Allí estábamos, recibiendo mentadas de madre y todo tipo de objetos que nos lanzaban: “¡Traidores! ¡Vendidos! ¡Putos! ¡Neoliberales! ¡Taparrabos del director! ¡Por su culpa el país está como está! ¡Chinguen a su madre!” son algunas de las frases que recuerdo. Yo estaba muy espantado esperando que en cualquier momento la turba de estudiantes enardecidos de la Facultad de Ciencias de la UNAM se lanzara sobre nosotros (los consejeros estudiantiles) para lincharnos. Estábamos en el lagartijero norte de la Facultad —entre los edificios O y P—, justo frente a lo que antes era la entrada de la biblioteca. Les estoy hablando del año 1996, cuando tuve el honor de ser parte del Consejo estudiantil de la Facultad de Ciencias de la UNAM, junto con un grupo de compañeros destacados. Habíamos aprobado los exámenes generales de maestría y algunos nos fuimos al Consejo de Posgrado, otros al Consejo Técnico y unos más al Consejo Universitario. Fuimos electos como representantes estudiantiles (por votación no muy numerosa, lo admito) para representar los intereses de los estudiantes ante las autoridades y ante la comunidad académica de la Universidad. Teníamos mucho entusiasmo creyendo que podíamos promover cambios para mejorar la educación en la UNAM, en particular en la Facultad de Ciencias. Pero con muy poca (o nula) experiencia en asuntos políticos y movimientos sociales.
No pude contar cuánta gente había en esa asamblea que, influenciada por un profesor de cálculo, nos insultaba profiriendo todo tipo de epítetos. Eran cientos de estudiantes. Nosotras y nosotros —estudiantes consejeros— en medio de ese desastre social, inundados por el miedo, la rabia y la frustración, cuidando nuestras urnas donde los estudiantes de la Facultad depositarían su opinión, ya que la asamblea de la Facultad había decidido destruirlas porque representaban un “voto amañado neoliberal” en contra del hijo del campesino, en contra del hijo del obrero, en contra del pueblo.
¿Cómo fue que llegamos a ese punto? Esta es la historia de ese acontecimiento en la Facultad de Ciencias de la UNAM, ocurrido en 1996. Es la historia que recuerdo de cómo operaba en aquella época la asamblea de la Facultad de Ciencias y de los grupos que la dirigían, de un profesor que tenía una gran influencia en las asambleas estudiantiles, de un payaso y un cantante profesionales (artistas de teatro urbano) que, sin estar relacionados con los temas académicos de la UNAM, lograron convencer a los participantes de la asamblea de que los consejeros éramos los “enemigos del pueblo”. Es la historia de por qué, desde entonces, considero que la asamblea es la peor manera de solucionar conflictos. Es una historia de miedo, decepción, frustración y rabia al ver que personas supuestamente preparadas para analizar evidencia —los futuros científicos de la Facultad— se dejaban engañar. Y también trato de ofrecer elementos para reflexionar sobre lo que pasa hoy en las instituciones de educación superior mexicanas, en los movimientos estudiantiles, sin dejar de mencionar que varios de aquellos líderes se incorporaron a trabajar en gobiernos actuales.

El problema que se discutía en la asamblea
En la Facultad de Ciencias existía un problema añejo: cómo considerar las calificaciones de las y los oyentes cuando tomaban un curso sin estar inscritos oficialmente. Eran usos y costumbres de la Facultad que si alguien tomaba un curso de oyente, después se inscribía oficialmente en un examen extraordinario con un profesor que estuviera disponible y ese o esa profesora respetaría la calificación que asignó el profesor que impartió el curso. Pero un día se suscitó un conflicto. En un curso de álgebra, el profesor que iba a calificar el examen extraordinario correspondiente no respetó la calificación de las y los oyentes, ejerciendo también su derecho como titular de esa cátedra.
Discutiendo este problema en una reunión ordinaria del Consejo Técnico de la Facultad se propuso una solución que, desde mi punto de vista, era muy buena. Nada en la normatividad universitaria especificaba cuánto tiempo debía durar un examen extraordinario. Así que se nos ocurrió que los exámenes extraordinarios podrían durar todo un semestre. De esta forma los oyentes que realmente quisieran aprobar la materia podrían inscribirse oficialmente a un “extraordinario largo” al inicio del semestre en lugar de simplemente registrarse en el acta de oyentes, que carecía de validez oficial. El “extraordinario largo” duraría todo el semestre y al final sería evaluado por el mismo profesor o profesora que impartió el curso. Propusimos que cada estudiante tuviera derecho a presentar dos extraordinarios largos para cada materia, adicionales a las dos inscripciones regulares al curso y a las infinitas oportunidades que da la UNAM para presentar extraordinarios normales.
A nosotros esta propuesta, que se generó en el Consejo Técnico de la Facultad de Ciencias, nos pareció excelente porque aumentaba el número de veces que un estudiante podía inscribirse a una materia de forma oficial. Tal vez era perfectible, tal vez estaba equivocada de alguna manera o tal vez existía una propuesta mejor. Tanto las autoridades de la Facultad como los estudiantes consejeros estábamos buscando una solución a un problema en beneficio del estudiantado. Antes de que se aprobara en el Consejo Técnico, propusimos presentarla a la comunidad. Sin embargo, pronto nos daríamos cuenta de que había sido una mala idea.
El neoliberalismo
Convocamos a una primera reunión estudiantil en la cual había unos 200 estudiantes que atendieron el llamado. La propuesta se presentó y al final llegamos a la sección de preguntas y comentarios por parte de la comunidad. Todo iba bien. Recibimos un par de preguntas respecto a las fechas a partir de las cuales el extraordinario largo se implementaría oficialmente, entre otras. De pronto, una estudiante, activista conocida, tomó el micrófono y dijo:
Esta es una propuesta neoliberal que va en contra de los intereses de los estudiantes. Quieren limitar el acceso a la educación. ¿Por qué sólo dos oportunidades de extraordinario largo? Quieren desaparecer a los oyentes. Quieren que sólo los ricos puedan estudiar. Con esta propuesta neoliberal, el hijo del campesino, el hijo del obrero, el hijo del proletario, quedarían fuera de la Universidad. Yo no acepto esta propuesta y mi recomendación es rechazarla inmediatamente.
Me quedé petrificado al oír esto. La estudiante continuó:
¡Estos no son nuestros representantes! Estos trabajan para las autoridades neoliberales. Quieren que la Universidad se convierta en su círculo privado, en su coto de poder. Quieren dejar a la gente de bajos recursos fuera de la Universidad. Esta propuesta tiene como objetivo aniquilar el derecho a la educación que por ley constitucional tenemos los ciudadanos. ¡Son unos neoliberales! No podemos permitir que dejen a los pobres sin educación.
Todos los consejeros estudiantiles nos quedamos completamente atónitos ante estas expresiones incoherentes. No supimos qué contestar, realmente no teníamos experiencia en cuestiones políticas ni sociales. No teníamos idea qué tenía que ver el neoliberalismo con la propuesta del extraordinario largo.
El héroe del cálculo y el Dr. Darío Moreno
Cuando yo era estudiante de licenciatura tomé dos cursos de cálculo diferencial e integral con un profesor que tenía fama de ser muy bueno y al que en esta historia llamaré el “héroe del cálculo” (o HC). Efectivamente, era un buen profesor, muy claro para explicar y extremadamente ordenado en su pizarrón. El punto importante es que no sólo aprendí cálculo diferencial e integral en sus cursos. También aprendí lo fácil que es influenciar estudiantes jóvenes, inexpertos y ávidos de atención (yo era uno de ellos).
Las clases de cálculo impartidas por el HC eran muy buenas… cuando las daba. La mayor parte del tiempo, escudándose en la libertad de cátedra que impera en la UNAM, este profesor hablaba sobre temas de política haciendo énfasis, sobre todo, en cómo el neoliberalismo había arruinado al mundo. HC fue un actor muy activo en la vida de la Facultad de Ciencias durante muchos años. Su discurso consistía en que las autoridades de la UNAM, por antonomasia, eran perversas y estaban en contra de que los pobres estudiaran. Esa idea la repetía una y otra vez en sus clases utilizando muchos argumentos, muchos ejemplos “convincentes”, mucho sentimentalismo. Había algunos compañeros que incluso lloraban con sus discursos y nos trataba de convencer que teníamos que incendiarlo todo y comenzar una revolución.
Pero fue otro profesor de la Facultad el que me salvó de caer en esta trampa. Se trata del profesor Darío Moreno con quien yo había llevado el curso de mecánica clásica. Era un ciudadano chileno exiliado perseguido por la dictadura de Pinochet debido a que, junto con un grupo de colegas y estudiantes, había restaurado el generador eléctrico de la Universidad de Chile después de que los militares cortaran la energía eléctrica. Fui a pedirle su opinión sobre la manera como sucedían las cosas en la política universitaria en la Facultad. Su respuesta me cambió la vida:
Antes de tomar ninguna decisión primero debes adquirir información. Tu información no sólo debe provenir de una fuente. Tienes que buscar información de diferentes fuentes, contrastarla y llegar a una decisión basada en la evidencia. Si no tienes información basada en evidencia entonces siempre va a llegar un tipo u otro […] y te va a convencer de lo que él quiera […]. Ser un revolucionario no significa andar con tu periódico debajo del brazo grafiteando paredes y cerrando salones. Para poder cambiar las cosas en un país, primero debes convertirte en alguien “importante” para ese país. Prepárate, estudia, conviértete en alguien importante. Sólo entonces podrás lograr un cambio verdadero.
Lamentablemente no todas ni todos mis compañeros de generación tuvieron la oportunidad de escuchar este consejo. Fueron atrapados por aquel discurso de HC y por el sentimentalismo que lo rodeaba.
La consulta
Después de que presentamos la propuesta del extraordinario largo, los estudiantes de HC convocaron a una asamblea. Ahí todo se puso peor. De acuerdo con la opinión de los principales oradores, la propuesta del extraordinario largo iba en contra de los intereses del pueblo e incluso en contra de la Constitución de México. En el momento en que se llevó a cabo la votación para decidir si se aprobaba o no la propuesta, habíamos menos de 100 personas en la asamblea (los demás asistentes se fueron saliendo a lo largo de las horas). La asamblea había decidido que nuestra propuesta no se implementaría debido a que iba en contra de la educación pública, de los más desprotegidos y porque era un paso inicial para privatizar la universidad. A la fecha no logro entender qué relación había entre una propuesta tan concreta como la del extraordinario largo con privatizar la educación pública. Ante estos desvaríos, propusimos una segunda reunión estudiantil (no una asamblea) y una consulta a las y los estudiantes para saber cuál era el sentir de la comunidad.
El día de la segunda reunión, los opositores a la propuesta estaban preparados, el auditorio “Alberto Barajas” estaba a reventar. Y sí, ahí estaba “el héroe del cálculo” en una reunión estudiantil. Dio inicio y los consejeros comenzamos a presentar datos de la problemática que había con los oyentes. Me acuerdo de que dimos números exactos de cuántos oyentes se registraban al inicio del semestre en las actas de oyentes; de esos, sólo un 3% terminaba los cursos. El índice de deserción de los estudiantes oyentes era mucho más alto que el índice de deserción de los estudiantes oficialmente inscritos, lo cual era preocupante por muchas razones. Dimos nuestros mejores argumentos académicos para defender la propuesta del extraordinario largo basándonos en evidencia. Pero en la asamblea los argumentos académicos no eran escuchados. Los únicos argumentos que retumbaban por todo el auditorio y se escuchaban eran los que tachaban a las autoridades de ser neoliberales, de estar en contra de los hijos del campesino y del obrero y a favor de la privatización de la educación pública. Casi nadie argumentaba sobre la propuesta en sí. La activista reconocida reapareció planteando lo siguiente:
Yo no veo que exista un problema con los oyentes. Si sólo el 3% de los oyentes que se registran inicialmente a un curso terminan ¡pues qué bueno! Qué bueno que tenemos un sistema que permite terminar a ese 3% de estudiantes. Si no existiera este sistema probablemente ese 3% de oyentes ni siquiera terminaría. ¿Por qué cambiar algo que está funcionando?
Con su retórica estaba desviando la atención hacia otro lado. Ahora, el problema que había con los oyentes se había convertido en el problema del vaso medio lleno o medio vacío. Un problema real se estaba convirtiendo en un problema de percepción. Un 3% para mí puede ser muy poco, pero para otra persona puede ser mucho y representar un gran logro.
Inmediatamente después habló “el héroe del cálculo”; mencionó ejemplos de cómo la educación había sido destruida por las dictaduras más cruentas en los países que en esa época se convirtieron en los más pobres del mundo; dio ejemplos de corrupción en varios gobiernos del mundo (incluyendo el gobierno de México) y cómo dictaduras en El Salvador, Nicaragua y África habían despojado a millones de personas dejándolas en la absoluta miseria. Y estos ejemplos los comparaba con “lo que estaba pasando en la UNAM”. Remató su discurso diciendo: “Y por todo lo que acabo de decir, no podemos permitir que la propuesta neoliberal del extraordinario largo se implemente. El pueblo de México no puede permitir otro saqueo más”.
