El escenario de la internacionalización de la educación superior está cambiando dramáticamente. Lo que podría denominarse como “la era de la internacionalización de la educación superior” (que iría de los años 1990-2015) —representa un momento particular de pensamiento y acción por parte de las instituciones de educación superior (IES)— podría estar llegando a su fin. El ilimitado crecimiento de la internacionalización de todo tipo incluyendo: la movilidad masiva de estudiantes; la expansión de “sucursales” de campi en otros países; las dobles titulaciones y acreditaciones internacionales; el uso del inglés como la lengua de enseñanza e investigación, entre otros, parecen estar encontrando su tope, especialmente en algunos países de Europa y en Estados Unidos.

Como señalamos anteriormente, el “Trumpismo”, el Brexit, y el crecimiento del nacionalismo y las políticas antimigrantes en Europa han ido cambiando el panorama de la educación superior global. Eventos subsecuentes han fortalecido nuestra convicción que estamos viendo un cambio significativo en la internacionalización de la educación superior que representarán un completo replanteamiento del proyecto internacional de las IES.

Pero no todas son malas noticias. La producción del conocimiento continúa siendo internacional. Las colaboraciones de investigación transfronterizas aumentan. La mayoría de las universidades reconocen que ofrecer una perspectiva internacional a sus estudiantes es central en el siglo XXI. La movilidad estudiantil internacional crece aunque a un paso más lento; cerca de 5 millones de estudiantes se encuentran –actualmente— estudiando en un país diferente al suyo. El mayor programa de movilidad y colaboración a nivel mundial: “Erasmus+” sigue firme, y tal vez reciba fondos adicionales. La región del sureste asiático se está moviendo en una dirección similar a la de la Unión Europea para promover la armonización de sus estructuras académicas, mejorando el aseguramiento de la calidad e incrementando la movilidad regional y la colaboración en las IES. La “internacionalización en casa” y la internacionalización “comprensiva” han entrado en el vocabulario de la educación superior alrededor del mundo.

Sin embargo, son más las malas noticias. Las tendencias que se veían venir en 2017 se están consolidando en 2018. Tanto el Brexit como el triunfo de Donald Trump han mostrado ser tan problemáticos como se predijo. Los problemas para obtener visas crecen, la atmósfera hostil para los extranjeros está provocando un declive en el número de estudiantes internacionales que van al Reino Unido y a los Estados Unidos. Los desarrollos recientes auguran temas que previsiblemente afectarán a la educación superior en ámbitos profundos, al menos en el mediano plazo. A continuación enumeramos algunos de estos:     

1. Reducción de estudiantes internacionales y del uso del inglés. En los Países Bajos, sin duda, unos de los países más internacionalizados en la actualidad, ya inició un debate —en los medios masivos, en la política y en la educación superior— sobre los límites de la internacionalización. Recientemente el rector de la Universidad de Ámsterdam señalaba que los programas enseñados en inglés son demasiado abiertos y deberían limitarse; así mismo se dice que hay demasiados estudiantes internacionales recibiendo apoyo financiero y que por lo tanto la expansión de tales programas debería comenzar a reducirse.  En otros países —incluidos Alemania y Dinamarca— hay un debate sobre el efecto negativo de usar el inglés como lengua de instrucción y sobre cómo impacta eso en la calidad. En Italia recién ocurrió una intensa disputa en la Universidad Politécnica de Milán sobre el uso del inglés en sus programas de posgrado, lo que llevó el tema a la Corte, que limitó el uso del inglés en la educación superior en el país lo que, sin duda, constituirá un antecedente para otras instituciones. Además, científicos sociales en varios países donde no se habla la lengua inglesa han expresado sus preocupaciones sobre las constantes demandas que tienen por publicar en inglés en revistas académicas internacionales, lo cual repercute en su ausencia en los debates en su propio país. El inglés continuará siendo el idioma predominante de la comunicación científica y del conocimiento, pero su influencia tal vez ya alcanzó su techo.

