En los últimos meses han surgido reflexiones variadas sobre el impacto de la pandemia en el universo educativo; no obstante, la educación militar no ha tenido el mismo espacio en el debate público que la educación civil. Considero, por tanto, que es preciso incluir en estas reflexiones a la instrucción castrense, misma que se percibe ajena al paisaje educativo que cotidianamente se lee, se vive y se observa. La realidad dista de ser el caso. Por mencionar algunos ejemplos: el personal militar que colabora en el proyecto del nuevo aeropuerto, que forma las filas de la Guardia Nacional, o bien, que se bate diariamente en contra del crimen organizado se conduce bajo los principios propios del sistema educativo militar. En este sentido es pertinente preguntar: ¿qué desafíos educativos implica el covid-19 para el Ejército Mexicano? ¿Las consecuencias del virus han trastocado prácticas que ahora se antojan inviables o al menos frágiles? ¿Qué tópicos ha colocado la pandemia al centro de la educación militar?
La pandemia provocó que todas las instituciones y niveles —tanto las autoridades como los docentes y los estudiantes— transitaran al empleo de prácticas pedagógicas impartidas en línea. El Ejército Mexicano no estuvo exento de esa lógica emergente.

Ilustración: Víctor Solís
El sistema educativo castrense es amplio; cada escuela, centro y colegio que lo conforman guarda su propia “mística” y perfil. No obstante, de una u otra manera, todos fueron partícipes de esta transición. Aun cuando cada plantel del instituto armado tenga principios particulares, algo es cierto: su tronco formativo guarda principios diferenciadores de la educación civil; por otro lado, pese a su perfil específico, todos los recintos militares descansan sobre una base de nociones en común.
La disciplina, la práctica y el liderazgo son tres de los ejes transversales de la educación castrense. A mi juicio, dado que sólo se aprenden presencial y comunitariamente, son precisamente los más afectados por el covid-19: si bien no han desaparecido, al menos se han relajado.
Parece sencillo, pero es el día a día lo que hace posible que los discentes interioricen las actividades de despertar a muy tempranas horas del día; que se preparen ágilmente; pasen lista; se ejerciten, y estén en clase puntualmente. A la par de la práctica de esos hábitos, también desarrollan el sentido del deber, del servicio y el patriotismo, ejes torales de la filosofía militar. La aspiración de la formación militar no sólo es transmitir un bagaje intelectual, sino también convertir en hábitos una serie de movimientos cuya práctica, constante y disciplinada, hagan del alumno un “militar virtuoso”. En suma: la disciplina es el conducto de la virtud, pero sólo se adquiere en la práctica. Este aspecto se alteró cuando muchos estudiantes, principalmente aquellos que acuden a escuelas de formación —el H. Colegio Militar, la Escuela Militar de Transmisiones, la Escuela Militar de Ingenieros, entre otros—, tuvieron que retornar a sus casas y, desde ahí, dar cumplimiento al temario.
Como señala el proverbio: “dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. En otras palabras, para que los ingenieros militares, por ejemplo, adquieran maestría en sus funciones, deben acudir diariamente a los laboratorios a probar, una y otra vez, la teoría; lo mismo sucede con los cadetes del H. Colegio Militar quienes asimilan el conocimiento relacionado con su respectiva arma en los adiestramientos, y así podríamos enumerar cada uno de los recintos educativos. Además de la aplicación de las áreas de conocimiento, la formación castrense comprende un componente adicional: la capacidad de ejercitar continuamente el carácter de los estudiantes, ya sea para llevar a buen fin sus propias tareas, o bien, para dirigir a quienes estarán bajo su mando. Por lo que la estancia alargada en los hogares —por el bien de todos, claro está— trajo consigo un escenario más: el debilitamiento del liderazgo, tercer eje de la educación militar que aquí consideramos.
En sus labores, los militares enfrentan continuamente situaciones límite. Tienen que tomar decisiones inmediatas; deben superar escenarios de frustración, desgaste emocional, cansancio extremo e inclemencias. Y, pese a la adversidad, están obligados a esforzarse por culminar exitosamente la tarea encomendada con base en el trabajo en equipo, preparación constante y fortalecimiento del carácter. Ninguna de esas actitudes viene espontáneamente; se aprenden de los instructores quienes, con base en su buen liderazgo, forman a los futuros guías. La capacidad de dirigir, al igual que las virtudes y la disciplina, es producto del entrenamiento permanente, presencial y comunitario. “El liderazgo militar es una acción individual pero su razón de ser (fundamentos) y su propósito (fin) son colectivos”. Por lo tanto, el punto nodal de la realidad educativa militar en el contexto de la emergencia sanitaria no descansó únicamente en el montaje acelerado de las clases virtuales, sino también en la privación del ejemplo, experiencia y moralización que los instructores transmiten bajo su liderazgo presencial.
En conclusión, la pandemia que está conmocionando a los sistemas educativos no dejó exenta a la educación militar. Su transformación aludió, al igual que la enseñanza civil, a cuestiones del uso continuo de la tecnología, de flexibilización en el cumplimiento del currículo y del diseño emergente de pedagogías adecuadas a una vida confinada. Pero, además, la contingencia sanitaria trajo desafíos específicos al instituto armado mexicano. Una vez que se reanuden las clases presenciales, los encargados de dirigir la política educativa y la transmisión de conocimientos ciertamente deberán priorizar el uso de las tecnologías de la información y comunicación; asimismo, tendrán el reto de construir nuevos mecanismos que den razón permanente y conscientemente de la filosofía y ética del militar. Será preciso que la educación castrense responda cuidadosamente a las necesidades contemporáneas sin perder de vista su razón de ser.
Mónica Santos
Profesora de historia militar en el Centro de Estudios del Ejército y Fuerza Aérea, perteneciente a la Sedena.