Hablar del asesor técnico pedagógico (ATP) implica poner de frente a un actor que tiene en sus manos un trabajo educativo sumamente relevante en dos vías: la primera, en relación con la estructura, es decir, en su trabajo con los supervisores, y otras autoridades; la segunda, respecto a su labor en la escuela, realizando una intervención como apoyo pedagógico y en la gestión escolar.

Ilustración: Víctor Solís

Para conocer un poco más sobre la labor del ATP se puede recurrir al documento de Perfiles, parámetros e indicadores para el personal con funciones de asesor técnico pedagógico en educación básica del ciclo escolar 2017-2018, que forma parte del Servicio Profesional Docente, en el que se establecen una serie de dimensiones e indicadores en los que se vislumbran algunas de sus funciones. Asimismo, en el Modelo educativo para la educación obligatoria presentado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 2017 se menciona que estos actores brindan apoyo, asesoría y acompañamiento especializado a los docentes y a las escuelas, forman parte del Servicio de Asistencia Técnica de la Escuela (SATE), visitan escuelas y generan redes y comunidades de aprendizaje. 

En lo que respecta al ATP, el nuevo modelo lo relaciona con la estrategia La escuela al centro del sistema educativo nacional (SEN), la cual plantea que la escuela es la unidad básica de organización del SEN y que debe enfocarse en el máximo logro de aprendizajes del estudiantado, para lo que es necesario una organización que les permita tomar decisiones para su propia gestión y el currículo (autonomía), recibiendo los apoyos y recursos necesarios (asistencia técnico-pedagógica de calidad). Esta última consideración se vincula con la línea denominada: “asistencia, acompañamiento y supervisión pedagógica”.

Ahora bien, colocar la escuela al centro del sistema educativo hace énfasis en el trabajo pedagógico. Significa que el sistema y los actores educativos deben buscar una educación de calidad, a través de escuelas que posibiliten la formación integral de los alumnos. Para cumplirse, debe descargarse el trabajo administrativo y fortalecerse la supervisión escolar. La carga administrativa se contrapone en la mayoría de las ocasiones al trabajo pedagógico de las escuelas y se enfoca en diversas actividades como el llenado de oficios y documentación diversa y, en ocasiones, está relacionada con actividades de los programas que implementa la SEP. Esta situación lleva años presentándose en el trabajo de docentes, directores y autoridades educativas como el ATP, convirtiéndose en una labor extra, que hace su trabajo más pesado.

Para intentar reinterpretar la labor del ATP, se podría retomar lo que menciona el nuevo modelo sobre la necesidad de que exista un sistema de apoyo técnico pedagógico para la escuela. Aquí entra en juego la constitución del SATE, cuya finalidad es que se brinde acompañamiento y asesoría contextualizada y que atienda las necesidades específicas de la escuela para mejorar su funcionamiento y la práctica profesional del docente. Llama la atención que parte de este énfasis pedagógico se enfoca en la práctica docente, es decir, en qué es lo que sucede dentro del aula para que se alcancen estos objetivos de aprendizaje por parte de los estudiantes. Aquí se vuelve muy interesante la invitación a que los ATP desarrollen su capacidad de observación, lo que permite voltear la mirada hacia las habilidades y herramientas que necesitan para desarrollar sus actividades.

