Cuando la autoridad educativa estableció en el segundo semestre del año 2013 que trabajaría para diseñar un nuevo modelo educativo mexicano como una parte de la reforma surgieron varias interrogantes. La primera es analizar la diferencia entre el modelo y el proyecto. Modelo es un término retomado de la física, se refiere a cosas materiales: hay modelos de autos, de aviones, de viviendas, incluso de vestido. La física lo emplea para establecer con claridad todos los componentes de un sistema sin dejar nada al azar, todas las piezas encajan una con otra. Un engrane requiere de la armonía con otro engrane. La cuestión central es si el término es el que conviene aplicar al sistema educativo mexicano. Más allá de que llevamos más de 15 años en el país “modelizando” la educación superior, en tanto que a cada institución pública se le pide que escriba su “modelo educativo”.

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En contraparte, proyecto –y en particular proyecto educativo– se refiere a finalidades, a lo que un programa pretende lograr como orientación general de su trabajo. Una finalidad es mucho más que una meta, no se puede reducir a indicadores sobre cuántos profesores resultaron aptos o no aptos en un examen, cuántos alumnos obtuvieron un puntaje determinado. El proyecto educativo está mucho más vinculado con lo que se pretende que el sistema educativo promueva. En la historia de la educación mexicana, el país contó con un proyecto de educación posrevolucionario que buscaba promover la cultura, llevar la lectura, escritura y aritmética a todas las comunidades del país. En los años 40, según José Ángel Pescador, el proyecto educativo se concentró en impulsar la identidad nacional.

Actualmente no queda claro como podemos denominar lo que acontece en la educación, pero seguramente desde el Programa de Modernización Educativa (1989) se instaura en el país un modelo centrado en la eficiencia escolar. Los estudios sobre eficiencia escolar tienen una tradición de más de 100 años en los Estados Unidos, parten de la suposición de que todos los contenidos de un plan de estudios pueden ser enseñados por todos los profesores y que los alumnos pueden aprender esos contenidos en los mismos tiempos, de manera igual. De ahí la aplicación de los tests en las escuelas desde los años 20 del siglo pasado en ese país. En la década de los años 90 se establece bajo la lógica de la globalización, de la economía internacional, de la participación de nuestro país en la OCDE, de la influencia del discurso educativo de los organismos internacionales (BM y BID) una serie de acciones que configuran un modelo que desde esos años todos los gobiernos, han aplicado. En 1993 se establece el programa Carrera Magisterial, que ya contenía un examen a los docentes (además de otros factores como el resultado de una prueba de aprovechamiento escolar). El programa era voluntario, pero tenía consecuencias, una de ellas era mejorar el salario de quienes participaban en él. Tuvo varias versiones, hasta que en 2010 se planteó el tema de la “Evaluación Universal”, reduciendo el esquema a un examen a los docentes. Ya con la autonomía del INEE –no obstante que la Ley de Servicio Profesional Docente afirma que se debe establecer un concurso de oposición (no un examen) para evaluar el desempeño docente– ha implantado un examen, a través del CENEVAL, de ocho horas en donde se mide si un aspirante tiene habilidades y conocimientos para la docencia. Del examen de aprovechamiento escolar se pasó a la prueba ENLACE, EXCALE y ahora PLANEA.  Se trata de ejemplos de acciones que se realizaron desde los años 90 y que actualmente se han readecuado (no podríamos afirmar modernizado).

En este contexto, y ante la crítica de que la reforma constitucional que creaba las leyes del INEE y del Servicio Profesional Docente carecía de contenido educativo, se tuvo la ocurrencia  en el segundo semestre de 2013 de convocar en el año 2014 a foros para establecer el “Nuevo Modelo Educativo Mexicano”. Uno diferente al que existía desde 1989.  Tengamos presente que cuando el Estado realiza foros, que en realidad se trata de una forma de solapar la participación, porque de manera simultánea tiene a un grupo técnico trabajando en la elaboración del documento que será presentado como resultado de dichos foros. En este caso se hicieron 18 foros, tres reuniones nacionales, todas con un ponente invitado por las autoridades en donde participaron 28 mil personas y se presentaron 15 mil propuestas.

Vale la pena señalar que una empresa automotriz o de aviones no hace foros para renovar sus modelos, sino que llama a los expertos ingenieros, diseñadores para ello. Pero en ese caso se trata de objetos materiales. El sistema educativo es algo complejo, por ello consideramos que el término modelo no sea lo mejor para expresar lo que se pretende.

Si uno revisa el Tercer informe de gobierno encuentra que la palabra modelo se emplea en 40 ocasiones para hacer afirmaciones  que permiten inferir que se entiende por modelo educativo algo vinculado con los planes de estudio, entre algunas de estas afirmaciones están: “En educación básica se revisaron estándares, plan y programas de estudio (…) estrategias educativas (…) se amplió el catálogo de los libros de texto” (p. 264); “En Educación Media Superior se busca construir una cultura emprendedora mediante la adecuación de planes de estudio” (p. 267); “se construye un nuevo modelo normalista” (p. 255); las universidades Tecnológicas y Politécnicas diseñaron el modelo de Universidad Bilingüe” (p. 271); “las 15 mil propuestas orientan la transformación del modelo educativo en su conjunto para la educación básica, media superior y normal” (p. 251). Es decir que para el Estado Mexicano el nuevo modelo educativo son acciones aisladas, que en realidad profundizan lo que se viene realizando desde el año 1989. Aunque para conocer las bases del Modelo Educativo Mexicano quizás bastaría con revisar diversos documentos elaborados por la OCDE para México, en particular “Acuerdo de cooperación México-OCDE para mejorar la calidad de la educación de las escuelas mexicanas” (2010); “Revisiones de la OCDE sobre la Evaluación en Educación. México” (2012). Entre otros muchos ahí está el modelo. Finalmente, a partir de los recientes cambios en la Secretaría de Educación Pública se decidió posponer la presentación del modelo. Al parecer, tendremos que esperar un poco más para conocer el “modelo educativo” para lo que resta de este sexenio.

Ángel Díaz Barriga es investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM.