
Es difícil hablar de un modelo educativo con distintos alcances a nivel nacional a lo largo de los 58 años que recién ha cumplido desde su implementación y luego del período de prueba vivido en la administración del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz. De hecho, hay que recordar que la puesta en marcha de este modelo educativo buscaba ofrecer una alternativa a todos aquellos ciudadanos que —por alguna u otra razón— no asistían a la escuela secundaria en aquella época. Es más, el modelo que ahora celebramos y corroboramos como una alternativa importante en el desarrollo educativo nacional —sobre todo a partir de la pandemia de la covid-19— fue expuesto para que comenzara en apenas algunas entidades de la República, aunque luego se extendió a todo el país.
Es necesario resaltar que, aunque la telesecundaria se ha enfrentado a distintos retos en el devenir educativo histórico, tales como los cambios pedagógicos en el “Acuerdo nacional para la modernización de la educación básica” (ANMEB) de finales del siglo XX, o la “Reforma integral de la educación secundaria” (RIES), el “Plan de estudios 2011” o la “Reforma educativa” iniciada en 2013 y la más reciente llamada “Nueva Escuela Mexicana” (NEM) ya en este siglo, la esencia de este modelo educativo no ha cambiado, pues en la práctica se siguen persiguiendo los mismos objetivos. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja de lo que los grandes intelectuales y autores de la política educativa dictan desde su escritorio.
El modelo de la telesecundaria
Ahora, es importante reconocer que la telesecundaria es un modelo educativo que “integra distintas acciones dirigidas al logro del perfil de egreso de la educación básica y al desarrollo de competencias para la vida” y que cuenta con un doble propósito desde su concepción, ya que no sólo pretende establecer bases para la vida productiva, sino que también busca preparar a los estudiantes para el siguiente nivel educativo. Además, la telesecundaria ha creado —a partir de su propia metodología— materiales didácticos propios del modelo que, en teoría, son acompañados del uso de tecnología de vanguardia con el objetivo de abatir el rezago educativo.
En este texto hablaré de mis experiencias en las telesecundarias del Estado de México. Las telesecundarias de la entidad se distribuyen en zonas rurales, urbanas y semiurbanas y, de acuerdo con lo dicho por los Servicios Educativos Integrados al Estado de México (SEIEM), la clase televisada, los libros y la interacción con el profesor ayudan en la obtención de un aprendizaje significativo pues, a diferencia de los otros modelos de educación secundaria donde hay un profesor por disciplina, en esta existe la atención de un profesor por grupo para todo el ciclo escolar, lo cual facilita el trabajo con los proyectos que la NEM estipula en las 144 telesecundarias federalizadas que albergan un poco más de 24 000 estudiantes en esta entidad.
La telesecundaria hoy
Aunque me parece entendible un modelo educativo que ponga a la comunidad al centro del aprendizaje, no estamos seguros de que la propia comunidad quiera estar al centro del aprendizaje, pues las autoridades educativas han tenido a bien ordenar que esta sea la visión, sin estar 100 % seguros que todos los involucrados en el modelo educativo nacional lo conozcan y lo apoyen en su concreción. Lo asumen, eso sí.
De hecho, a pesar de los esfuerzos de la NEM y de la realización de los proyectos comunitarios que se presentan en las escuelas, la participación de los padres y madres de familia sigue siendo muy reducida, casi como era antes de la llegada del modelo educativo “cuatroteista”. A la sociedad le sigue importando más el mantenimiento económico de su familia que la realización y aplicación de los proyectos que los alumnos y maestros sugieren para mejorar la calidad de vida. Esto es porque la autoridad moral que la o el docente tenía a inicios de la telesecundaria ha ido cambiando con el profesorado actual, que no ha sido tomado en cuenta de la misma manera y que ha recibido un abandono por parte de la autoridad.
Ahora, con esto que menciono, no quisiera que se entienda que el trabajo de (nosotros y nosotras), las y los docentes no es importante, pero señalar que no tenemos todas las herramientas para que la comunidad se incluya en este tipo de proyectos que la SEP dicta desde sus ordenamientos jurídicos y pedagógicos. Al menos no en el Valle de México.
