Teuchitlán: las aspiraciones como trampa de reclutamiento forzado

Crédito: Víctor Solís

¿Debemos permanecer en silencio frente a las atrocidades que sacuden a nuestra sociedad? Si no es así, ¿qué nos corresponde decir a quienes trabajamos en el ámbito educativo en relación con el inaceptable caso del Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco? Estas interrogantes fueron las que nos planteamos en un diálogo sobre la situación excepcional de violencia que atraviesa nuestro país y que afecta de manera desmesurada la vida de muchas personas, particularmente la de las y los jóvenes mexicanos. Ellos y ellas representan un sector de la población con la que los autores de este texto hemos trabajado en nuestros proyectos de investigación educativa, de ahí surgen nuestras inquietudes. En este artículo compartimos, en específico, nuestras preocupaciones sobre las aspiraciones educativas y laborales en relación con la violencia y con la falta de oportunidades para sectores socialmente vulnerables. Sin pretender sobrecargar de responsabilidades sociales a la formación escolar, consideramos que es un espacio desde el cual se podría aportar a una problemática como la de Teuchitlán, Jalisco.

Vidas expuestas: el caso del Rancho Izaguirre

Como investigadores en educación hemos escuchado innumerables veces la palabra “escuela” y, con ella, la representación de espacios que favorecen el desarrollo humano. Pero difícilmente imaginamos que esta misma noción es utilizada para referirse a lugares de adiestramiento en prácticas inhumanas. Que al Rancho Izaguirre le llamaran “la escuelita del terror” es motivo de estupefacción. Los testimonios de lo que ahí ocurría producen horror por la sistematización del dolor, la violencia, el castigo y la muerte. No obstante, tristemente este lugar de “necropoder” representa sólo una de las tantas muestras de la violencia cruenta que se ha cimentado sobre nuestro país como consecuencia de la disputa por el poder —principalmente económico— y que ha hecho de las personas mercancías desechables en un contexto marcado por la desigualdad social. Como refiere la antropóloga Rita Segato, el sistema de desprotección, precariedad y explotación actual depende de que las personas seamos capaces de acostumbrarnos a la naturalización de la violencia y a la “expropiación de la vida”. Estas líneas son también una suerte de acción política de resistencia, porque asumimos que no nos debemos acostumbrar a estos escenarios de exacerbación de la violencia y la muerte por más comunes que sean. Y aunque todo parece indicar que cualquier persona puede ser víctima potencial del crimen organizado, pensamos que hay vidas más expuestas a ser víctimas de estos grupos delictivos.

¿Cuáles son estas vidas? Aquellas que padecen con mayor intensidad los efectos de la distribución desigual de bienes y servicios; las que carecen de una relación equitativa entre la inversión de tiempo y esfuerzo en las jornadas laborales y las condiciones salariales. Son aquellas que enfrentan mayores obstáculos para acceder a los elementos básicos de una existencia digna, como la salud, el trabajo y la educación. Estas vidas están marcadas por la pobreza y la exclusión, y —como señala Rossana Reguillo— suelen considerarse como personas “prescindibles o desechables”.

El anhelo de un futuro mejor: ¿esperanza o peligro?

Un principio fundamental en los estudios sobre agencia es que las aspiraciones son útiles en tanto que representan una vía de navegación que contribuyen a que las personas transformen sus condiciones de vida. En contextos como el de México, donde persiste la desigualdad social y el anhelo por superar la pobreza es constante, este mecanismo adquiere especial relevancia. Imaginar un futuro diferente es importante porque suele orientar la vida de las personas hacia otras formas posibles de vivir. Sin embargo, es difícil pensar que las aspiraciones, sobre todo las relacionadas con la obtención de un empleo con mejores condiciones, conduzcan a experiencias traumáticas como las narradas en el Rancho Izaguirre. ¿Se puede considerar esto como un efecto perverso o no deseado de las aspiraciones? Quizás sí, considerando las dificultades que las personas tienen al navegar en contextos limitados por la carencia de oportunidades y de condiciones de vida. La falta de acceso a educación superior, empleo digno y mejores oportunidades convierte el deseo de progreso en una trampa. En estos escenarios, el deseo de movilidad social ascendente —una aspiración latente en cualquier persona ubicada en contextos de marginación social— es utilizado por el crimen organizado para captar jóvenes al apropiarse del discurso de oportunidades laborales relevantes, en las que no necesariamente se requiere experiencia profesional o formación escolar. Ello es consecuencia de un Estado ausente y, en muchos casos, incapacitado para garantizar condiciones y oportunidades de vida digna.

Según Villa Lever y otros, las aspiraciones son usualmente valoradas en tanto que son la representación mental de una vida distinta con condiciones deseables de existencia. Cuando estas aspiraciones se fundamentan en lo que es posible, es decir, en aquello que consideran que efectivamente pueden lograr, las personas se esfuerzan y actúan hacia el futuro visualizado. Desde luego, esto no anula las dificultades y limitaciones que el contexto les impone, pero al menos existe motivación para afrontarlas por el afán de convertirse en lo que se desea. No obstante, para quienes se sitúan en contextos de marginación social, la capacidad de aspirar se ve limitada. Las personas tienen una menor libertad para construir sus metas y menores recursos para actuar, en consecuencia, las oportunidades relevantes para estos sectores son escasas. De ahí que acceder a empleos con mejores condiciones, que no necesariamente requieran formación escolar o experiencia calificada, representa una oportunidad valiosa que convence de participar en las falsas propuestas del crimen organizado a quienes viven en los márgenes sociales.

