La pandemia de covid-19 fue disruptiva para los sistemas educativos en todo el mundo. Muchos países respondieron cerrando escuelas, sin embargo, los cierres fueron particularmente prolongados en los países de ingresos bajo y medio. Aunque existe una preocupación generalizada por las consecuencias a largo plazo de la pandemia en los niños, hay muy poca evidencia —de alta calidad— sobre las pérdidas de aprendizaje de los niños en países de ingresos bajo y medio (una revisión sistemática está disponible aquí). Aún más, la evidencia sobre el ritmo al que se están recuperando estas pérdidas es casi inexistente, incluso para países de ingresos altos. Incluso cuando lo peor ha pasado, es importante que los sistemas educativos aprendan de esta experiencia para futuras emergencias.

En un artículo reciente contribuimos a cerrar esta brecha de falta de evidencia utilizando datos de Guanajuato. Tras la desaparición del INEE en 2019, en México ya no se recolectan datos de manera sistemática que permitan medir los niveles de aprendizaje de los estudiantes a nivel nacional (Mejoredu —que reemplazó al INEE— realizó una prueba diagnóstica en 2023 que ha sido criticada y que no es comparable en el tiempo con las mediciones de antes). Sin embargo, por iniciativa propia, algunos estados (por ejemplo, Nuevo León y Jalisco) han empezado a realizar mediciones censales o muestrales para saber las debilidades y fortalezas de sus estudiantes. Guanajuato es uno de esos estados. La Recopilación de Información para la Mejora de Aprendizajes (RIMA) empezó a aplicarse en marzo de 2020, unos meses antes del cierre de escuelas inducido por la pandemia. Esta es una evaluación estandarizada de español, matemáticas y ciencias que realizan todos los estudiantes en todas las escuelas públicas y privadas de Guanajuato. Después de 2020, se han llevado a cabo dos mediciones adicionales hasta el momento: dos meses después de que las escuelas reabrieron en noviembre de 2021, y veintiún meses después de su reapertura en junio de 2023. Se tiene planeado realizar una nueva medición en junio de 2024. Aunque las pruebas se aplicaron en tres grados de primaria y tres de secundaria, por razones metodológicas nos enfocamos en los estudiantes de quinto y sexto grado de primaria. Específicamente, en estos grados las pruebas tienen preguntas que se repiten en los diferentes momentos del tiempo y que se les hace a estudiantes de ambos grados, lo que nos permite comparar el nivel de aprendizaje de estudiantes en diferentes grados y diferentes momentos. Los resultados proporcionan un punto de referencia para padres, maestros, y hacedores de políticas públicas sobre la situación de los estudiantes. Por ejemplo, los resultados de RIMA muestran brechas grandes en los aprendizajes entre estudiantes al interior de una misma aula, lo que sugiere que se necesitan estrategias para nivelar a los distintos estudiantes.
Nota: Esta figura muestra el puntaje esperado con base en el ritmo de aprendizaje antes de la pandemia (líneas punteadas) y el puntaje real (línea sólida) que obtuvieron los alumnos en diferentes momentos del tiempo. El puntaje esperado tiene en cuenta que el examen se hizo en diferentes momentos del año escolar en 2020, 2021 y 2023, por lo que en 2021 se esperaban puntajes ligeramente más bajos dado que la prueba se realizó un poco antes en el ciclo escolar. Ver el artículo académico para más detalles sobre estos cálculos.
En resumen, en noviembre de 2021, los puntajes fueron entre 0.2 y 0.3 desviaciones estándar menos en español y matemáticas que en marzo de 2020. Esto equivale a una pérdida de aprendizaje de un año de escolaridad aproximadamente (los estudiantes de sexto grado en 2023 tenían puntajes casi idénticos a los de los estudiantes de quinto grado en 2020). Estos resultados no son del todo sorprendentes si se tiene en cuenta que Guanajuato, como la mayoría del mundo, no estaba preparado para la transición a la educación a distancia. Por ejemplo, sólo el 55 % de estudiantes tenía acceso a Internet en casa en 2021.
Sin embargo, hay signos de recuperación. En junio de 2023 (veintiún meses después de la reapertura de las escuelas), los puntajes fueron entre 0.08 y 0.11 desviaciones estándar por debajo de los niveles prepandémicos, lo que sugiere una recuperación de más del 60 % de lo que se había perdido. A modo de comparación, en la India recuperaron el 66 % de la pérdida de aprendizaje entre cinco y seis meses después de la reapertura de las escuelas; en Brasil recuperaron el 25 % de las pérdidas tras un año de regreso a clases presenciales. Se sabe poco sobre qué puede acelerar la recuperación, pero en India un programa de tutorías liderado por voluntarios locales ayudó.
En general, nuestros hallazgos tienen algunas implicaciones amplias de política pública. En primer lugar, la pandemia de covid-19 tuvo un impacto negativo en los niveles de aprendizaje y probablemente tendrá consecuencias a largo plazo para los niños que la vivieron. Cerrar escuelas fue costoso. Los estudiantes no pudieron seguir el ritmo de aprendizaje y durante futuras emergencias el cierre de escuelas debe sopesarse con este costo. Como muchos países, México intentó sustituir el aprendizaje presencial por diversas formas de instrucción remota (por ejemplo, educación por televisión y plataformas educativas en línea). No obstante, nuestros hallazgos muestran que la enseñanza a distancia no logró sustituir las clases presenciales (véanse también evidencia de Estados Unidos al respecto).
En comparación con la mayoría de los países en desarrollo, México cerró sus escuelas durante más tiempo durante la pandemia. Por lo tanto, es probable que los estudiantes mexicanos tengan más terreno que recuperar que aquellos de países que reabrieron las escuelas antes. El gobierno alargó el año escolar 2021-2022 y adoptó otras medidas para hacer frente a las pérdidas de aprendizaje, lo que es consistente con nuestra evidencia sobre recuperación. Sin embargo, los estudiantes aún necesitan ponerse al día en comparación con los niveles de aprendizaje observados antes de la pandemia. Otras opciones de políticas públicas para acelerar la recuperación son: alargar la jornada escolar, simplificar el plan de estudios, flexibilizar el currículo, adaptar la pedagogía a las necesidades de aprendizaje de los estudiantes, trabajar en pequeños grupos según habilidades y tutorías de recuperación.
Frente a la pregunta sobre cuál es la medida para asegurar que los sistemas educativos estén preparados para afrontar una situación similar en el futuro, quizás la respuesta certera sea contar con mecanismos sólidos de recopilación de datos para monitorear los resultados educativos y ajustar las estrategias pedagógicas consecuentemente. Varios sistemas educativos, incluyendo el mexicano, navegaron la pandemia sin los datos necesarios. Es importante hacer algo para no seguir igual.
Mauricio Romero
Profesor e investigador del Centro de Investigación Económica en el ITAM e investigador asociado del Jameel Poverty Action Lab, de Innovations for Poverty Action, de Experiments in Governance and Politics, de The Center for Global Development, de The Bureau for Research and Economic Analysis of Development y de The Institute for Labor Economics
María José Ramírez
Consultora independiente en educación, con un foco en evaluación, monitoreo y apoyo de los aprendizajes
Norbert Schady
Economista jefe para Desarrollo Humano del Banco Mundial
Enrique Alasino
Especialista sénior en Educación del Banco Mundial