejores estrategias. Me parece que en el examen de selección se cristalizan las desigualdades sociales y educativas.
Mónica, gracias por tu comentario. Efectivamente fue un logro importante haber ingresado al bachillerato de la UNAM, sin embargo, no basta sólo con entrar, sino que es necesario también un buen desempeño a lo largo de los tres años, que tendría que ser valorado de la misma manera que con los egresados de otros bachilleratos. En este sentido, la exigencia de una mayor promedio para optar por el pase reglamentado, es una de tantas medidas que tendrían que discutirse.
En cuanto a la expresión escrita, no cabe duda que es necesaria para el desempeño académico y profesional, por ello, me parece importante contar con un instrumento de selección que realmente pueda evaluar tanto la comprensión de textos como la expresión escrita.
Para nada. No es el mismo nivel de competencia. No puedes comparar una tasa de aceptación de 7-9 por ciento, con las opciones que tienes de quedarte en una de las preparatorias de la UNAM. ¿Cuántas opciones de preparatoria tienes? ¿5? ¿Y cuántas personas compiten por un lugar en las prepas de la UNAM? Muchas menos de las que compiten por un lugar en la UNAM.
Sobre las desigualdades, bien puedes argumentar que los estudiantes del Distrito Federal (e incluso los de los municipios conurbados) sólo por vivir en la Ciudad ya tienen acceso a entrar a las prepas de la UNAM, cosa que ninguno de los estudiantes foráneos tiene a menos que se mude a la Ciudad, y ahí tienen una ventaja por encima de todos los demás.
¿Aumentar el promedio mínimo? Sí, deberían de aumentarlo a 9.5 en adelante. Así solamente las personas que efectivamente son buenos estudiantes tendrían un pase seguro. Aún así, no veo por qué alguien de una preparatoria de la UNAM va a tener ese privilegio si ni siquiera pueden asegurar que el nivel educativo de esa preparatoria es mejor que el de todas las preparatorias sin pase reglamentado.
Si dicen que las preparatorias de la UNAM son tan buenas, pues fácilmente sus egresados pueden competir en un examen nacional y quedarse. Si las preparatorias de la UNAM son más bien regulares, entonces los estudiantes necesitan un pase reglamentado para quedarse con 67 por ciento de los lugares.
Luis, te comento que la UNAM cuenta con nueve planteles de la Escuela Nacional Preparatoria y cinco del Colegio de Ciencias y Humanidades y a pesar de su amplia oferta, no logra dar cabida a todos los que desean ingresar. Es difícil comparar la demanda con el nivel superior, ya que es distinto el proceso de ingreso. A nivel bachillerato la admisión se realiza por medio de la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Superior (COMIPENS). El proceso permite que el estudiante elija en orden jerárquico hasta 20 opciones de bachillerato y se asigna el lugar de acuerdo con el puntaje obtenido en el examen. Al igual que en el nivel superior, los planteles de la UNAM y del IPN son muy demandados y son aceptados sólo una baja proporción de quienes lo solicitan. De allí que tampoco es muy fácil ingresar al bachillerato de la UNAM, por ello insisto en que si bien es meritorio ingresar a este nivel, es importante que se ofrezcan las mismas oportunidades a todos los egresados del bachillerato del país para ingresar a la licenciatura de la UNAM.
Que comentario tan desafortunado! Entonces que? » nosotros los ‘mejores’ porque si sabemos escribir (ves?) merecemos «pase» a la universidad electa por nos! (Ves?)
No, no, no. Un debate serio tiene que hacer «las trampitas ideológicas» de lado y entrarle. Las cartas sobre la mesa, me parece, tendrían en cuenta: presupuesto a las universidades públicas, apertura de oportunidades, inclusión, reconocimiento del potencial que entraña la diversidad,,,,
P. D. Me refiero al comentario de Mónica (desafortunado…)
El problema de la UNAM es que acepta *demasiados* estudiantes, no demasiado pocos. La última vez que vi los datos (2013), menos del 5% de quienes presentaron el examen de ingresos sacó calificación de 7.5 o más. Los que vienen de pase automático deben de venir mejor, pero dudo que por mucho.
Retacar la UNAM de estudiantes que no dan el ancho lo único que provoca es frustración, despilfarro de recursos, y lastrar a la universidad con oleadas de burros.
