Hay yerbas que envenenan, y nunca falta el marchante que sale a venderlas, o el charlatán que habla de ellas, como si fueran curativas y milagrosas. Por eso la cautela es virtud indispensable en el mercado herbolario. También en el mercado de las propuestas de política educativa hay mercaderes y charlatanes ofreciendo veneno como si fuera medicina confiable.