La incertidumbre sobre la escuela presencial

Han pasado 18 meses desde que se declaró la pandemia de SARS-CoV-2. Nuestra vida se llenó de incertidumbre. No conocíamos nada de cómo lidiar con este virus. Todavía recuerdo esos días en los que todos imaginamos que esto pasaría a lo más en un mes. Soy médica e investigadora en neurociencias en un hospital infantil y me dedico al estudio del impacto de la adversidad infantil y de la resiliencia en la conducta y en la arquitectura del cerebro de niños y jóvenes. Como tal, no era personal de salud de primera línea; además, como madre de dos niños menores de 5 años, me permitieron trabajar desde casa, pues se temía que la población infantil fuera vulnerable para enfermedades respiratorias.

Ilustración: Víctor Solís

Después de semanas de estar con mis hijos, leer muchos artículos sobre SARS-CoV-2 y ver cómo se desarrollaba la tragedia, me pidieron que regresara a trabajar al hospital, porque a pesar de no tener una saturación en su capacidad hospitalaria, tenía una alta tasa de contagios entre el personal de salud. En ese momento comenzábamos a darnos cuenta de que los niños no eran tan susceptibles al SARS-CoV-2, así que ser madre de menores de 5 años dejó de ser criterio para ser considerado vulnerable. Regresé al hospital para colaborar con el servicio de epidemiología para intentar encontrar la fuente de contagios entre el personal de salud. A pesar de la incertidumbre —y aunque ya contábamos con información suficiente para saber que los aerosoles eran la primera fuente de contacto— fue necesario seguir trabajando, no podíamos parar.

Esta encomienda fue mi bienvenida al mundo de la investigación en SARS-CoV-2; no obstante que el foco de mi trabajo son las neurociencias cognitivas, estoy en este trabajo porque me gusta entender los fenómenos que rodean la fisiología humana y me obsesiona encontrar indicios de certidumbre. La conclusión de mi labor fue que la mayoría de los contagios en el personal de salud ocurrían en la comunidad y no venían de los pacientes. Las cadenas de transmisión más grandes dentro del hospital eran de gente que había contraído el virus fuera de éste. La transmisión se puede mitigar si somos cuidadosos y seguimos todas las medidas ya conocidas, sobre todo cuando hay una transmisión muy alta en el lugar que vivimos. Hasta hoy he podido realizar mi trabajo y no he presentado síntomas; tampoco he necesitado hacerme ninguna prueba, pues no he sido considerada contacto de nadie. En este momento, una certeza en mi vida es que se puede trabajar en persona sin correr un riesgo alto de contagio.

Comenzaba septiembre de 2020 y los países europeos pujaron para el regreso de clases presenciales. La evidencia indicaba que los niños rara vez desarrollaban una presentación clínica grave de la infección por SARS-CoV-2 y eran menos propensos a transmitirla que los adultos. Por ejemplo, en Inglaterra, un estudio reciente concluye que el SARS-CoV-2 rara vez es mortal en niños y adolescentes, incluso entre aquellos con comorbilidades subyacentes. El riesgo para ser hospitalizado en terapia intensiva es 1 en 50 000 y de muerte es 2 en un millón. 

