¿Qué pasa en el SNI?

He estado cerca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) desde su fundación en 1970, durante el gobierno del presidente Luis Echeverría, así como del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), creado en 1984 cuando era presidente Miguel de la Madrid. Concebidos ambos en momentos distintos y de forma separada —el primero como un organismo público descentralizado de la administración federal; el segundo, como un programa interinstitucional presidido por la Secretaría de Educación Pública (SEP)—, hace 30 años fueron desafortunadamente unidos. Esa unión ha tenido ciertas consecuencias negativas, entre ellas, la de confundir o al menos inducir a la confusión sobre la diferencia entre un instrumento de política —el SNI— cuyo objeto son los investigadores y un organismo —el Conacyt— con un objetivo mucho más amplio: la articulación de las políticas públicas del gobierno federal y la promoción del desarrollo de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación.

De esa confusión surgen varias decisiones y propuestas de la actual administración del Consejo. Los ejemplos son muchos y tan variados que me centraré sólo en algunos, entre ellos, los que parecen ser presentados para convencernos de lo malas que han sido las administraciones previas del Conacyt, en especial la última.

Antes, debo ser transparente respecto a mi posición. Mi formación profesional, vocación y larga vida, me han permitido participar directamente en diversos proyectos y responsabilidades para el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la educación mexicanas. Así —y sin haber sido jamás funcionario del Conacyt—, participé en diversas tareas para su creación y he colaborado en numerosas ocasiones en sus acciones y desarrollo, la última como representante de la SEP en varios de sus consejos (de agosto 2013 a noviembre 2018). Por otro lado, en 1983, siendo yo investigador y funcionario del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y asesor en la SEP, fui creador del SNI y, tras renunciar al IMP, me encargué de ponerlo en marcha y dirigirlo durante sus primeros cinco años. Aclaro, por último, que no pertenezco al SNI.

Ilustración: Ricardo Figueroa

Las humanidades y la ciencia

El anteproyecto de la primera Ley General en materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación en México (LGHCTI), propuesto por la actual administración del Conacyt para sustituir la Ley de Ciencia y Tecnología vigente, buscaría que el Consejo se transforme en algo así como el Conahuctei —o Conahcyt, según lo ha señalado la propia directora—. Anteponer las humanidades a los vocablos ciencia y tecnología fuerza la pluralización de los dos últimos, no sólo en la ley propuesta sino en todas las normas, sistemas, consejos y reglamentos con ella asociados; se propone, incluso, que en vez de hablar del sector de ciencia y tecnología se hable, de ahora en adelante, del sector de humanidades, ciencias, tecnologías e innovación (HCTI).

Extraña la insistencia en que el vocablo humanidades figure en los títulos, nombres y actividades denominadas hasta ahora de ciencia y tecnología por cuanto es innecesaria para que el SNI se ocupe de ellas. Tanto el Conacyt como el SNI ya incluyen la investigación en humanidades como parte de su universo de atención.

El Consejo Directivo del SNI, que sesionó por vez primera el 22 de agosto de 1984, estuvo integrado por el Secretario de la SEP, Jesús Reyes Heroles, el director del Conacyt, Héctor Mayagoitia Domínguez, y tres vocales, uno por cada una de las tres áreas que lo conformaban: el matemático José Adem Chahin por las ciencias físico matemáticas y de la ingeniería; el médico Bernardo Sepúlveda Gutiérrez por las ciencias biológicas, biomédicas, agropecuarias y químicas; y el historiador Luis González y González por las ciencias sociales y humanidades.

En respuesta a la primera convocatoria del SNI, publicada el 3 de octubre de 1984, se recibieron 561 solicitudes de ingreso al área de ciencias sociales y humanidades por parte de investigadores que trabajaban en campos como los de antropología, derecho, educación, filosofía, historia, lingüística, literatura y bellas artes. Esas solicitudes fueron revisadas por la correspondiente comisión dictaminadora integrada por Antonio Alatorre, Héctor Fix Zamudio, Miguel León Portilla, Jaime Litvak, Roberto Moreno de los Arcos, Fernando Salmerón, Rafael Segovia, Leopoldo Solís y Víctor Urquidi.

