No mentir, no robar y no traicionar son principios éticos esenciales que a todos debieran habernos inculcado desde la infancia; que forman parte de los preceptos de varias religiones y códigos morales, algunos de los cuales norman la convivencia armoniosa en las sociedades democráticas. El partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) enarboló esos tres principios como parte de las justas demandas del pueblo de México, cuyo apoyo indiscutible y mayoritario le permitió llegar al poder.
Pero parece que los diputados de Morena y sus aliados han olvidado estos preceptos. Esta semana, en sendas sesiones de la Cámara de Diputados, se discutió la posibilidad de extinguir los fideicomisos de ciencia y tecnología de los 26 centros públicos de investigación (CPIs), entre otros; en total quieren desaparecer 109. Me centraré en los fideicomisos de los 26 CPIs por tres razones: primero, porque son los que conozco pues pertenezco al gremio; segundo, por deformación profesional (soy científico), sólo hablo de lo que sé y me baso en evidencia; tercero, supongo, como muchos otros mexicanos, que algunos fideicomisos han sido utilizados para hacer cosas incorrectas: debiera demostrarse y perseguirse de oficio. No es motivo válido para extinguir todos los fideicomisos de golpe.

Ilustración: Estelí Meza
No mentir
En muchas de las exposiciones de los legisladores a favor de extinguir los fideicomisos, se dijo falazmente que era necesario terminar con todos ellos pues se utilizan para —parafraseo, pero recojo la esencia de los posicionamientos de los diputados a favor de su extinción— “desviar recursos públicos, para utilizarlos discrecionalmente y de manera opaca”. Mienten, mienten y vuelven a mentir.
En las tres sesiones de parlamento abierto a las que varios de los titulares de los CPIs fuimos invitados, demostramos que: 1) nuestros fideicomisos no son cajas siniestras donde se esconde el dinero público. Se nutren principalmente de recursos autogenerados (o sea, no otorgados por la Federación) o de donativos de terceros. 2) No son instrumentos de uso arbitrario. Los recursos no pueden ingresar a los fideicomisos sin el visto bueno y la aprobación de nuestros órganos de gobierno, donde tienen asientos permanentes la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y la Secretaría de la Función Pública. Los fondos no pueden otorgarse sin convocar a un comité técnico independiente (donde también tiene asiento permanente la SFP) que, con base en las reglas de operación aprobadas por las autoridades competentes, autoriza los proyectos o acciones en beneficio del centro que recibirán apoyo. 3) Distan de ser opacos. Dos veces al año, en las sesiones del órgano de gobierno, tenemos la obligación de rendir cuentas de los fideicomisos, amén de que los datos de los mismos son públicos y revisados por la Auditoría Superior de la Federación.
En esas sesiones de parlamento abierto también dejamos claro que los recursos de los fideicomisos no sólo no le cuestan un centavo al erario, sino que complementan al presupuesto federal que se nos otorga, pues los fondos indefectiblemente se utilizan para y en beneficio de los centros públicos de investigación. La principal ventaja práctica, operativa, de los fideicomisos es la flexibilidad: no están limitados por los tiempos fiscales ni políticos. En otras palabras: el dinero ahí depositado no tiene que usarse o devolverse a la Federación en el curso de un año, como es el caso de los recursos otorgados en el presupuesto de egresos, ni está sujeto a los vaivenes sexenales. Esto es fundamental para poder hacer investigaciones científicas de todo tipo: ninguna está acotada por el año-calendario ni por la alternancia en el poder político. Generalmente se trata de proyectos de mediano o largo aliento, de varios años de duración. Por dar un ejemplo, es fundamental que si se estudia la floración de un árbol tropical, se tenga la libertad de ir al campo en repetidas ocasiones cuando éste se tiña de colores, independientemente de si esto ocurre en diciembre o en enero; si fuese dinero fiscal, en diciembre se podría hacer, en enero ya no.
También es importante mencionar que aparte del soporte flexible para las investigaciones, de los fideicomisos salen muchas de las becas para apoyar la formación de los científicos del mañana. De ahí se paga buena parte del mantenimiento rutinario de equipos científicos e infraestructura de los centros. Particularmente cuando no se cuenta con recursos federales para hacerlo, que ha sido cada vez más frecuente desde hace un lustro.
Finalmente, de los fideicomisos han salido los recursos para enfrentar emergencias, que por su naturaleza no se pueden programar/presupuestar, como los daños causados por sismos o huracanes. Las y los legisladores escucharon todo esto en el parlamento abierto. Prácticamente todos nos dijeron en las sesiones que, convencidos de la valía y utilidad de los fideicomisos, los respetarían. Hasta pronunciamientos por escrito hubo.
De hecho, en el dictamen de la comisión de presupuesto y cuenta pública que pretende extinguir los fideicomisos, se recoge de manera bastante exacta nuestra detallada exposición de motivos. En ella, argumentamos que no sería ni benéfico ni deseable que se extinguieran estos mecanismos que nos permiten a los CPIs cumplir con nuestra función sustantiva y apoyar al Estado en este cometido. Asimismo, se recopilaron las afectaciones de manera extensa; citando textualmente la conclusión del propio dictamen, pueden resumirse así:
Extinguir los fideicomisos sin alternativas viables redundaría en un retroceso para la capacidad del Estado de generar conocimiento que requiera la sociedad mexicana del siglo XXI. En este momento se necesita más investigación y desarrollo debido a la pandemia. La iniciativa provocaría que hubiera menos investigación y desarrollo en el país.
No traicionar
Ante esta conclusión del documento legislativo, sin haber ofrecido ninguna evidencia de malos manejos ni corrupción en los fideicomisos de los CPIs, ni mencionado ninguna alternativa ni propuesta concreta de mejora, es natural que hayamos manifestado nuestro descontento al ver que pretenden extinguir nuestros fideicomisos: nos sentimos traicionados. Y no estamos solos en esto: en estos días, la comunidad científica de este país se ha manifestado en pleno y de manera explícita, presentando argumentos en contra de la intención de aniquilar los fideicomisos de ciencia. Miembros de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, el Cinvestav, prácticamente todas las sociedades científicas del país y ciudadanos independientes —a través de firmas— se han expresado en contra de esta decisión.
Los científicos no nos sentimos satisfechos con la ambigua promesa de que no tenemos que preocuparnos por la desaparición de los fideicomisos pues se seguirán “entregando/recibiendo los apoyos”. De entrada, los fondos de los CPIs contienen mayoritariamente recursos autogenerados —que no le han costado al erario— de modo que esta explicación no se sostiene. También nos preocupa que, de concretarse la oferta más que bienvenida por supuesto, de que los legisladores otorguen más recursos a la ciencia en el presupuesto del año entrante y todos los subsecuentes, estos apoyos vengan con la camisa de fuerza temporal de los dineros fiscales, ¡justamente por eso se crearon los fideicomisos de ciencia!
No robar
De ninguna manera afirmo que nadie se esté robando el dinero de los CPIs, pues asumo que ningún legislador realmente propondría tal cosa. Pero, con la innecesaria complicación de extinguir los fideicomisos de un plumazo, sí se estará robando el futuro de los miles de alumnos que de un día para otro se quedarán sin becas y de los académicos de ciencias naturales, exactas y humanidades que de pronto verán desvanecerse los recursos para continuar sus investigaciones. Se estará despojando a infinidad de científicos de la libertad de diseñar y hacer estudios sin tener que preocuparse por que estos duren años y tengan resultados y necesidades imprevistos. México se verá birlado de una buena parte del aparato científico que ha costado medio siglo edificar y que puede demostrarse fehacientemente que ha beneficiado al país, paulatinamente impulsando su independencia. Y la comunidad científica mexicana se verá lastimada y mermada justo cuando a nivel mundial se reconoce la importancia de un aparato científico robusto para enfrentar los retos monumentales de la humanidad: la pandemia de covid-19 y la más preocupante aún afectación de la capacidad de nuestro planeta de sustentar la vida a causa de las actividades de nuestra especie.
Estoy perfectamente consciente de que luego de esta exposición quedo sujeto a posibles descalificaciones. Sin embargo, concluyo con las palabras de la diputada del partido en el poder Lidia García Anaya, al conminar a sus compañeros de bancada a no aprobar sin distingos el certificado de defunción de los fideicomisos de ciencia: “Parte de los principios de Morena es y este dictamen engaña y traiciona a los investigadores que explicaron la importancia de los fideicomisos para la investigación”. Además, me sumo a todas las voces que se han expresado porque no se apruebe la desaparición de los fideicomisos relacionados con el desarrollo científico del país. Hago votos porque seamos escuchados.
Miguel Rubio Godoy
Investigador y director general del Instituto de Ecología, A. C.
Sr Rubio … Sus argumentos me parecen impecables. Tengo la impresión que están quitando los fideicomisos porque lo que quieren es el dinero.
Sr. Rubio Godoy, nos podría dar ejemplos claros y precisos de lo que dice “que puede demostrarse fehacientemente que ha beneficiado al país, paulatinamente impulsando su independencia”.
Un ejemplo es la resistencia de muchos científicos a los transgénicos, ya que sin ella, habrían arrasado en tiempos de Peña y desde antes, no el 40%, sino la totalidad del campo mexicano productos de maíz (entre otros cultivos). Otro ejemplo es que sin educación pública en Economía, un 95% de los economistas mexicanos serían tecnócratas formados en el ITAM y el Tec. Otro ejemplo es que sin buenos ingenieros y físicos nacionales, todas las grandes infraestructuras –desde Pemex y Laguna Verde, hasta Malpaso, Infiernillo, Angostura y carreteras que empiezan por México-Cuernavaca, serían concesiones a las equivalentes de OHL.
Falso, soy ingeniero y creo que el ingeniero en la práctica nada le debe a la “investigación “.
Es más, los países como China y Corea no despegaron gracias a la “investigación”. Fueron las reformas económicas las que generaron la prosperidad y desarrollo industrial, el cual a su vez, promovió la investigación.