
En una ciberescuela de algún centro Pilares (Puntos de innovación, libertad, arte, educación y saberes) en la Ciudad de México, un grupo de jóvenes y adultos se concentran en resolver sus tareas escolares. Una docente apoya a una estudiante a interpretar una retroalimentación ambigua en la plataforma de Prepa en Línea-SEP (PLSEP), mientras guía a otra persona sobre cómo citar una fuente de manera correcta para evitar sanciones por plagio académico (falta a la integridad académica que consiste en apropiarse de cualquier producto intelectual ajeno). Escenas como esta forman parte del día a día de las y los docentes comunitarios, evidenciando cómo el contacto humano sigue siendo indispensable incluso en la educación en línea.
Este evento cotidiano, que puede parecer simple, invita a reflexionar sobre la necesidad de establecer vínculos reales entre dos programas que, aunque comparten un objetivo común —ayudar a las personas a concluir sus estudios— operan de forma paralela. Por un lado, está la educación mediada por dispositivos tecnológicos, ofrecida por la SEP a través de PL; por el otro, el acompañamiento comunitario presencial que impulsan las y los docentes en Pilares.
La modalidad de PLSEP fue creada en 2014 con el objetivo de facilitar que un mayor número de personas concluyeran el bachillerato mediante el uso de dispositivos tecnológicos y una conexión estable a internet. En lo que va de 2025, PLSEP tiene una matrícula de 95, 342 estudiantes. Además, en 2023 se emitieron 22, 607 certificados de terminación de estudios. Cinco años más tarde, en 2019, nació el programa Pilares con un enfoque complementario: promover el bienestar social a través de actividades educativas, culturales, de oficio y deportivas, todas ellas gratuitas, y dirigidas principalmente a zonas con altos índices de marginación.
Uno de los componentes más consolidados son las ciberescuelas, las cuales son áreas dentro de los centros Pilares equipadas con computadoras, conexión a internet —aunque no siempre estable— y personal docente que brinda acompañamiento académico. Su propósito principal es apoyar a personas de todas las edades que desean iniciar, continuar o concluir sus estudios en niveles como primaria, secundaria, bachillerato e incluso licenciatura, a través de modalidades en línea o abiertas.
En 2024, el subsistema de educación comunitaria Pilares atendió a cerca de 8,450 estudiantes de distintas edades. Aunque no se dispone de un registro específico, una parte significativa cursan la PLSEP. Las características de esta modalidad —como su plan de estudios por módulos y la duración— resultan determinantes para la elección de los y las estudiantes. “Me atrajo la duración de dos años y medio”, comentó uno. “Además, no hay exámenes, son puras actividades”, añadió otro.
Estos centros comenzaron a recibir de forma constante a estudiantes inscritos en PLSEP. Sin embargo, entre 2019 y 2024 no existió un vínculo formal entre ambas instituciones. Esto generó una situación ambigua: aunque el fenómeno era visible y los docentes fueron conociendo la modalidad de forma empírica, no hubo acciones institucionales orientadas a fortalecer este acompañamiento. Fue hasta enero de 2025 cuando la Dirección General de Bachillerato, a través de PLSEP, organizó jornadas de capacitación dirigidas a docentes de Pilares.
Esta iniciativa resultó insuficiente frente a las necesidades reales del acompañamiento presencial. Lo que plantea preguntas importantes: ¿qué tipo de saberes se requiere para apoyar adecuadamente a estudiantes de educación en línea desde lo comunitario?, ¿cómo pueden las instituciones educativas establecer colaboraciones genuinas cuando comparten objetivos afines, pero operan desde estructuras distintas?
Aprender haciendo: el conocimiento en las ciberescuelas
Desde los enfoques socioculturales, la construcción del conocimiento se concibe como un proceso dinámico en el que las personas modifican su participación al involucrarse en actividades, y con ello, transforman también el contexto y la cultura en que se insertan. Así, ser docente en una ciberescuela es una práctica situada: un oficio que se construye en la interacción cotidiana, en la negociación constante entre personas, herramientas y entorno.
Con frecuencia, los estudiantes llegan a las ciberescuelas con tareas que no comprenden, que les resultan complejas o no saben por dónde empezar. En ese momento, los docentes intervienen y se inicia un proceso colaborativo: juntos revisan la actividad, descifran instrucciones ambiguas y, una vez identificado el propósito, exploran caminos posibles para resolverla. Estas estrategias surgen de una práctica pedagógica en la que el conocimiento se construye a través de la participación reiterada en contextos educativos, la negociación constante y el trabajo in situ que caracteriza la labor docente.
Gracias a este acompañamiento, los docentes han desarrollado un corpus propio de saberes: dominan los entresijos de la plataforma PLSEP, anticipan los ritmos de trabajo de sus estudiantes y resuelven desafíos que ningún manual prevé. Crean talleres de computación cuando detectan que alguien no sabe utilizar una computadora; ajustan sus horarios ante fallas técnicas imprevistas, buscan materiales complementarios para ampliar la información y, sobre todo, inventan formas de motivar a quienes están a punto de abandonar los estudios.
Estos saberes pedagógicos se construyen a partir de la práctica y el trabajo colectivo, y trascienden los modelos de capacitación estandarizados. En este proceso, los docentes asumen un papel que va más allá de la mera facilitación: se convierten en tutores de personas que, por diversas razones, no pudieron iniciar o concluir sus estudios de nivel medio superior en el sistema escolarizado.
