
En México, los jóvenes que cursan estudios universitarios enfrentan el desafío de construir sus aspiraciones en un entorno socioeconómico complejo, con marcadas desigualdades. Estas surgen de la interacción entre condiciones familiares, trayectorias previas, la necesidad de insertarse en un mercado laboral competitivo y las expectativas de una sociedad que ve la educación superior como pasaporte —aunque cada vez más cuestionado— hacia la movilidad social. Pero, ¿qué anhelan para su futuro?, ¿cómo construyen sus metas?, ¿en qué influyen sus condiciones de origen, el género o el lugar donde estudian? Estas preguntas no sólo surgen en la academia, sino también en las conversaciones familiares y, ojalá sea el caso, en el diseño de políticas sobre educación superior. A partir del libro El caleidoscopio de las aspiraciones. Estudiantes universitarios en condiciones desiguales, coordinado por Lorenza Villa Lever, surgen pistas sobre procesos que, sin ser idénticos para todos, comparten rasgos comunes y exhiben diferencias significativas.
Uno de los hallazgos más llamativos es la aspiración casi generalizada de viajar. Estudiantes de licenciatura o posgrado, en instituciones públicas y privadas, coinciden en verse con una maleta en mano hacia destinos diversos. Sin embargo, las motivaciones varían. Para algunos, es un modo de expandir su horizonte profesional y acceder a programas de licenciatura, posgrado, o para realizar prácticas en el extranjero; para otros, significa explorar nuevas culturas, aprender idiomas, o sencillamente “explorar más allá” e iniciar una aventura. Aunque las condiciones socioeconómicas pueden limitar la factibilidad de esos viajes, el anhelo de conocer el mundo atraviesa buena parte de las 118 entrevistas analizadas.
En este escenario, la educación superior se revela como un trampolín para nuevos proyectos. Sin embargo, no todas las aspiraciones se concretan igual, pues hay desigualdades en factores como la historia familiar, la región donde se ubica la universidad (o el campus) y el tipo de institución: pública o privada. Aunque la idea de que “la universidad abre puertas” sigue vigente, las circunstancias de cada estudiante pesan en sus aspiraciones y en la confianza para realizarlas.
De emprender a incorporarse: las brechas entre instituciones
El estudio muestra un marcado contraste en la visión del mercado laboral entre quienes estudian en instituciones privadas y quienes asisten a universidades públicas. Para los primeros, la posibilidad de emprender y desarrollar proyectos propios aparece como opción clara, en parte debido a que varios de ellos provienen de familias con redes sociales y financieras consolidadas. Esto no sólo promueve la idea de crear una empresa o trabajar de forma autónoma, sino que también impulsa a muchos a incorporarse al mercado laboral en etapas tempranas de su formación, en un afán por ganar experiencia y conocer mejor el medio que les permitirá posicionarse con mayor solidez al concluir sus estudios.
En cambio, muchas y muchos estudiantes de universidades públicas, a menudo de primera generación universitaria, priorizan sus estudios y contemplan su entrada al trabajo después de titularse, esperando un empleo estable en el sector gubernamental o en empresas con seguridad laboral. Aun así —cuando las condiciones económicas lo exigen— no es raro que algunos comiencen a trabajar desde el inicio de la carrera, pero más como estrategia de subsistencia que de posicionamiento. Estas diferencias reflejan disparidades socioeconómicas que llevan a unos a invertir en proyectos independientes de altos vuelos y a otros a buscar certidumbre en caminos que parecen más seguros.
Lejos de ser un simple gusto individual, estas orientaciones se comprenden mejor desde la “capacidad de aspirar” que, según Arjun Appadurai, no se limita a la voluntad de cada persona, sino que se nutre de los recursos culturales, sociales y económicos disponibles en su entorno inmediato. Las familias con más redes de apoyo fortalecen esa capacidad, permitiendo a las y los jóvenes explorar con más seguridad sus opciones; en contextos con recursos escasos, el horizonte se reduce y tiende hacia opciones de menor riesgo. Aunque esta tendencia no excluye la existencia de emprendedores en la universidad pública ni de funcionarios o empleados en la privada, el patrón ilustra cómo las desigualdades de origen modelan el modo en que cada estudiante se proyecta en su vida laboral y, con ello, orienta el camino a seguir.
