Éramos tan felices… en la Edad Media

De gira en la Huasteca —hace menos de un año— el presidente puso de ejemplo a un vendedor de jugo de caña para hablar del apoyo a lo que llamó “economía popular”; esa es, dijo, “la economía que estamos impulsando”. Usó al trapiche y al caballo como ejemplo de lo que se debe apoyar en México: “vamos requete bien”, señaló con entusiasmo en aquel momento. Así, entre otros muchos planes que AMLO tiene para México, se vuelve a recaer en la energía sucia. En silencio y tratando de pasar desapercibida, la Comisión Federal de Electricidad abrió una convocatoria para licitar la compra de cuatro millones de toneladas de carbón. La decisión del equipo del presidente López Obrador, que en su discurso siempre se pronunció a favor de la industria renovable, ha puesto en alerta al sector: se trata de un nuevo paso en la dirección contraria a los objetivos de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. De hecho, el viernes pasado (15 de mayo), se publicó en el Diario Oficial de la Federación un documento que impone una serie de limitaciones a nuevas centrales de generación de energía renovable; limita la emisión de permisos para nuevas plantas eólicas o solares y prohíbe la construcción de proyectos en lugares que considere congestionados o con poca capacidad de transmisión.

En el mismo sentido se orienta el Programa de Fomento a la Ciencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, por ejemplo, cuando su directora María Elena Álvarez-Buylla (MEAB) puntualiza que se trabaja de manera prioritaria en la tragedia humana que vive el país: la desaparición forzada de muchísimas personas. Así, cuando Karla Quintana, titular de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, le preguntó a MEAB: ”¿Cómo nos pueden ayudar?”, ésta respondió: “con toda nuestra voluntad”. Definitivamente —y a pesar de lo que diga John Ackerman— el presidente no es un científico, pero ¿quién asesora al presidente?

Los métodos actuales se parecen tanto, en ocasiones, a los de la Edad Media: el médico griego Hipócrates —pionero de la práctica de la observación clínica— creía que el catarro era causado por una acumulación de desperdicios en el cerebro (y no había redes sociales en esa época). Desde entonces, la sopa de pollo es aclamada como tratamiento contra el catarro (se sabe que el médico árabe Moisés Maimónides la describió como “un alimento y una medicina excelente”). De hecho, no estaba lejos de la verdad: estudios modernos han demostrado que el pollo contiene el aminoácido cisteína, que tiene propiedades descongestionantes. De manera que algunos tratamientos medievales fueron valiosos sin querer. En la Edad Media, algunos cristianos creían que el alma podía dejar al cuerpo durante el estornudo, así que a quienes sufrían de catarro se les exhortaba a cubrirse la boca, una costumbre que habría prevenido la diseminación de los virus.

Ilustración: Patricio Betteo

Para los griegos, aun antes de Hipócrates, la enfermedad era una manifestación de un desequilibrio de la armonía del cuerpo humano. Para el pensamiento semita del antiguo testamento, la enfermedad era considerada como la sanción de un pecado, ocasionada por el capricho o la venganza de dios. En el Nuevo Testamento, Jesús elevó a un nivel superior estas visiones del infortunio vital del ser humano y a partir de eso se dio un nuevo sentido a la enfermedad. Es en esta época cuando cobra cuerpo la idea cristiana de enfermedad, no como castigo de la divinidad, ni tampoco como azar del cosmos, sino como prueba al ser humano.

A lo largo de los siguientes siglos, las ideas relacionadas con la causa y la vivencia de las enfermedades siguen un incesante vaivén. En el siglo XVI es el satanismo la patología psíquica dominante: Satán hace perder la razón a aquellos de quien se apodera. La palabra Satanás proviene del griego antiguo, (en hebreo Satán significa "adversario"; en árabe, "mal camino”). Los que fueron muy populares desde el siglo XIII son los escapularios (o “detentes”) con la admonición: “detente, Satanás” o bien, "detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo", como dice el texto que leyó AMLO en su escapulario. El presidente explicó, que "el escudo protector que, es como el detente, es la honestidad”. Mucha confianza tendrá AMLO en su escudo protector, pues se le ha visto rechazar gel antibacterial antes de la mañanera en Palacio Nacional. La acción del mandatario se da en contra de la recomendación médica por la pandemia de coronavirus (peor aún, expuso al contagio a miles de personas que lo acompañaron esa mañana).