Entre lo institucional y la práctica educativa
El 30 de julio de 2025 la PLSEP formalizó, mediante un comunicado oficial, el programa de capacitación que —desde enero del mismo año— venía implementando para 900 docentes de 280 sedes Pilares en las 16 alcaldías de la Ciudad de México, a través de cuatro jornadas de trabajo continuo con el objetivo de fortalecer el acompañamiento a estudiantes. Sin embargo, un análisis de videos institucionales ⎯de 20 a 50 minutos en promedio⎯ y las conversaciones con docentes revelaron una percepción compartida: estas jornadas resultaron útiles sólo para quienes se integraron ese mismo año al programa. Quienes ya contaban con mayor trayectoria consideraron que el contenido era demasiado general, de fácil acceso y poco pertinente frente a los desafíos reales que enfrentan.
“Lo que nos querían enseñar, ya lo sabíamos”, dijo una profesora. “Era información que puedes encontrar en YouTube”, añadió otro. “Nos mandaron a ver grabaciones anteriores, pero era información que ya conocíamos”, criticó un tercero. Estos testimonios exponen una desconexión entre quienes diseñan las capacitaciones y quienes viven la experiencia del acompañamiento educativo en territorio.
El problema no radica en la falta de información, sino su escasa vinculación con los desafíos reales que enfrentan los docentes en las ciberescuelas. Atender a los estudiantes muchas veces implica encarar múltiples retos: jóvenes que apenas se van familiarizando con la plataforma, dificultades para saber organizar sus tiempos de estudio y la necesidad de apoyo constante para resolver sus tareas.
Mientras las instituciones reportan avances en términos de docentes capacitados, muchas de estas capacitaciones siguen sin responder a las necesidades concretas. En contraste, las ciberescuelas se han convertido en espacios donde el trabajo docente se configura como una mediación esencial para sostener los procesos de aprendizaje, prevenir el abandono y acompañar recorridos educativos que, de otro modo, podrían quedar interrumpidas.
Una apuesta por la comunicación horizontal
Para que la educación mediada por tecnologías digitales se enriquezca en contextos comunitarios, es fundamental ir más allá de contar sólo con plataformas bien diseñadas o capacitaciones estandarizadas. Al prestar atención a los vínculos humanos —la cercanía de quien explica, la escucha atenta y la orientación paciente que las y los docentes comunitarios brindan día a día—, se visibiliza la importancia del componente humano en el aprendizaje en estos espacios. Una articulación más consciente entre relaciones personales, formación y tecnologías puede potenciar de forma significativa estos procesos.
En una investigación reciente señalé que el desafío consiste en establecer diálogos horizontales entre dos actores clave: los docentes de Pilares —que acompañan en territorio— y la comunidad virtual de PLSEP. Esta articulación no pretende uniformar las prácticas, sino abrir un espacio de intercambio que reconozca y valore saberes diversos: desde nuevas formas de acompañamiento pedagógico hasta mecanismos cotidianos para compensar demoras en la retroalimentación en línea, difícil sobre todo para quienes estudian y trabajan, y ven comprometidos sus tiempos de entrega y su organización personal.
La importancia de esta alianza radica en esa capacidad de escucha mutua y co-construcción. Si se consolida como un espacio colaborativo genuino, puede fortalecer los recorridos educativos de miles de estudiantes, ampliando las posibilidades reales de que concluyan el bachillerato. La equidad educativa comienza por reconocer y fortalecer las prácticas que, desde los márgenes, ya sostienen el derecho a aprender.
José Diego Gutiérrez Santos
Maestro en Ciencias en la especialidad de Investigaciones Educativas (DIE) del Cinvestav. Investigador independiente e integrante del colectivo Revolución Mental.
Se observa la precariedad laboral e institucional de estos docentes, que casi nadie conoce su labor y condiciones. Se puede decir que como muchos profesores su trabajo es complejo, con iniciativa y agencia, forzados por las autoridades a desempeñar inclusive tareas que como profesionales, no les corresponde
Sin duda este concepto de ciber escuela toma una concepción distinta a la que muchos podríamos imaginar, dejo en claro que no soy de México, siendo una apuesta mucho más humana y cercana con lo que acá en Chile le llamamos a los exámenes libres, dónde se entrega un temario al estudiante a principio del año académico, luego el busca la información estudia de forma autónoma y se presenta a una escuela regular a dar las pruebas de forma escrita. En escencia se observa un proceso más humano y de integración, tal vez se asemeja al proceso de «escuela de adultos» que desarrollamos en nuestro país donde replicamos bastante el modelo tradicional de enseñanza, compactando dos años en uno, los adultos trabajadores pueden elegir de forma permanente una de tres jornadas, asistir a clases de forma diaria, sin embargo este tipo de enseñanza en Chile carece de modernidad y de accesibilidad a las tecnologías de la informática y la comunicación. En lo personal considero que es una idea innovadora, da bastante autonomía al estudiante, donde el puede decidir cuando recurrir al profesor, cómo aporte: Antes de integrar al estudiante a esta modalidad de estudio, podrían realizar una alfabetización digital, de esta forma la asesoría sería netamente vertical a la asignatura que este tomando.