Luego sacaron el tema de la consulta que queríamos llevar a cabo, nos insultaron y deslegitimaron. Lo que siguió es que salimos de esa asamblea atónitos por todo lo acontecido. Mientras tanto se estaba llevando a cabo una reunión del Consejo Técnico, encabezado por el entonces director de la Facultad, Rafael Pérez Pascual, también investigador del Instituto de Física. Fuimos hacia allá y solicitamos el apoyo para llevar a cabo la consulta, básicamente mesas, sillas y urnas para que se depositaran los cuestionarios contestados. Varios activistas nos siguieron y cuando entraron a la Dirección detrás de nosotros descubrieron que en la mesa de la sala del Consejo Técnico había platos desechables con sabritones, churritos y papitas; también había vasos con café y otros con refresco. El colmo del cinismo neoliberal es que también había azúcar vertida en vasos de unicel y servilletas de papel.
Los consejeros estudiantiles no tuvimos tiempo de hablar porque los asambleístas rabiosos comenzaron a reprocharle con gritos al director el enorme derroche de recursos en el que había sido sorprendido, recursos que podían destinarse para ayudar a los más pobres. Pérez Pascual contestó de la manera más serena posible: “Si quieres, llévate los churritos y las papitas para que ayudes a que se termine la miseria en el mundo”. Se marcharon indignados. Nosotros expusimos la propuesta de la consulta al Consejo Técnico y las autoridades estuvieron de acuerdo en prestarnos las mesas, las sillas y las urnas, y en facilitarnos una fotocopiadora para imprimir el cuestionario.
La consulta y la CIA
Mientras tanto, la reunión que habíamos convocado derivó en asamblea. Las y los presentes demandaron que les mostráramos el cuestionario de la consulta. Éste contenía cuatro preguntas:
- ¿Estás de acuerdo con la propuesta de extraordinario largo tal y como está?
- ¿Crees que dos oportunidades para presentar extraordinario largo son suficientes?
- Si las oportunidades de extraordinario largo fueran ilimitadas, ¿estarías de acuerdo?
- ¿Qué propondrías para perfeccionar la propuesta de extraordinario largo?
El ambiente era realmente hostil, pero el primero que tomó la palabra fue “el héroe del cálculo:
¡Aquí está la prueba de que quieren engañarnos! Este es el tipo de preguntas amañadas para hacer caer a la gente. Es el tipo de preguntas que la CIA hace para inculpar a personas inocentes. La pregunta 3 es el gancho para atrapar a la gente. ¡La pregunta 3 es el gancho! (HC levantaba la mano derecha con el dedo índice en forma de gancho). Ya lo he visto muchas veces. La CIA formula preguntas que aparentemente son inocentes pero que conducen a contradicciones amañadas que te hacen caer. Es la forma en que la CIA hace que muchas personas inocentes “confiesen” crímenes que nunca cometieron.
¡Ahora hasta la CIA estaba metida en el extraordinario largo! Intenté ironizar con el tema, pero ante tales aseveraciones incoherentes preferimos abandonar el auditorio.
El día D
El día de la consulta llegó y comenzamos a las 9 de la mañana. A los pocos minutos, llegaron los asambleístas con bocinas enormes y micrófono. Decidieron hacer una valla humana para impedir la consulta sentándose alrededor de las urnas. A pesar de esta valla, muchos estudiantes de la Facultad se acercaban para contestar el cuestionario y depositarlo en las urnas —brincando a los asambleístas sentados, poniendo el pie en los huecos desocupados del piso—. El extraordinario largo les interesaba a todos, no sólo a los y las asambleístas. Como el boicot no funcionaba, los asambleístas recurrieron a otro recurso: llamaron a un payaso profesional.
“El Llanero Solitito” era un payaso urbano que había trabajado durante muchos años en el grupo Cleta, ampliamente conocido por sus espectáculos gratuitos (lo que usted quiera dar) en Chapultepec. Sus espectáculos iban dirigidos contra el gobierno, contra la injusticia, contra la desigualdad social y contra el abuso de los ricos hacia los pobres. Llegó “El Llanero Solitito” y tomó el micrófono. Comenzó a hablar de todas las heridas sociales, de Carlos Salinas de Gortari, de los muertos del 68, de la pobreza, etc., y en el punto clímax de su acto nos voltea a ver y dice:
…y es por culpa de personas como éstas [señalándonos con el dedo] que el país está como está; es por culpa de personas como éstas que existen tantos abusos y tanta desigualdad en México; es por culpa de gente como ésta [sin dejar de señalarnos] que hay sufrimiento, injusticias y despojos.