O. Figaredo, te agradezco el comentario. Es necesario aclarar que para ingresar a la UNAM por medio del concurso selección se requiere haber obtenido un alto puntaje (en muchas de las carreras por arriba de 100 aciertos de un total de 120), sólo en las carreras y planteles de más baja demanda se aceptan puntajes bajos.
Es exagerado caracterizar el sistema de exámenes de esa manera. De las 117 carreras que ofrece la UNAM, serán 10 las que exigen puntajes superiores a 100 en el examen de admisión.
De acuerdo a las cifras en prensa, en 2013 se aceptaron aproximadamente 23 mil estudiantes por examen, de cuales solamente unos 3 mil (13%) sacaron más de 100 puntos. Eso quiere decir que no había razón para admitir al otro 87%, cupo o no cupo, y a pesar de ello se les admitió.
Es cierto que hay 1,500-2,000 alumnos con 100 o más puntos que no entran y deberían, pero ese 1% maltratado de los 200 mil que hacen examen no refleja al sistema en conjunto.
Repito: para criticar el proceso de admisión hay que empezar por la pregunta elemental de quiénes cumplen con los requisitos para ser admitidos. Como está la cosa, la UNAM está admitiendo diez estudiantes que no debería por cada uno que rechaza pero que sí debería de entrar.
(Asumiendo que todos debieran ser admitidos, cosa que también es cuestionable: la UNAM no es ni debería ser el alfa y omega de la educación superior nacional. No tengo la cifras en la mano porque los sitios de la UNAM están hechos para no encontrar nada.)
O. Figaredo, para mí la pregunta elemental es determinar qué tipo de estudiante busca la universidad de acuerdo con su función social. Los requisitos de admisión se derivan necesariamente de lo anterior.
El pase «reglamentado» o automático no debería existir en ninguna universidad. Ciertamente mantener un promedio en el bachillerato representa trabajo y esfuerzo conjunto de estudiantes, padres y maestros. Sin embargo egresar del bachillerato con un buen promedio no significa que yo sea el mejor candidato para la estudiar la carrera que deseo. Si soy muy bueno obtendré un lugar, de lo contrario no. Todos deberían aplicar para el examen, y ganar su lugar si lo merecen.
Halina, lo que tu comentas coincide con una corriente de opinión fuerte que sostiene que no deben existir estos procedimientos de pase directo. De hecho la Universidad de Guadalajara desde la década de los noventa cambió este procedimiento.
Halina, he entrevistado a estudiantes que actualmente cursan la licenciatura de la UNAM, egresaron de prepas UNAM, CCH’s, de escuelas públicas y privadas, todos habían obtenido promedios excelentes en ese nivel educativo ¿y qué crees? actualmente continúan teniendo los mejores promedios de sus carreras, entonces no estaría tan segura de que ellos no fueran los mejores candidatos para sus carreras.
Saludos
Es fundamental la construcción y acreditación de instituciones de calidad más allá de la UNAM. Instituciones acordes a nuevos modelos de enseñanza y a los nuevos desafíos que enfrenta el país. La sobrecarga que ha experimentado la UNAM, por ejemplo, hace cuestionable algunas situaciones que se han convertido en fenómenos de suma preocupación a su interior. Caso de sus estudiantes con niveles de comprensión lectora deplorables. La UNAM no debería ser sobre cargada y su importancia la vuelve Botín de estudiantes pero también de políticos y demás agentes nacionales.
Beatriz, coincido contigo en que se necesitan instituciones de educación superior, acordes con las necesidades y retos del siglo XXI, en lo que se refiere a los conocimientos, a la vinculación con la sociedad y a sus mismas formas de organización. En este contexto, es muy importante definir el tipo estudiante que se necesita.
Coincido con la doctora Guzman pero más allá de plantear el mecanismo conviene plantear la finalidad de la educación superior en un mundo globalizado, que venera lo perenne y el dinero, considero que si no existen espacios para la creatividad y la reflexión para jóvenes, incluso o precisamente para aquellos que han sido «malos estudiantes» perdemos todos y al tiempo si no tienen los requisitos mínimos de lectura, escritura y razonamientos verbal y matemáticos, el esfuerzo se diluye, por tanto es una discusión sobre la inclusión y la apuesta por la democracia.
