Aprender en casa: opiniones de niñas y niños

Como botella al mar, lancé un breve mensaje y pedí que los adultos preguntaran a sus niñas y niños —principalmente de primaria y secundaria— qué opinan de la manera en que cursan el año escolar. Usé Facebook. Las interrogantes eran sencillas: ¿qué les parece la idea de estudiar en casa? ¿Les gusta? ¿Qué no les gusta? ¿Qué cambiarían? ¿Tendría que terminar ya el ciclo escolar?

La reacción me entusiasmó: inmediata y copiosa. Llegaron muchos mensajes escritos por los propios niños o sus mamás en Facebook, algunos por correo electrónico. Un papá, Fernando, me compartió captura de pantalla de la conversación vía WhatsApp con su hija de secundaria. Rosario, maestra, me envió desde Jalisco el audio con la entrevista que hizo a su hijo. Me enviaron mensajes de Colima, mi estado de residencia, pero también —entre los que se identificaron— de Mérida, del Estado de México, de Michoacán, de Jalisco, de dos estados de la unión americana.

Tengo 15 páginas con las opiniones de la gente. Son más de 25 infantes. Enseguida, intentaré resumir un poco de todo lo que escribieron, sin pretender generalizaciones ni conclusiones. Son comentarios infantiles, ese es su valor, escasamente ponderado en esta época; es decir, siempre.

Ilustración: Estelí Meza

Agustín —estudiante de tercero de secundaria— redacta un mensaje bien estructurado y sensato; empieza diciéndome: “la SEP la tiene demasiado difícil en esta situación, la verdad no querría estar en sus zapatos”. ¡Tiene razón! Para los adultos juzgar y descalificar es fácil.

La experiencia de aprender en casa es vivida de forma heterogénea. No se puede afirmar tajantemente en una u otra dirección. La señora Mónica cuenta que dos de sus hijos, de segundo y quinto grado, están felices —pero al de primero no le gusta. Pasa en una casa, en el mismo ambiente, con la misma escuela.

Los niños dicen que es buen intento, una manera de suplir, pero mejorable. A otros les gusta “más o menos”. Sin embargo, a la mayoría no le gusta estudiar en casa. Se aburren, se cansan, hay pocos recesos entre clases, abundan actividades irrelevantes, no son dinámicas, existen limitaciones para preguntar y no tienen retroalimentación; hay maestros enojones. “Ver videos y que te pidan opiniones —dice uno— no es interesante”. Se replica el comentario. Otros son punzantes: tienen más presiones de madres y maestros.

Algunos se quejan: en la escuela hay horarios para cada materia, en casa no, y por eso se exceden con deberes. Elizabeth, empleada bancaria con dos hijos en primaria, asegura: “Aprende en Casa no está mal pero para terminar el ciclo escolar no sirve, pues los contenidos que tratan son temas que ya se abordaron en clases presenciales, duran muy poco, el tiempo para la explicación y las actividades que se pide realizar no dejan nada de aprendizaje, por ejemplo: ¿qué te parecieron los videos?”.

Se marcan diferencias entre primaria y secundaria. La secundaria es más diversa en percepciones: con algunos profesores es más fácil aprender; con otros, muy complicado porque sólo mandan instrucciones. La valoración del trabajo de los maestros es desigual, y aquí encontramos una de las primeras ideas relevantes para una formulación hipotética: el programa tendrá más probabilidades de éxito (o menos de fracaso) cuando mayor sea la disposición y responsabilidad docente.

Por qué les gusta el programa fue una pregunta con  pocas respuestas. Apenas una página manuscrita en mis notas; en las otras, llené tres. Principalmente, las respuestas son: porque no deben viajar a la escuela, despiertan más tarde, están con mamá para darles el desayuno y apoyarles, la plataforma de Classroom ayuda a organizar tareas, no hay uniformes, no tienen ceremonias cívicas. Jesús, desde el Estado de México, confiesa que ve los programas en televisión y le gustan. También sirve porque practican el autoestudio. Pero no es igual, admiten varios; no se aprende lo mismo. Una niña de Manzanillo solicita que sólo sean tres días de clase. Por otro lado, Diana, de secundaria, prefiere no proponer nada porque no sirve, nunca les hacen caso.