Sentimos miedo, coraje y decepción. Sobre todo decepción, al ver que cientos de futuros y futuras científicas, cientos de mis compañeros, supuestamente educados para analizar evidencia y ser objetivos, habían caído en una trampa tan evidente y barata. Nos comenzaron a lanzar todo tipo de objetos: botellas de plástico, latas, cuadernos, escupitajos, palos e incluso piedras (que no sé de dónde obtuvieron). Nos mentaron la madre y profirieron todo tipo de insultos.
Después de la actuación de “El Llanero Solitito”, “el héroe del cálculo” habló para continuar amedrentándonos y descalificándonos. Luego llegó el cantante “El coyote cojo” y comenzó a tocar y cantar canciones de trova.
A pesar de todo esto, cerramos la consulta a las 6 de la tarde, no sin que antes los asambleístas intentaran robarnos las urnas. Lo que pasó ese día es lo que narro al inicio de este texto.
El resultado
Recibimos más de 1200 cuestionarios contestados y depositados en las urnas, muchas más opiniones que los 100 votos que se juntaban en las asambleas. Un 80% de las opiniones que recibimos en la consulta estudiantil estaban a favor de implementar el extraordinario largo.
El extraordinario largo finalmente se implementó en la Facultad de Ciencias —no en 1996— sino pocos semestres después. Se aprobó en el Consejo Técnico de la Facultad sin anunciarlo a la comunidad, sin hacer ruido, pasado un tiempo se dijo que el extraordinario largo ya existía, pero para cuando esto ocurrió ya era parte oficial de los métodos de evaluación en la Facultad. Actualmente, el extraordinario largo es una modalidad que ha beneficiado a cientos de oyentes, por casi 25 generaciones, al permitirles aprobar un curso durante todo un semestre y evitando conflictos entre el profesor o la profesora que imparte el curso y la persona que aplica el examen extraordinario.
¿Cuál era la agenda de los activistas de la Facultad? La verdad es difícil saberlo, pero es claro que ganaban algo al presentar siempre un contraste entre “buenos” contra “malos”, “ricos” contra “pobres”. Así este grupo tuvo el control político de buena parte de la Facultad por casi tres décadas.
Las lecciones
En la UNAM siempre han existido disputas políticas, es parte de su diversidad. Muchos han querido tomarla como botín político para llevar a cabo su agenda de sobrevivencia. Son ellos, los pseudoasambleístas, los que han impedido sistemáticamente la educación del hijo del campesino (y de todos y todas) al cerrar salones y facultades tan sólo para satisfacer su narcisismo mesiánico. Recientemente, la Facultad de Ciencias estuvo en paro por más de un mes, impidiendo la educación para resolver problemas de índole administrativo, no académico, generados en gran medida por la pandemia de covid-19. Los problemas y conflictos que puedan existir en la Universidad no deben resolverse en la asamblea sino en los órganos colegiados de la UNAM o en espacios legítimos de participación. La UNAM es demasiado importante como para no cuidarla. Sirva esta historia para ejemplificar lo absurdo de ciertas narrativas, las descalificaciones sin sustento y —sobre todo— las manipulaciones políticas que permean en todos lados, incluyendo en las instituciones de educación superior.
Maximino Aldana
Investigador titular en el Instituto de Ciencias Físicas y en el Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM
Supongo que no puedes decir quién es el Héroe del Cálculo, pero ¿nos podrías decir sus iniciales?
Me ha hecho recordar algunas de las actividades llevadas a cabo en la FFyL en el marco de la huelga estudiantil de 1999, también tuvimos que escuchar con estupor los señalamientos de la ‘participación de la CIA» para desactivar un activismo político que, a todas luces, carecía de toda lógica, también escuchamos sobre neoliberalismo, saqueos y despojos. Una sola frase expresada en asamblea en el auditorio Justo Sierra me hizo comprender la imposibilidad de lograr ningún tipo de acuerdo real entre los estudiantes, un «gran activista social externó a través del micrófono: «Yo no puedo concebir una Universidad en donde exista gente que piense distinto que yo».
Con esa frase se trminó mi activismo estudiantil y, mire lo que son las cosas, hoy tengo que escucharla casi a diario, qué tristeza.
Ojalá nos des el nombre del Héroe de Cálculo, a esos hay que exhibirlos, conocí al Lanero Solito, en los mítines de la insurgencia cardenista, sabía que los Cletos no eran bien vistos, así que se comportaba.
Nos unia mentarle la madre al PRI, a Salinas.
Mi hermano (QEPD) me narraba lo que viviste, el fue Secretario general de Filosofía y Letras, sabía tratarlos.
Me decía, con tiempo, paciencia y estrategia entienden.