Beatriz, tal vez deberíamos empezar por definir que entendemos por calidad, porque los diversos organismos nacionales e internacionales que existen para medir la calidad de la educación superior se concentran en cuantificar, no en los procesos de formación. ¿Más cantidad de doctores en el Sistema Nacional de Investigadores, garantiza mejor formación de estudiantes? No lo creo, pero es un ejemplo del tipo de cosas que miden los organismos acreditadores de la calidad de las instituciones de educación superior.
Saludos
Comentaré de acuerdo a lo que leía y, con base en ello, concluiré:
El manejo del tema del pase reglamentado es internamente político: fue oficialmente establecido por Barros Sierra, recién dada la salida de Ignacio Chávez, para atender las demandas que habían sido enarboladas por el movimiento estudiantil que le costó la Rectoría al último. La reflexión del ingeniero para éste fue: es ilógico que la institución le aplique un examen para ser universitario a quien ya es universitario. El tema fue nuevamente tocado en 1997 y el descontento al respecto quedó de manifiesto al formar parte de uno de los 6 puntos del pliego petitorio del CGH durante la huelga 1999-2000. En efecto, ambas premisas, tanto lo sucedido en la década de 1960 como en la de 1990, dan cuenta de un asunto político antes que académico.
En cuanto al examen de 120 preguntas, el cuestionar sobre conocimientos que abarcan todas las áreas del bachillerato deja en desventaja a quienes se concentraron en un área técnica y profesional. El caso de los estudiantes del modo tecnológico es dramático (para ellos): “¿me van a preguntar geografía?, ¡pero en la escuela nunca me enseñaron!”. La modalidad del examen da cuenta de una vieja concepción de la universidad: durante el cardenismo, al llamado del general para que la institución formará a los técnicos que el país requería de cara al proyecto que se generaba, la respuesta de ésta fue el rechazo, debido, entre otros factores, a su carácter universal. Nótese finalmente que el bachillerato mexicano es actualmente universal (general), técnico, profesionalizante… es diverso. Para quienes viven esa diversidad, su bachillerato les juega adversamente.
Si bien la UNAM ha hecho esfuerzos para ampliar su atención –lo que incluye la creación de instalaciones en diversas entidades federativas-, la conclusión que se deriva de los dos párrafos presentados es que el tema del pase reglamentado pertenece a una visión de universidad de décadas pasadas, pero que sigue existiendo en pleno siglo XXI. La pregunta sería, ¿la UNAM del siglo XXI ha atravesado procesos de renovación? Por lo menos, para Casanova (2009), las reformas emprendidas en la universidad desde la década de 1970 parecieran responder a una necesidad: mantener el orden. El orden como parámetro del manejo de una administración universitaria no da mucho margen de maniobra. No obstante, pareciera que la UNAM que hoy tenemos merece ser ampliamente discutida.
Gracias Alberto por tu comentario y por la perspectiva histórica que ofreces. Coincido contigo que el pase reglamentado es un asunto político, efectivamente en aras de mantener «el orden» no se discute. Ubico también el carácter del examen de admisión en esta visión de universidad que quedó hace décadas. Efectivamente la UNAM merece ser discutida.
Ame tu artículo. Es muy frustrante yo quede solo a un acierto de ser aceptado y lo peor es que me sentía capaz de estudiar ahí.
César, yo pienso que el examen de admisión no mide la capacidad, tú no eres más o menos capaz sólo por un acierto.
«Otros efectos del pase reglamentado»
El pase reglamentado tiene además una serie de consecuencias negativas que deben analizarse con detalle para replantearse una estrategia más objetiva para que el ingreso a la UNAM sea más equitativo, por una parte, aún para los estudiantes de Preparatorias y CCHs no alcanzan lo lugares para la primera opción, solución, asignan por promedio y no por perfil vocacional; resultado: deserción de la licenciatura seleccionada, que a veces puede ser la de primera opción, y en numerosos casos la seleccionada en segundo lugar; algunos buscan el cambio de carrera vía el examen de selección, pero como nunca logran cambiarse ya no estudian, con lo que se trunca todo el proyecto del alumno. El promedio, aunque puede ser un factor de selección es muy subjetivo, ya que deja en manos de los docentes un factor esencial para la asignación de la carrera, y esto es muy riesgoso; por ejemplo en el CCH (donde conozco estudiantes cercanos), se puede obtener 10 en algunas materias acudiendo a obras de teatro o cooperando para el celular del profesor, en cambio, hay alumnos muy dedicados que son evaluados con seis sólo porque el trabajo – a criterio del profesor- no cumple los requisitos solicitados. Yo soy docene de nivel medio superior y considero que la evaluación en la UNAM debe ser más objetiva y congruente con lo que los profesores enseñan, dada la importancia que tiene para el estudiante.