Aspiraciones, educación y trabajo

La educación superior influye profundamente en las aspiraciones, ya sea porque las genera, transforma o resignifica. La socialización en entornos educativos, especialmente en el ámbito universitario, constituye un mecanismo clave para desarrollar estrategias, habilidades y conocimientos útiles para que las personas logren sus objetivos a largo plazo. La socialización escolar también es un medio por el que se elaboran proyectos a futuro en los que se construyen redes sociales y se accede a experiencias que son útiles en el curso de vida de cada individuo. Las aspiraciones en jóvenes de entornos desfavorecidos constituyen un mecanismo de agencia que puede ser potenciado mediante la educación. Por lo tanto, ampliar las oportunidades educativas es crucial para que estos jóvenes puedan superar sus contextos de origen y construir un futuro más próspero.

Las aspiraciones se expresan en diversos dominios, entre ellos lo académico, lo personal o lo laboral. La parte laboral es uno de los espacios en los que las aspiraciones tienen una mayor profusión, pues las personas se proyectan en un trabajo digno en el que obtienen condiciones que les permiten tener una vida deseable que signifique mejorar frente a sus contextos de origen. Sin embargo, no debe asumirse que la educación formal es garantía de éxito, considerando que el mercado laboral es dinámico y depende de factores como la oferta laboral por áreas geográficas, el aumento de egresados y la insuficiencia de empleos para absorber a la población joven egresada. Las probabilidades de acceder a un empleo mejor remunerado y a una vida digna disminuyen significativamente en ausencia de formación escolar y —particularmente— de educación superior. En ese sentido, navegar en el mercado laboral es complicado aun con un título universitario, pero lo es más cuando no se cuenta con la suficiente formación escolar para competir por puestos de trabajo destacables.

Los diversos modos de reclutamiento del crimen organizado muestran que los empleos ofrecidos como parte de la estafa están dirigidos principalmente a jóvenes que no necesariamente tuvieron acceso a las mejores condiciones educativas, o que incluso con un título universitario no encontraron empleos dignos. Aunque no necesariamente se específica la formación escolar en los testimonios de sobrevivientes del Rancho Izaguirre, es posible inferir que quienes son reclutados en contra de su voluntad son personas que buscaban empleos manuales, ya fuese como pintores, choferes, albañiles, entre otros.

La historia del Rancho Izaguirre: un llamado a la acción por la equidad

La terrorífica historia del Rancho Izaguirre refuerza la importancia de lograr una mayor equidad para aquellos que provienen de sectores vulnerables, un desafío que persiste sin solución efectiva. Para lograrlo, es importante ofrecer más y mejores oportunidades educativas a quienes menos posibilidades tienen, así como pensar en cómo garantizar condiciones de vida digna para quienes no logran llegar a la educación superior. Esto último es particularmente importante considerando que, en México, sólo 28 de cada 100 personas que inician la educación primaria logran llegar a la educación superior. Se trata de un asunto de política pública, de la urgente necesidad de mejorar la equidad y de proteger a nuestros jóvenes. Para ello es necesario priorizar la vinculación entre la escuela y empleo, y focalizarlo en la población joven de contextos de vulnerabilidad social, quienes han sido los principales afectados. La historia del Rancho Izaguirre muestra que no necesariamente basta con más escuelas y empleos, pues sin seguridad y sin frenar la corrupción, la violencia seguirá apropiándose del futuro de los jóvenes. Y es que, citando de nuevo a Reguillo: “Ante el desencanto de la vida, a muchos jóvenes lo único que les queda es vender o exponerse al riesgo”.

Christian Ivan Cortes Velasco

Estudiante de doctorado del Departamento de Investigaciones Educativas (DIE) del Cinvestav.

Juan Carlos Gómez Palacios

Profesor de cátedra en los departamentos de estudios internacionales y de psicología de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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Publicado en: Educación superior

3 comentarios en “Teuchitlán: las aspiraciones como trampa de reclutamiento forzado

  1. Pame perece que el problemas es multifactorial, cuyo tratamiento es complejo y cuyos resultados en Cas de que se generen políticas públicas adecuadas, los resultados. Se verían a muy largo plazo tomando en cuanta las condiciones de nuestro país.
    Ya que seguimos siendo un país en vías de desarrollo donde la educacion es deficiencia e inaccesible para algunos; las condiciones educativas también son deficientes desde las instalaciones, los docentes y los programas educativos, no existe un plan estratégico donde se contemple las necesidades del país para que los egresados de las carrreras tengan empleo, y ademas el hecho de ser un profesionista no te garantiza una solvencia económica tomando en cuanta los sueldos que reciben éstos.
    Gana mas un limpia parabrisas, un lavacoches o uno que pide limosna o hasta un vendedor informal que un profesionista
    Hay mucha tela de donde cortar en cuestión de la problemática de nuestro pais

    1. Decir que en la economía informal se gana lo mismo que un profesionista suele usarse como excusa para decir que estudiar no sirve de nada y para empeorar la educación en el país. No es que la economía informal se gane mucho, sino que los profesionistas están mal pagados. Y la situación empeora con los profesionistas con experiencia pero mayor edad,

  2. Christian, saludos desde juariles carnal, como decía el pachuco TIN TAN, en tiempo pasado Ayotzinapa, en estos tiempos de las luces, Teuchitlán, ¡qué terrible!, pero es una realidad y claro que la sociedad, toda, no debe permanecer callada, porque eso sería como aceptar, tácitamente, que se está de acuerdo con la delincuencia, tanto organizada como doméstica, mientras las autoridades voltean hacia otro lado y todo lo politizan; ayer Quique, hoy TYSQ, aunque al parecer el «apotegma» de abrazos no balazos, ya no aplica. Veremos Vale.

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