El pasado domingo 11 de marzo se publicó la Convocatoria 2018 para el Concurso de asignación a la Educación Media Superior de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Tal concurso es coordinado desde 1996 por la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (Comipems) y se lleva a cabo mediante un examen único de selección —denominado EXANI-I— elaborado y calificado por el Centro Nacional de Evaluación (CENEVAL). Tal concurso de asignación ha sido ampliamente estudiado por investigadores en la materia como lo reflejan los trabajos de Ortega Hesles (2015); García Pinzón (2016); García Flores (2016); Alcántara y Zorrilla (2010); Loranca Fierro (2008); Villa Lever (2007); Weiss et al (2005); Pérez Torres (2004) y Aboites (2000). De la misma forma, es sumamente conocido por su presencia en los medios de comunicación dada la alta presión social que se ejerce cada año cuando los resultados son publicados y miles de estudiantes no consiguen obtener un lugar en alguna escuela pública de Educación Media Superior (EMS) o son asignados a escuelas distintas a las de su preferencia.1

Resalta, sin embargo, lo poco que se sabe acerca cómo suceden los procesos de admisión y selección a EMS en otras entidades del país. De hecho, no sólo hay poca la difusión en los medios de comunicación de tales procesos en otras entidades, sino que es muy limitada la investigación al respecto. Por ejemplo, es poco documentado que existen otras entidades que utilizan exámenes de ingreso a EMS como el examen desarrollado por la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) que dirige el Examen de Habilidades y Conocimientos Básicos (EXHCOBA). EXHCOBA, desde el 2008, unifica el proceso de selección a EMS en Baja California y es utilizado por escuelas de EMS que pertenecen a las universidades autónomas y otras modalidades de escuelas en Guanajuato, Nayarit y Querétaro.

A pesar de que la educación media superior es parte de la educación obligatoria —desde  2012— a la fecha no se cuentan con normas regulatorias acerca de los mecanismos de selección y/o los procedimientos de ingreso a la educación media (Hernández, 2016). Lo anterior se traduce en que los aspirantes que buscan continuar sus estudios después de haber concluido la secundaria se enfrentan a diferentes modalidades de selección y admisión que varían de acuerdo con el lugar donde viven (Hernández, 2007, 2015 y 2016).

Por ejemplo, aspirantes en la Ciudad de México y área metropolitana saben que deben esperar la publicación de la convocatoria de ingreso (como la que fue publicada el 11 de marzo), conocen cuándo se llevará a cabo el examen único de ingreso, y cuándo se publicarán los resultados. Dicha claridad, a pesar de las múltiples críticas al EXANI-I y al Comipems en términos de equidad, calidad y pertinencia, provee a los estudiantes de información que promueve motivación en los aspirantes para prepararse y redes de apoyo dentro de las secundarias y por parte de los padres de familia (Hernández, 2007). Inclusive, existe un mercado muy diverso de cursos para preparar a los estudiantes para presentar el examen.

Por el contrario, en otras entidades tales como en Guerrero, por ejemplo, los aspirantes experimentan un proceso complejo de búsqueda para informarse si la escuela de EMS de preferencia utiliza un examen de admisión, si hay selección con base en sus resultados de secundaria o si existe un día de registro y solicitud de admisión. Con base en entrevistas realizadas a estudiantes de tercero de secundaria en Guerrero se identificó de manera general que terminar la secundaria en el estado es un proceso estresante. Los entrevistados, aspirantes a educación media respondieron consistentemente en 2007, 2012 y 2015, que tendrían que investigar si las escuelas de EMS de preferencia harán examen de selección, tendrán que investigar cuánto cuesta el examen de ingreso o si tendrán que asistir un día (de madrugada) a formarse para alcanzar ficha para ingreso en una escuela cercana y en zona segura. La falta de certidumbre y claridad de los procesos de admisión e ingreso se encontró relacionada con la motivación de los adolescentes a continuar sus estudios de nivel medio superior (Hernández, 2015).

Entre las razones más obvias que explican las diferencias entre entidades de los procesos de ingreso y admisión a las escuelas de EMS resalta la desigual demanda y oferta educativa. Por esta razón, algunas escuelas y/o modalidades de escuelas públicas en entidades tales como: Baja California, Chihuahua, Ciudad de México, México, Quintana Roo, Sonora, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz, y Yucatán introdujeron mecanismos adicionales de selección de manera general para asignar espacios escasos. En segunda instancia los procesos de admisión son heterogéneos como resultado del proceso histórico de descentralización educativa en el que los estados asumieron sistemas de educación con diversas capacidades y evolucionaron de manera distinta. Lo anterior aunado a que, particularmente, la educación media superior en el país cuenta con más de 30 modalidades educativas que dependen del nivel federal y otras modalidades más que se identifican a nivel estatal para proveer dicho nivel provoca que escuelas tengan diferentes niveles de influencia y/o control sobre los procesos de admisión a nivel estatal.

Por último, existen diferencias en los procesos de ingreso debido a la carencia de regulación formal en la admisión. Esto último es preocupante debido a los efectos perversos que la diversidad de procesos pueden generar, tales como:

• Diferencias en el acceso a información. Estos procesos evidencian muchas veces las diferencias del manejo de información que tienen los aspirantes en desventaja social y económica —quienes recurrentemente tienen menos capital social y redes de apoyo— para solicitar admisión en EMS.

• Costos de admisión muy variados. La falta de regulación crea el marco perfecto para que de manera discrecional las escuelas cobren sus procesos de admisión ya sea con examen de selección o no.

• Corrupción en los procesos de ingreso a EMS. La falta de regulación y homogeneidad en los procesos de admisión y selección abre espacios para que en las escuelas se puedan lucrar con el proceso de admisión vendiendo espacios educativos a estudiantes desesperados por no conseguir un espacio en el sistema.

• Motivaciones para continuar estudiando. Se ha documentado que los procesos de admisión a EMS tienen efectos en las motivaciones de los aspirantes para decidir continuar con sus estudios, sobretodo en cuanto a la motivación de aquellos que están conscientes de los costos tanto personales como económicos de no ser admitidos en la escuela de preferencia.

• Expectativas educativas y profesionales. Los procesos de admisión influyen en la formación de las expectativas a futuro que los estudiantes generan para sí mismos. Un proceso de admisión estresante y confuso puede definir de manera negativa las decisiones educativas y profesionales de los adolescentes.

Es así que en el marco de la próxima convocatoria de ingreso a EMS de la zona metropolitana de la Ciudad de México vale preguntarnos no sólo si el proceso de selección utilizado es el adecuado como usualmente se hace. Por el contrario, se necesita que nos preguntemos cómo se están seleccionando los estudiantes a EMS en otras entidades y si los procesos diferenciados son adecuados. Observamos una alta tasa de deserción durante el nivel de la educación media superior; en algunas entidades esas tasas son alarmantes, pero no nos hemos ocupado aún en observar si sus procesos de admisión y selección inciden en que un estudiante finalmente decida dejar la escuela a pesar del esfuerzo que le representó haber obtenido un lugar en alguna institución. Ello es posible, especialmente, cuando los estudiantes ingresan a escuelas que no eligieron o que ingresaron por una situación más bien azarosa. 

Urge también preguntarnos si nuestro intrincado sistema de EMS favorece que los estudiantes tengan oportunidades equitativas de ingreso y por qué nuestro sistema educativo no ha querido mirar al proceso de ingreso en EMS, a qué interés obedece y a quiénes perjudica tal omisión. En suma, a 22 años del Comipems es relevante explorar qué ventajas aporta la unificación de criterios de selección de estudiantes en EMS a la transparencia o las oportunidades de acceso. Con ello se puede guiar el diseño de una estrategia para que las entidades ofrezcan oportunidades equitativas de ingreso a todos los aspirantes a EMS.

 

Jimena Hernández Fernández es Profesora Investigadora del Programa Interdisciplinario sobre Política y Práctica Educativa (PIPE) del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).


1 Tan sólo el año pasado, por poner un ejemplo, un 83.3% de los aspirantes registrados en el concurso obtuvieron un lugar en EMS. Un 26.9% fueron asignados a su primera opción mientras que un 67.7% fueron asignados en alguna escuela que se encontró dentro de las primeras cinco opciones de preferencia. Vale destacar que 6.5% de los aspirantes que participaron en el en la convocatoria 2017 no obtuvieron un espacio ya que no se presentaron a realizar el examen o porque no cumplieron con los requisitos. De tal manera que un 10.2% de los aspirantes que cumplieron con los requisitos y presentaron en el examen no obtuvieron un lugar en EMS.