Otro aspecto que es muy importante, se refiere a la discriminación que sufren los estudiantes de otros sistemas, yo trabajo en el Colegio de Bachilleres, y cada inicio de ciclo escolar enfrento, lo mismo que otros compañeros, el reto de trabajar con la autoestima de los jóvenes que piensan que se encuentran en una institución de segunda, sólo por no tener el pase reglamentado, fenómeno que desde la secundaria está impreso en el imaginario de los adolescentes: «yo no quiero ir a un bacho», «sólo los perdedores se quedan ahí», etc. frases que sólo tiene sentido en un escenario tan inequitativo como el que genera el pase reglamentado, porque al final, el Colegio de Bachilleres, lo mismo que el bachillerato de la UNAM tiene virtudes y vicios y numerosos docentes trabajan en las dos instituciones al mismo tiempo.
Considero urgente buscar una forma distinta ingresar a la UNAM, especialmente en este momento en que la demanda de lugares en el nivel superior será muy elevada debido al bono demográfico; es muy importante dar una educación de calidad, especialmente en matemáticas, física y química para que los alumnos elijan carreras de estas áreas, y no dejar atrás a una generación de alumnos que sólo por no cumplir con un número no tienen oportunidad de estudiar.
Teresa, estoy de acuerdo con los problemas adicionales que expones sobre el pase reglamentado. En cuanto al promedio del bachillerato, si bien, son muy diversas las maneras de evaluar y los niveles de exigencia de cada escuela y profesor, en términos agregados el promedio del bachillerato es un buen predictor del desempeño.
Me llama la atención que el texto se concentre en las soluciones y no en el problema. ¿Qué se pretende solucionar con tantas soluciones? ¿Por qué debería solucionarse?
Santiago, el problema es la inequidad en el proceso de admisión a la licenciatura.
Carlota, muchas gracias por tus reflexiones, sin duda el tema es muy polémico y la cantidad de comentarios que hay aquí es una pequeña muestra de ello.
En las entrevistas que he realizado con los propios estudiantes de la UNAM también ha salido ese tema a relucir, ojalá pronto podamos compartir algunos puntos de vista que ellos me han expuesto.
Saludos.
Santiago ¿A poco no es interesante que para variar alguien piense en soluciones? La mayoría se concentra en hablar de problemas, los problemas los conocemos todos, pero las soluciones no.
Saludos.
Querida Carlota, gracias por la respuesta. Bien mencionaste, no son comparables las experiencias de entrar a la Universidad que a la preparatoria. Más razón para tener un examen para todos. Las personas que buscan ingresar a las prepas de la UNAM son menos que las personas que intentan ingresar a la UNAM. Igualmente considera esto: las personas que terminaron el bachillerato son «mejores» en términos académicos que los que intentaban entrar al bachillerato porque sólo los «mejores» terminaron la preparatoria, mientras que todo mundo necesita un certificado de preparatoria. Así que la competencia en realidad es mayor, tanto numéricamente, como en cuanto a la calidad de los estudiantes. Si fuera cierto que los egresados de las prepas de la UNAM son mejores, fácilmente podrían pasar el examen de admisión. Ese no es el caso y lo saben, por eso defienden tanto su pase automático/reglamentado.
Coincido con el contenido del artículo. Me parece razonable las posturas de quienes pugnan por el pase automático, pero creo que revisar los criterios para ello, como subir el promedio, abriría nuevas y mejores posibilidades para analizar los problemas del nivel medio superior, entre otras cuestiones importantes. Efectivamente los puntajes mas altos en estos examen estandarizados se vinculan a niveles socio-económicos altos, pero también los promedios mas altos encontramos que provienen de ciertas preparatorias, ubicados en ciertos sectores sociales, al menos al interior de la república. En nuestro contexto sonorense urge una publicación de puntajes y sobre todo un análisis por tipos de preparatoria de procedencia para que este nivel reciba re-alimentación de lo que está egresando, y las familias puedan decidir que es lo mejor para sus hijos.