La reforma educativa se encuentra en agonía y uno de sus componentes más importantes (la evaluación docente) está en juego. Al menos 53 diputados de la coalición Morena-PT-PES provienen del magisterio y, de manera conjunta, han expresado una férrea oposición a la continuidad del Servicio Profesional Docente (SPD). Sin embargo, no hay certeza respecto a su porvenir, debido a la ausencia de un consenso dentro del nuevo partido dominante. Por un lado, el gobierno entrante intentó suspender la evaluación docente en el legislativo; por otro lado, Esteban Moctezuma Barragán manifestó su intención de modificarla, mas no de cancelarla. En contraste, Andrés Manuel López Obrador envió un mensaje político más radical a los docentes de su electorado: “no va a haber evaluación”. Por lo tanto, el discurso vacila entre la suspensión, la modificación y la cancelación de la evaluación docente. Ante este escenario de incertidumbre, es importante dar a conocer investigación basada en evidencia sobre el impacto de esta política. Entender los efectos que la evaluación ha tenido en la burocracia educativa de México nos permitiría saber más sobre su pertinencia.

Ilustración: Adrián Pérez
Varios estudios indagan quiénes tienen éxito (un puntaje satisfactorio) en los concursos para obtener un cargo educativo en México. El SPD —derivado de la reforma educativa— planteó como principal objetivo “garantizar la idoneidad” y contratar “por mérito” a docentes, directivos, supervisores, inspectores de zona y asesores técnico-pedagógicos. Casi un sexenio después de la implementación de la evaluación docente, es interesante conocer las características de las personas que obtienen valoraciones satisfactorias en distintos concursos. En este artículo, me enfocaré en cinco variables: contexto socioeconómico, institución de origen, experiencia, antecedentes académicos y sexo.
En primer lugar, los aspirantes que viven en contextos marginados tienden a fracasar en los concursos de oposición (esto se observó en los dos primeros concursos de promoción a cargos de dirección, supervisión y asesoría técnico-pedagógica que se llevaron a cabo entre 2015 y 2017). El municipio en el que viven (o estudiaron) incide en la probabilidad de que obtengan un resultado idóneo. Dicho hallazgo parece ser una constante, pues Jorge Puga —en un texto que está en proceso de publicación— encontró que, en 2014, los que vivían en localidades marginadas obtuvieron, en su mayoría, resultados no idóneos en el examen de ingreso al servicio docente. Al respecto, los opositores de la evaluación han señalado que no debería aplicarse un examen estandarizado a profesores que se encuentran en contextos socioeconómicos distintos. Es decir, los profesores que viven en contextos de pobreza no deberían ser evaluados de la misma manera que los que se encuentran en contextos socioeconómicos favorecidos. En respuesta, Moctezuma Barragán anunció que la evaluación será “regionalizada”; sin embargo, esta idea no necesariamente atiende la inconformidad de los detractores: no es lo mismo diferenciar la evaluación por regiones que adaptarla a los distintos contextos específicos de cada profesor (sobre todo, en un país tan diverso y desigual como México). Ahora bien, si el objetivo de la evaluación docente es seleccionar a los más aptos, ¿debe adaptarse la evaluación al contexto del docente o el docente tiene que adaptarse al contexto de la evaluación?
Por otro lado, los normalistas difícilmente ascienden en el escalafón de la jerarquía educativa. En los concursos de ascenso de 2015 a 2017, los normalistas tuvieron menos éxito que los egresados de otras instituciones de educación superior. Desafortunadamente, los requisitos de contratación del SPD están desalineados con los programas académicos y los perfiles de egreso de las escuelas normales. Además, las escuelas normales están en dificultades debido a tres principales razones: 1) estudiar en una normal ya no garantiza un cargo docente; 2) ahora compiten con egresados de otras carreras; y 3) sus programas académicos no están actualizados, por lo que su matrícula está en declive. Por tal motivo, en los próximos años, la política educativa debería hacer énfasis en la formación docente. Más que aumentar la oferta de cursos de capacitación a diestra y siniestra, debe garantizar el aprendizaje continuo de los docentes para la mejora de su labor didáctica. Como se observa en la siguiente gráfica, cada vez más normalistas tienen resultados satisfactorios, pero no es una particularidad de ellos.

Los exámenes han impulsado la contratación de directores e incluso supervisores escolares con poca experiencia. En los concursos de ascenso, los jóvenes obtuvieron mejores resultados. Lo mismo ocurrió en el examen para contratar docentes: según Puga, Ogarrio y Martínez-Méndez,1 un candidato de 23 años tuvo mayor probabilidad a ser idóneo que uno de 43. Lo anterior se debe a que la evaluación docente valora muy poco la experiencia. Los datos demuestran que, en los concursos de ascenso, tener más experiencia no garantiza un puntaje más alto.2 Sorprendentemente, en las convocatorias de los concursos, 2 años de servicio docente son suficientes para cualquier cargo: dirección escolar, supervisión o inspección de zona. Es decir, para acceder a los rangos más altos de la jerarquía burocrática ya no es indispensable acumular mucha experiencia, ni haber pasado muchos años frente al aula, ni haber ocupado cargos de gestión. Antes de que se pusiera en marcha el SPD, la antigüedad en el servicio era esencial para acceder a cargos superiores, ya que los aspirantes necesitaban tiempo para mostrar lealtad al sindicato de maestros, cultivar relaciones o demostrar expertise. Sin duda, si el Servicio Profesional Docente pretende profesionalizar la carrera de los maestros, es fundamental que valore la trayectoria de los aspirantes. La evaluación ha puesto un énfasis excesivo en que los aspirantes consigan puntajes altos en los exámenes, pero la experiencia tiene poco valor, por lo que muchos principiantes son seleccionados con severas deficiencias de experiencia práctica en un aula.
Varias investigaciones coinciden en que un historial académico sobresaliente es la principal característica de los concursantes exitosos. Es decir, la evaluación docente selecciona a aquellos que poseen un alto nivel de adaptación a los sistemas de evaluación: tienen habilidades para la resolución de problemas teóricos y han destacado en contextos académicos. Cuatro investigaciones (Ruiz, 2018; Puga, Martínez y Ogarrio, 2018; González, 2017; INEE, 2015) coinciden en que el promedio de calificaciones obtenido en la licenciatura está altamente relacionado con el desempeño de los concursantes en las evaluaciones. Además, para ascender, tener algún posgrado (maestría o doctorado) incrementa la probabilidad de tener un puntaje elevado. El mérito obedece, entonces, a un principio darwinista: quienes sobreviven en contextos de evaluación competitivos y se adaptan fácilmente a ellos tienen mayores probabilidades de éxito. Los mejores son quienes tienen habilidades para resolver problemas teóricos, memorizar contenidos, improvisar respuestas adecuadas y contestar exámenes de opción múltiple. Ya se ha reiterado que estas competencias no necesariamente son las que los docentes necesitan para mejorar sus procesos de enseñanza.
El uso de la evaluación facilita que la asignación de plazas se haga con equidad de género, pues el puntaje de un examen es un criterio de selección objetivo (contrariamente a las entrevistas, que son subjetivas y abren paso a la discrecionalidad). En México, la profesión docente está feminizada en educación básica. Sin embargo, en educación secundaria, los puestos de liderazgo y gestión educativa, como supervisión o dirección escolar, están ocupados principalmente por hombres. Tanto la feminización del magisterio como el predominio de los hombres en cargos de gestión posiblemente tienen orígenes en una percepción sobre los roles sociales de cada género. Sin embargo, la investigación muestra que ninguno de los dos sexos tiene probabilidad de éxito en las pruebas (Puga, Martínez y Ogarrio, 2018; Ruiz, 2018). Por tal motivo, la evaluación docente, bien implementada, pondría un “piso parejo” para que los hombres y las mujeres accedan a cargos educativos de manera equitativa.
