Este semestre Carlos inició la licenciatura en física biomédica en la UNAM. A sus 12 años, es el estudiante más joven que ha ingresado a la Facultad de Ciencias. De hecho, es el primer alumno de esa edad en iniciar una licenciatura en la UNAM. A partir de esta historia, una vez más se abrieron las conversaciones sobre cómo debería atenderse a la población con aptitudes sobresalientes. En el artículo 41 de la Ley General de Educación se establece que la educación especial, además de estar dedicada a la población con discapacidad, también atiende a los alumnos con aptitudes sobresalientes. Cada vez más —en nuestro país— se reconoce a esta población que difícilmente consideramos como vulnerable, pero cuyas necesidades cobran más voz a través de miles de padres que quieren ver a sus hijos felices en la escuela. Y no es una cuestión de que los maestros no se esfuercen o no sean buenos en su profesión, sino de la falta de formación en el tema para dar una adecuada respuesta a niñas, niños y jóvenes que plantean un reto distinto.

Pero, ¿quiénes son las personas con aptitudes sobresalientes? Es una respuesta compleja, no hay una definición única. Al ser un tema relativamente nuevo en el campo de estudio de la educación especial, los investigadores tenemos todavía posturas con distintos matices para entender a la persona con aptitudes sobresalientes. Tal es la situación que, en español, no se acuerda todavía un solo término. Por lo que se pueden encontrar para esta población distintos nombres como: alta capacidad, aptitudes sobresalientes, sobredotado, bien dotado o superdotado, este último término más en desuso, pero todavía presente en la literatura.

Ilustración: Estelí Meza

No es sólo una cuestión de cómo les llamamos, va más allá. La forma en la que comprendemos y definimos a esta población marca las políticas educativas, la forma de identificar y, sobre todo, la forma de dar una respuesta educativa. Es así que estas visiones suelen acomodarse en cuatro grandes modelos. El primero tiene que ver la forma en que la que las aptitudes sobresalientes empiezan a tomar forma dentro de la educación especial, en un momento en el que las pruebas estandarizadas planteaban una solución casi absoluta para conocer a las personas. De esta manera, el modelo de capacidades, también conocido como psicométrico, plantea que los sobresalientes son las personas que tienen una capacidad, generalmente intelectual, superior a la media. Lo que en la actualidad se traduce en el número de un cociente intelectual específico, que normalmente se establece a partir del 120, dependiendo de la prueba estandarizada que se utilice.

Avanzando en las investigaciones se generó una nueva postura: la de los modelos orientados al rendimiento. Joseph Renzulli —uno de los grandes investigadores en este tema— describe al sobresaliente no sólo como una persona con una capacidad intelectual elevada, sino que agrega también la creatividad y la motivación. Con ello, el autor marcó un parteaguas en el tema de los sobresalientes, pues rompió con la idea de que sólo se considere la capacidad intelectual y abrió la posibilidad de que se consideren otras características. Es decir, si bien se sigue considerando que las aptitudes sobresalientes están en la persona, no se centran en una sola característica.

Robert Sternberg, uno de los investigadores con más reconocimiento en el ámbito del estudio de la inteligencia humana, rompió nuevamente los esquemas establecidos para entender las aptitudes sobresalientes al proponer que lo que define a esta población no son sólo las características sino lo que la persona produce. Centra la valoración del sobresaliente en los productos o ideas que esa persona elabora; es decir, saca las aptitudes sobresalientes de la persona y los lleva a lo que esta persona hace.

Con este planteamiento, se abrió otra posibilidad para los investigadores y es así que muchos de ellos empezaron a estudiar el contexto en el que vive el sobresaliente y si es favorable o no para el desarrollo de ese potencial. Autores como Franz Mönks y Abraham Tannenbaum, plantearon que el contexto es fundamental para entender las aptitudes sobresalientes y dieron un lugar prioritario a la familia, la escuela y la comunidad en la que vive la persona sobresaliente. A este modelo le conocemos como el modelo sociocultural, y es en el que actualmente se sustenta la política educativa del tema. Reconoce que el contexto es fundamental para la expresión de las aptitudes sobresalientes y que, si bien un contexto puede ser más favorecedor que otro, hay factores de suerte externos, así como características propias de la persona como la resiliencia que pueden hacer una diferencia. Sin embargo, buscan dar un valor tan importante al contexto como el que se le da a los atributos intelectuales, creativos, socioemocionales y físicos de la persona.

