Cada dos años sesiona en París la Conferencia General, el máximo órgano de gobierno de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Este año —del 12 al 27 de noviembre— tuvo lugar la sesión número 40, en la que el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, participó mediante la lectura de un discurso en el debate de política general. Dicho segmento de la Conferencia permite a los países exponer, tanto a los Estados miembros como a la directora general y su secretariado, lo que más les interesa plantear sobre el mandato y el trabajo de la Organización.

El secretario Moctezuma abordó en su discurso “la situación política actual de México” y “la circunstancia de la educación pública”. En ese sentido, expuso que para el presidente López Obrador es una prioridad “absoluta” orientar las políticas públicas hacia los pobres. Para contextualizar su exclusión y marginación, mencionó datos sobre la dimensión demográfica del país y sobre su extensión y diversidades geográficas y étnicas. En lo que a su cartera corresponde, definió dos problemas: que los más pobres reciben la educación más pobre y que existía un divorcio entre los maestros y las autoridades educativas. Sobre esto último, responsabilizó a la administración previa y calificó a la reforma educativa que le antecedió de excluyente y con una visión “extremadamente utilitaria”. Por ello, dijo que se hizo una consulta a fin de construir el Acuerdo Educativo Nacional que permitió que el Congreso, “aliado del presidente”, abrogara los cambios “autoritarios” del gobierno anterior.

Ilustración: Raquel Moreno

Tras devolver a los maestros “el lugar social que merecen” modificando las leyes educativas más importantes, el secretario expuso que la “nueva escuela mexicana” se instrumenta sobre dos pilares: “la equidad y la excelencia”. Para ello, el sistema educativo deberá reorientarse hacia el aprendizaje y la formación en valores diversos, como la honestidad o la convivencia familiar. En cuanto a las habilidades, se mencionan entre otras el pensamiento crítico y la creatividad; respecto de los contenidos, aparecen algunos como la ciencia, la historia y el medio ambiente. Informó que este año se otorgaron once millones de becas en todos los niveles y concluyó reafirmando el compromiso presidencial de regenerar la vida pública, la armonización social y la revalorización de las instituciones mexicanas. Su última frase fue: “lo mejor de la educación pública en México está por venir”.

Un discurso de estas características busca hacer constar en el máximo foro internacional en la materia el fundamento de lo que el actual gobierno mexicano se propone en lo educativo. Pero también permite constatar que dicho gobierno omite participar de la cooperación que sobre esa misma cuestión llevan a cabo otros países por medio de la UNESCO. No hubo un mínimo intento por vincular la agenda educativa mexicana con la agenda educativa multilateral, ni por el beneficio propio ni como aportación a los demás.

Lo natural habría sido referirse al cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible: “educación de calidad” (ODS 4) y al modo en que su consecución general y específica se podría ver beneficiada por la actual agenda educativa mexicana. Tras amplios debates y foros regionales y mundiales liderados por la UNESCO, el ODS 4 cuenta con siete metas y tres estrategias que buscan obtener mejores resultados en el 2030 respecto de los alcanzados con los “Objetivos de desarrollo del milenio” entre los años 2000 y 2015.

Entre lo expuesto por el secretario Moctezuma y el ODS 4 hay, al menos, tres coincidencias esenciales que pudieron citarse: dar prioridad a las personas y los grupos más marginados y excluidos de la educación; que los sistemas educativos tengan como centro de su esfuerzo el aprendizaje de los estudiantes y; reconocer que los docentes son quienes más contribuyen al logro de ese aprendizaje. Quizá lo haya impedido la discrepancia entre el término “excelencia”, que para desmarcarse de la administración previa usa el gobierno mexicano, y el de “calidad”. A nivel mundial se eligió el término “calidad” para enfatizar que escolarizar no es sinónimo de aprender.

Adicionalmente al ODS 4, el gobierno de México pudo haber considerado algunas de las cuestiones sobre las que esta Conferencia General en particular ha tomado decisiones en materia educativa. Entre ellas cabría preguntarse si la SEP coincide con el proyecto de una Convención mundial sobre el reconocimiento de las cualificaciones relativas a la educación superior. Dado que 2.5 millones de personas realizan estudios superiores fuera de su región de origen –de ellos casi 40 mil mexicanos– y se espera que la cifra continuará creciendo exponencialmente como en los últimos años, ¿prevé nuestro país firmar y ratificar este importante tratado internacional?  Como lo informa la OCDE, los estudiantes mexicanos matriculados en universidades extranjeras representan el 1% de la matrícula nacional de educación superior. En el ciclo escolar 2018-2019 ésta fue de 3,943,544 estudiantes, por lo que el 1% representaría alrededor de 39,435 estudiantes en el extranjero. Además de este reto, México enfrenta otro: la obligatoriedad y la gratuidad de la educación superior incluidas en el Artículo Tercero de la Constitución.

Otros asuntos que podrían haber ameritado alguna manifestación del discurso de México son la Conmemoración del 30 aniversario de la Convención de los derechos del niño, que el 20 de noviembre encabezó el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron. También la proclamación de un Día internacional contra la violencia y el acoso escolar, incluido el ciberacoso, y la de un Día internacional de las matemáticas que, entre otros, tiene el objetivo de “suscitar el interés de las niñas en las carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), en las que la presencia de las mujeres es muy minoritaria”.

Más allá de que México es uno de los fundadores de la UNESCO, y de que Jaime Torres Bodet, antecesor del actual secretario, contribuyó a la redacción de su Constitución y fue la segunda persona en dirigirla, hoy día nuestro país es el contribuyente número 15 al presupuesto de la UNESCO, con una cuota bianual de $8.9 millones de dólares. Dicho monto, a cargo de la SEP, es menor que el correspondiente a Brasil y mayor al de Arabia Saudita, Argentina e India (7, 16, 18 y 20 contribuyentes, respectivamente).

El debate de la Conferencia General de la UNESCO es el mayor foro político de la Organización, trascendiendo su visión a medio plazo en lo multilateral. Por lo tanto, resulta desconsiderado hacia el resto de los Estados miembros, irresponsable con los contribuyentes mexicanos, e incongruente con la historia de nuestro país en la Organización, que el actual secretario de Educación Pública decidiera hablar sólo de lo que pasa en México. También resulta autorreferencial que únicamente haya tuiteado una foto del cuadro de Rufino Tamayo que engalana la Sala II, donde la Comisión de Educación de la Conferencia General celebra siempre sus trabajos. Sería una anécdota de no ser porque tampoco hay registro alguno de al menos una intervención de la delegación mexicana en las sesiones de esa Comisión, según consta en la síntesis de los debates sostenidos entre el 18 y el 19 de noviembre.

Es decir que, ni en lo político ni en lo técnico, sea por sus responsabilidades adquiridas o por las actuales iniciativas mundiales más relevantes, México muestra una agenda de cooperación educativa en el ámbito de la UNESCO. A juzgar por estos elementos y a reserva de que otros pudieran hacerse públicos posteriormente, tal parece que participar en esta Conferencia General sólo sirvió para que nuestro país fuera visto mirándose al espejo en un foro mundial.

 

César Guerrero Arellano
Fue Secretario General Adjunto de la Comisión Mexicana de Cooperación con la Unesco (Conalmex).