En México no era muy claro cuál era el riesgo para los niños de infectarse gravemente y morir a causa de una infección por SARS-CoV-2.  Evidentemente, nuestros sistemas de salud tienen más limitaciones que en países de altos ingresos. Además, teníamos más enfermedad grave y muerte en grupos etarios más jóvenes. Un grupo de madres médicas nos dimos a la tarea de hacer un análisis sobre la mortalidad de población pediátrica en niños en diferentes países, incluido México, así como un análisis sobre la  el riesgo de muerte en sujetos infectados por SARS-CoV-2 por grupo de edad y según la presencia de comorbilidades en Ciudad de México. En el primer trabajo, observamos que la mortalidad por SARS-CoV-2 en niños es muy baja. Sin embargo, existe una importante heterogeneidad internacional en la mortalidad pediátrica por covid-19 —que se correlaciona a la mortalidad neonatal histórica—,  la cual es un indicador de la calidad de los sistemas de salud y señala la importancia de los determinantes sociales de la salud en las disparidades de mortalidad pediátrica por covid-19 (y por cualquier otra causa). En México, al igual que en el resto de los países, la mortalidad en niños también es muy baja; sin embargo, los niños de 0 a 4 años tenían una mortalidad de 9.85 por millón, un poco más alta que en otros países. En un trabajo posterior confirmamos que el riesgo de muerte por infección por SARS-CoV-2 en niños es muy bajo y depende casi por completo de la presencia de comorbilidades. Para ponerlo en contexto: antes de la pandemia, en Ciudad de México el riesgo de muerte por causas prevenibles como infecciones congénitas (1871 muertes por millón en <1 edad); violencia (16 muertes por millón en 1-4 años); accidentes (15 muertes por millón en personas de 5 a 14 años), y suicidio (47 muertes por millón en personas de 15 a 19 años) fue igual o mayor que el riesgo de muerte por infección de SARS-CoV-2 en los grupos de edad pediátrica (ver gráfica 1).

La mayoría de los países europeos decidieron reiniciar la educación inicial y básica en forma presencial antes de la disponibilidad de vacunas contra SARS-CoV-2. En nuestro país no parecía cercano el momento del regreso a clases presenciales a pesar de que la transmisión comunitaria disminuía. Había argumentos fuertes de no hacerlo, como la falta de infraestructura en las escuelas y la vulnerabilidad de maestros y padres de familia. Además, México era de los países con datos más alarmantes sobre mortalidad en personas entre 40-59 años. Aun así, se autorizó la apertura de centros comerciales, restaurantes, bares y estadios.

Yo veía en mis hijos la necesidad de socializar con otros niños. Los dos cursaban preescolar y todos vivimos la frustración de la escuela en línea por lo poco que les aportaba para su desarrollo cognitivo en cuanto a autonomía, regulación emocional  y habilidades sociales. Además estaban las constantes luchas para que se conectaran a pesar de que claramente manifestaban su aburrimiento. Decidí que mi hijo menor —de 3 años— renunciara a la escuela: no se estaba beneficiando y quizá se estaba lesionando por esa modalidad. La participación del padre de mis hijos en la crianza fue lo que me ha permitido desarrollar mi trabajo plenamente, pero éste no es el caso de la mayoría de los hogares; antes de la pandemia, las madres eran el cuidador principal de niños en el 60 % de los hogares, y durante la pandemia ha aumentado a casi 80 %. Esto sin contar que el número de horas de cuidado que requiere la población infantil por parte de la familia ha incrementado sustancialmente desde que no contamos con escuelas ni centros de desarrollo infantil. Como efecto secundario, las repercusiones en el avance laboral de la mujer han sido catastróficas: 7 de cada 10 desempleos generados por la pandemia son de mujeres, según datos del Inegi.

 Ya abiertas las escuelas en algunos países, podía medirse el efecto que tenía en la transmisión del virus. Los estudios demostraron que las escuelas no son una fuente importante de contagio. Uno de los estudios más grandes sobre covid-19 en escuelas en Estados Unidos examinó a más de 90 000 alumnos y profesores en Carolina del Norte durante nueve semanas el otoño pasado. Dada la tasa de transmisión en la comunidad, "hubiéramos esperado ver unos 900 casos”. Pero cuando los investigadores realizaron un rastreo de contactos para identificar transmisiones relacionadas con la escuela, identificaron sólo 32 casos. Los críticos argumentan que sin las pruebas de vigilancia, los niños que no presentan síntomas no serán identificados ni contados, por lo que el número real podría ser mucho mayor. En Salt Lake City, los investigadores dieron un paso más: ofrecieron pruebas de covid-19 a más de 1000 estudiantes y personal que habían entrado en contacto con cualquiera de los 51 alumnos que habían tenido una prueba positiva. De las aproximadamente 700 personas que se sometieron a las pruebas, sólo 12 tuvieron un resultado positivo. Luego, los científicos utilizaron el rastreo de contactos y la secuenciación genética para identificar las transmisiones que ocurrieron en la escuela. Sólo 5 de los 12 casos estaban relacionados con la escuela, una tasa de ataque de únicamente 0.7 %. También se observó que cuando las medidas de mitigación no se respetan, los contagios pueden aumentar, como sucedió en una escuela secundaria en Israel durante una ola de calor.