Con el tiempo, y como consecuencia del incremento en el número de solicitantes, las tres áreas iniciales del SNI y sus correspondientes comisiones dictaminadoras se transformaron en siete. De acuerdo con los datos consultados recientemente en el sitio de Conacyt —acaba de aprobarse un cambio de áreas, agregando nuevas, pero tomemos los datos existentes— en este momento hay un número casi igual de investigadores en cada una de las áreas, como se muestra a continuación:

Padrón de Beneficiarios del SNI

Área

Miembros

Proporción

I Físico matemáticas y ciencias de la tierra

4 226

15.6 %

II Biología y química

4 248

15.7 %

III Medicina y ciencias de la salud

3 236

12.0 %

IV Humanidades y ciencias de la conducta

4 002

14.8 %

V Ciencias sociales

4 282

15.8 %

VI Biotecnología y ciencias agropecuarias

3 150

11.6 %

VII Ingeniería

3 922

14.5 %

Los puntos anteriores ilustran que el SNI ha considerado desde sus inicios a la investigación en humanidades de igual manera que a los otros campos del conocimiento, por lo que su inclusión en el nombre del Conacyt (o en las leyes y normas relacionadas) tiene tan poco sentido como la inclusión de los otros once campos que tampoco figuran en él. Se puede afirmar que uno de los logros del SNI es haber conseguido que, en México, la ciencia sea ya parte de la cultura nacional.  

Del ingreso y la permanencia en el SNI

Una de las características distintivas del SNI fue establecer que el ingreso y la permanencia estuviesen sujetos al dictamen de una comisión de especialistas en el campo del conocimiento de cada aspirante. Lo nuevo no eran las comisiones dictaminadoras, que ya eran práctica generalizada en las universidades o para el ingreso a instituciones como El Colegio Nacional, el Seminario de Cultura Mexicana y el Sistema Nacional de Creadores, así como para el otorgamiento de premios y distinciones en muy diversos temas y áreas. Lo nuevo era su aplicación generalizada a nivel nacional e independiente de un director, rector o presidente.

Algunos rectores estuvieron entre los primeros que expresaron su oposición a ese mecanismo:  al “someter” a su personal académico a ser calificados por una entidad externa, precursora además de una homogeneización de criterios que no toman en cuenta las condiciones de cada institución, consideraban que los dictámenes atentaban contra la autonomía universitaria. Tales consideraciones apuntaban a su temor de que profesores de alto nivel en su universidad no fueran igualmente reconocidos por el SNI, o lo contrario.  

Además, numerosas y numerosos profesores se sumaron a esos cuestionamientos, especialmente los que trabajaban en áreas del conocimiento que se percibían como alejadas de la concepción “dominante” acerca de la investigación científica y que temían ser sujetos de criterios de calidad propios de las ciencias “duras”, como, por ejemplo, la publicación en revistas externamente arbitradas. Esos cuestionamientos se dieron no obstante que cada comisión definió de manera libre e independiente los criterios que usarían.

Llama la atención que estos cuestionamientos son ahora retomados, la mayoría de las veces para cuestionar la calificación que obtiene una investigadora o un investigador. Así, se habla de “capillas”, de favoritismos y exclusiones, aduciendo argumentos y consideraciones para sustentar las quejas. De hecho, en los últimos años, los cuestionamientos se han orientado más al análisis de los procesos para realizar y evaluar la investigación, dentro de corrientes que estudian cómo evaluar el aprendizaje, el conocimiento y las competencias que poseen las personas.    

Es mucho lo que ha hecho el SNI para atender y subsanar las críticas mencionadas y para señalar que evalúa resultados, no esfuerzos; productos, no intenciones; evidencias de investigación, no escritos o recopilaciones. Y la importancia que la comunidad nacional de investigación da a los nombramientos del SNI es, en sí misma, un reconocimiento a la profesionalización de la investigación y a la calidad del proceso seguido en su evaluación.

