No todas las madres de licenciatura son jóvenes, ni solteras, ni estudiantes de tiempo completo. Su situación, por un lado, es resultado de un contexto en el que aún persisten desigualdades de género en el campo educativo y laboral; por el otro, donde las universidades aún desconocen sus características y necesidades.
educación pública
Los programas federales o de cómo la obligación estatal del financiamiento se convirtió en privilegio
Ningún programa (con reglas de operación o lineamientos) asegura al cien por ciento la satisfacción de las necesidades operativas y de mantenimiento de un plantel. Ello se debe a que sus recursos sólo pueden ser empleados en ciertos rubros especificados en el marco normativo. En consecuencia, las escuelas pueden recibir fondos públicos y aún así verse en la necesidad de conseguir más dinero por sus propios medios para atender todo aquello que el programa no contempla.
Pensamiento crítico:
tensiones desde el discurso oficial y la puesta en práctica
Vale la pena preguntarse, ¿por qué hablar de pensamiento crítico es más que nunca necesario y pertinente? Porque para enseñar a ser críticos, reflexivos y autónomos, idealmente los docentes deberían adquirir primero dichas características.
Educación básica · Educación en otros países · Educación superior
Derribar muros y construir alternativas para seguir estudiando
El error más común cuando hablamos de educación es confundir el derecho a la educación con el derecho al acceso. Todos los mexicanos tenemos derecho a la educación y esto significa que tenemos derecho a aprender y no sólo a estar sentados en un pupitre. Para lograr esto no basta una ley, ni el esfuerzo de un gobierno, se requieren las manos y el talento de todos los mexicanos.
Escuelas chárter y otras chatarras educativas en la era de Trump
De medias verdades, los argumentos parental de mercado, deriva gente como DeVos dos propuestas institucionales concretas: las escuelas chárter y los vouchers. En el primer caso, las escuelas chárter reciben dinero público (y privado si hay donantes generosos) y se desentienden de las regulaciones que controlan a las escuelas tradicionales públicas. En el segundo caso, la familia, y no la escuela (pública), recibe un subsidio directo del Estado –lo que aparentemente corresponde al dinero que cuesta la educación de cada niño o niña– el cual puede utilizar posteriormente para elegir la escuela (privada) que mejor satisfaga sus expectativas.