Recientemente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ha hecho varios llamados para la apertura de las escuelas. Señala que es posible que:

[…] las pérdidas que sufrirán los niños y los jóvenes por no asistir a la escuela sean irrecuperables [….]. Los más afectados son a menudo los niños de entornos de escasos recursos que no tienen acceso a herramientas de aprendizaje remoto y los niños más pequeños que se encuentran en etapas clave de desarrollo.

En México, alrededor de 36.5 millones de niños, niñas y adolescentes no acuden a los planteles educativos desde marzo, al igual que en otros 19 países. Según el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), a partir de datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2020, se estima que la matrícula de alumnos se contrajo 2 millones como “posibles efectos de la pandemia”. Aún no están disponibles los datos sobre rezago escolar en México,  pero muy probablemente los años perdidos no podrán recuperarse. Con respecto al estrés mental, la encuesta Encovid reporta que un 32 % de los adultos presentaban síntomas severos de ansiedad y 25 % síntomas de depresión. En ambos padecimientos, se observa que la prevalencia de estas enfermedades es mayor en los hogares con menores recursos socioeconómicos. Además, alrededor del 50 % de los niños presentan signos de alteraciones emocionales. El problema de violencia estructural en que vivimos es particularmente relevante: de acuerdo a reportes de Save the Children México, 7 de cada 10 niñas y niños en el país son víctimas de algún tipo de violencia. México es el primer lugar de violencia y abuso infantil en países de la OCDE. Cada día mueren tres niñas o niños a causa de la violencia. En los últimos años fueron atendidas en servicios de salud 317 996 niñas por violencia sexual. El encierro por la pandemia ha agravado las situaciones de violencia preexistentes: la violencia contra los menores de edad aumentó durante el confinamiento hasta en un 100 % según datos del Sistema nacional de protección integral de niñas, niños y adolescentes, y se estima que 3 de cada 4 menores son violentados dentro de sus hogares. Además, se calcula que un 13% de los menores de 6 años no son cuidados por una persona adulta. Por otra parte, un 81 % de los hogares con niños de 0 a 3 años dejó de vacunarlos. Debemos recordar que todo esto va en detrimento del bienestar de niños y adolescentes. 

La mayoría de los datos mencionados arriba se engloban en el concepto que conocemos como adversidad infantil (AI). Las evidencias epidemiológicas y neurobiológicas muestran efectos acumulativos, en cascada y multidimensionales del trauma y el estrés asociados con las experiencias adversas de la niñez. La AI es un factor de riesgo importante para los niños y adolescentes en el desarrollo social, emocional y neuronal. La infancia se encuentra en alto riesgo de una variedad de resultados adversos en todas las etapas de desarrollo. Por ejemplo, la OMS calcula que el 30 % de las enfermedades mentales están relacionadas a la AI. Además, estudios recientes mostraron vínculos con enfermedades cardiometabólicas en etapas más avanzadas del curso de la vida, incluidas las enfermedades cardíacas y la diabetes mellitus tipo 2.

Dado que una de las limitantes más importantes para el regreso a clases se ha mitigado con la vacunación a personas mayores de 18 años, y dado que el impacto del cierre de escuelas en el bienestar de niños y adolescentes es —probablemente— irreversible,  yo respondería “sí” a la pregunta sobre el regreso a  las aulas.

La pregunta que nos debe ocupar ahora es el cómo. A lo largo de estos meses he participado en el comité de salud de la escuela de mis hijos. A finales de junio se regresó a un día presencial de clases a la semana. Pude darme cuenta de algunos problemas que van surgiendo al momento de abrir:

1. Preocupación de los maestros y padres de estar suficientemente protegidos con la vacunación. Es necesario presentar los datos de efectividad de las diferentes vacunas aplicadas en México, sobre todo las que no tienen datos publicados de la tercera fase para enfermedad, hospitalización y muerte. Si alguna de las vacunas tiene poca eficiencia, debe iniciarse un protocolo para reforzar la vacunación; se ha mostrado que la combinación de vacunas produce una muy buena respuesta inmune.

