El currículum de Linda McMahon, propuesta para secretaria de Educación de Estados Unidos una vez que Donald Trump asuma la presidencia en enero, es de muchas maneras similar a sus combates en los cuadriláteros de la World Wrestling Entertainment (WWE) —una empresa dedicada a la lucha libre en ese país—: parte real y parte ficticio. Su nominación supone que dentro de la futura administración estadunidense el único requisito para ser líder educativo es acatarse a roles de género “tradicionales”, como portar bien un traje sastre acompañado de un collar de perlas. Betsy DeVos, secretaria de Educación durante la anterior presidencia de Trump, es un ejemplo de este requisito.
En días pasados, algunos líderes educativos estadunidenses que buscan congraciarse con el nuevo régimen han señalado que Linda McMahon sirvió en el comité estatal de educación en Connecticut y que es parte de la junta directiva de la Sacred Heart University, una universidad privada en ese mismo estado. Sin embargo, la participación de McMahon en el comité estatal fue muy controvertida dada su falta de experiencia en educación. Además, es común que algunos benefactores de universidades formen parte de sus juntas directivas. A todas luces, McMahon carece de la experiencia mínima para servir en un puesto en educación a nivel de gabinete.
Otros defensores de McMahon apuntan a que obtuvo una certificación como maestra de manera conjunta con su licenciatura en lengua y literatura francesa en la Coastal Carolina University. No obstante, McMahon nunca fue profesora ni trabajó en escuela alguna. Mucho menos ha ocupado algún puesto directivo en ninguna organización educativa.

El legado de Linda McMahon en la lucha libre
Dada la evidente falta de experiencia de McMahon en lo educativo, la hipótesis alternativa para explicar su paso a la Secretaría de Educación es su amplia experiencia como una mujer de negocios. Esa lógica le apunta a la idea que no hace falta entender de educación, cuando lo que esa Secretaría necesita es alguien con visión empresarial que la pueda hacer operar de manera más eficiente. Como directora de la WWE, la compañía creció de un negocio familiar hasta formar parte de la bolsa de valores. El éxito financiero de la WWE no basta para entender su realidad: hace falta explorar el costo de este éxito.
Durante su periodo como directora ejecutiva de la WWE, el cual dejó hace varios años, se acusó a la compañía de tolerar del acoso sexual de menores y de promover el uso de esteroides y otras substancias prohibidas entre los luchadores contratados por la empresa, obviando el hecho de que la empresa misma promueve un deporte-espectáculo basado en la violencia.
Aunque el puesto de directora ejecutiva denota un papel dignificado, McMahon participó como patiña o actriz secundaria en el espectáculo dentro del encordado. Entre sus apariciones, que han resurgido en redes sociales recientemente, figuran una ocasión en la que pateó a su entonces esposo, Vince McMahon, en la entrepierna y otra en la que abofeteó a su hija. Estas coreografías no están por debajo del futuro presidente de Estados Unidos, ya que Donald Trump también participó en ellas. Lo que sobresale es que esta violencia intrafamiliar, sea real o prefigurada, se ofrezca como la carta de presentación de una presidencia que promueve los papeles de género y familia tradicionales.
En varias demandas y denuncias, algunas resueltas fuera de las cortes y otras en proceso, se acusa a los McMahon, divorciados desde hace varios años, de ignorar evidencia de acoso sexual de menores dentro de su empresa. Asimismo, se les acusó de promover el uso de esteroides entre sus luchadores. El llamado éxito de la WWE se basa en una serie de carencias éticas que han pagado buenos dividendos y nada más.
¿Dónde queda la política educativa?
El nombramiento de McMahon como titular de una Secretaría confirma que para Trump y su equipo la educación no importa. Si McMahon es la empresaria exitosa que dicen, ¿por qué no nombrarla secretaria de Comercio? Simplemente porque hay un hombre, Howard Lutnick, que quería ese puesto. En el mundo de Trump, las mujeres deben aceptar un papel secundario: hay que protegerlas “les guste o no.” ¿Necesitas darle un puesto en el gabinete a una mujer que coordina tu equipo de transición? En el mundo de Trump, dale la secretaría que piensas desmantelar dada su falta de importancia.
El Proyecto 2025 y las acciones tomadas por la exsecretaria Betsy DeVos son indicadores claros sobre lo que significa la futura política educativa de Estados Unidos: más privatización escolar a través de bonos educativos, más impunidad al acoso y violencia sexuales al debilitar la aplicación del Título Federal IX, más transfobia en los deportes escolares y universitarios, así como en los baños públicos. Se esperan dos aspectos adicionales: un ataque frontal contra los sindicatos de educadores a todos los niveles y en contra de las universidades con el pretexto de desmantelar el sistema de diversidad, equidad e inclusión (conocido como DEI), y el supuesto adoctrinamiento de la población estudiantil. Todo esto se esperaba con o sin Linda McMahon. Lo que su nombramiento confirma es el relego de la política educativa a un plano secundario y un estilo desfachatado de los ataques que ya se veían venir contra el consenso de los expertos en lo educativo.
Uno de los pocos vestigios de esperanza para la política educativa de Estados Unidos es el esperado interés en la educación técnica y profesional que el think tank que McMahon dirige ha demostrado. El American First Policy Institute (AFPI por sus siglas en inglés) hace un llamado al aprendizaje en la práctica que prepare a estudiantes para el empleo. Sin embargo, otra de las propuestas relacionadas es eliminar la exigencia de grados equivalentes a la licenciatura para empleo en el gobierno. Aunque sin duda la educación técnica y profesional es importante, la reducción de recursos destinados a la Secretaría de Educación y el descenso de requisitos educativos de los empleados de gobierno hacen difícil el éxito de esta o cualquier otra política educativa.
La perspectiva de género de la nueva administración de Donald Trump, reflejada en el nombramiento de Linda McMahon como secretaria de Educación, apunta a una interesante relación bilateral. La primera presidenta en la historia de México tendrá que trabajar con uno de los presidentes más sexistas en la historia de Estados Unidos.
Gerardo Blanco Ramírez
Profesor-investigador de tiempo completo en Boston College. Director académico del Center for International Higher Education (CIHE, por sus siglas en inglés).