Expectativas y realidades entre hombres y mujeres
El libro muestra que el género constituye uno de los ejes centrales que atraviesan las decisiones, aspiraciones y experiencias de quienes cursan estudios universitarios en México, evidenciando tanto avances notables en la participación femenina como persistentes diferencias en sus aspiraciones. Los hallazgos confirman que, en carreras “tradicionalmente masculinas” como las ingenierías, las estudiantes suelen sentir una presión adicional al verse en la necesidad de demostrar sus capacidades, mientras que los hombres enfrentan una expectativa social que los impulsa a buscar empleos con mejor remuneración o a emprender de forma temprana. Además, la mayoría de las universitarias reconoce la urgencia de conciliar sus metas profesionales con responsabilidades familiares, algo que no aparece con la misma intensidad en los discursos masculinos.
La comparación entre las trayectorias educativas de estudiantes en Ciudad de México y en Guadalajara pone en relieve que, si bien las diferencias de género se manifiestan en ambos contextos, las dinámicas culturales y la oferta educativa marcan diferencias. En Guadalajara, el arraigo familiar y ciertos valores tradicionales ejercen más presión sobre las universitarias, al tiempo que hay una apreciación distinta del rol femenino y de la importancia de permanecer en la ciudad; para algunas, “migrar” con fines académicos o laborales se percibe con mayor recelo. Por otro lado, la variedad de opciones educativas y la vida en Ciudad de México genera un entorno que se percibe, hasta cierto punto, más propicio para el acceso a la vida laboral con criterios de igualdad sustantiva.
De la aspiración a la realización
Si bien la literatura especializada ha insistido en la persistencia de desigualdades en la educación superior, el libro evidencia la manera en que las universitarias y los universitarios no se limitan a soportar pasivamente las condiciones desfavorables de su entorno. Más allá de sus condiciones sociales, varios jóvenes ponen en práctica distintas estrategias y formas de agenciamiento que les permiten avanzar de la aspiración a la realización. Una de ellas consiste en buscar apoyos financieros a través de becas gubernamentales, institucionales o de fundaciones, lo que para muchos reduce la presión económica y abre la puerta a nuevas opciones de movilidad académica que, de otro modo, no serían posibles; como participar en congresos, o cursar estudios fuera del país. Del mismo modo, la construcción de redes de contactos, tanto los recursos heredados (familiares y culturales) como las habilidades personales adquiridas en su formación previa influyen para aprovechar las oportunidades disponibles.
La investigación revela un rasgo distintivo en las universidades privadas de mayor coste y prestigio: buena parte de sus estudiantes ha vivido experiencias de movilidad o de intercambio internacional antes de ingresar a la licenciatura, ya sea a través de programas cortos de verano, intercambios académicos o estancias de voluntariado. Esta exposición temprana al extranjero hace que para muchos resulte más familiar la idea de viajar y de cursar parte de su formación fuera de México; además, suelen conocer mejor el tipo de trámites, financiamientos y estrategias para lograrlo, apoyados por entornos familiares y sociales que suelen fomentar y sostener sus iniciativas.
Otro punto que destaca el libro es la necesidad de planificar la vida profesional con realismo. Aunque muchos se muestran optimistas, reconocen que el mercado laboral no garantiza empleos estables. Por ello, contemplan planes alternativos, como cursar un posgrado o diversificarse en áreas afines. Para quienes han enfrentado mayores restricciones económicas, el sentido de precaución es aún más intenso, mientras que en los sectores privilegiados se traduce en aprovechar cada oportunidad de movilidad o formación, ampliando así su capacidad de aspirar.
Pensar el futuro
La lectura de El caleidoscopio de las aspiraciones deja ver un panorama complejo, en el que la educación superior aparece como un escenario lleno de promesas, pero también de contrastes. La capacidad de aspirar no se reduce a un “soñar por soñar”, sino que está ligada a la acción concreta, a la capitalización de oportunidades y a la experiencia cotidiana de cada joven. Las desigualdades persisten, sí, pero también se observan estrategias y agenciamientos que amplían las posibilidades de alcanzar las metas propuestas. En el caleidoscopio de las aspiraciones juveniles, viajar, emprender, buscar la estabilidad financiera o integrarse a dependencias públicas son sólo algunos de los horizontes que se imaginan en ese amplio repertorio de sueños y planes que constituyen la realidad universitaria mexicana.
La riqueza de este libro radica en su retrato de una juventud privilegiada, la de las universitarias y los universitarios, que, pese a las diferencias y dificultades, coincide en querer transformar su presente y trazar un futuro que, con el apoyo de la formación superior, se convierta en algo más que sólo una promesa. No obstante, no corresponde únicamente a las y los estudiantes sino a las instituciones de educación superior, a los actores involucrados y a quienes diseñan políticas públicas, asumir la responsabilidad compartida de promover condiciones más equitativas para que esas aspiraciones lleguen a buen puerto y contribuyan de manera efectiva a disminuir las desigualdades de base.
Luis Antonio Mata Zúñiga
Académico del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México