Jóvenes “a la intemperie”: la ausencia de una política de formación e inserción

En prácticamente todos los países existe un grupo de jóvenes que ha truncado su itinerario educativo debido a diversas razones económicas, sociales, familiares y/o personales. En el caso de México, muchos se ven obligados a interrumpir sus estudios sin haber obtenido su certificado de educación media superior, nivel educativo que forma parte de la educación obligatoria desde 2011. Algunos datos revelan que sólo un 60.9% de la población de 15 a 17 años ingresa a media superior (INEE, 2014); aunado a ello, el abandono en este nivel es de un 40% (Weiss, 2014). Ambas cifras hablan de la magnitud del problema en lo que se refiere a jóvenes que no cuentan con estudios de media superior acreditada, más grave aún si pensamos en la cifra de ocho millones de jóvenes que se encuentran en situación de no estudio y no trabajo. Para la mayoría de estos jóvenes, su paso por el sistema educativo quedó atrás –o postergado– en sus trayectorias de vida, por lo que enfrentan ahora el reto de la transición al mundo del trabajo. Lamentablemente, ésta se complica por agravantes, tales como: baja escolaridad, falta de experiencia laboral, trayectos educativos marginales, no contar con competencias para el trabajo, la corta edad, falta de redes sociales, entre otras.

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En este nuevo escenario de vida, muchos/as jóvenes se encuentran en una situación de abandono y a la deriva. Sin gran conocimiento, terminan insertándose en opciones laborales precarias y de alta rotación; otros encuentran espacios en el sector informal, hay quienes se aventuran en el frágil espacio del autoempleo, y algunos incursionan en el ámbito de la delincuencia. Son jóvenes que por lo general provienen de sectores de bajos recursos, con  problemáticas de desintegración familiar, contextos de violencia, desempleo, falta de oportunidades productivas, etc. Bajo estas circunstancias deben definir sus futuros escenarios de vida y, en esa dinámica a ciegas, buscan abrirse camino, van de alguna manera “rebotando” entre la diversidad de opciones que se les presentan: laborales, educativas y de formación. En este “rebote” los/as jóvenes se encuentran sin algún apoyo que les permita encaminar sus decisiones, analizar las diferentes opciones de estudio y trabajo, trazar e imaginar sus futuras trayectorias personales y profesionales: son jóvenes “a la intemperie” que ante la falta de un programa que los oriente se ven obligados a ir sorteando en soledad y por sí mismos las diferentes alternativas existentes.

Partiendo de esta realidad, un ejemplo que invita a la reflexión es el caso del Programa de Formación e Inserción (PFI), que se desarrolla en Cataluña, España y que tuvo como antecedente el Programa de Garantía Social (PGS) (1995-2006). El PFI retoma la experiencia y subsana algunas debilidades del PGS, entre ellas el diseño sin continuidad posterior de los estudios. Lo que distingue al PFI (también sello del PGS), y que marca un contraste inevitable con la política de formación para el trabajo en México, es el tener muy presente en la política educativa al segmento de jóvenes que ven truncadas sus trayectorias educativas y que no han podido obtener el certificado de educación básica obligatoria. Se parte de que existe un segmento de jóvenes que no culminan su educación básica y que se encuentra en proceso de transición al mundo del trabajo, luego pues se diseña y pone en operación un programa específico que responda a la problemática global de la transición de los jóvenes desfavorecidos: se les apoya en su proceso de inserción profesional y re-inserción al sistema educativo.

El programa busca ser un acto continuo de acompañamiento y de apoyo a la construcción de alternativas para los jóvenes sin la certificación básica. Se distingue por ser integral, por querer facilitar el tránsito de estos jóvenes a la vida activa, por tener vínculos con el mundo del trabajo a través de pasantías y por tener continuidad con grados superiores. Asimismo, busca favorecer el desarrollo de competencias (tanto técnicas como blandas), atender a la problemática social de los jóvenes, orientar en el desarrollo de posibles proyectos productivos, apoyar proyectos personales de vida, y promover su reinserción al sistema educativo. En mi opinión, el  punto clave del PFI es partir de una política específica de formación orientada a este grupo de jóvenes en el ánimo de facilitar su proceso de transición. No se les deja solos, no están a la intemperie.

En este marco es importante comentar sobre el programa de La Comuna, con raíz en las Misiones Locales de Francia, que se implementó en la Ciudad de México entre 1999 y 2008. Un elemento definitorio del programa consistía precisamente en la labor de consultoría y apoyo que se debe dar a los jóvenes en este entrecruce de caminos. El programa partía de que los jóvenes que se enfrentan a estas circunstancias deben contar con un servicio que les brinde asesoría psicológica, educativa y laboral. Intentó funcionar como un espacio de contención, de abrigo, ante las circunstancias difíciles de desorientación y falta de conocimiento a la que se enfrentan los jóvenes que atraviesan por esta etapa. Este programa fue ejemplo de una concepción diferente de la capacitación donde el proceso de transición a la vida activa se atendía de una forma integral. Lamentablemente, a la fecha, no existe ningún programa de capacitación que haya retomado este enfoque.