La mayor parte de los niños que participaron preferirían terminar el ciclo escolar y su abanico de respuestas es interesante: ya no están aprendiendo mucho, quieren pasar de grado escolar, pero también piden que, si termina, no se cancele el programa y puedan seguir aprendiendo en casa con otro tipo de actividades menos rígidas. Pablo propone cancelar ya y practicar actividades como dictado, lecturas y tablas de multiplicar. Xitlali pide que la dejen explorar mejor los insectos en su jardín o leer cuentos. También aflora otra preocupación: en la escuela no hay jabón ni gel, no usarían cubrebocas, ni guardarían la distancia. 

Usar la computadora o ver la tele para educarse no emociona a los niños. A Pablo le gustó mucho la idea al principio; luego empezaron las clases y cambió de opinión. Tania, en tercero de primaria, propone usar lentes 3D porque sería más divertido. Los niños suelen enredarse con la tecnología, pero no para el esfuerzo o la exigencia. Su relación con las pantallas nació fuera de la escuela y para otros propósitos.

La avalancha de tareas es el gran foco crítico para los niños. Se enfatiza en las opiniones generales y sugerencias: que haya menos tareas, que sean de juegos, que sean menos difíciles y se expliquen mejor; que haya más tiempo para hacerlas y subirlas, que cuenten como puntos extra. “Que haya pero sólo de dos materias”, recomiendan puntualmente.

Algunos también se quejan de sus compañeros que distraen o perturban a los maestros, hasta admiten falta de compromiso en su autocrítica. Una preocupación asoma en varios niños, una de ellas, reclama desde Texas: ¡que nadie repruebe! A su preocupación se suma la de las mamás que me escriben y opinan. Tampoco a ellas les han preguntado y desean una “encuesta” para contar su versión.

En dos comunidades rurales de Colima y Jalisco se expone con crudeza la situación familiar: papás y mamás que deben trabajar, vuelven tarde y no siempre pueden recoger las hojas con las tareas para que los hijos las realicen, o por la misma circunstancia no las regresan. Peor: papás y mamás que no pueden ayudarles a los hijos porque no saben cómo hacerlo, y únicamente lo resuelven con la ayuda de algún familiar.

Los problemas son comunes y amplios, más o menos conocidos: el celular de la casa es viejito, no tienen computadora y deben pedirla prestada, falla internet, en el pueblo no hay donde sacar copias. Maestros que no dominan la plataforma, que no están preparados. Hay opiniones más crudas: estudiar en casa es peor que la escuela. En el sentido contrario, hay niños que disfrutan porque tienen una mamá que les ayuda, una maestra que manda videos y explica bien, o una tía o vecina que explica porque estudia en la universidad. Una niña de preescolar, con pocas tareas, quiere más porque es divertido. “Que la escuela sea como antes”, clama una nena.

Una gran conclusión de este mar de opiniones: los niños extrañan la escuela, pero no el edificio o la rutina, sino a los compañeros, la convivencia y los recreos. Hay niños que piden no terminar el ciclo escolar porque quieren volver a la escuela y estudiar de nuevo con sus maestras. Diana Paula, en secundaria, expresa su preocupación por los compañeros que pronto tendrían que presentar el examen de ingreso a bachillerato.

La experiencia de la contingencia pedagógica es material para una reflexión que puede significar punto y aparte en la historia educativa. Está ahí, para estudiarla y comprenderla; o bien, sólo para rellenar informes oficiales y declarar en la clausura del año escolar que tuvimos éxito porque cumplimos el 90 o 95 % del programa. Si únicamente sirve para eso, los autores del juicio están reprobados.

 

Juan Carlos Yáñez Velazco
Profesor en la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Colima.


4 comentarios en “Aprender en casa: opiniones de niñas y niños

  1. Mi estimado doctor Yáñez es un gusto leerlo. Interesante ejercicio. Un abrazo.

    1. Estimado Oscar: muchas gracias por la lectura y el comentario. Un abrazo también.

  2. Excelente información ya que parte del sentir de los niños y los jóvenes, así como de los padres de familia. Nos deja grandes enseñanzas de como los docentes tenemos que generar más ambientes de Aprendizaje lúdicos equilibrando los trabajos pedagógicos con los intereses de los alumnos. Dandole mayor peso según el contexto al uso de los recursos tecnológicos en el aula, ya que estos son el pan de cada día de la mayoría de los alumnos.

  3. Opino que este método no es lo mejor ya que la mayoría de los alumnos no aprenden nada debido a que no tienen clases presenciales y dónde pu den cuestionar a los maestros y aclarar sus dudas y ser corregidos.

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