2. Un diagnóstico de las necesidades escolares y comunitarias para el aprendizaje.

3. Implementar las medidas de mitigación con eficacia comprobada para prevenir la infección por SARS-CoV-2 (uso de cubrebocas, lavado de manos, ventilación).

Otro aspecto básico es proveer a las autoridades escolares de apoyo en la toma de decisiones relacionadas con el acontecer epidémico. Los directivos y profesores no son epidemiólogos y requieren asesoría para manejar información como cuándo considerar a una persona contacto, cuántos son los días de infectividad de las personas antes de comenzar síntomas, entre otros. El Estado debería ofrecer este servicio de asesoría permanente para las autoridades educativas y no dejar esta tarea a comunidades escolares que no tienen porqué tener la  preparación profesional para realizar análisis epidemiológicos.

Aún quedan incógnitas que resolver: por ejemplo, si los niños y adolescentes que tuvieron infección quedarán con alguna secuela. Al día de hoy, ésta y mucha otra información todavía es escasa o inexistente. Este bicho nos ha enseñado que la incertidumbre es parte de nuestra vida, que hay que aprender a vivir con ella y que hay que usar las pocas certezas para tomar decisiones importantes . Y una certeza es que los niños y adolescentes necesitan la escuela. Como dijo Justin Lessler, epidemiólogo de la Universidad de Johns Hopkins: “Hemos decidido que la escuela es importante. Y debemos hacer las cosas importantes, incluso si son difíciles”.

 

Nadia González
Médica e investigadora en neurociencias en el Hospital Infantil de México


24 comentarios en “La incertidumbre sobre la escuela presencial

  1. Maravillosa perspectiva, necesaria en estos tiempos en que abunda la información alarmista y sin fundamento claro, me parece un texto necesario para cada profesora o profesor, si, hay riesgos en esto de la epidemia, pero también al cruzar la calle hay riesgos, al exponerse al sol en la playa, gracias por la mirada tan objetiva.

    1. Coincido que no es lo mismo una investigación que la realidad, ya qye lo expresado está muy alejado de la realidad de los niños y jóvenes de Mexico

  2. Muy bien todo el l antecedente ,pero hablar desde la perspectiva de la investigación es una cosa y halar desde la situación que se vive en cada una de los hogares mexicanos es otra , los padres no han sido vacunados , los maestros fueron vacunados con cansino que hademostradi que su efectividad en producir anticuerpos es baja ,según compañeros docentes que se vieron las pruebas, los niños no han sido vacunados, que la educación emocional requiere interacción entre los niños , la pregunta es y luego que pasará al regreso a sus hogares, llevarán su carga viral y transmitirla a sus padres que no han completado su esquema de vacunación, o a su docente que su vacuna cansino quien sabe si funcione….. En fin desde mi punto de vista ustedes que son autoridades y tienen conocimiento en estos temas deberían hacer más investigación ly realmente generar acciones que impacten de manera efectiva en la población, pero no pensar en que regresen a clases y exponer a la población que muy probablemente se contagiara y tendrán secuelas en su vida productiva , para mí el gobierno y vaya que bote por López Obrador , hoy se está equivocando con esta desición, exponer a niños y jóvenes a que su salud se vea afectada o su vida en el futuro.

  3. Como todo ciudadano solo externo mi opinión todo lo que llega al oído de pueblo con bases es bueno, pero también hay que tener conciencia, que nuestra juventud, adolescencia y niñez no ha sido vacunada, ellos se podría decir que son los más fuertes para soportar las enfermedades pero si están bien alimentados o podríamos ver que a pesar de que traen enfermedades se levantan de la cama con tal de tener sociabilidad o los que les preocupa a no ser reprobados se esfuerzan, pero también sabemos que los Mtros somos responsables y arriesgados en enfrentarnos a diferentes enfermedades que traigan los estudiantes, pienso que no porque estemos vacunados, somos seres vivos que No nos podamos a enfermar, por lo tanto yo pienso que toda absolutamente toda la ciudadanía debe estar vacuna, pero eso se nos hace difícil reconocer que pasaría otro 1 1/2 año para estar bien en comunicación presencial tanto alumnos como maestros y sería menos preocupante para los padres trabajadores y maestros padres de familia. Es mejor ver las alternativas de los que si pueden ofrecer su servicio y ya están vacunados y los jóvenes, niños y adolescentes que si pueden llevar verdaderamente los protocolos de salud.