Estos concursos de selección tienen un trasfondo político, en el que el Estado pretendía recuperar el control de la educación frente al excesivo poder del SNTE. Para que el sindicato perdiera poder, era necesario contratar nuevos cuadros al servicio del Estado y hacer una “limpieza burocrática” en el sistema educativo. Para ello, era necesario abrir las puertas a una nueva generación de profesores (de escuelas diferentes a las normales, que no tuvieran tanta experiencia). Sin duda, la evaluación docente puede mejorar: debe ser contextualizada, debe promover el aprendizaje de los docentes, debe valorar la trayectoria y las habilidades prácticas (no sólo la teoría). Sin embargo, no debe desaparecer. No sólo porque se trata de un instrumento de selección meritocrático, sino porque permite identificar las áreas de oportunidad para que los docentes se profesionalicen.
Yamil Ruiz Moreno
Investigador Jr. del Programa Interdisciplinario sobre Política y Prácticas Educativas del Centro de Investigación y Docencia Económicas.
1 Puga, Jorge; Martínez-Méndez, Juan Ismael; y Ogarrio Rojas, Pascual. “Factores que inciden en el desempeño de los concursantes en el examen de ingreso al Servicio Profesional Docente.” Centro de Investigación y Docencia Económicas: 2018.
2 Ruiz, Yamil. ¿Quiénes ascienden de cargo en el Servicio Profesional Docente? Reconceptualización del mérito y cambios político-organizacionales de la carrera magisterial en México. Tesis de licenciatura (Centro de Investigación y Docencia Económicas: agosto, 2018).
Muy buen artículo.
Imagínense: que para ser médico, abogado, enfermera, contador… Solo tuviéramos que pasar un exámen. Esta de locos laboral reforma educativa!!!
Muy buen artículo, pero agregaría yo aparte de la experiencia docente que como requisito debería ser de más de dos años para directivos, valorar la aceptación en el plantel, las buenas relaciones y la vocación de servicio y por supuesto el amor por el servicio educativo y la mejora continua. Saludos
Investiguen porqué no pagan a los destacados y qué pasa con ese dinero,quién se lo queda.
Así como está actualmente, la evaluzcion docente debe modificarse, pues no debe responder a intereses políticos
Muy buen articulo, es claro hay que modificarla .
Conocí a una chica con carreta en administración, hizo examen estuvo de educadora dos años y luego concurso para ATP , con dificultad cumplió un año y renuncio a su puesto y regreso de educadora y por cierto con muchísimas carencias profesionales en ambas funciones.
Es un artículo, realista, bien analizado aunque falta profundizar bastante en muchos aspectos. Efectivamente se hace a un lado la experiencia de los docentes, la cual permite demostrar el desempeño. Sin menospreciar los niveles académicos actuales, en algún tiempo hubo excelentes MAESTROS con sólo haber cursado la educación primaria pero eso sí con gran dedicación y entrega a la función docente, los cuales el tiempo les permitió poseer mucha experiencia que ponían al servicio de la SOCIEDAD no se restringian a la escuela, ni al aula, ni al alumno, eran entes al servicio de la sociedad y entregaban buenos resultados escolares. Hoy, los respetables docentes se dedican exclusivamente a atender a los alumnos, que bueno, tienen preparación de licenciatura, magnífico, por concurso ingresan al servicio educativo (sin conocer asuntos pedagógicos, metodológicos o de contenidos) personas de diferentes profesiones, que bueno por ellos, lo merecen, pero la escuela a donde llegan les debe poner un TUTOR DOCENTE para que los apoye y les lleve un seguimiento en su desempeño.Pues no que los docentes o directivos en servicio «no sirven»? Hay médicos, ingenieros, abogados, etc. Que ingresan como docentes o directivos con muy escaso conocimiento de las herramientas necesarias para su desempeño docente (experiencia por lo menos) y trabajan en algo desconocido. Me pregunto : un profesor normalista, de carrera, bien preparado, puede extender una RECETA MÉDICA? NOOO, porque comete más de un delito por desconocer las herramientas que hacen que el médico pueda recetar. Eso sería, usurpar funciones. Entonces porqué un médico si puede dar clases? Zapatero a tus zapatos cada quien a valorar y dar valor a lo que estudió. Los gobiernos deben fortalecer, a las escuelas formadoras de maestros para no abaratar o ningunear a los MAESTROS. comentario hecho co N todo respeto a los médicos y a todas las profesiones.