2. Problemas de la educación transfronteriza. Una sede de la Universidad de Groningen (de los Países Bajos) ubicada en la provincia de Shangong en China —asociada a la Universidad de Agricultura de China— fue cancelada debido a las protestas de los profesores y estudiantes holandeses porque las condiciones del país incidirían en la libertad de cátedra y porque no existió una consulta sobre el proyecto. Esto tal vez afecte otros proyectos en China y posiblemente en otros lugares, en tanto que cuando se establecen proyectos transfronterizos se debe lidiar con tensiones políticas, académicas y estructurales. Inclusive es posible suponer que los buenos tiempos del crecimiento de “incubadoras” educativas, operaciones de franquicias, y otras formas de educación transfronteriza estén próximos a su fin.

3. Libertad académica versus control. El tema de la influencia de China en la educación superior australiana ha comenzado a ser también objeto de debate. Los grupos de estudiantes chinos en Australia y el gobierno chino han sido acusados de tratar de limitar las críticas hacia el régimen chino y sus ataques a la libertad académica. Se ha dicho que, en Australia y en otras partes del mundo, los Institutos de Confucio —financiados por el gobierno chino— están buscando influir universidades y potencialmente países. El tema de la libertad de cátedra, que es una de las razones principales para cancelar el proyecto en China con la Universidad de Groningen y de otros campi estadounidenses en China y en el Medio Oriente, está poniendo en jaque al futuro de la educación trasnacional y hasta el reclutamiento de estudiantes internacionales.

4. Aumento de preocupaciones éticas. El gobierno de Dinamarca encontró que varios estudiantes internacionales y migrantes usaron direcciones falsas para solicitar beneficios estudiantiles. Algunos reportes señalaron que diversos países han notado que estudiantes internacionales están haciendo trampas en los exámenes. Estas historias incrementan la visión negativa sobre los estudiantes internacionales y es una preocupación adicional para las IES. 

5. El fin de la exención de pago para estudiantes internacionales. Noruega ha incrementado el costo de las visas para estudiantes internacionales. Dos estados alemanes también han empezado a introducir cuotas para estudiantes internacionales, lo que representa un cambio drástico con el pasado. Las discusiones relacionadas con el incremento de pagos para estudiantes internacionales son cada vez más comunes, en tanto que los países consideran que los estudiantes internacionales pueden constituirse como fuentes alternativas de financiamiento, por ejemplo, una práctica común en Australia desde hace décadas. Mientras tanto, el debate sobre la gratuidad de la educación superior para estudiantes locales es más intensa que nunca, parece que el pago de colegiatura para estudiantes internacionales se extenderá a otros países.

6. El factor nacionalista-populista. El éxito del nacionalismo de derecha y las fuerzas populistas en muchos países europeos tendrá un impacto en las políticas de educación superior, aunque la manera como esto ocurrirá no es tan clara. La controversia relacionada con la Universidad Central de Europa en Hungría mostró la fuerza de un gobierno autoritario para cerrar una universidad, de carácter internacional, conocida por sus posturas liberales. El crecimiento de los gobiernos nacionalistas en países como Austria, la República Checa y Polonia eventualmente impactarán la política de educación superior y en particular su internacionalización. La derecha nacionalista alemana representada por el partido conocido como “Alternativa para Alemania” (AfD), aunque no forma parte del gobierno, está proponiendo diversas limitaciones para la educación superior. Aun cuando estas fuerzas no se encuentran en el poder —como en Francia, Italia y los Países Bajos— las ideas de estos partidos, una vez que fueron relegados a una minoría política, mantienen cierta influencia en el discurso político. El gobierno conservador del Reino Unido está todavía lidiando con las consecuencias del Brexit en sus universidades y sobre cómo van a seguir participando en los programas europeos y con el papel de los estudiantes internacionales y de académicos como actores de la producción de conocimiento de aquel país.