La realidad es que el trabajo pedagógico y áulico dista mucho de lo que la NEM quiere en los estudiantes, pues no sólo se trata de adaptar ese trabajo al modelo de la telesecundaria, sino de llevarlo a cabo en una sociedad que se encuentra inmersa en problemas sociales muy graves que les distraen del proyecto original educativo, tales como: la violencia, el consumo de sustancias nocivas, la falta de recursos económicos, la falta de servicios básicos y el rompimiento familiar. Y, aunque se trabaja con ímpetu en llevar a cabo proyectos escolares que busquen alternativas para esos problemas sociales, todavía existen los problemas académicos reales que los alumnos arrastran desde la primaria o el preescolar y que son tan básicos como el dominio de la lectoescritura y de las operaciones básicas.
¿Quién es responsable?
A este grave problema que no sólo nos atañe a los docentes, sino también y en mayor medida a los padres de familia, hay que sumarle la falta de contexto que viven los estudiantes que se encuentran con grandes interrogantes cuando se toma como base los nuevos libros de texto que les piden a los alumnos que conozcan un mundo que no siempre saben que existe. La realidad es que la mayoría de nuestros alumnos no está inmersa en un mundo que se mueve rápidamente y que exige actualización constante. Nuestros alumnos y alumnas no saben, además de lo enunciado con anterioridad, de geografía, ciencias o tecnología.
Y no es que se trate de un escenario pesimista, pero sí de uno que, aunque no generaliza al alumnado, refiere a una gran cantidad de estudiantes de telesecundaria que su prioridad no radica en estudiar con una visión a futuro para continuar con su vida académica, sino de sobrevivir al día a día, de un escenario que tiene una visión distinta a los objetivos que la NEM busca, no porque no se puedan concretar, sino porque no hay interés para hacerlo.
De hecho, a pesar de que la telesecundaria complementa algunos objetivos de la educación secundaria en general, es difícil que estos se logren pues la falta de energía eléctrica, agua o acceso a internet y medios electrónicos, limita el alcance fijado para que la telesecundaria, a través de la aplicación de la NEM, sea el vínculo con la comunidad para lograr actividades productivas, deportivas y socioculturales que favorezcan, como lo he expresado con anterioridad, apoyos didácticos modernos para los alumnos y los profesores.
La realidad es que, a pesar del soporte recibido por parte de las autoridades federales, estatales y municipales, la telesecundaria aún tiene mucho por hacer. No sólo se trata de implementar el modelo educativo y de paliar los problemas naturales de nuestros estudiantes, sino que debe responder a una carga administrativa exhausta que demanda tiempo y esfuerzo que muchas veces no se ve reflejado en la remuneración que perciben las autoridades y docentes del gremio magisterial de este nivel educativo. Y no me refiero sólo a lo económico, sino al reconocimiento social constante sobre la gran labor que los docentes, directivos y personal de apoyo y asistencia a la educación merecen y que es opacado por el perseguimiento eterno por parte de los medios de comunicación, sociedad y autoridades educativas a errores que muchas veces no son culpa del gremio sino de los propios padres de familia y del Estado.
Reflexiones finales
Finalmente, el 58 aniversario de la telesecundaria debe poner de manifiesto que la lucha por una mejora educativa no es fácil ni se ha concluido, pero que con el compromiso de todos los involucrados en ella en el contexto actual, se podrán tener resultados positivos con respecto a otros momentos clave en el devenir educativo nacional. Es así como debemos seguir luchando por una telesecundaria que dignifique el esfuerzo global de todos los que participamos de ella, desde las autoridades educativas hasta los que estamos en las escuelas, buscando siempre el bienestar de nuestros alumnos.
Fernando Abrego Camarillo
Profesor de telesecundaria en los SEIEM y en la Escuela Superior de Comercio y Administración Unidad Santo Tomás en el IPN.