A partir del siglo XIV se inicia la “caza de brujas” como respuesta al culto a Satán. Historiadores estiman hoy día que el número de víctimas se situó entre 50 000 y 100 000, contando tanto los condenados a la hoguera por los tribunales de la Inquisición, como los condenados por la Reforma. Obviamente fue un número elevado de afectados en proporción a la población europea de la época. Y entre estos condenados a muerte, se estima que alrededor del 80 % de las víctimas fueron mujeres. Esta práctica se extendió por cerca de cuatro siglos. Sin duda, estos ajusticiamientos calificarían hoy en día como feminicidios (las acusaciones de brujería son todavía muy comunes en algunas partes de África occidental).

Poco a poco, en siglos recientes, se va imponiendo una visión optimista en el progreso humano ilimitado que puede llevar a vencer la enfermedad; se cree en una política sanitaria universal a favor de la salud. En las décadas de los años 60 y 70 del siglo XX parecía que la humanidad —al menos en el occidente desarrollado— estaba a punto de llegar a la total erradicación de la enfermedad. En este sentido: las enfermedades infecciosas podían ser combatidas eficazmente gracias al poderoso arsenal de antibióticos; para las demás enfermedades, parecía que las investigaciones seguían un camino siempre ascendente y no lucía descabellado pensar que en un futuro no muy lejano fuera posible la prevención y curación de las mismas. Así, desde 1948, la Organización Mundial de la Salud (OMS), definió la salud como: un estado de completo bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de enfermedad. La posesión del mejor estado de salud, que es capaz de conseguir, constituye uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, cualquiera que sea su raza, religión, ideología política y condición socio-económica.

Por otro lado, es interesante contrastar estos datos con las posiciones de los gobernantes ante la pandemia del coronavirus. En Bolivia, la presidenta interina, Jeanine Áñez, declaró que el pueblo vencerá al virus con oraciones; en Nicaragua, con manifestaciones políticas; en México, con “detentes”, y en Estados Unidos Trump recomienda una inyección de Lysol.

¿Y qué hay del resto del mundo? Parece que China ya pasó la peor parte de la pandemia (incluso tiene menos muertes diarias que México). Europa está saliendo poco a poco del confinamiento. Sin embargo, parece deseable alcanzar la baja letalidad del virus que se tiene en Alemania. Por supuesto esto se debe a varios factores. Las cifras alemanas seguirán muy abajo de las de Italia y España, mientras este país pueda ofrecer la prueba de la enfermedad a sus ciudadanos masivamente (en México sólo se practican 756 por millón de habitantes). Mientras en la mayoría de países los líderes han optado por promover el aislamiento social, en Rusia, Vladimir Putin ha continuado con los mítines masivos (cualquier parecido con México no es mera coincidencia). Según el último índice global elaborado en Estados Unidos por el Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria, México se encuentra en el puesto 25 entre los países de todo el mundo mejor preparados y con más capacidades para enfrentar una crisis de salud. No obstante, los médicos de importantes hospitales mexicanos señalan que los insumos para hacer frente a la epidemia han escaseado, incluso en algunas zonas ya no hay cubrebocas. Mientras tanto, el Ejecutivo mexicano descarta realizar más compras masivas extraordinarias de medicamentos, insumos necesarios y pruebas.

La cura final y definitiva del coronavirus será la fabricación de una vacuna. Mientras tanto, la influenza usual sigue siendo un reto como lo era ya en la Edad Media. Trapiches y brujas aparte, nuestro país tiene que avanzar mucho todavía para salir de los tremendos rezagos en que vivimos, superar la pobreza y la ignorancia de millones de compatriotas que, lejos de vivir felices, apenas tienen para sobrevivir.

 

José Antonio de la Peña
Investigador del Instituto de Matemáticas de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional.

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Publicado en: Política científica

2 comentarios en “Éramos tan felices… en la Edad Media

  1. Excelente nota. Tomese en cuenta que esta «pandemia» solo es el prologo de un complot o estrategia para acabar con la economía mundial. No es falso pero la verdad aparente del caso requiere la concientizacion de todos e informarse para no caer en la mnipulación del monopolio capitalista.

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