Por ello, el atropello más fuerte al Sistema Nacional de Investigadores no está en las innecesarias inserciones de un vocablo en el nombre, leyes y tareas del Conacyt y —en consecuencia en las del Sistema mismo— sino en que recientemente haya ingresado a él una persona como resultado de una decisión administrativa y mediante una comisión “a modo”. Ello es equivalente a que las calificaciones, títulos y grados académicos se otorgasen, como por desgracia sucedía antes en algunas universidades, por vías no académicas y por la influencia o presión de funcionarios o individuos que debieran ser ejemplo de probidad.

Así, considero que el que una persona que ha sido rector y es ahora fiscal general de la República se haya insertado (no se puede calificar de otro modo) en el SNI de manera no ortodoxa representa un insulto a ese Sistema, a la comunidad de investigadores y académicos, y a la nación entera.

Orientación de la política nacional en ciencia y tecnología

El Conacyt es, como lo escribí renglones arriba, el organismo del Estado que se ocupa de orientar y articular la marcha de la ciencia y la tecnología en México. En ese sentido, el SNI es un mero instrumento para esos propósitos. Por ello, estimo apropiado —obligatorio, mejor dicho— que cada gobierno en turno busque establecer las políticas públicas que induzcan el desarrollo del país en la dirección que estime conveniente. Por años, a través del Conacyt, México ha trabajado en poner en marcha el desarrollo y el fortalecimiento de múltiples programas, entre estos: la formación de recursos humanos, los estudios de posgrado de alta calidad, el desarrollo y la colaboración sectorial, la creación y la coordinación de centros de investigación orientada y el fortalecimiento del SNI.

El problema que tengo con el gobierno actual en materia de ciencia y tecnología no son las políticas que ha propuesto o impulsado; mi problema radica en que no ha generado política alguna en esa materia. Parece ocuparse más en deformar o deshacer, sin argumento alguno, los programas e instrumentos que existían, en vez de generar nuevas políticas e instrumentos, y establecer programas y metas para ellos.

México sigue requiriendo del Conacyt y del SNI

A pesar de que en las pasadas décadas ha crecido la educación superior y las actividades de investigación que se llevan a cabo en ella y en otros sectores, nuestra producción y creatividad en ciencia y tecnología sigue siendo baja en comparación con la de otros países similares, y aún más baja en comparación con la de países que lideran el mundo por su autosuficiencia. Así, en Iberoamérica, la producción científica de México por 100 000 habitantes es 10 veces menor que la de Portugal, y entre 15 y 25 veces menor que la de Suiza, Suecia, Holanda, Dinamarca, Australia o Singapur 

Por otro lado, seguimos perdiendo personas preparadas y hoy, como en los tiempos en que se creó el SNI, muchos jóvenes mexicanos becarios o graduados no regresan, no volverán.

 

Salvador Malo
Director de ACET, Aseguramiento de la Calidad en la Educación y el Trabajo

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Educación superior

10 comentarios en “¿Qué pasa en el SNI?

  1. Excelente artículo Dr. Malo, da un panorama del momento de creación del SNI y del momento actual. Lamentablemente pareciera que el conacyt y por ende el sni tienen una componente fuerte ideológica basada en las humanidades, y que muchas decisiones están tomadas desde esa trinchera. Comoquiera, el vocablo conacyt está ya fijo en la mente de todos, y ni una imposición podrá hacer cambiar que la llamemos de otra manera.
    Saludos cordiales

  2. Son altamente plausible los comentarios de una persona, como los del Sr. Dr. Malo, que ha estado dentro, y en ocasiones muy cerca, de las acciones de creación del Conacyt y del SNI. La inserción del término «humanidades» dentro del nombre oficial del Consejo es menos preocupante; como él mismo lo señala muy acertadamente. Los campos del conocimiento que cubre el término, muy importantes por cierto, dentro de la generación de conocimientos, ya venían recibiendo atención. Son mucho más preocupantes los desacuerdos y desavenencias que en una semana definida se hacen evidentes, y en la siguiente también.
    Es evidente que la innovación no está recibiendo la atención debida; y que varias decisiones de la administración actual del Conacyt deberían ser reconsideradas y en su caso, corregidas.
    Sin embargo, también es evidente, y parece que se nos olvida, que los errores y hasta posibles deshonestidades de algunas de las administraciones pasadas del Conacyt no recibieron la atención que merecían por parte de la comunidad.
    Todavía es tiempo de utilizar todos los mecanismos al alcance de la comunidad de académicos y de los generadores de conocimientos, para alcanzar acuerdos que conduzcan a reconsideraciones y correcciones necesarias; componentes fundamentales para las acciones constructivas que requiere la atmósfera de la creatividad e innovación. Es deseable una menor búsqueda de culpabilidades y un mayor énfasis en los requerimientos impostergables de la sociedad mexicana.