Estos cuatro modelos o formas de entender a la persona con aptitudes sobresalientes coexisten en la actualidad: cada maestro, cada padre de familia y cada profesional de la educación tiene un constructo de quién es inteligente y quién es creativo. Ese constructo debe ser reflexionado, estudiado y construido nuevamente de forma consciente para valorar y dar oportunidades educativas pertinentes a cada persona. Si para un docente una niña que tiene excelente conducta, un impecable aseo y unas calificaciones perfectas representa su concepto de inteligencia, solamente ella será sobresaliente. Y quizás no considere como inteligente a una niña que tiene una pasión por los “bichos” y ha aprendido a observarlos, tomarlos, estudiarlos y regresarlos a la naturaleza; una niña que quizás no encuentra lógica a la historia y no la estudia, que llega sucia porque encontró un gusano que necesitaba regresar a la tierra y que no sabe quedarse callada cuando otro niño le pregunta si esa araña es peligrosa.

Si pensamos en el sobresaliente como la persona que es capaz de destacar significativamente del grupo social y educativo al que pertenece en una o más áreas del quehacer humano: científico-tecnológico, humanístico-social, artístico o de acción motriz, como estableció la Secretaría de Educación Pública en 2006, entonces quizás muchos más niños de los que imaginamos necesitan de una respuesta educativa que haga de la escuela un lugar en el que el aprendizaje sea motivador y significativo.

Y, ¿cómo es esta persona? Es una población tan diversa que no existe una lista de características que estén presentes en cada persona sobresaliente, pero sí hay características que podemos observar para iniciar una identificación más formal.

Aquí abordaremos solamente tres de estas características. La primera es la intensidad —ha sido ampliamente estudiada por James Webb— quien ha descrito que es una característica que se puede observar de distintas maneras en las personas sobresalientes. Desde la sensibilidad física reflejada en la poca tolerancia a temperaturas extremas, al ruido o a la luz; hasta la sensibilidad emocional en la que son capaces de reconocer los sentimientos de los demás o la estética que observamos en niñas o niños que pueden sentir fuertes emociones al escuchar una canción o ver un cuadro.

En segundo lugar, las personas sobresalientes tienden a tener altos niveles de preocupación por temas como la muerte, la religión, la ecología o los problemas sociales y desde muy pequeños los cuestionan, les preocupan y ocupan. Esta característica también es una excelente oportunidad para trabajar en actividades en las que puedan aportar para el entendimiento y la solución de temáticas tan complejas.

La tercera característica tiene que ver con las disincronías, la variación en el desarrollo que estudia Jean Terrasier y que describe como la diferencia que se genera cuando una capacidad se desarrolla más rápido que las otras, como puede ser entre el ámbito cognitivo, social, emocional y motriz. O bien en la misma escuela cuando hay altos niveles de interés por una asignatura y otras parecen no ser importantes, generando desempeños muy diferentes.

Todas estas características y otras muchas pueden ser poco claras cuando tenemos ideas preconcebidas y mitos sobre quiénes son los sobresalientes. Sobre todo, cuando esperamos que la persona sobresaliente tenga un conocimiento absoluto sobre un tema, que sea incapaz de socializar con otras personas, que se dedique únicamente a hablar sobre su tema de interés y que obtengan productos perfectos.

Las personas sobresalientes, como Carlos, son primero personas que tienen potencialidades y necesidades; jóvenes que están buscando su identidad y niños a quienes les gusta ver la televisión y jugar videojuegos. Pero también son seres humanos con características que los llevan a tener necesidades específicas que requieren de una atención diferenciada tanto en la escuela como en sus hogares. La respuesta educativa puede ser muy diversa; la mejor estrategia para una persona puede no serlo para otra. Es necesario contar con políticas, instituciones, docentes, familias, así como una comunidad informada y preparada para que las personas sobresalientes también puedan ser felices y sentirse plenas en lo que hagan. Para nuestro país, esto significa detener la principal fuga de talento, la que se da dentro de nuestras propias aulas.

 

Gabriela de la Torre García
Directora General del programa “Adopte un talento”.