En México contamos con un abanico de opciones, que van desde la oferta de capacitación de parte de la Dirección General de Centros de Formación para el Trabajo (DGCFT) a través de los ICAT y los CECATI, hasta diferentes instancias que promueven el acceso al empleo, el desarrollo de emprendimientos, acceso a préstamos económicos, estrategias para la re-inserción al sistema educativo con miras a la acreditación del bachillerato y la continuación de estudio superiores (Prepa Sí, Ceneval Acuerdo 286, etc.). Se trata de programas pertinentes en sí mismos, lamentablemente no se encuentran articulados entre sí,  no abordan la problemática en conjunto que enfrenta este segmento juvenil, ni forman parte de una política integral de capacitación. Los jóvenes se van encontrando con estas opciones en caminos de búsqueda personales, van “rebotando”, se van enterando por diversas fuentes, incursionando en diferentes programas sin el cobijo de un programa que responda a sus necesidades de forma integral en este momento de transición.

El hecho es que sí existen programas a los que se incorporan los/as jóvenes, sin embargo no existe una política específica de formación e inserción de la cual formen parte. A ello se debe que este segmento de jóvenes, durante esta etapa crucial, no cuente con un programa específico que los resguarde. Esto lleva a que un millón 800 mil jóvenes que no están en el bachillerato, debido a que no terminaron la educación básica o abandonaron sus estudios de nivel medio superior (Tuirán, 2014), tengan que transitar durante este periodo “a la intemperie”. 

Nos preguntamos entonces ¿por qué no se ha hecho nada al respecto? ¿Por qué no se considera algo prioritario? ¿Es un tema de voluntad política, de falta de interés, poca sensibilidad ante la problemática, subestimación de la capacitación? ¿Es una situación con una baja tasa de retorno? Muchas preguntas que inquietan y que ante la falta de respuesta llevan  a permanecer en una inercia que como sociedad tiene un costo muy alto.

Enrique Pieck Gochicoa es investigador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México  (INIDE-UIA).


Referencia

Diputació de Barcelona. 1998.  Aproximacions a la garantía social. Barcelona: Estudis 1.


8 comentarios en “Jóvenes “a la intemperie”: la ausencia de una política de formación e inserción

  1. Certero y muy interesante el articulo. pienso que la capacitacion para el trabajo deberia ser obligatoria desde la educacion secundaria, (cuna de criminales), y continuarse a nivel bachillerato en las escuelas de filiacion universitaria, porque la buena labor que desempeñan los CETIS y CECATIS se limitan a las escuelas del Instituto Politecnico Nacional, mientras que los egresados de C.C.H.s, Prepas y demas no saben hacer nada al terminar sus estudios medios.

    1. Caracterizar a las secundarias como «cuna de criminales» es exagerar. A pesar de todos los problemas ya reconocidos, la educación pública en primaria logra dar cierto nivel educativo. Pero la secundaria es el punto débil del sistema oficial. El problema es que no tienen maestros para dar las materias. El problema está en el concurso de horas para dar clases en secundaria; ocurre muy seguido que un profesor obtenga 9 o 10 horas, pero repartidas en tres escuelas a buena distancia una de otra, y como resultado, el profesor o cambia las horas, tratando de juntar todas sus horas en una sola escuela, o las abandona.
      Quiza este problema encubre falta de recursos. Y con los recortes anunciados recientemente con pretexto del Brexit, iremos a peor.

  2. Muchas gracias Enrique por escribir sobre este tema, tan relevante y tan triste para la vida de México, la situación de indefensión en el que se encuentran las juventudes es un tema «no relevante» para nuestra clase política que busca votos, para el gobierno y para los empleadores, me atrevo a decirlo porque llevo 18 años trabajando en el binomio juventud-empleo y no veo que las cosas cambien para bien, por el contrario. Tengo una AC y trabajamos cursos de capacitación en coordinación con el Servicio Nacional de Empleo de la CDMX y lamentablemente soy testiga de ver que la misma Secretaría del Trabajo, con su cerrada normatividad se queda corta con la atención a todos los desempleados, por ejemplo, a los jóvenes los dejan más a «la intemperie», fuera de la Formación Laboral ofrecida por el SNE a nivel nacional, si éstos han estudiado carreras técnicas en escuelas privadas incluso incorporadas a la SEP o a la misma STPS. Es paradógico que la misma institución que debe resolver estos problemas, también discrimine y contribuya con la no atención. Ojalá! una alta autoridad de la STPS leyera tu artículo y se comprometiera, no a justificar porqué lo hacen, sino a tener una normatividad más incluyente, congruente con lo que predican en teoría (hasta una dirección de inclusión social tienen en el SNE jajajaja)… de nuevo gracias Enrique!