¿Se pueden contrarrestar estas tendencias? Mientras existen fuertes retos políticos, económicos y académicos para los procesos de internacionalización en Europa y los Estados Unidos, los países no occidentales muestran un creciente interés por la misma. Pero aún ahí hay problemas y tensiones. Los dos jugadores más importantes en la internacionalización: China y la India enfrentan diversos retos. Varios han comentado que China está comenzando a “cerrarse académicamente”; por ejemplo, con las restricciones en el acceso a internet; el creciente énfasis en cursos con un alto componente ideológico, y problemas de libertad de cátedra (especialmente en ciencias sociales). A pesar del significativo incremento de la movilidad estudiantil hacia China, este país no es la primera opción de destino para estudiantes y muchos —particularmente de países occidentales— no ven a China como una opción para buscar un grado académico, la mayoría lo ve como un destino para aprender su lengua y su cultura.

Por otra parte —por primera vez— la India está considerando a la internacionalización como una meta clave de su política de educación superior. Sin embargo, India carece de infraestructura y se enfrenta a serios problemas que debe resolver si quiere recibir a una importante cantidad de estudiantes internacionales. Los retos logísticos son considerables. Hoy, la India educa únicamente a cerca de 45,000 estudiantes internacionales, principalmente de Asia del sur y de África. En el caso de Sudáfrica y Brasil, ambos enfrentan serios problemas de inestabilidad política y económica que afectan negativamente la consolidación de procesos de internacionalización que han intentado arrancar en la última década. Y Rusia, el otro país perteneciente a los llamados BRICS (economías emergentes que comprenden Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), ha tenido también muchos problemas para impulsar la internacionalización de sus IES. Si bien, a pesar de su hostilidad hacia los migrantes, es posible que muchos estudiantes que buscan graduarse de países extranjeros no cambiarán su objetivo de estudiar en universidades de los Estados Unidos o Europa. Al mismo tiempo, naciones como Canadá y Alemania, que son percibidos como menos hostiles a los estudiantes internacionales, tal vez se beneficiarán de la situación actual, al menos mientras sus políticas se mantengan como hasta ahora. Los estudiantes quizás busquen alternativas —a lo mejor en países como China, la India, Malasia, Rusia—lo que se ve difícil por la gran cantidad de retos por resolver.

Para concluir, se requiere ante este contexto que todos los actores involucrados con la educación superior reconozcan que las realidades están cambiando y que el futuro no depende —realmente— de lo que haga o deje de hacer la comunidad académica. Estas nuevas realidades significarán implicaciones para la educación superior en general y para la internacionalización en particular. ¿Estamos enfrentando el fin de la internacionalización o podrían estas tendencias negativas —descritas arriba— ofrecer nuevas oportunidades y mejorar la mirada con la que estamos pensando en la internacionalización? Las actuales críticas sobre el crecimiento ilimitado de la enseñanza en inglés, el reclutamiento de estudiantes internacionales y el desarrollo de campi en otros países está viniendo de dos fuentes completamente opuestas. Por un lado, el nacionalismo populista que sostiene posturas pro-locales y anti-migración. Por otro, la genuina preocupación sobre la calidad, la libertad de cátedra y la ética. La búsqueda por un enfoque alternativo, con un fuerte énfasis en la “internacionalización en casa” impulsado, por ejemplo, por Jones y de Wit, propone una idea más inclusiva de la internacionalización y es una excelente oportunidad para buscar el predominio de la calidad antes que la cantidad. Pero si los argumentos nacionalistas y populistas se mantienen, esto podría llevar al fin de la internacionalización de las IES. Los líderes en educación superior alrededor del mundo podrían comenzar por mostrar posturas más a favor de la consolidación de los procesos de internacionalización. Eso sería un primer paso importante.

Philip G. Altbach
Profesor investigador y director fundador del Centro para la Educación Superior Internacional del Boston College en Estados Unidos.

Hans de Wit
Profesor investigador y director actual del Centro para la Educación Superior Internacional del Boston College en Estados Unidos.