Generalmente existe una distinción —más o menos aceptada por todos— respecto a lo que implican los estudios de licenciatura frente a los de posgrado. Mientras los primeros se enfocan en la profesionalización para el trabajo no académico, los estudios de posgrado, especialmente el doctorado, se piensan desde la producción de conocimientos originales, como resultado de la investigación que implica el trabajo académico.

Por otro lado, con la emergencia del modelo de la “universidad de investigación” (Altbach, 2007) se tienen datos que indican que en el mundo, algunas universidades –incluyendo a ciertas instituciones mexicanas– han pasado de privilegiar un modelo de universidad de enseñanza a focalizar mayores recursos en la investigación. Así, mientras que del año 2007 al año 2013 aumentó en un 14.9% el número de docentes que laboraban en las 45 principales universidades autónomas estatales y federales, el incremento de investigadores, en estas mismas universidades, correspondió a un 40.2% (UNAM, 2015).
Esta tendencia coincide con estudios que revelan la preferencia de los académicos por realizar investigación por encima de su interés por enseñar. De esto se tiene que, a partir de información de un estudio auspiciado por la Carnegie Foundation en 1992 y los resultados del estudio Changing Academic Profession realizado en 2008, en donde se compararon en ambos casos las preferencias de los docentes por una u otra actividad, en México las preferencias por la investigación sobre la enseñanza aumentaron de 37 a 46%; similares resultados tuvieron las universidades de países emergentes como Brasil, China, Sudáfrica y Malasia (Cheol y Cummings, 2014).
Si bien en números totales los docentes mexicanos siguen siendo muchos más que los investigadores, sorprende el empuje que ha tenido el incremento porcentual de los investigadores contratados. Aunque hay que advertir que el aumento en las capacidades de investigación no implica que se vea reflejado directamente en investigación efectiva, dado que influyen otros factores como la infraestructura o los recursos disponibles en cada universidad.
¿Qué más nos dicen estos datos sobre las universidades en general y sobre las universidades mexicanas en específico? En primer lugar, podría decirse que se confirma a la investigación como una tendencia que, cada vez más, define a las universidades. La producción de conocimiento se coloca como el motivo y razón de ser de muchas universidades ya que de esta actividad depende buena parte del financiamiento que reciben y el prestigio que tienen. De ahí que tanto las universidades como las políticas destinadas a ellas estén apostando por incrementar su capacidad investigativa.
En el caso de México, a la vez de confirmar esta tendencia, también se observa un relativo éxito de la política de financiamiento a la educación superior. Aun cuando existen muchos cuestionamientos hacia ésta, lo cierto es que con base en el indicador de investigadores contratados y su dedicación a esta actividad, en razón de los estímulos que reciben para ello –principalmente a través del SNI-, se puede afirmar que los logros alcanzados sí han redefiniendo al sistema de educación superior.
Sin embargo, esta situación ha implicado que los académicos contratados por medio tiempo, o tiempo completo, busquen cada vez más una carrera de investigador. Paralelamente, con su paulatino abandono de las aulas, también se han registrado incrementos en la figura del profesor de asignatura, haciendo que en las universidades haya una desvinculación entre investigación y enseñanza.
Pero ¿por qué es importante que en la licenciatura exista una relación entre la investigación y la enseñanza? Mucho se ha hablado acerca de la importancia de que la educación superior desarrolle una serie de capacidades que puedan ser aplicadas en diferentes contextos profesionales. De esta manera la educación superior incluye, idealmente, el desarrollo de capacidades de vincular y aplicar el conocimiento en la realidad; el uso de herramientas que permitan analizar y utilizar datos; la capacidad de construir argumentos basados en evidencias; la capacidad de producir ideas propias y escribirlas; así como el vincular la teoría con la práctica. Esto, sólo por mencionar algunas capacidades que se esperaría adquirieran los estudiantes universitarios.
Como se puede observar, estas capacidades son posibles de desarrollar por medio de la actividad investigativa, o al menos existe un número suficiente de estudios empíricos que así lo señalan (Brew, 2010). A esto habría que añadir las contribuciones que el trabajo de investigación tiene para el estudiante, en términos de la claridad sobre su disciplina dando como resultado un mejor conocimiento de la “cultura de su profesión”. Contradictoriamente, las actuales políticas hacia la educación superior bregan en sentido opuesto al que, desde la lógica de la pedagogía y el aprendizaje, se esperaría que cumplieran. Las consecuencias de esta desvinculación se viven en muchos ámbitos; no es poco usual que los investigadores se quejen de que sus alumnos de posgrado no tengan capacidades de lectura especializada, búsqueda de información o integración de la misma. En el caso de los estudiantes, especialmente aquellos que cursan carreras de ciencias sociales, es común que señalen la nula relación entre lo que ven en la clase y la práctica de su profesión; finalmente los empleadores arguyen que los egresados tienen un conocimiento limitado, tanto de su profesión, como del uso de herramientas aplicables en el trabajo.
Lo que de aquí se desprende es la necesidad de seguir construyendo maneras de fomentar en los estudiantes una mejor comprensión del sentido que adquiere para ellos su educación y cómo ésta se traduce en su aprendizaje. En México esta urgencia de vincular la enseñanza con la investigación no es nueva, la UAM con su figura de profesor-investigador nació en los 70 con la encomienda de aliviar esta tensión, aunque sin lograr consolidar este modelo en el tiempo.
En el rastreo de experiencias actuales, que muestren vinculaciones innovadoras y exitosas entre ambas actividades, nos encontramos con la experiencia de Colombia, donde se ha impulsado una política de “Semilleros de Investigación”, cuya principal característica es que los estudiantes de licenciaturas sean quienes desarrollan y aplican proyectos de investigación con impacto real mientras son asesorados por un investigador; en línea con los planteamientos del undergraduate research o investigación formativa que durante muchos años se ha impulsado en Inglaterra y Australia, principalmente. Como parte de estos semilleros, los jóvenes universitarios se agrupan en núcleos de investigación, sostienen encuentros regionales y nacionales, exponen sus investigaciones y las dan a conocer con el apoyo de sus universidades de manera sistemática y permanente a lo largo de su carrera universitaria, a diferencia de, por ejemplo, los veranos de investigación en México que están acotados a siete semanas; en los semilleros son los propios estudiantes quienes tienen el papel protagónico en la investigación.
Estas experiencias internacionales, aunadas a las que se vienen impulsando en cada universidad mexicana, como los programas de becarios, pueden constituir el germen de una reforma pedagógica universitaria que impacte en la formación de los estudiantes, favoreciendo la relación entre enseñanza e investigación. Habrá entonces que explorar el camino del cambio en la universidad un poco más desde una racionalidad que combine, sí la implementación de políticas para las universidades, pero desde una racionalidad más pedagógica.
Mario Alberto Benavides Lara actualmente trabaja en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).
Un profesor puede entretener a 40 alumnos o mas, medio enseñar a 20….y formar a menos de 5 por grupo. En este país se busca cantidad, no calidad, por ello no se puede aplicar un modelo de universidad con investigación.
Las deficiencias materiales y humanas en universidaded como las nuestras son tales, que transitar a este modelo es poco menos que iluso. Aun asi se insiste en aplicarlo, a medias y como caiga.
La cultura burocrática, de simulación y chambismo que impera en el nivel superior no permite que un profesor-investigador pueda dar clases y haga descubrimientos: se exige investigacion y conocimiento nuevo al mismo tiempo que se exige (y condicionan estímulos salariales) a realizar multiples tareas inútiles, innecesarias y fatigantes con fachada de pedagogía. El círculo vicioso perfecto.
Los resultados que se obtengan del experimento «cátedras conacyt» serán sintomáticos de esta realidad.
Por otra parte, ed tan bajo y triste el nivel formativo con el que llegan los alumnos al nivel superior que resulta inútil pretender que la mayoría se integren a una actividad seria como la investigación. Una universidad de masas no puede servir para este tipo de modelos.