Al respecto, existen experiencias que podrían ayudar a construir un andamiaje para el desarrollo del trabajo del asesor con el SATE. Por ejemplo, en 2009, la Dirección General de Educación Indígena (DGEI) impulsó la realización de un piloto sobre un modelo de mejora continua en escuelas de educación indígena con base en estándares curriculares, de desempeño docente y de gestión escolar en diversos estados de la República Mexicana. Además de la DGEI este proyecto contó con la participación del Centro de Estudios Educativos (CEE), Heurística Educativa y Servicios Integrales de Evaluación y Medición Educativa (SIEME). Lo interesante de este trabajo es que buscaba que los ATP trabajasen en conjunto con las autoridades escolares y con los docentes para la mejora continua de la escuela. Específicamente, el trabajo con los estándares de gestión escolar y con los estándares de desempeño docente rindió muchos frutos y tuvo una gran aceptación. Para ello, los ATP fueron los líderes, se hicieron cargo tanto de organizar lo necesario para levantar la información como para sistematizarla y poder devolverla a las escuelas. El modelo de mejora implicaba un proceso de sensibilización hacia la evaluación, así como un trabajo con diversos instrumentos, y tenía una fuerte carga hacia la observación por parte de las autoridades y el colectivo docente (respecto al desempeño docente) y de los familiares (gestión escolar). Cabe destacar que esto se convertía en una oportunidad para un trabajo realmente colectivo.

Los estándares de gestión escolar desarrollados por uno de los integrantes del equipo que participó en este proyecto —Heurística Educativa— son atributos sobre el trabajo en la organización de la escuela con la comunidad y con los actores educativos, estos son 17 y se dividen en cinco ámbitos: la dirección escolar; el desempeño colectivo del equipo docente; la gestión del aprendizaje; el funcionamiento de los de los órganos sociales de apoyo; la participación de la familia y la comunidad. El trabajo que se describe implicaba que los ATP gestionaran la realización de encuestas a directivos, docentes y familiares, para obtener información sobre aspectos como el liderazgo, la planeación institucional, el trabajo con redes escolares y el apoyo del aprendizaje en el hogar.

El trabajo con los estándares de desempeño docente, desarrollados por Centro de Estudios Educativos (CEE), consideraba lo que sucedía en la práctica docente y la gestión pedagógica, desde la planeación hasta la evaluación pasando por el ambiente de clase, el trabajo curricular y el desarrollo didáctico. Para ello se abordaban 25 estándares referidos al diseño de estrategias didácticas, la relación entre asignaturas, el trabajo con los recursos didácticos, las actividades, la retroalimentación de saberes, entre otros.

Al final se realizó un proceso de reflexión que conllevó la elaboración de un trayecto de mejora, y con ello, el establecimiento de distintas estrategias para brindar seguimiento. Estas las propuso el/la ATP y referían a situaciones como apoyo para la práctica docente, hacia un intercambio de experiencias entre pares, y más visitas de estos actores a las escuelas, entre otros. Obviamente, no todo lo resultante fue positivo, también hubo cosas que podrían mejorarse. Sin embargo, esta experiencia brinda pistas para orientar a la SEP sobre el tipo de herramientas que el ATP puede utilizar para el acompañamiento y las asesorías al colectivo docente y las escuelas. Además, para esta instancia las propuestas no le son desconocidas puesto que se realizaron con algunas de sus dependencias. Más recientemente se puede revisar el trabajo realizado por ATP en Puebla en el desarrollo e implementación del Programa de aprendizaje multigrado que realiza la SEP de la entidad en conjunto con Fundación Azteca.

El caso de los ATP es de atención prioritaria: su formalización —equiparando su función a la de cualquier otra autoridad de la mesoestructura— su profesionalización y el fortalecimiento de su función brindándoles las herramientas necesarias para su trabajo —como los estándares de gestión escolar y de desempeño docente—. En el ejercicio antes descrito se observó que los ATP realmente eran agentes de cambio, sin que por ello olvidaran su trabajo administrativo. Esto ayudaría en gran medida a su proceso de identidad, a brindarles la visibilidad que necesitan para realizar su labor y a cimentar un trabajo que ha sido desarrollado más en la praxis, en la cotidianidad, que en la reglamentación. Asimismo, sería interesante plantearse preguntas porque son posibilidades para la investigación educativa sobre el uso de estas herramientas y una evaluación cualitativa al SATE, y en especial a la labor del ATP.

 

Juan Carlos Martínez Jardón

Profesor universitario y estudiante del Doctorado en Educación en la Universidad Intercontinental.