    1. Parece que toda la publicacion y comentarios analizan y hacen referencia a una comunidad escolar que cuenta con su propio auto. Ello deja fuera la variable de riesgo por la movilidad en transporte público… Que involucra no solo profesores y alumnos. Desconozco si los contextos de Carolina del Norte y Salt Lake City aporten datos transferibles a las comunidades escolares públicas de México. Sin duda las variables de seguridad llegan a controlarse casi al 100% pasando a un niño de una burbuja de casa a una de aula con los recursos de movilidad y personas ex- profeso con garantía de «cuidados pertinentes». Enhorabuena a todos los que cuentan con esas posibilidades, pero precaución con graspolar medidas al «público en general».

  4. No sabremos sobre los resultados de asistir a la escuela en tiempos de Covid 19 si no lo hacemos. Todos contamos con un mal, ya sea fisico, psicologico, emocional, no podemos seguir con miedo, si cumplimos con protocolos de limpieza, ventilacion, sana distacia, vacunados en colaborativo y de manera responsable nos ira mejor…el cambio de vida mas sana en todos los aspectos en Mexico es urgente…y algun dia teniamos que iniciar, y de que manera…no queda de otra…a cuidarnos de manera solidaria.

  5. Muy buena información, aquí en México las escuelas no tienen una infraestructura como las de Estados Unidos ni al caso y las medidas pertinentes menos que se contarte enfermer@s para las escuelas va ser una perdida de tiempo estar checando niñ@ x niñ@ entonces ya el maestr@ va tener que hacer el trabajo de intendente, enfermer@, maestr@ etc…

  6. Quizá sea así doctora con todo respeto la psicólogia del mexicano no ayuda, usted debe conocer muy bien esta teoría, mientras que en países del primer mundo la gente tiene la cultura del autocuidado, la del mexicano es un ofender la de vale madres y ahi es dónde no ayuda en nada volver a las aulas con niños que no tienen el sentido del autocuidado, es cuanto

  7. En Baja California Sur no llegamos a 800 mil habitantes, solo la semana pasada se registraron 102 fallecimientos por Covid, 6 fueron menores de edad, muy por encima de las estadísticas que indica la Doctora, sobre todo considerando que los menores no están asistiendo a las escuelas…

  8. La incertidumbre sería menor si nuestras autoridades tuvieran a éstas alturas una estrategia clara para el regreso a clases presenciales y se garantizaran los recursos necesarios en cada escuela para un regreso seguro sin afectar la economía de las familias (ya que se les solicitará apoyo para el material de higiene) pero el «será voluntario»= (haganle como puedan) es más cómodo y más fácil. Muy bonitas palabras pero éstos estudios distan mucho de la realidad de las familias y escuelas en UN PAÍS TERCERMUNDISTA que nada tiene que ver con otros países y sistemas educativos donde los recursos se utilizan para lo que de verdad se requiere no como el nuestro que se destinan millones de recursos para consultas inútiles que no tendrán mayor trascendencia (entre otras cosas superfluas)
    La reflexión ante la actual situación de salus y decesos y refiriéndome específicamente a la niñez de nuestro país es: Está bien garantizar el derecho a la educación pero…¿dónde quedan derecho a la vida y a la salud?

  9. Es muy bonito hablar de cifras , pero si el fallecido es un familiar, cada uno cuanta como importante, sin importar si es 1/1,000 o 1/1,000,000. Estamos entrando al peor momento de la crisis por pandemia, iba 3a ola que no se ve que tenga final, y así, de veras, vamos a arriesgar a niños y jóvenes por unas clases y a maestros vacunados con Cancino y a sus padres que pudieran estar en riesgos según su vacuna y dosis. Sin caer en extremismos, ? De veras piensan que estamos preparados en las aulas, pero también en el transporte a las aulas, o como piensan que transportaremos a estudiantes y maestros, ?por helicópteros?. Sin comentarios

  10. Tienes razón Beti, la cultura del Mexicano es la del desorden ( el mencionado valemadrismo ) y es ancestral. Pero en mis tiempos de escolapio había un dicho que rezaba: «La letra con sangre entra». Y viene a colación porque también se podría decir: «El orden con castigo entra» La cultura del autocuidado tiene que empezar a desarrollarse entre nuestra sociedad y esta Pandemia debe dejarnos esa enseñanza, so pena de enfermarse, sufrir secuelas, o perder la vida, si no, cuando? Excelente artículo Dra. Nadia González, gracias!

  11. Y no habla de las mutaciones, como la Delta que se han identificados menores de 10 años que requieren entubación, así como las vacunas que no son 100% efectivas.. dejarías a tu hijo ser conejillo de Indias y a ver qué pasa con el regreso a clases?’’

  12. Habría que re calcular los riesgos justo en este momento. Los médicos pediatras y su especialistas vemos en esta oleada COVID en niños sanos sin factores de riesgo que no están evolucionando como quisiéramos. Y si uno de esos niños es nuestro hijo? Es un volado, la suerte, el destino, el karma… no hay nada seguro.
    Antes de este casi tercer pico yo estaba muy convencida del regreso a clases pero después de lo que he visto en las últimas 2 semanas ya no.

  13. Todo es muy interesante pero me parece que mucha de esta información se ha modificado con la llegada de las variantes de COVID ( delta, delta + y demás) que han demostrado que la tasa de mortalidad ha aumentado de forma exponencial en los niños y adolescentes.
    Yo no me niego al regreso presencial pero cuando las medidas de seguridad e higiene estén garantizadas y mejor aun cuando el esquema de vacunación se encuentre más avanzado para toda la población incluidos los niños.

  14. muchísimas gracias por este trabajo Nadia, por las claves. Otra cosa fallida por parte de esta no estrategia es la discrecionalidad para dejar la decisión a los padres y madres de devolver a les niñes su derecho a la educación presencial. Mil gracias en serio. Tu texto dio pie a una conversación de calidad entre los grupos de tutores de la escuela de mis hijes.

  15. Por supuesto que es necesario volver a la escuela… cuando la escuela sea un entorno seguro: con horarios y días de asistencia escalonados, con distancia entre los alumnos, uso permanente de cubrebocas, aulas con ventanas que se puedan abrir, agua y jabón, con facilidades para pruebas de detección ante posible contagio, con servicio médico… Pero estas sencillas acciones no las garantizan las autoridades escolares.
    Una precisión en su texto: los padres no dejaron de vacunar a sus hijos, es que no hay vacunas.

  16. Entiendo perfecti la importancia del regreso a clases presencial. Y es muy interesante y sustentado su artículo. Pero las estadísticas cambian día a día con este virus y las cifras de contagio y muertes en niños va a la alza. Todo lo contrario de lo «que se pensaba» o se ha investigado. Es un riesgo muy alto. Cuando la población estudiantil regrese la movilidad del país (en todos los sentidos) será mucho mayor. De verdad vale la pena regresar ?

  17. Gracias a este artículo tomamos la decisión de llevar a nuestro hijo de 4 años al preescolar. Hasta ahora, todo muy bien. Incluso, él mismo no sale de su casa sin cubrebocas y careta.

  18. Me quedo con los «como » , en México se ha despreciado la investigación científica, los hechos, y se ha propuesto solo a partir de las ocurrencias y necesidades políticas dejando de lado la salud de los mexicanos en general, los niños no entran en sus necesidades si no es para algún beneficio político.
    Aunque abunden estudios y conocimientos científicos en el mundo de poco sirven si en México no se les da la seriedad que merecen

Comentarios cerrados