Una vez concluido el periodo de campañas electorales, quedaron muchos temas pendientes por ser discutidos. Por ejemplo, no se debatió a fondo la problemática real que vive el sistema educativo mexicano: las causas del rezago educativo, así como poca o nula fue la discusión acerca de cómo fomentar el aprendizaje significativo de los alumnos. Los entonces candidatos presidenciales se concentraron en fijar una “postura” acerca de la reforma educativa. Entrecomillo postura porque ninguno logró trasmitir una perspectiva completa de la reforma y con ello una postura acerca de qué aspectos de ella se pueden rescatar, cuáles se pueden mejorar, cuáles están mal, y con ello, cuáles se deben quitar. Básicamente, los candidatos presidenciales usaron el término reforma educativa como sinónimo de los cambios promulgados en la Ley General del Servicio Profesional Docente, principalmente.

En su caso, el virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, propuso desde su campaña “echar abajo la (mal llamada) reforma educativa”. Asimismo, las recientes declaraciones del propuesto Secretario de Educación para el nuevo gobierno incluyen derogar la reforma educativa y conservar sólo lo que sea útil para promover el aprendizaje de los estudiantes. En este artículo me interesa abordar uno de los temas olvidados de la reforma: el nuevo modelo educativo. Me interesa abordar cuáles son algunas de las bondades y los defectos de dicho modelo; así como qué podemos esperar que pase con la implementación de dicho modelo en el futuro cercano.

Ilustración: Víctor Solís

No se debe olvidar que desde la década de 1990 el sistema educativo mexicano ha estado implementando reformas educativas. En los noventa y la primera década del siglo XXI, se implementaron iniciativas de reforma relevantes. Dichas reformas incluyen: el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB) de 1992; el Compromiso Social para la Calidad de la Educación de 2002, y la Alianza por la Calidad de la Educación de 2008.

En 2012, comenzó una nueva ola de reformas con la iniciativa presidencial para reformar el artículo tercero Constitucional ante el Congreso. La iniciativa incluyó que el Estado debe garantizar la calidad educativa en todos los niveles obligatorios de educación, el establecimiento de un servicio profesional de carrera docente, así como un sistema nacional de evaluación educativa. En términos generales puede decirse que la reforma educativa se compone de dos etapas. La primera incluye la modificación del artículo tercero de la Constitución, así como la modificación de la Ley General de Educación y la promulgación de leyes en la materia: la Ley General del Servicio Profesional Docente y la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de Educación.

La segunda etapa de dicha reforma comenzó en el primer semestre de 2016 cuando la SEP lanzó una versión preliminar del nuevo modelo que incluía una propuesta curricular. Durante la segunda mitad de ese año, la SEP abrió un diálogo con las partes interesadas de la academia, las organizaciones civiles y los gobiernos para revisar el modelo propuesto. La propuesta del nuevo modelo también se discutió a nivel escolar. Todos los comentarios y la información fueron recopilados por un tercero y el informe que contiene los principales puntos de vista y análisis cualitativos fue entregado a la SEP a finales del año 2016. Como resultado, el nuevo modelo educativo y modelo curricular fue revisado y la versión final publicada durante el segundo trimestre de 2017.

El nuevo modelo educativo tiene cinco ejes: (1) enfoque curricular; (2) la escuela como el centro del sistema educativo; (3) capacitación y desarrollo profesional de los docentes; (4) inclusión y equidad, y (5) gobernanza del sistema educativo. Además, el enfoque curricular de la educación obligatoria tiene varios aspectos que se relacionan con tres puntos fundamentales: (a) campos de formación académica (lenguaje y comunicación, pensamiento matemático, exploración y comprensión del mundo natural y social); (b) áreas de desarrollo personal y social (arte, educación socio-emocional y educación física), y (c) áreas de autonomía curricular (conocimiento regional, proyectos de impacto social, desarrollo personal y social, y capacitación académica).

Para analizar la pertinencia del nuevo modelo educativo podemos utilizar el estudio comparado realizado entre los planes y programas actuales y el nuevo modelo con respecto a modelos de habilidades del siglo XXI. El estudio identifica que el modelo y su planteamiento curricular reconocen la importancia de desarrollar nuevas habilidades en los estudiantes. Con ello, se reconocen habilidades cognitivas y sociales como lo son: pensamiento crítico y resolución de problemas, comunicación y colaboración, alfabetización digital y ciudadanía al tiempo que incluye otras habilidades relevantes como el desarrollo de habilidades socioemocionales. Los resultados de la investigación sugieren que si bien los planteamientos para formar habilidades del siglo XXI (en lo general y a nivel perfil de egreso) están detallados, existe un buen número de áreas de oportunidad en los planteamientos de cómo se alcanzaran las metas, así como una falta de alineación entre los perfiles de egreso y las propuestas curriculares. En sus conclusiones, dicho estudio refiere que es importante continuar trabajando para que el nuevo modelo educativo no sea sólo un planteamiento general, sino que diseñe un conjunto de elementos para promover en las escuelas y con los docentes las habilidades y estrategias que les permitan implementar sus ambiciosos planes. La reforma educativa debe incluir un proceso claro de planificación para la viabilidad de su instrumentación, lo cual incluye sin duda programas intensivos para capacitar a los maestros. Los docentes en particular son clave para el éxito del modelo; por lo tanto, es necesario trabajar con —y junto a ellos— para garantizar mejores aprendizajes para los estudiantes.

