La importancia de las habilidades socioemocionales (HSE) en el logro educativo ha sido reconocida de forma creciente; se argumenta que benefician el desarrollo personal y social de los individuos. Estudios empíricos y revisiones sistemáticas de la literatura han corroborado su impacto en la mejora de las habilidades de lectura, matemáticas y ciencias. Pero, ¿cómo explicar estos hallazgos? Algunos modelos conceptuales señalan que el desarrollo socioemocional en la infancia y adolescencia en un primer momento mejora la percepción de sí mismos, de otros, y de los centros escolares. Este desarrollo socioemocional y de la apreciación del entorno tiene un impacto subsecuente en el autoestima y en las habilidades cognitivas y metacognitivas que promueven el aprendizaje, al mismo tiempo que reduce el estrés emocional y las conductas problemáticas en el aula. Como consecuencia, estos factores en su conjunto contribuyen al logro educativo que se ha reportado en la literatura científica.

Ilustración: Oldemar González

En los enfoques teóricos desarrollados al presente, se pone énfasis en la promoción de distintas HSE en el contexto educativo. De entre estos enfoques destaca el trabajo del grupo de investigadores involucrados en el proyecto Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning [Colaboración para el aprendizaje académico, social y emocional] (CASEL por sus siglas en inglés), que propone el desarrollo de cinco HSE: autoconsciencia, consciencia social, autogestión, habilidades para las relaciones sociales y toma responsable de decisiones. La autoconsciencia o consciencia de sí mismo involucra la capacidad de identificar las propias emociones, hacer una evaluación realista de las propias capacidades y un sentido de confianza en uno mismo. La consciencia social se enfoca en la capacidad de poder identificar las emociones de los otros, poder tomar en cuenta otros puntos de vista, y la capacidad de poder interactuar de modo positivo con personas diversas. La autogestión implica poder manejar las emociones propias en la ejecución de tareas, ser capaz de postergar recompensas y perseverar en las tareas a pesar de las dificultades y frustraciones. Las habilidades en las relaciones sociales se evidencian cuando debemos saber manejar nuestras emociones en las relaciones sociales de modo efectivo, en la capacidad de poder mantener relaciones saludables basadas en la cooperación, poder negociar la solución a conflictos, y buscar ayuda cuando se necesita. Finalmente, la toma de decisiones responsable tiene como ejes el poder tomar decisiones considerando factores que influyen en nuestras acciones, las posibles consecuencias y rutas alternativas de acción, al mismo tiempo que involucra poder respetar y cuidar de otros con nuestras acciones y tomar la responsabilidad de nuestros actos.

Éstas y otras HSE han quedado plasmadas en distintos programas e intervenciones que buscan reforzar estas habilidades en ámbitos escolares. Por ejemplo, el Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale ha desarrollado un programa denominado RULER Feeling Words Curriculum [RULER “El currículum de las palabras de los sentimientos], que se enfoca en el desarrollo de HSE en estudiantes, docentes y directores de centros escolares. Una de las premisas de este programa es que la forma en que vivimos nuestras emociones afecta nuestro aprendizaje, nuestro bienestar personal, y el trato que tenemos hacia otras personas. Este programa busca enseñar a niños y adolescentes a ser capaces de reconocer sus propias emociones y las emociones en otras personas, entender las causas y consecuencias del manejo de sus emociones, nombrarlas o etiquetarlas, así como aprender a expresar y regular sus emociones de una manera socialmente apropiada. La implementación del programa incluye la capacitación y desarrollo profesional de docentes y directores, talleres para padres de familia, así como dotarles de materiales instruccionales y apoyos virtuales para el trabajo directo con sus propios estudiantes en el aula. Existen, asimismo, otras aproximaciones en relación con la definición del tipo de habilidades socioemocionales a entrenar y la forma en que se clasifican estas habilidades, que han sido denominadas de diversas maneras: blandas, no cognitivas o habilidades del siglo XXI. Además de las HSE mencionadas anteriormente, también destaca el sentido de autoeficacia, es decir, el control sobre la motivación, la conducta y el ambiente para poder alcanzar una meta y la mentalidad de crecimiento. Este sentido de autoeficacia se ve reflejado en la creencia de que las habilidades se incrementan con el esfuerzo, que éste es necesario para tener éxito y para enfrentar desafíos, para aprender de las críticas y para persistir a pesar de las dificultades).