Y que conste que hablamos de investigación, no de Ciencia.
mmmhhh… Le da muchas vueltas al asunto. En su mayor parte, la actividad conocida como «investigación» no es tal, es una categoría administrativa que aumenta los ingresos de los así llamados investigadores, pero no aumenta el conocimiento. Esta deformidad es consecuencia de una política estatal dirigida a aumentar los ingresos sin aumentar los salarios para no alentar expectativas de otros sectores laborales. Como resultado la docencia ha sido abatida. Por otro lado, no es necesario buscar «vinculación» entre la docencia y la investigación. El proceso de enseñanza-aprendizaje conlleva la necesidad de investigar al hacer tareas…
Gracias por leer. La intención del artículo es mostrar dos aspectos de la investigación, de un lado la tendencia de las políticas universitarias de darle mayor peso, en parte por las razones que usted identifica pero también por otras que tienen que ver, recuperando un poco las ideas de Luhman, de asegurar la subsistencia del sistema-universidad en un entorno donde el hacer investigación es mucho más valorado que el enseñar. Por otro lado, la intención mía y a la cual me adscribo es sostener que a pesar de esta falsa dicotomía, habrá que recuperar la relación entre ambas funciones históricas de la universidad para mejorar los procesos de formación que tienen lugar en ella, no sólo de los estudiantes, sino de los académicos. Sobre el último punto, acerca de que el proceso de enseñanza – aprendizaje conlleva la investigación, no estoy muy seguro de ello, al menos no que ocurra de manera generalizada en parte por las mismas dinámicas y condiciones de la enseñanza universitaria, pero eso es un tema que por cuestiones de tiempo, ya no me fue posible desarrollar. Dejo la liga a mi trabajo de tesis que es de donde se desprendió este texto, igual le resulta interesante ya que abordo de manera empírica algunas de las problemáticas que están aquí esbozadas… http://www.ses.unam.mx/integrantes/uploadfile/rrodriguez/BenavidesLara2016_Tesis.pdf
La necesidad de vincular la investigación y la enseñanza en las universidades no es un tema nuevo. En efecto, cuando cursaba la licenciatura en la UNAM allá por la década de los 90 era un tema recurrente. (Por cierto, recuerdo que por esa época la UNAM emprendió algunos proyectos con estudiantes de bachillerato, pero no tengo información al respecto). Al igual que usted, veo ventajas pedagógicas en involucrar a estudiantes de licenciatura en tareas de investigación, sin embargo, creo que para que esto se haga extensivo (es decir, más allá de los proyectos que enuncia) es necesario modificar estructura profundas en las universidades. Sobre todo, en la figura y papel del docente universitario. Por ejemplo, en muchos casos los propios profesores universitarios no tienen la mejor experiencia como investigadores. O bien, no tienen un vínculo laboral externo a la universidad. Por otra parte, también se dan casos de excelentes investigadores que sin embargo, no suelen tener las herramientas pedagógicas más aptas para trasmitir su experiencia. ¿qué perfil es el deseable y cómo se puede lograr?
Gracias por su amable respuesta, profesor Benavides… Creo que cualquier tarea estudiantil conlleva investigación en el sentido de que debe resolver problemas indagando en fuentes, aunque sean libros de texto. Lo importante es la actividad de indagar, no producir conocimiento original, whatever that means…
Estimado Mario Alberto:
Antes que nada me parece acertado la interrogante que planteas. A lo largo del análisis tratas de dar respuesta a un gran planteamiento que hacemos los profesores universitarios de la labor del docente en la aula. Investigar o enseñar?…Esa es la cuestion…Y despúes, cómo para qué o quién?…Desgraciadamente cuando yo estudiaba hace veinte años la vida académica com usted la describe se enfocaba a lo plantea. Yo me vincule en el segundo semestre a la investigación dentro de la Facultad con un investigador y despues tuve la oportunidad estar casi toda la carrera en el Instituto de Investigaciones Históricas y despues pase al Centro de Vinculacion Empresarial becado por Conacyt. Por aquellos años existia un programa de iniciación temprano a la investigación desde las prepas y despues podrías seguir en la Universidad y llegar con este hasta un Posgrado. Lo cual yo aproveche para mi desarrollo profesional y académico.