  3. La ciencia en estas soleadas tierras siempre ha debido vérselas con los escolasticos cabeza dura que gobiernan.
    Poca y de malas, la «ciencia mexicana» trata de sobrevivir los embates de improvisados funcionarios y populistas canallas.

    El problema del SNI es que es un «sistema de investigadores» dado desde el poder, no un Sistema de Cientificos dado por ellos mismos .
    Como el país mismo, esto no tiene remedio.

  4. Muchas gracias Salvador Malo por el interesante repaso de la historia del SNI. Hace algunos años le expresé mi opinión sobre el SNI, después de una conferencia que nos ofreció en el marco de la Reunión Anual de la Asociación Mexicana para la Educación Internacional, en Zacatecas. Pienso que coincidimos en cuanto a que el SNI requiere una revisión contante y un amplio espíritu de autocrítica, tanto de tomadores de decisión como de los propios investigadores. En aquella ocasión le mencioné que mi impresión es que el único problema que el SNI había resuelto de manera tangible era la estabilidad económica de sus merecidos beneficiarios, pero que era más difícil distinguir su impacto en los grandes problemas y retos de México. En este sentido, manifesté (y reitero mi posición) que los criterios de evaluación deben incluir el beneficio tangible que representa la generación de conocimiento con alto valor social, en cualquiera de las áreas del conocimiento. Finalmente, coincido con el Dr. Malo que con las recientes medidas que han sido tomadas en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y en el propio SNI no muestran, por decir lo menos, una disposición a la mejora continua y a la pertinencia que merece y requiere la sociedad mexicana.

  5. Pregunta para el autor de alguien que viene de las ciencias «duras».
    Por que considerá que el actual CONACYT «no ha generado política alguna»? Si algo se puede decir del actual CONACYT es que es altamente politizado aunque poco eficiente. ¿Cómo tendrían que ser las políticas de CONACYT?

  6. La intención de la actual administración es buena pero, pésima ejecución. Sin duda el Conacyt y el SNI requieren una revisión y una modificación, como corrección y adaptación a las actuales necesidades. El problema son los vicios arraigados, el golpeteo político y, sin duda, el autoritarismo con el que se está actuando.

  7. Excelente nota, esperemos que los dirigentes de CONACYT reflexionen y dejen de politizar todo. En CONACYT y en el SNI desde siempre se ha considerado a las humanidades como una ciencia y siempre había sido evaluada está área para el SNI, así que los cambios de la nueva directora no tienen motivo, solo muestra su desconocimiento total del manejo de CONACYT, además, las atribuciones que tomaron al formar una comisión dictaminadora para que a una persona se le de el nombramiento no será nunca bien visto por los miembros del SNI y tampoco por la sociedad en general, se podría decir que es abuso de poder.

  8. Tal parece que esta administración esta mas ocupada en destruirr lo poco que hay todavia que em construr. Como usted dice al final, los jovenes que se van al extranjero muchos no volverán

  9. Excelente artículo de Salvador Malo, con una perspectiva privilegiada de alguien que conoce al SNI desde antes de su creación. En efecto, lo más preocupante es la falta de políticas en C y T, con metas evaluables; la destrucción de las políticas e instrumentos existentes sin aportar otros nuevos; y el recorte del financiamiento en niveles nunca antes vistos. Todavía habría que agregarle una ineptitud supina en el manejo del organismo rector de la cyt; desde la ausencia de políticas ya mencionada, hasta la atención a investigadores y becarios.

Comentarios cerrados