A un año escaso para que terminara el período presidencial de Enrique Peña Nieto, los planes y programas del nuevo modelo educativo se pusieron a prueba mediante pilotaje en algunas escuelas. Los resultados de dicho pilotaje aún se desconocen, pero el nuevo modelo supuestamente ha sido compartido con todas las escuelas y se planea sea implementado gradualmente en ciclo escolar 2018-2019. Haber dejado su implementación para después de las elecciones presidenciales parece un gran desatino ya que dado contexto político de cambio de gobierno y la postura del gobierno entrante con respecto a la reforma, dicha implementación es ahora incierta.

Es así que a finales de agosto de 2018 arranca un nuevo ciclo escolar: el periodo de la instrumentación del nuevo modelo educativo en las escuelas. Sin embargo, se desconoce la postura formal del nuevo gobierno acerca del modelo, la propuesta curricular y los perfiles de egreso para cada nivel educativo y con ello es incierto que tal modelo se mantenga. Algunas interrogantes surgen: ¿qué harán los maestros y las escuelas al respecto? ¿Se acatarán las instrucciones del gobierno que sale? ¿Se esperarán a diciembre para implementar cambios? ¿Qué pasará con los alumnos mientras tanto?

Sin afán de hacer afirmaciones generalizables me aventuro a responder a las interrogantes anteriores con base en lo que en práctica de campo los maestros me han compartido en diversos estados del país. Las principales coincidencias son:

1. La información sobre el nuevo modelo no ha bajado de manera efectiva a las escuelas. Los docentes con los que he tenido oportunidad de conversar comentan que no se han tomado medidas en sus escuelas para compartirles información acerca de qué trata, y muy pocos de los docentes mostraron comprender el nuevo modelo.
2. Hay mucha desinformación acerca los planteamientos del nuevo modelo educativo. En las pláticas con los docentes me he percatado que no sólo es muy poco lo que efectivamente saben, sino que circula mucha información errónea al respecto.
3. Hay cierta predisposición al cambio por parte de los docentes. En varios grupos de enfoque con docentes me ha tocado escucharles decir que los niños en México no están preparados para aprender de manera distinta. En especifico, para temas de pensamiento crítico los docentes, expresan que dada la pobreza cultural de los estudiantes no hay modelo que ayude a que estos se involucren de manera activa en el proceso de enseñanza aprendizaje.

Algunas opiniones sobre el modelo en un sentido más positivo se resumen a continuación:

1. Existe compromiso por lograr las metas planteadas en el nuevo modelo educativo. He escuchado a muchos docentes que por su cuenta han investigado acerca de los cambios propuestos en el modelo educativo y cómo llevarlos a cabo. Algunos dedican parte de su tiempo libre a realizar investigación para obtener ejemplos de actividades y ejercicios que estimulen de manera distinta a sus estudiantes. Ellos dicen estar aplicando un nuevo modelo educativo en sus aulas ya desde hace tiempo y no esperan al ciclo escolar 2018-2019 para empezar a planear de manera diferente sus clases.
2. Los docentes claman por oportunidades de desarrollo profesional. Si bien los docentes se quejan de las pocas oportunidades de formación —así como de la poca retroalimentación que existe a la práctica docente— estos buscan oportunidades de capacitación continua y constante, y creen que es posible mejorar su práctica para formar estudiantes con habilidades del siglo XXI.
3. Otro grupo de docentes ven en la evaluación del desempeño una oportunidad de mejorar. Dichos maestros reportan haber mejorado sin importar el resultado de su evaluación. Asimismo, he conocido docentes y directivos que han participado como evaluadores en la evaluación de desempeño. Ellos tuvieron que tomar un curso de capacitación para formarse como evaluadores, asisten a las jornadas de evaluación y como consecuencia son un ejemplo para sus comunidades escolares de cómo los servidores públicos en el ámbito educativo pueden comprometerse a mejorar.

Mi reacción a las interrogantes con base en la experiencia mencionada es que hay profesores que ya están implementando cambios significativos en sus salones de clase. Estos docentes conocen el nuevo modelo educativo y comparten los beneficios de sus virtudes. En las aulas de esos profesores, un nuevo modelo se estará implementando, no por mandato sino por un compromiso de los profesores con sus alumnos. No obstante, habrá aulas a las que el nuevo modelo no llegará; desgraciadamente estará ausente en muchos salones de clase. Digo desgraciadamente, no porque crea que este modelo es perfecto, sino justamente porque pienso que puede ser sujeto a mejoras que sienten las bases para trabajar los innumerables problemas de aprendizaje que hay por atender. Me da pesar que en muchas escuelas los maestros y las escuelas arrancarán el ciclo escolar como de costumbre, acatando, sí, los nuevos planes y programas pues estarán en los libros de texto, pero sin cambios en la práctica pedagógica. Muchos docentes y escuelas estarán a la espera de instrucciones una vez que el nuevo gobierno fije una postura. En esas escuelas los estudiantes tendrán que esperar aún más para ver cambios en sus salones de clase.

 

Jimena Hernández Fernández
Profesora Investigadora del Programa Interdisciplinario sobre Política y Práctica Educativa (PIPE) del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE)