Las becas educativas son instrumentos que permiten compensar condiciones de desigualdad de diverso orden. Las brechas más preocupantes son aquellas que derivan de las condiciones de origen social, que tarde o temprano, terminan por manifestarse en resultados educativos igualmente desiguales. Hoy, los resultados más deficientes los tienen los niños y jóvenes que provienen de los medios rurales, indígenas u hogares con jefes de familia menos escolarizados o sin instrucción. Siguiendo este argumento, esperaríamos que un sistema de becas robusto tendiera a una mayor inclusión de jóvenes provenientes de los medios antes mencionados, así como acortar las diferencias de origen en los desempeños escolares, y especialmente, de los aprendizajes. En otras palabras, hacer un sistema más inclusivo y equitativo.1

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El itinerario escolar está lejos de ser un camino libre de dificultades; al contrario, está afectado por muy diversas circunstancias y condiciones que se van acumulando a lo largo del proceso de escolarización y que terminan definiendo contextos de oportunidad variables y altamente desiguales. Para “emparejar el camino” desde el comienzo del milenio hemos atestiguado la emergencia de diversos programas de becas para promover el acceso, permanencia y egreso de los ciclos más especializados del sistema, el medio superior  y superior.

La visibilización de distintos grupos sociales por una política de igualdad de oportunidades con equidad en la educación superior –mujeres, jefas de familia, discapacitados, etnias, etc.–, comenzó a ser atendida por el Programa Nacional de Becas para la Educación Superior (PRONABES) en 2001 con cerca de 50 mil beneficiarios en todo el país. En paralelo, se desarrollaron otros programas de becas para transporte y de excelencia académica para los universitarios de los últimos semestres de las Escuelas Normales; se dio continuidad a las becas de Posgrado en México y el extranjero del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; becas provenientes del Fondo Nacional de Becas (FONABEC), becas crédito promovidas por la Sociedad de Fomento a la Educación Superior (SOFES) y por algunas entidades  de la República. A partir del 2007 se impulsó la distribución más equitativa de oportunidades, entre regiones grupos sociales, etnias y con perspectiva de género. Con ello, se redobló el apoyo al PRONABES y se buscó complementar con otros programas como el de Desarrollo Humano Oportunidades, especialmente para aquellos jóvenes que lo habían recibido durante la educación media superior. La relevancia e innovación de estas acciones y en particular del establecimiento del PRONABES radica que por primera vez el financiamiento se destinaba directamente a los estudiantes. En segundo lugar, porque los propósitos de las acciones no eran reguladores, que fue el sello distintivo de la acción gubernamental durante la década de los noventa, sino redistributivos. En tercer lugar, porque el PRONABES abrió paso a dos tipos de apoyos, por una parte un soporte económico y por la otra, académico y tutorial. Estos aspectos contribuyeron a reelaborar la concepción de igualdad, para aproximarla más a la inclusión y la equidad.

Durante el presente gobierno destaca expresamente la aspiración afirmativa con perspectiva de género: las acciones se han volcado al acceso y continuidad de los estudios de madres jóvenes, jóvenes embarazadas, mujeres jefas de familia y para mujeres indígenas.

El importante incremento de apoyos financieros hacia grupos particulares llevó a la presente administración a crear una Coordinación Nacional de Becas para la Educación Superior (CNBES) adscrita a la Subsecretaría de Educación Superior. Esta Coordinación ofrece 13 distintas modalidades de becas para pregrado y posgrado,2 además de las que ofrece el PROMAJOVEN de la Secretaría de Educación Pública, vinculadas a las acciones transversales como las Becas para Madres Jóvenes y Jóvenes Embarazadas para educación básica y para la educación superior de CONACYT como el Apoyo a Madres Jefas de Familia.  Hoy el Programa Nacional de Becas operado por CNBES reporta un total de 605,195 becarios de los cuales poco más de la mitad son mujeres (55.6%).3

En este contexto, es oportuno preguntarnos si esta estrategia de apoyo financiero está consiguiendo los propósitos redistributivos y compensatorios, o en su defecto, estamos ante otra estrategia paradójica de “inclusión con desigualdad permanente” (parafraseando a Patricio Solís en su contribución en este mismo espacio el 28 de octubre del 2015). Si bien las evaluaciones que han dado seguimiento a los programas de becas muestran indicadores positivos, sus resultados son aún parciales y prematuros; especialmente porque muchos programas son de reciente instrumentación. Queda aún por valorar hasta qué punto las becas están contribuyendo a generar un sistema educativo más inclusivo, con mejores oportunidades para aprendizaje y egreso certificado, así como una eventual inserción laboral adecuada a las capacidades alcanzadas. Las becas por sí mismas no lograrán crear espacios institucionales pertinentes e inclusivos a las experiencias educativas, necesidades, ritmos y capacidades de aprendizaje de los integrantes de los nuevos grupos que se (re) incorporan a las instituciones. Esta es una tarea compleja que involucra a muchos actores y procesos, así como un gran esfuerzo de coordinación de la autoridad educativa para remediar los blindajes institucionales que sólo contribuyen a la segmentación del sistema. Eso, sin profundizar en las desiguales condiciones estructurales y contextuales de las instituciones educativas y sus entornos, incluyendo las de inseguridad y violencia que afectan hoy a muchas regiones del país.

Dinorah Miller es profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco.


1 La equidad educativa es una noción amplia y deseable en tanto busca que los contenidos sean pertinentes, esto es, que sirva a los grupos beneficiados; involucra también a la calidad, como posibilidad de desarrollar conocimientos y competencias para desempeñarse adecuadamente en la vida social y productiva. Finalmente, que su distribución se asocie con la justicia, es decir, que el acceso y el logro educativo no se subordine al origen social de los estudiantes.
2 Becas de Manutención (antes PRONABES), de Capacitación, de Excelencia, de Superación Profesional, de Titulación, de Vinculación, de Excelencia de Contribución a tu entorno, de Servicio Social, Manutención hijos de Militares, Movilidad Internacional Licenciatura y TSU, Movilidad Internacional Posgrado, Movilidad Nacional Licenciatura y TSU, Movilidad Nacional Posgrado.
3 III Informe Trimestral Julio-Septiembre de 2015. Programa Nacional de Becas CNBES-SEP.