  3. Estimado Enrique es un artículo interesante y como buen comentas hay algunas alternativas pero sin articulación a otras y se pierde la información importante. Por ejemplo se encuentra la UNADM es la Universidad Abierta y a Distancia de México de la SEP, la cual ofrece más de 10 carreras entre licenciaturas e ingenierías, totalmente gratis. También hay preparatoria y Técnico Superior Universitario. Quizás el problema es aún cuando solo necesitan una computadora e Internet, para muchos podría ser imposible acceder a esto. Yo he sido docente en esta Universidad desde 2009 y todavía son pocas personas que saben de ella. Quise publicar esto como para extender la información de esta oportunidad.
    Saludos!

  4. Es sólo uno de los aspectos de esta etapa tan vulnerable derivada del problema de comunicación que caracteriza a los jóvenes pues tal parece que ellos tienen otro lenguaje que excluye al resto de adultos y por lo que estos digan no es de valor.

    1. En este caso no creo que se trate del típico problema de comunicación entre generaciones. Más bien pienso que se trata de un problema de comunicación de parte de las instituciones de formación, las que no han sabido cómo acercarse a las necesidades de los/as jóvenes. Por ejemplo, es común el comentario que cuando se habla de Icat o Cecati pocas personas saben cuál es la oferta de este tipo de instituciones. No se diga de otras instituciones que apoyan en materia de emprendimientos o financiamiento de proyectos…., todo ello resultado de una política de formación e inserción que permita articular e integrar este tipo de ofertas…

  5. Excelente opción de la revista Nexos, el poder hacer comentarios. El trabajo es la vía a través de la cual los individuos se forman y se insertan en la vida de la sociedad, sin empleo no hay destino. En la actualidad los jóvenes en edad laboral viven una real tragedia, no tienen un horizonte de vida ya no digamos garantizado, sino, ni siquiera probable. La problemática de los jóvenes va más allá de la formación y la inserción. Sucede con el problema educativo lo mismo que sucede con otros problemas de la sociedad mexicana contemporánea: valga como metáfora, sucede con la problemática de la educación y la formación profesional, lo que sucede con todas las medidas para generar la movilidad de los vehículos den la Ciudad de México, pueden construir todas las vías imaginables y poner en operación todo genero de transportes, a final de cuentas, son soluciones que no resuelven ningún problema, sólo lo aplazan. La verdadera solución del problema del empleo y de muchos otros problemas económicos tiene que ver con las construcción de un capitalismo, acorde con nuestra escala económica, pero y este es el principal de todos los problemas, «nuestra clase dirigente que primero se adueño del poder político y después lo ha secuestrado -y eso incluye a todos los partidos–, no entiende ni sabe como construir el capitalismo. Basta una observación, es increíble que la clase dirigente contando con enormes contingentes de fuerza de trabajo, no sea capaz de ponerlos a producir sus propios alimentos, vestido, salud, vestido, vivienda, educación. Son una clase dirigente que nunca ha estado a la altura de su compromiso como clase rectora y conductora del proceso social. Otro ejemplo muy significativo de la incapacidad de esa clase dirigente esta en la muestra de desarrollo tecnológico de países como la india que acaba de poner en órbita 20 satélites con un sólo cohete. Por sólo mencionar dos paradigmas muy simples de la incapacidad de la clase dirigente. y este malestar de esa misma clase es que con el auge de las políticas neoliberales y «la mano invisible del mercado», ellos lo han interpretado a su modo, como su liberación del compromiso que implica ser precisamente «la clase dirigente»…con eso de que el Estado no debe de intervenir en lo económico, entonces ellos ni por asomo se tienen que preocupar de nada que no sea «administrar el aparato de gobierno» y nada más que eso. Sólo para terminar es necesario recordar aquella frase que dice «el trabajo es la cantera del capital». Sin formación de capital, no hay empleo,y sin empleo no hay destino para esos jóvenes…cabe señalar que debido a la escasez de luces en su espíritu, ellos permanecen en un estado de anomia social…¿que va a ser de ellos? Acaso no es una enorme tragedia el desperdicio de recursos humanos y de intelectos geniales que se pierden en este estado de cosas…hasta cuando con esa clase dirigente que además de todo hace gala de su ignorancia en las alamedas del poder…recuerdo un amigo que cuando jugábamos algún deporte me decía «vamos a jugar, pero en serio y no por entretenernos solamente», la clase dirigente no sabe construir el capitalismo es analfabeta en esos términos…como dicen los británicos, «no entienden que no entienden»

  6. Enrique, gracias por compartir esto… creo que precisamente la Alianza de la Fundación Comunitaria de la Frontera Norte- Cenaltec, a través del programa Desafío cumple con una atención integral a los jóvenes desde desarrollo de habilidades blandas, acompañamiento psicológico, orientación vocacional, capacitación para el trabajo, prácticas profesionales. Ojalá este programa se pueda replicar en muchas otras ciudades del país.

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