Si le hace un examen a los egresados de las normales verá su real nivel. Usted mismo da respuesta en el primer parrafo de su comentario. Dejando de lado a profesiones como medicina o ingeniería civil, todas las profesiones pueden aprenderse con la práctia o el auto estudio, incluyendo la de maestros. La epoca que todos recuerdan como gloriosa para el magisterio (30-50’s) era así: jovencitos de 15 años que se capacitaban para maestros y la práctica los hacía excelentes. Estudiar una carrera universitaria debería contar también.
El ascenso sin experiencia por mucho que maneje teorías esta creando problemas, sobretodo cuando se pasa de docente a supervisión o jefatura de sector sin haber pasado por la dirección o por la supervisión. Ya que no se tiene el tacto para tratar como directivos a padres de familia y docentes frente a grupo.
Si bien en los exámenes los más jóvenes y los egresados de otras instituciones no necesariamente formadoras de docentes tienen más éxito, sus competencias en el desempeño tienden a ser más deficitarias. Ingenieros y abogados expertos en el contenido, pero con dificultades para diseñar e instrumentar estrategias de aprendizaje, o supervisores de 24 años de edad que tiene dificultades para encabezar proyectos de desarrollo educativo en sus escuelas.
En lo años 40 el gran avance educativo fue con jovencitos de 19 años.
Me confundió que a lo largo del texto se mezclaran los casos de la evaluación de ingreso y la de promoción, son casos muy distintos que deberían tratarse aparte pues los factores juegan también de manera diferenciada. Por citar un ejemplo, donde señalas: «En los concursos de ascenso, los jóvenes obtuvieron mejores resultados. Lo mismo ocurrió en el examen para contratar docentes: según Puga, Ogarrio y Martínez-Méndez, un candidato de 23 años tuvo mayor probabilidad a ser idóneo que uno de 43. Lo anterior se debe a que la evaluación docente valora muy poco la experiencia» Esta última frase me hizo revisar a Puga, Ogarrio y Martínez-Mendez (2017), ellos analizan solo la evaluación de ingreso y sí encontraron que la experiencia aumentaba la probabilidad de resultar idóneo: no tener experiencia 34%, tener más de 9 años de experiencia 45%. Cuando la experiencia la tuvieron en el sector privado subía a 56%… y así en tantas otras afirmaciones.
Hola, Vero. Ciertamente, la experiencia aumentó la probabilidad de tener un resultado idóneo en los concursos de ingreso, pero eso no invalida mi argumento de que se valora muy poco la experiencia tanto en los exámenes de ingreso como en los de promoción, pues en ambos sólo se requieren 2 años de experiencia docente. Independientemente de la correlación obtenida, el sistema valora muy poco la experiencia acumulada «de entrada». El hecho de que en ambas pruebas los jóvenes suelan tener éxito me parece más que una coincidencia. Saludos.
Cierto los considerandos, los jóvenes tienen desarrolladas otras habilidades, pero carecen de experiencia en la solución de problematicas cotidianas, son inexpertos en el manejo de contextos difíciles actuales. Estoy a favor de buscar el equilibrio entre examen, experiencia y escalafón. El contexto del nivel secundaria es difícil pero apasionante en el desenvolvimiento de la tarea educativa.
Excelente artículo, me ha tocado tener directivos acusados de acoso sexual a las alumnas de secundaria y son idóneos en el examen. He tenido compañeros que tienen mucha excelentes lugares pero en la práctica son un fiasco… Algo parecido a carrera magisterial.