Para lograr el éxito en estas intervenciones educativas es importante que éstas estén alineadas con el nivel de desarrollo psicológico de la población objetivo y que también estén situadas en el contexto sociocultural de los estudiantes y los centros escolares. Por ejemplo, el tipo de actividades y ejemplos para el desarrollo de HSE debería variar con respecto al nivel de desarrollo cognitivo y de lenguaje de los estudiantes, así como considerar los contextos en los que frecuentemente socializan de acuerdo con su edad. De la misma manera, las lecciones para la promoción de HSE deben considerar el bagaje cultural de los alumnos, incluyendo aspectos como su género, nivel socioeconómico, raza y etnia, religión, orientación sexual, lenguaje, orientación hacia el aprendizaje, condiciones de desarrollo y discapacidad, entre otros. Esta consideración de los estudiantes como personas en un contexto específico al abordar en el aula el desarrollo de HSE facilita la capacidad que estos tendrán de adquirir y utilizar estas habilidades en su vida personal y en el ámbito escolar.

Con el fin de que las intervenciones enfocadas en HSE sean efectivas y sostenibles en el largo plazo, éstas deben ser planeadas con la suficiente flexibilidad para ser adaptables al contexto escolar y a los estudiantes, sin perder la esencia y lineamientos del programa. De hecho, las intervenciones educativas que se desarrollan tomando en cuenta la flexibilidad de su implementación, dada la variabilidad de contextos escolares y diversidad de los estudiantes, pueden llegar a ser más sostenibles, escalables, y producir un mayor impacto en el desarrollo de los estudiantes. Esta situación da lugar a que la evaluación de las intervenciones en HSE enfatice el rol de la fidelidad en la implementación, con el fin de identificar aspectos de las intervenciones que son más efectivos y aquellos que presentan mayores dificultades durante la ejecución de las intervenciones en contextos escolares diversos.

En México, dentro del nuevo modelo educativo 2017, propuesto por la Secretaría de Educación Pública, se aborda la promoción de las HSE, que se definen como los comportamientos, actitudes y rasgos de la personalidad que contribuyen al desarrollo de una persona, y que incluyen: conocerse y comprenderse a sí mismos, cultivar y mantener la atención, desarrollar sentido de eficacia y confianza en las capacidades personales, entender y regular las emociones, establecer y alcanzar metas positivas, sentir y mostrar empatía hacia los demás, establecer y mantener relaciones interpersonales armónicas, tomar decisiones responsables y desarrollar sentido de comunidad.

La SEP ha propuesto cinco dimensiones de HSE: autoconocimiento, autorregulación, autonomía, empatía y colaboración, integradas cada una por cinco habilidades específicas. Asimismo se proponen indicadores de logro para el desarrollo de las HSE de los estudiantes, desde el nivel preescolar hasta el de bachillerato. Para la implementación de este programa, se ha propuesto la realización de actividades, que están contenidas en las orientaciones didácticas de los programas de estudio. Dichas actividade deberán desarrollarse de forma obligatoria durante media hora a la semana en primaria y durante una hora a la semana en secundaria, y en periodos de tiempo flexibles en preescolar. El tiempo total a cubrir es de 90 horas de educación socioemocional en cada uno de los primeros dos años de preescolar y 30 horas en el tercer año, 20 horas al año en cada grado escolar de primaria y 40 horas por ciclo escolar en cada uno de los tres años de educación secundaria. Para la educación media superior, se ha propuesto el desarrollo de un programa no obligatorio de HSE denominado Construye T, que se introduce mediante cursos presenciales y en línea para los maestros, lecciones para estudiantes y profesores que se organizan en torno a tres dimensiones (Conoce T, Relaciona T y Elige T) y seis HSE (autoconocimiento y autorregulación, conciencia social y colaboración, toma de decisiones y perseverancia), que el docente desarrolla dentro de la clase que él o ella elija para llevar a cabo las lecciones en periodos de 20 a 50 minutos, así como estrategias de acompañamiento y asesoría a los docentes en los centros escolares de bachillerato.

Los aspectos que han sido determinantes en la selección adecuada de estas HSE en programas que han resultado exitosos incluyen la necesidad de operacionalizar y evaluar estas habilidades de forma eficaz, con la finalidad de demostrar que son capaces de predecir de forma significativa el desempeño académico y el éxito posterior en la vida. De la misma manera, resulta relevante que estos programas sean susceptibles a ser mejorados a través de intervenciones que tengan como escenario educativo a los salones de clase. Estos son algunos de los retos a los que deberán enfrentarse los programas en HSE diseñados por la SEP y otras instituciones educativas, además del importante desafío que significa poner en práctica programas efectivos de formación de profesores, pues sin esta condición la fidelidad de la implementación de estas intervenciones no será adecuada ni sostenible en el largo plazo. Cumplidos estos requisitos, se esperaría lograr alcanzar los indicadores de logro de las HSE de los alumnos en los diferentes grados escolares.

 

Benilde García Cabrero
Profesora titular de tiempo completo de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Diego Luna Bazaldúa
Profesor asociado de tiempo completo de la Facultad de Psicología de la UNAM.