Los premios Nobel de 2024 —el mayor reconocimiento a logros académicos— reflejan varias tendencias. Este año, más que otros, las universidades de habla inglesa en la cima de las clasificaciones internacionales dominaron en la adscripción de los premiados, que también resultó en que todos fueron hombres (excepto el de Literatura, pero aquí nos referiremos sólo a los de ciencia). La inteligencia artificial fue “reconocida” en dos premios, al igual que el tema de la inequidad económica (por segundo año consecutivo). Algunas personas que trabajan en compañías del sector privado también recibieron premios, lo que refleja cierta directriz. Los premios Nobel ofrecen lecciones interesantes para la educación superior.
Diez científicos de tan sólo tres países: Estados Unidos, Turquía y Reino Unido obtuvieron los premios de Física, Química, Fisiología (Medicina) y Economía. Las afiliaciones institucionales de los ganadores de los premios, ya sea en la academia o en la industria, también están limitadas a una lista corta de tres países: Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. En tanto que los premios Nobel son considerados los reconocimientos de mayor prestigio científico, una revisión sobre los premiados ofrece interesantes lecciones sobre la geopolítica de la educación superior.
Destacamos algunas cosas sobre los premios de este año. Primero, la confirmación de la gran valía de la investigación básica y su influencia en la ciencia, los negocios y la sociedad. Segundo, la prevalencia de la ola de la inteligencia artificial y sus potenciales contribuciones a la ciencia básica y a la innovación, entre otras controversias relacionadas. Tercero, la total dominación de la premiación de hombres. Cuarto, la existencia de un monopolio de las universidades estadunidenses y británicas en la formación académica de premiados, en su adscripción institucional, así como en la afiliación a algunas empresas privadas.

El valor de la investigación básica en la sociedad
Como hemos señalado en otros momentos (2021, 2022, 2023), quizás lo más relevante de los premios Nobel es el reconocimiento al valor y las contribuciones a lo largo de la carrera académica de quienes lo reciben, fundamentalmente científicos en investigación básica. En momentos donde el apoyo —financiero y estructural— a la investigación tanto en las ciencias como en las artes y humanidades, dentro de las universidades, y en la sociedad en general, están bajo amenaza, los premios Nobel mandan el mensaje sobre la importancia de la ciencia en tanto una inversión para el futuro de la humanidad.
Controversias de los premios Nobel 2024
Este año, llamó la atención la decisión del comité de premiar el uso de la inteligencia artificial. No sólo fue la aplicación directa de la IA en la modelación de las estructuras de las proteínas por lo que se premió a dos de los tres galardonados en Química; el desarrollo de las bases que dieron origen al aprendizaje automático también fue reconocido con el Nobel de Física. Algunas críticas han ido en el sentido de haber decidido premiar a resultados científicos basados en un modelo entrenado de inteligencia artificial sobre otros descubrimientos científicos en el área de la Química.
En el caso de Economía, de nuevo personas que trabajan temas de desigualdad resultaron acreedoras al premio en esta disciplina. En 2023 el premio fue otorgado a Claudia Goldin, de la Universidad de Harvard, por sus estudios sobre los efectos y la situación laboral de las mujeres, entre otros aspectos. Este año hubo críticas importantes sobre el trabajo de los premiados respecto a los resultados de su estudio y sus sesgos occidentales para hablar del papel de cierto tipo de instituciones, así como la falta de análisis respecto a los costos que ha tenido la colonización en diversos países.
Dominio masculino
Este año todos los premiados fueron hombres. Por un lado, no causa tanta sorpresa ya que, como se ha mencionado anteriormente, existe una exclusión hacia las mujeres y a personas de diversidad étnica entre los premiados. Esto ha ido mejorando paulatinamente: desde el año 2000 se ha otorgado el Nobel a quince mujeres en las áreas de Física, Química y Medicina, mientras que desde su origen (año 1900) hasta el año 2000 apenas se premió a once mujeres. Sin embargo, existen señalamientos sobre el hecho de que la esposa de uno de los hombres premiados este año en Medicina fue la primera autora de uno de los artículos citados por el jurado. Llama la atención que el Comité de los Premios Nobel reconoció, en la red social X, la autoría de Rosalind Lee, pero no la consideró para recibir el premio junto con su esposo. Esto ejemplifica algunos de los retos estructurales que existen en el proceso de nominación, que puede ser compartido hasta por tres personas; también ilustra la inequidad hacia las mujeres, que queda manifestada en su participación en el comité de selección avalado por la Academia de Ciencias de Suecia.
El dominio occidental en los premiados
Aún más acentuado que otros años, en esta ocasión, domina en los premios Nobel la afiliación a universidades anglosajonas de alto prestigio. Todos los galardonados han obtenido sus doctorados en universidades estadunidenses y británicas (siete de Estados Unidos y tres de Reino Unido). Todos los premiados, excepto uno que proviene de Turquía, nacieron en Estados Unidos o en Reino Unido. Todos estudiaron sus licenciaturas en dichas naciones. Sus carreras han sido “anglocéntricas”, más que en otras ediciones del premio. Muy pocos de ellos tuvieron experiencias académicas en otros países, excepto por algunas en Dinamarca, Rusia y Francia. Siete de ellos viven en Estados Unidos; cuatro de ellos en el área de Boston: dos trabajan en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), uno de la Escuela de Medicina de Harvard y otro de la Escuela Chan de Medicina de la Universidad de Massachusetts. Resulta insólito que, en esta ocasión, dos premiados trabajen en la compañía Google Deep Mind en Reino Unido; aunque ello puede reflejar el aumento del número de personas dedicadas a la ciencia, con posiciones de tiempo completo o tiempo parcial, afiliadas al sector privado. Esto también resalta que los fondos para la ciencia y a la academia se han reducido en general, a nivel mundial, durante décadas.
Fortalezas y debilidades estructurales
Junto con otras personas, hemos señalado que hay razones obvias para explicar el dominio de las instituciones anglosajonas en los premiados; también hay que decir que esta situación ha cambiado poco a lo largo del tiempo. El pequeño grupo de universidades de investigación, quizás las primeras cien reconocidas por las clasificaciones internacionales, están ubicadas en países anglosajones o europeos; sólo veinte dentro de las primeras cien del Ranking Mundial de Universidades de Shanghái (ARWU, por sus siglás en inglés) se encuentran ubicadas en Asia, y únicamente ocho de las primeras cincuenta. ¿Por qué sucede esto? Estas instituciones son capaces, entre otras cosas, de atraer el mejor talento global al combinar excelentes salarios, colegas brillantes, laboratorios bien establecidos, acceso razonable a financiamiento, amplia tradición de libertad académica y de autonomía institucional. Además de ello, estas universidades emplean el inglés como lengua de instrucción o de trabajo —todavía el lenguaje global de la ciencia—, lo que facilita la migración de personas que tienen otras lenguas maternas, pero que pueden manejarse bien en el idioma inglés.
Los actuales ataques a las universidades en muchos países con regímenes populistas han logrado debilitar el sistema académico y disminuir su apoyo financiero. Existe evidencia de que esto ha pasado en muchos países. Desde luego que el compromiso de producir ciencia básica de “nivel Nobel” requiere un acuerdo hacia la ciencia que un gobierno populista no tiene. Además, la aparición del sector privado como un empleador de ganadores de premios Nobel podría ser un presagio sobre las alianzas entre el sector público y el privado, aunque ese tipo de compromisos hacia la ciencia básica no son muy sostenibles y quizás poco viables.
¿Están internacionalizados los premios Nobel?
Mucho se ha escrito sobre el crecimiento científico en China y en otros países asiáticos. China, en particular, ha gastado miles de millones de dólares en la mejora de sus principales universidades y cuenta en la actualidad con programas que buscan atraer a científicos de otros países, en especial a los chinos que residen fuera. Esta inversión ya ha dado resultados. Desde 2022, China encabeza los registros de la prestigiosa revista Nature en artículos más citados en la investigación en ciencias naturales y salud. Otros países en Asia como Japón o Corea del Sur también han invertido en su desarrollo científico y han llegado a la lista de los países con más citas en dicha revista. A pesar de ello, cuando se trata de reconocimiento a la “verdadera innovación” en la ciencia básica, como lo son de alguna manera los premios Nobel, China no ha sido exitoso como país de origen de científicos galardonados. Ello probablemente tiene que ver con la demora en obtener un premio Nobel, es decir, el tiempo que toma entre que se publica una investigación y se obtiene un premio; este plazo fue de catorce años entre 1901 y 1910, y entre 2011 y 2019 fue de veintinueve años. Asimismo, algunos analistas sugieren que la organización y politización de las universidades y la ciencia china entorpecen la consideración de su investigación como de “calidad Nobel”. Si bien podría considerarse que científicos chinos están produciendo investigación de este nivel, tal vez falta mucho tiempo para que ésta sea reconocida. India, otro país emergente en el sector científico, se encuentra lejos del otorgamiento de un premio Nobel a un ciudadano que viva y trabaje en ese país, a pesar de que figura entre los diez países con más citas en Nature.
Una mirada bajo el paraguas del imperio del Nobel y de la ciencia global
Obviamente, como sucede con nuestra “adicción” a los rankings universitarios en la academia, hay una minúscula pero relevante industria del “escrutinio del Nobel” y, claro, toda el área de las métricas científicas. Estas iniciativas son recientes y cada vez más comunes en tanto que la evaluación de la ciencia se ha vuelto más importante para las sociedades. El financiamiento y los espacios académicos comprometidos hacia la ciencia básica son cada vez más cuestionados, este tipo de condiciones laborales ideales son cada vez más elitistas —aunque fundamentales para el futuro de la humanidad—de manera que también los premios Nobel nos dan una pausa para reflexionar sobre qué es a lo que, como sociedad, queremos invertirle. Por ello, entender la naturaleza de estos premios, la forma como son otorgados y la creciente complejidad de los sistemas científicos que ofrecen las condiciones para su otorgamiento es de vital importancia.
Philip G. Altbach
Profesor emérito y asociado distinguido del Centro para el estudio de la educación superior —Center for International Higher Education— del Boston College, EE. UU.
Tessa DeLaquiil
Investigadora posdoctoral asociada en la Escuela de Educación del University College Dublin.