Desgraciadamente este tipo de programas en la Universidad ya no generan el mismo interes entre los estudiantes de las generaciones millenians. La accebilidad del conocimiento por medio de los medios electrónicos para resolver problemas y de investigación a estas generaciones no les llama del todo la atención El internet y google les soluciono tareas, trabajos, resumenes. Y no se preocupan por validad las fuentes de los mismos. Como educador y profesor nos enfrentamos a este reto…Cómo enseñar con las nuevas tecnologías?, cómo generar ideas?, cómo generar interrogantes?, cómo generar dudas,?…A mis alumnos los dejaba leer un escrito de Carl Seagan «No hay preguntas estupidas» comunidad.udistrital.edu.co/jpernett/…/No-Hay-preguntas-estupidas_Carl-Sagan1.pdf
Los inivta hacer preguntas y que ellos buscaran por medio de relfesiones sus propias rspuestas…Pero sinceramente a veces era frustante que muy pocos lo entendían…A los otros estduiantes ni les interesaba. Me apoyaba de la resolución de problemas por medio de la teoría de Jonassen, David H. http://especializacion.una.edu.ve/teoriasaprendizaje/paginas/Lecturas/Unidad%203/jonassen.pdf.
Por medio de esta teoria combina teoria, práctica y iniciacion a la investigación por el método de caso. Sin embargo la respuiesta de los alumnos no fue la esperada. Confieso me llegaba a frustar. Así que lo mejor que hice fue renunciar a seguir dando clases a nivel licenciatura.
Por otra parte, le comento. Hice un diplomado sobre Formación de Investigadores para entrar a programas de Doctorado en la UNAM. Eramos apenas no mas de 15. Terminamos 10 el diplomado. Y eso que había alumnos inscritos en los programas de Doctorado. Mi experiencia es que este sector dentro es muy pequeño y que solo se quedan unos cuantos a dichos programas de doctorado. Por qué?. Cuando uno lo presenta por lo general despues de pasar el examen, tienes que adecuarte a un jurado y lo más desconcertante a una línea de insvestigación que exista dentro del programa inscrito dentro de un padrón de execelencia. Si uno tiene otra línea de investigación que este fuera de estos parámetros, es un poco complicado seguir a un posgrado de investigación. Un amigo de la familia que tiene mas de 40 años de investigación me lo resumió asi: «Yo tengo mis canicas y solo invito a jugar a quellos que quieren jugar con mis canicas, por lo tanto no puedes trater nuevas canicas al juego». cunado entres con mis canicas….Ya despues pones tus reglas del juego de tus canicas»…
Y por último. La UNAM ha puesto nuevas lineas para acceder a la investigación. Yo diría limitantes. Pues estas estan en la edad. Creo que es 35 años con Doctorado para las nuevas plazas de investigación. Si no me equivoco aquellos mayores de esta edad ya no podrán acceder fácilmente a las plazas de investigación. Los que consiguen su doctorado menores a esta edad se les pide que den clases a nivel licenciatura, por lo tanto los profesores de asignatura que era mi caso nos desplazan…
Por lo que verá,…En mi experiencia hacer investigación en la UNAM…Se ha complicado…..Este es mi caso…Sería interesante que preguntara por otros casos más…Creame hay muchos con doctorado en la UNAM y no hacen investigación….Y no se pregunta ¿para que estudiar un doctorado si al final no hay muhcos lugares para hacer investigación en el país?…
Gracias, muy buen artículo…
Guillermo Rubio Rivera
Muchas gracias Doctor, valoro mucho sus comentarios y el tiempo que tomó al leer este breve texto. Y sí coincido con ustedes que hay muchas preguntas que debemos hacernos acerca del sentido de la formación universitaria tanto del pregrado como del posgrado.
Saludos.